Boletín - 27 de junio de 2016
  Brexit Reino Unido: la reacción redefinida como “voluntad popular”
  Por Robert Borba.

El 23 de junio, el referendo sobre si Reino Unido debería salir o no de la Unión Europea (UE) resultó en la victoria de la Salida. A las pocas horas, el primer ministro tory [conservador]David Cameron, que convocó el referendo y dirigió la campaña por la Permanencia en la UE oponiéndose a un buen sector de su propio partido, anunció su dimisión. En cuestión de días se creó un cuestionamiento interno al jefe del Partido Laborista Jeremy Corbyn, que también respaldó la campaña por la Permanencia. Como anotó un veterano presentador de la BBC, los dos principales partidos de gobierno del Reino Unido han vivido antes debacles tras una derrota electoral, pero nunca al mismo tiempo. El caos en Westminster no tiene precedentes. La conmoción se está extendiendo, llegando a la UE y otras partes del mundo.

Los medios británicos aclaman el voto en este referendo como una victoria de “el pueblo frente al establecimiento”. Los líderes de la campaña por la Salida proclamaron triunfalmente, “Recuperamos nuestro país”. El periódico de mayor circulación en Reino Unido, The Sun, cubrió toda su primera plana con “Día de la Independencia”. Los comentaristas proclamaron que Reino Unido es “de nuevo una democracia independiente y autónoma”, todo gracias al “veredicto popular” —“el pueblo ha hablado”.

En realidad el pueblo ha sido engañado, manipulado y degradado profundamente por ambos bandos. Corren vientos adversos, el desencadenamiento de una notoria regresión, en Reino Unido y en los países imperialistas “avanzados” en general. La gente sospechosa de no ser suficientemente británica —especialmente mujeres y niñas— ya está siendo hostigada, y a veces peor, en lugares públicos. Esto no es nada nuevo pero hoy está alcanzando nuevos niveles ya que aparentemente los bravucones sienten que el referendo ratifica su derecho natural como hombres “blancos” —quién es considerado un hombre “blanco” en Reino Unido es una cuestión controvertida— a lanzar todo el resentimiento que tienen por como han sido tratados, contra los que ellos consideran inferiores. Así es como se vive en las calles la prometida “soberanía”.

Si bien el referendo surgió por desacuerdos muy reales entre los gobernantes del país sobre cómo lidiar con los cambios en la posición de Reino Unido en el mundo y del mundo mismo, y por las intensas rivalidades políticas, la manera en que desde el comienzo ambos bandos realizaron la campaña la convirtió en una medio para comprometer a millones cada vez más alienados y enfurecidos con el statu quo reintroduciéndolos en los procesos políticos que desde hace mucho han servido para legitimar el orden capitalista.

Es el mismo funcionamiento del sistema imperialista global el que ha inducido profundos cambios en Gran Bretaña: la depresión de la economía industrial que ofreció una estabilidad relativa durante muchos años, el debilitamiento de la situación de millones en las clases medias, los cambios en la posición de la mujer y en la composición étnica del país, el deterioro de los servicios públicos, todo lo cual ha creado un gran sentimiento de intranquilidad y alienación. Los valores y tradiciones por los que la mayoría de la gente se rige —el aglutinante ideológico que ha mantenido unida a la capitalista sociedad británica— han chocado contra una cambiante realidad material. La campaña por la Salida le ofrecía a la gente una solución simple: salirse de la UE, detener la inmigración y retornar a los gloriosos días del Imperio británico.

La campaña por la Salida aprovechó las profundas reservas de nostalgia por un retorno a la Inglaterra blanca y tradicional tipo Agatha Christie, cuando “el hogar de un hombre era su castillo”, cuando “la gente de color conocía su lugar”, y las mujeres de todas las clases debían servirles a sus maridos, ya fueran “amas de casa” de clase media o trabajaran en fábricas. Esos valores se muestran a plenitud en The Sun, donde las mujeres siempre son o princesas o partes de cuerpo, mientras que en páginas de medios más sofisticados como The Independent revelan tanto la incomodidad con estas relaciones como una profunda incapacidad de superarlas. Una época en la que el más abierto racismo se consideraba socialmente aceptable, una justificación del hecho de que cientos de millones de personas por todo el mundo padecían el yugo colonial británico.

De hecho, la base para cualquier tipo de estabilidad y pequeños privilegios que se disfrutan fuera de los círculos de elite fue y sigue siendo el lugar que ocupa Reino Unido entre el puñado de naciones imperialistas donde se concentra la riqueza del mundo. Los representantes de una clase de explotadores que han embrutecido, maltratado y abusado a millones de masas del común aquí durante generaciones, están ahora aprovechándose de la ira y rencor de éstas en un esfuerzo por convertirlas en pequeñas tropas de asalto contra los inmigrantes quienes de hecho trabajan en las labores peor pagadas, más sucias y de más baja categoría.

Consideremos la afirmación de que la campaña por la Salida representaba al “pueblo contra el establecimiento”. O, como proclamara en primera plana del domingo el Daily Mail, que vive y respira chovinismo de “Reino Unido primero” de la peor calaña, desde su respaldo al fascismo en los años treinta hasta su respaldo al apartheid en Sudáfrica: “Fue el día en que el tranquilo pueblo de Reino Unido se levantó contra una arrogante clase política y una desdeñosa elite de Bruselas”.

Es cierto que la campaña estuvo marcada por la furia y el rencor dirigidos a los “políticos arrogantes” y las “fuerzas de elite” que sí “desdeñan” las penurias y sufrimiento de la gente del común. Pero, ¿cuál fue el contenido de la campaña? ¿Qué moldeaba y dirigía todo este odio y alienación? ¿Contra quién y con qué fin?

La Salida machacó el tema de que las fuerzas de la Permanencia no creían en el pueblo británico —“No creen que el pueblo británico pueda arreglárselas por sí mismo”, “no creen que somos lo suficientemente buenos”. Nigel Farage, presidente del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) y un gran defensor de la Salida, despotricó que los inmigrantes estaban “robando los empleos británicos”, y “saturando nuestros servicios públicos”. Pero ¿cómo respondió a esto el líder de la Permanencia, David Cameron, cuyo gobierno ha traído casi siete años de políticas de austeridad, deteriorando los servicios sociales y profundizando la desigualdad, ni hablar de las guerras por el imperio en Medio Oriente? Enmarcando la cuestión en términos de si los inmigrantes han hecho una contribución neta o si han constituido un desangre para la economía británica. En otras palabras, dentro del mismo marco de la Salida, enseñándole a la gente a ver a otros seres humanos, los inmigrantes, únicamente sobre la base de “qué tanto nos aportan a los británicos”. Cuando los términos del debate se enfocan de esa manera tan estrecha en el terreno del chovinismo, entonces ¿para qué respaldar el aguado patriotismo de Cameron y de la Permanencia? ¿Por qué no quedarse a cambio con el chovinismo sin diluir de la Salida y sus virulentos líderes racistas como Farage?

Este no fue ningún levantamiento de los de abajo —lejos de eso. Boris Johnson, el líder tory que fue alcalde de Londres durante dos mandatos, es hoy el principal candidato a convertirse en el nuevo primer ministro. Casi la mitad de los parlamentarios tories, incluyendo veteranos dirigentes y ministros del gabinete, hicieron campaña por la Salida. El UKIP, que promueve la “libre empresa” y la privatización, y tiene el respaldo de las figuras más importantes del empresariado, ganó la mayor parte de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo de 2009, superando a los partidos Laborista y Conservador. El Guardian informó que los periódicos que respaldan la Salida tienen cuatro veces mayor circulación que los que respaldaron la Permanencia. ¿Y, qué papel juegan esos portavoces de poderosos capitalistas reaccionarios como el multimillonario Rupert Murdoch, diferente a moldear la opinión pública al servicio del sistema capitalista?

El referendo puso muy al descubierto el carácter del Partido Laborista y su nuevo líder, supuestamente radical, Jeremy Corbyn. Los argumentos de los laboristas para permanecer en la UE se centraron en dos puntos: por un lado, que necesitamos “cooperar con nuestros vecinos” para hacerle frente a urgentes problemas como la crisis ambiental que cada vez más tiene un alcance global y, por otro lado, que la UE ofrece protección a los derechos de los trabajadores contra el gobierno conservador. El primer argumento va contra la dura realidad de que estos “vecinos” europeos constituyen de hecho un bloque imperialista igualmente reaccionario y depredador, que ha quedado claramente al descubierto con los recientes acontecimientos, incluyendo erigir fronteras contra millones de desesperados inmigrantes que huyen de las guerras y el caos generados en no poco grado por las grandes potencias europeas mismas. Y en cuanto al segundo argumento, aquí también los laboristas enmarcaron sus argumentos exclusivamente en términos de “¿qué tanto nos aportan a los británicos?”, aunque bajo la forma de “nosotros los trabajadores británicos”. Argumentar con esos términos significa discutir con agresivos patriotas sobre quién es más patriota —un argumento de “primero el Reino Unido” que los activistas de la campaña por la Salida en última instancia iban a ganar.

La Salida prometió que una vez el Reino Unido se liberara de los grilletes de la burocracia de Bruselas experimentaría una prosperidad sin precedentes. En el centro de las promesas de la Salida de una mejor vida fuera de la UE está poner de blanco a los inmigrantes como la causa de toda desgracia que vive la gente. Pero los responsables de todo este sufrimiento son el funcionamiento del sistema capitalista y el Estado, no los inmigrantes. ¿Y el que Gran Bretaña esté fuera de la UE va a cambiar algo de eso? No. Todo lo que ha cambiado es que el nacionalismo reaccionario de “primero mi país”, que ha aumentado en Reino Unido y en los demás países imperialistas, ha cogido nueva fuerza. Ahora que ha ganado la Salida, ellos esperan que cumplan sus promesas —cuando lo único que van a ofrecer es más de lo mismo. Y, cuando eso suceda, ¿dónde quedarán toda la ira y la frustración?

Las poderosas fuerzas desencadenadas por el sistema imperialista global están minando como nunca antes la estabilidad y el orden de generaciones de regímenes capitalistas en Reino Unido y más ampliamente. El mismo estallido que ha sacado a Gran Bretaña de la UE puede sacar a Escocia del Reino Unido, y podría incluso dar lugar a que se acabe la Unión Europea misma. Las mismas fuerzas que han dado impulso al reaccionario patrioterismo que ha sido consagrado en este referendo abren un potencial radicalmente diferente.

A pesar de que los partidos tradicionales han sido lanzados al caos, a pesar de que el statu quo pierde su control sobre el pueblo y millones se frustran y enfurecen cada vez más por el funcionamiento de la democracia burguesa, hay posibilidades sin precedentes para mostrar la necesidad de una solución radical a todo esto: el derrocamiento revolucionario del orden existente y el establecimiento de un nuevo Estado revolucionario que pueda movilizar al pueblo para empezar a resolver los problemas que enfrenta la humanidad y superar las divisiones y las desigualdades que devastan a la humanidad. Bajo esta perspectiva, la petición en línea que pide un nuevo referendo, firmada por más de tres millones de personas en unos cuantos días no entiende el problema —lo que se necesita no es una mejor votación, sino derrocar las estructuras de dominación que siempre hacen de las elecciones una herramienta de una la elite reaccionaria.

(Para más información sobre por qué está sucediendo esto ahora, véase “Brexit sacude al sistema”, en el sitio web revcom.us).