Boletín - 30 de noviembre de 2015
  CoP21: Manifestaciones por toda Europa y el mundo
Advertencia a los que negocian el futuro de la Tierra: "El clima está en estado de emergencia"
Manifestaciones contra el cambio climático , Brucelas, 29/11/2015.
(Foto: Planet Resistance)

Al iniciarse la COP21 en Paris, los activistas por el clima estuvieron más decididos que nunca a manifestarse el 29 de noviembre, y en muchas ciudades salieron en grandes cantidades.

En Europa en particular estas protestas se realizaron a la sombra del horrible asesinato de 130 personas en Paris dos semanas antes y de la represión desatada desde entonces por el Estado francés. La situación también está caracterizada por realineamientos internacionales, la intensificación del bombardeo a Siria y la urgente crisis de inmigrantes/refugiados que no ha menguado, pero han sido remplazadas en los titulares por declaraciones de guerra contra el Estado Islámico. Mucha gente evocó tanto las redadas del terror policial contra los árabes que viven en Francia, como el agudizado choque de fuerzas políticas en el mundo que ha dado lugar a otros criminales ataques desde Ankara y el Sinaí hasta el bombardeo estadounidense al centro de urgencias y traumatología de Médicos Sin Fronteras en Kunduz.

Como parte de un estado de emergencia de tres meses las autoridades francesas prohibieron todas las manifestaciones, especialmente la del 29 de noviembre en la que se esperaba que se congregaran cientos de miles de personas durante la apertura de la COP21, y también el “día de acción” el 12 de diciembre tras la finalización de la COP21. Si bien muchas personas esperan que la cumbre tome medidas para reducir las emisiones de CO2 y el calentamiento global, muchas más están muy escépticas de que éstas pueda detener el desastroso curso actual, y por eso han planteado de antemano grandes manifestaciones.

Cadena humana contra el cambio climático , Brucelas, 29/11/2015.
(Foto: Planet Resistance)

Algunos grupos activos en la movilización hacia una marcha climática global y coaliciones asociadas convocaron a la gente a viajar y participar en las manifes-taciones en Berlín y otras ciudades en vez de ir a Paris. En la capital alemana una multitud de 17 mil personas de muchos países diferentes salieron bajo la lluvia a manifestarse por la justicia climática. Había revolucionarios vistiendo camisetas con el mundo rompiendo las cadenas y el mensaje: "¡Solo la revolución puede sal-var el planeta! Tenemos un mundo que ganar". Ellos informaron que mucha gente agarró volantes que denunciaban al sistema capitalista-imperialista que está ace-lerando rápidamente la destrucción del planeta, un sistema que los negociadores de la cumbre quieren preservar y proteger a toda costa. El volante llama a la gente a pensar radicalmente y bosquejar las formas en que un Estado completamente diferente, socialista, abordaría el cambio de la base económica del capitalismo, la reversión del daño al planeta y la resolución de los males sociales que la gente del mundo sufre hoy bajo el capitalismo.

En Madrid marcharon 20 mil personas, y miles en Barcelona, Roma, Ámsterdam, Atenas y otras ciudades más pequeñas.

A pesar del estado de emergencia de casi una semana en Bruselas, que incluyó la prohibición de la manifestación por el clima en esa capital, junto con la atmosfera represiva relacionada con la cacería humana de sospechosos de estar involucrados en los ataques del 13 noviembre en París, se llevaron a cabo manifestaciones en 5 zonas diferentes. Según activistas revolucionarios que vestían las mismas camisetas con: “Solo la revolución puede salvar el planeta”, como en Berlín, los manifestantes frente a la bolsa de valores plantearon una gama de posiciones políticas desde “Todo el poder para el pueblo” hasta “Emergencia ambiental, crisis de la democracia”. Cuatro mil personas, jóvenes, viejos y niños, formaron una cadena humana en el centro de la ciudad. Las consignas de las pancartas decían: “La calle es nuestra”, “Debe desaparecer el sistema, no el ecosistema”. “¡París, estamos aquí por el ambiente!”. Las autoridades belgas inicialmente habían pactado a cambio permitirles a los manifestantes marchar en la ciudad de Ostende pero no lo permitieron.

Manifestación contra el cambio climático, Brucelas, 29/11/2015.
(Foto: Planet Resistance)

Grupos de activistas ambientales belgas habían organizado que 10.000 per-sonas en tren, cicla y caravanas de buses, viajaran a Francia para el 29 de noviem-bre pero cancelaron por las condiciones del estado de emergencia y los draconia-nos controles fronterizos. El ministro del interior de Francia, Bernad Cazaneuve, graznó que se había hecho más segura la COP21 al impedir la entrada de mil posi-bles manifestantes ambientales en las fronteras con Alemania, España, Bélgica y Suiza. Manifestantes en Paris les dijeron a nuestros corresponsales que de hecho fueron testigos del abierto sesgo racial en las redes de transporte público que en-tran al país.

Desafiando el estado de emergencia en París

Según los corresponsales del SNUMQG que viajaron a Paris para las actividades relacionadas con el cambio climático, el estado de emergencia declarado en Francia tuvo, como se pretendía, un efecto negativo en quienes tenían la suficiente preocupación por el desastre climático como para seguir adelante y participar en las protestas antes de que empezaran las conversaciones de la COP21. Si bien es probable que algunos sectores de la clase dominante francesa nunca quisieron que se realizaran estas protestas masivas, el estado de emergencia y los asuntos de seguridad se convirtieron en el medio para tratar de detenerlas, so pretexto de que la policía no podía proteger a los manifestantes y que se necesitaba en otros lugares. Sin embargo, como lo señalaron constantemente los activistas, no restringieron los mercados navideños callejeros, y los festivales del vino al aire libre y otros eventos comerciales continuaron sin obstáculos.

La brutal restricción bajo el estado de emergencia ha incluido 1.200 allanamientos a viviendas y cientos de personas bajo arresto domiciliario, en la mayoría de los casos sin cargos criminales. Además de los que el Estado ha calificado, por lo general sin evidencia, de sospechosos de ser apoyantes de los yihadistas, el gobierno puso también a 24 activistas ambientalistas bajo arresto domiciliario hasta después de la finalización de la COP21, planteando claramente que la razón era impedir las movilizaciones masivas.

Mientras los gobernantes aguardaban inquietos, los organizadores ambientalistas reaccionaron de diferentes maneras a la prohibición de las manifestaciones, consideradas un derecho democrático sagrado, pero las emociones aún estaban lógicamente muy tensas por las crueles masacres perpetradas en Paris tan recientemente —muchas precisamente en las zonas donde por lo general se organizan las manifestaciones. Algunos organizadores negociaron actos simbólicos con las autoridades, aceptando no hacer manifestaciones. Estos actos incluyeron una exposición de zapatos en la céntrica Place de la Republique, para representar a todos los que querían estar allí pero legalmente no podían. Exhibieron zapatos de los principales representantes del propio sistema responsable del desastre climático, como el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, el Papa, así como de otros miles.

Manifestaciones contra el cambio climatico, Paris, 29/11/2015.
(Foto: Planet Resistance)

Otras fuerzas dentro de estas coaliciones, decididas a persistir con acciones para llevar a la gente realmente a la calle, organizaron una cadena humana que se extendía por la ruta por la que originalmente se pretendía marchar el 29 de noviembre. Argumentaron que la poderosa voz del pueblo era una parte importante de la cumbre climática y que sin esta no tendría éxito, y calificaron esta acción como parte de un “clima de paz”. Las autoridades la permitieron a última hora. Algunas figuras políticas aparentemente pensaron que se necesitaba una válvula de escape ya que sabían que la prohibición generaría frustración y furia masivas. Al mismo tiempo los principales medios de comunicación continuaron informando únicamente sobre las prohibiciones de toda acción de protesta, con una amenaza de 6 meses de cárcel por negarse a obedecer, y la policía le decían a la gente en Paris que se quedara en casa y no utilizara el transporte público.

A pesar de la atmósfera de brutal intimidación, varios miles de personas llevaron coloridas y muy creativas pancartas, pendones, máscaras de animales y mensajes pintados en el cuerpo para una acción enérgica pero estática que duró unos 45 minutos. “No hay planeta B”, “¡No vamos a permitirlo!”, “¡Alto a la energía nuclear!”. Las consignas mostraban una amplia variedad de concepciones políticas, que divergían poco sobre la seriedad de la crisis ambiental, pero mucho sobre la fuente del problema y la solución.

Otros miles de personas de varios países se congregaron directamente en la Place de la Republique específicamente para desafiar el estado de emergencia y la prohibición de la manifestación. Los manifestantes marcharon alrededor de la plaza, aumentando su cantidad de 3 mil a 4 mil a medida que muchos de los que estaban en la cadena humana volvieron a esa zona a unírseles.

Manifestaciones contra el cambio climático, Paris, 29/11/2015.
(Foto: Planet Resistance)

La policía bloqueó la mayoría de calles que llevan hacia la plaza excepto una, donde marchaba la gente, pensando que podían abrirse paso por entre las líneas policiacas. De hecho la policía también bloqueó esta calle más abajo, y trató de cercar a la multitud desde atrás, pero terminó cercada por más manifestantes que llegaban. Unas de muchas consignas que retumbaban eran: “¡El estado de emergencia y el Estado policial no nos negarán el derecho a protestar!”, “¡Policía por todas partes, justicia por ninguna parte!”.

La gente empezó a marchar otra vez alrededor de la gran plaza. En esa mezcla de gente había un pequeño contingente con una pancarta “¡Revolución, nada menos!”, que en un momento elevaron por encima de la multitud desde un andamio. Algunos medios culparon a unas cuantas docenas de anarquistas por provocar a la CRS (la policía antidisturbios), pero la policía atacó a todos los manifestantes, sin distinción. Jóvenes pacifistas se sentaron frente a las líneas de la CRS en una esquina de la plaza y la policía les roció gas lacrimógeno a ellos y a otros, abriéndose paso a golpe de bastón. Combates cerrados entre la policía y un pequeño número de manifestantes empezaron a cubrir toda la plaza, al tiempo que otros que trataban de razonar con la policía para que se detuviera terminaron golpeados por ésta.

Manifestaciones contra el cambio climático, Paris, 29/11/2015. (Foto: Planet Resistance)

A medida que el aire se llenaba de gas lacrimógeno y la policía entraba a la plaza, muchos manifestantes se fueron, reduciéndose a unos 800, según los informes. La policía cerró la estación del metro y aisló a un sector de los manifestantes, llevándose y reteniendo a más de 300 para interrogarlos.

Los medios noticiosos trataron de convertir esta importante tarde de rebeldía contra su estado de emergencia en un arma política agresiva y reaccionaria, alegando que a los activistas ambientalistas no les importaba el homenaje a las víctimas del 13 de noviembre, valiéndose de unos cuantos incidentes en que les lanzaron a la policía algunas velas del monumento. Ese argumento es una completa estupidez. Algunos manifestantes salieron a desafiar la prohibición porque conocían a algunos de los que fueron masacradas y sintieron que tenían que llevar adelante la lucha. La estatua de Marianne en el centro de la plaza se había convertido en uno de los principales sitios conmemorativos, adornada con mensajes o poemas en muchos idiomas diferentes, velas, flores, y también expresiones patrióticas promovidas por la clase dominante como poner banderas francesas para rendirles homenaje a las víctimas. De hecho los manifestantes marcharon cuidadosamente alrededor de este memorial, pero cuando estallaron los combates y la policía entró a la plaza fueron estos los que irresponsablemente pisotearon los tributos, flores y fotos mientras sacaban a los manifestantes asfixiándolos con gas lacrimógeno y apaleándolos con los bastones. Esto quedó grabado en muchos videos de la escena pero los grandes medios se negaron por completo a difundirlos.

Artistas en movimiento

En un diferente acto de desafío, artistas que practican el “brandalismo” reemplazaron los mensajes de 600 llamativas vallas publicitarias por toda la ciudad para “denunciar el control de las multinacionales sobre las negociaciones ambientales”. Buscaban mostrar “las conexiones entre la publicidad, el consumismo, la dependencia de combustibles fósiles y el cambio climático”. Ochenta artistas de 19 países diferentes diseñaron material gráfico que apareció el 27 de noviembre. Crearon parodias de los patrocinadores comerciales de la COP21 y grandes contaminadores como Air France, Dow Chemical, Engie (antes GDF-Suez), y de los rostros de jefes de Estado como Hollande [Francia], Cameron [Reino Unido], Obama [EEUU] Merkel [Alemania] y Abe [Japón]. También postearon mensajes como los que, tras los trágicos acontecimientos del 13 de noviembre, escogió el gobierno para suspender las movilizaciones de la sociedad civil pero dejando que los eventos de los grandes negocios continuaron sin obstáculos. “Los responsables por el cambio climático continúan haciendo un 'lavado de cerebro verde' basándose en su destructivo modelo económico, pero las comunidades directamente afectadas por sus actividades son reducidas al silencio”. Declararon la importancia de denunciar las mentiras y salir a las calles durante la COP21 en protesta contra la energía basada en combustibles fósiles. (Véase brandalism.org.uk para imágenes y otros informes).

Otras ciudades por todo el mundo

Más de 700 mil personas en todo el mundo se unieron a las protestas el 29 de noviembre. Según varias fuentes, las manifestaciones más grandes tuvieron lugar en Londres y Sídney, con 50 mil y 45 mil personas respectivamente. Representantes de las islas Tonga y Tuvalu unieron fuerzas en Sídney para abordar la ya peligrosa situación que estas islas del Pacífico están enfrentando por la elevación del nivel del mar. “Salven a Tuvalu y al mundo”, decía un cartelón llevado desde esta nación conformada por 9 pequeñas islas apenas por encima del nivel del mar.

Cuadro de texto:    Efecto invernadero  Miles también marcharon en Manila, Filipinas, que está siendo devastada por repetidos tifones, una clara señal del impacto del cambio climático en el planeta. Muchos marcharon en Daca, Bangladesh, bastante conscientes de los altos riesgos que enfrentan los que viven en las amplias zonas bajo el nivel del mar en su país, donde el aumento del nivel del mar y las tormentas cada vez más fieras han desplazado a medio millón de personas, y millones más enfrentan la amenaza de convertirse en “refugiados del clima” en la próxima década.

Otras manifestaciones se realizaron en Ottawa, Nueva York, Los Ángeles, Washington, Bogotá, Santiago, Rio y Sao Paulo, Johannesburgo, Benín, Dar-el Salaam, Nairobi, Katmandú y Tokio. En Rio de Janeiro, los manifestantes se embadurnaron de barro, como metáfora por la reciente avalancha en el rio Dulce, que arrojó desperdicios tóxicos sobre inmensas franjas de tierra cultivable, envenenando todo a su paso, inclusive el agua potable, con consecuencias tóxicas que se propagan hasta el Caribe. A pesar de ataques aéreos en las primeras horas de la mañana, perpetrados por aviones de guerra proporcionados por Estaos Unidos, en la ciudad de Saada, Yemen, 70 personas se unieron al resto del mundo en protesta contra la destrucción del planeta.

A t-shirt "A World to Win"
["Um Mundo A Ganhar"].

(Foto: Planet Resistance)

La marcha por el centro de Londres fue una de muchas en diferentes ciudades a lo largo de Reino Unido ese día. Fue la manifestación ambientalista más grande que Londres ha visto en años. Entre los manifestantes había gente de todas las edades, especialmente adolescentes. El estado de ánimo era más entusiasta que de confrontación, muchos grupos e individuos llevaron iniciativas creativas para las manifestaciones.

En gran medida el tono lo puso el líder el Partido Laborista, Jeremy Corbyn, cuya presencia debió ser desacreditada por la posición de su partido en cuanto a la propuesta del primer ministro David Cameron de que Reino Unido expanda su guerra aérea de Irak Siria. Como comentó la BBC, aunque Corbyn “tan acogido entre la militancia laborista por su oposición a la intervención militar en Irak y otros países” en el pasado (según una encuesta, 75% de los partidarios del Partido Laborista se opone a que Reino Unido extienda su intervención a la guerra en Siria), les dio a los parlamentarios de su partido libertad para votar con Cameron. Cerca de 5 mil personas participaron en una marcha en Londres contra más intervención militar de Reino Unido, un día antes de la marcha climática, y unas 10 mil en la víspera del voto parlamentario. No obstante, a Corbyn le permitieron desempeñar un papel similar en la marcha contra el cambio climático —diciéndole a la gente que el parlamento y el Estado representan una solución a las intensas preocupaciones por el papel de Reino Unido en el mundo y por el mundo mismo. Al final, varios niños teatralizaron una sátira de las primeras 20 conferencias de la COP que no lograron nada en las dos últimas décadas.

El alcance global de este día de protestas en Reino Unido indica una consciencia y preocupación cada vez mayores por la crisis ambiental. Se enfocaron más en las medidas políticas del Estado sobre el cambio climático como cuestión política que lo que se daba en las cumbres del pasado, donde frecuentemente se hacía énfasis en cambiar los hábitos personales y reducir la huella personal de carbono. Sin embargo la idea de que los representantes de los gobiernos del sistema imperialista mundial se pondrían, o se podrán, poner de acuerdo para actuar en contra de sus intereses básicos, e incluso antagónicos, ha sido hecha trizas por la realidad una y otra vez, pero todavía sigue siendo fuertemente atractiva porque la mayoría de la gente no ve al sistema como un todo interconectado.

La generalizada consigna “Cambio de sistema, y no cambio climático” representa una muy amplia gama de ideas, incluyendo a los que quieren detener a los grandes contaminadores dentro del sistema, los que piensan que se puede hacer “verde” al sistema y humanizarlo, y muchas otras variaciones. Cambiar el sistema significa cambiarlo en su totalidad por medio de una revolución. Estas ideas estuvieron presentes de forma incipiente en algunas de estas manifestaciones en defensa del ambiente, y se necesita adentrarse mucho más en lo que significa una revolución, por qué es necesaria y posible y qué requeriría en los diferentes tipos de países.