Boletín - 27 de octubre de 2014
  Marchas y enfrentamientos en Francia tras la muerte de un activista ambiental

La muerte de un joven universitario durante una manifestación en defensa del ambiente ha llevado a furiosas protestas y enfrentamientos con las autoridades en casi diez ciudades en Francia.

Remi Fraisse fue encontrado muerto a tempranas horas de la mañana el 26 de octubre luego de que cientos de gendarmes (la policía nacional) arremetieron contra varios miles de manifestantes en el lugar en que se ha propuesto hacer una represa cubriendo el pequeño valle de un río en Sivens, al suroccidente de Francia. Justo antes de que arremetieran desde detrás de una alambrada en donde se habían amontonado, los gendarmes dispararon una descarga de gas lacrimógeno, granadas aturdidoras y balas de caucho a los manifestantes. El siguiente día una autopsia oficial reveló que Fraisse murió de una intensa quemadura en la parte superior de la espalda por una “explosión”, según el periódico Le Monde. La fuerza de la explosión lo tumbó al piso, donde un día después aún se podía ver un charco de sangre.

Los activistas ecologistas se oponen al proyecto de Sivens porque destruirá los bosques y especialmente los humedales que albergan 94 especies protegidas, para beneficio de un pequeño número de actividades agrícolas intensivas en capital. Varios cientos de policías se habían apostado en el lugar desde principios de septiembre. Proclamando que ésta era una “zone à défendre” [zona a defender], los manifestantes armaron sus hamacas en lo alto de los árboles y se enterraron en el bosque para detener el avance del personal que arrasaba el bosque con motosierras. Ante la constante caída de árboles, algunos manifestantes entraron en huelga de hambre.

La tarde después de la muerte de Fraisse, unas 500 personas se concentraron cerca al pueblo de Gaillac. Una enorme pancarta decía: “En homenaje a Remi, asesinado por defender la naturaleza”. Se quemaron banderas francesas, y algunos jóvenes chocaron con la policía y destruyeron bancos y otros establecimientos comerciales.

El 27 de octubre se  realizaron  acciones en cerca de diez ciudades francesas. En la ciudad suroccidental de Albi, un marcha de varios cientos de personas finalizó en un ataque de gas lacrimógeno. En Rennes, 200 personas reunidas frente a la estación de la policía coreaban: “Policías asesinos” y “Llamamos a la rebelión”. En Rouen, cientos gritaban: “El Estado asesina, Remi murió por sus convicciones, ni perdón ni olvido”. Se llevaron a cabo otras manifestaciones en Toulouse, Estrasburgo, Chambery y Paris.

Una de las protestas más grandes fue en Nantes, donde, según Le Monde, marcharon 600 personas. Nantes queda cerca de Notre-Dame-des-Lands, una zona rural donde activistas ecologistas, pequeños campesinos, jóvenes que se autodefinen como “anticapitalistas” y anarquistas han estado librando una larga lucha contra la construcción de un nuevo aeropuerto nacional con consecuencias ambientales potencialmente graves. Fue allí donde se desarrolló la táctica de ocupación “zone à défendre”. Muchos observadores asocian ahora a Sivens y Notre-Dame-des-Landes como emblemas de resistencia a la mayor devastación de los bosques del país y las pequeñas granjas por gigantes proyectos de infraestructura estatales movidos por la ganancia.

Algunas personas consideran la masiva presencia de gendarmes en Sivens como una provocación por parte del Estado, ya que ahora ya no hay árboles, aún no han llevado los buldóceres y no hay nada a “proteger” por las fuerzas del “orden” sino la tierra en espera de ser aplanada. El ataque de la policía fue un mensaje político, argumentan los activistas, según el sitio web reporterres.net. Se dice que un informe de expertos concluyó que el proyecto de la represa fue desacertado, pero que ahora es muy tarde para salvar el valle y que la construcción podría continuar. Mientras los ministros del gobernante Partido Socialista critican a los jóvenes por no respetar la ley y los canales legales, las autoridades parecen haber estado en apuros para liquidar la cuestión “en el terreno” —con el equipo de construcción y el aparato represivo— antes de que se pueda extender el desafío a su legitimidad.