Boletín - 11 de enero de 2016
  Reacción alemana a los ataques contra la mujer: No toquen nuestra propiedad

En la víspera de año nuevo la estación central de trenes de Colonia, Alemania, fue un lugar horrendo para las mujeres. Y el calificativo se queda corto. Más de 600 mujeres han detallado cómo grupos de decenas de hombres las cercaron, impidiéndoles escapar. Los hombres les arrancaron la ropa, las manosearon entre las piernas y bajo sus blusas, dejándoles moretones en pechos y nalgas. Hubo algunos casos de violación y muchos robos. Se dieron ataques similares a menor escala en Hamburgo, Stuttgart y Berlín.

Los informes señalan que fueron grupos de hombres jóvenes, principalmente del norte de África y de otros lugares de procedencia, los que cometieron los ataques. Unos días después una manifestación convocada por la ultraderecha exigía poner fin a la política de refugiados de la canciller Ángela Merkel, que ha permitido la entrada al país de más de un millón de personas que han huido de la guerra en Siria, Afganistán y otros países. En una contra-manifestación, cientos de mujeres y hombres fueron a la estación del tren con pancartas contra el sexismo y el racismo.

Estos horrendos sucesos de la víspera de año nuevo avivaron el intenso debate que arde por toda la sociedad alemana y se extiende por toda Europa. Merkel sostiene que aceptar a ciertos refugiados es una oportunidad para que Alemania aumente su población, expanda su económica nacional y fortalezca más su posición como la potencia líder de una fuerte Unión Europea (UE). Los gobiernos de Polonia, Hungría, Eslovaquia, y República Checa encantados con la atrocidad sucedida en Colonia insistieron farisaicamente en que por eso se negaron a ceder ante la presión alemana para aceptar más inmigrantes. Aseguran con frecuencia que el influjo de gente que profesa la religión islámica conducirá al colapso de la cultura y la civilización europeas.

La ultraderecha racista y fascista (el grupo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente [Pegida por sus siglas en alemán], y el partido populista Alternativa para Alemania [AfD por sus siglas en alemán]) exigen el fin de la entrada de inmigrantes y la cabeza de Merkel. Un comentario en el blog fascista Politically Incorrect condensa el rabioso giro que ha tomado este debate: “La desquiciada canciller ha dejado entrar a Alemania a millones de machos sedientos de sexo, antisociales ilegales del Medio Oriente y África. Según el Corán las rubias alemanas son ‘presas’ que se pueden abusar y esclavizar a su antojo”. El verdadero significado de esta chiflada diatriba es que el maltrato a las mujeres alemanas debe reservarse a los hombres alemanes.

Incitados por esta concepción, una “cacería de extranjeros” ya ha llevado a ataques de pequeños grupos contra seis paquistaníes y un hombre sirio el 10 de enero frente a la estación central del tren en Colonia.

Estos ataques contra la mujer han llevado a un escándalo, generándole un revelador caos al imperialismo alemán. Todavía está por verse si pueden controlar la situación política mientras Merkel trata de apaciguar a la derecha alemana al tiempo que insiste en que los miembros de la UE se alineen con los intereses alemanes. Antes buscaba jugar la carta de la compasión, ahora pide la deportación de los solicitantes de asilo y de los que ya están bajo condición de refugiados si los condenan de algún crimen, sin importar si son o no sentenciados a prisión. Esto es aceptar implícitamente los argumentos de la ultraderecha.

Los inmigrantes, los que acaban de llegar y otros, insisten correctamente en que estos hechos repugnantes no los representan a ellos. Están muy preocupados por cómo las acciones de unos pocos implicarán mayor destrucción de sus ya precarias vidas. Expulsados de sus países por guerras e invasiones encabezadas o engendradas por Estados Unidos y sus socios europeos, no tienen un lugar seguro a donde ir.

La deplorable declaración de la alcaldesa de Colonia de que las mujeres deben mantenerse “a un brazo de distancia” de los extraños, da a entender que las mujeres son cómplices del comportamiento sexualmente agresivo de los hombres. Algunos hombres y mujeres alemanes progresistas y valientes, indignados por estos hechos sin embargo han vacilado en asumir una posición sobre los ataques porque entienden la reacción negativa contra los extranjeros, dado el ambiente vengativo en Alemania hoy. Quieren acercarse a los refugiados como seres humanos y al mismo tiempo quieren luchar contra la opresión de la mujer. Citan la cantidad de violencia sexual que ha existido en Alemania desde mucho antes de que llegaran los refugiados, y la hipócrita preocupación por las mujeres ahora que la culpa apunta a los inmigrantes.

Los ataques de la víspera de año nuevo sucedieron durante horas a la vista de la policía. El informe inicial de la policía al siguiente día afirmó que la noche había pasado sin incidentes. Parece que las autoridades no vieron nada malo con que unos chicos “se diviertan un poco” en su noche, hasta que la indignación de las mujeres las puso en una situación embarazosa.

Los ataques sexuales no solo los perpetran personas conocidas, y no solo suceden en calles solitarias, desoladas, sino también en clubes, en estadios, y en noches de mujeres, especialmente en la Oktoberfest, el bacanal anual de la cerveza en Alemania. “Tan solo caminar al baño es aguantarse el acoso: en un tramo de 15 metros seguro puedes hacer la cuenta de 3 abrazos de borrachos desconocidos, dos palmadas en el trasero, alguien mirándote pervertidamente el dindl [vestido típico] y cerveza regada adrede en tu escote”, escribieron Karoline Beisel y Beate Wild en 2011, en el periódico Süddeutsche Zeitung. Se reporta un promedio de diez casos de violaciones cada año en la Oktoberfest, mientras que el número de casos no reportados se calcula en 200.

El patriarcado: La opresión de la mujer y el vínculo entre violación y prostitución

Las sociedades patriarcales a nivel mundial surgieron con la aparición de la propiedad privada y la necesidad resultante de instituir la herencia. Se estableció entonces la dominación de la mujer por parte del hombre. Con el ascenso del capitalismo, las relaciones patriarcales y la supremacía masculina, junto con otras relaciones sociales opresivas, se arraigaron profundamente en este explotador sistema económico, un sistema global en el que hoy un puñado de países se enriquece a costa de los pueblos del mundo.

Hoy la opresión de la mujer existe por todo el mundo, sea en el mundo desarrollado de Europa, Estados Unidos y Japón o en los países del sur, en África, Asia, Latinoamérica y el Medio Oriente. Lo particular a los diferentes países y regiones son las formas de opresión, sutiles y no tan sutiles, que son consecuencia de la sociedad patriarcal. En el denominado mundo moderno las mujeres están rodeadas de una pútrida cultura y sociedad que diariamente usa, abusa y degrada a la mujer en el hogar o en la calle. Las mujeres son traficadas a Europa y Norteamérica desde todas las partes del planeta. La sociedad patriarcal supremacista masculina también existe en el Medio Oriente con sus propios métodos desagradables de opresión a la mujer. Todas las principales religiones del mundo defienden el patriarcado y las relaciones sociales que lo acompañan.

Según el periódico inglés Telegraph: “La gente piensa que Ámsterdam es la capital de la prostitución en Europa, pero Alemania tiene más prostitutas per cápita que cualquier otro país en el continente, e incluso más que Tailandia: 400 mil en el último conteo, atienden a 1,2 millones de hombres cada día. Estas cifras se difundieron hace una década, poco después de que Alemania legalizara la compra y venta de sexo, el proxenetismo y los burdeles en 2002. Dos años después se consideraba que la prostitución en Alemania valía 6 mil millones de euros, más o menos lo mismo que Porsche o Adidas ese año. Ahora se estima que son 15 mil millones de euros”. (Véase: http://s.telegraph.co.uk/graphics/projects/welcome-to-paradise/)

La prostitución y la pornografía están solo a un paso de la violación. Son todas pilares de una cultura rapaz en la que el hombre tiene derechos sobre el cuerpo de una mujer, el cual puede usar y abusar, comprar y vender en la forma que considere, desde en las sex shops y el tráfico de mujeres hasta aspectos de las relaciones y matrimonios “normales” profundamente marcados por la supremacía masculina y la reclusión de las mujeres en los papeles de proveedoras de sexo y criadoras de niños.

En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Federico Engels escribe sobre cómo la sociedad capitalista refleja las relaciones de poder del hombre sobre la mujer, las cuales sólo se pueden deshacer con la eliminación de la sociedad capitalista y sus relaciones económicas y sociales e ideas profundamente inculcadas: “lo que podemos conjeturar hoy acerca de la regularización de las relaciones sexuales después de la inminente supresión de la producción capitalista es, más que nada, de un orden negativo, y queda limitado, principalmente, a lo que debe desaparecer. Pero, ¿qué sobrevendrá? Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que nunca se hayan encontrado en el caso de comprar a costa de dinero, ni con ayuda de ninguna otra fuerza social, la entrega de una mujer”.

La crisis de refugiados y la opresión de la mujer en la sociedad surgen de la insidiosa dominación, opresión, explotación y formas de pensar que están sumamente incrustadas en la sociedad capitalista-imperialista. Con el poder político revolucionario que puede ponerle fin a este sistema y su reinado de la ganancia, la mujer y el hombre podrán desempeñar un papel cada vez más consciente y activo en el proceso de erradicar las relaciones económicas y sociales de hoy y criticar las ideas tradicionales, sean “modernas” o antiguas, que ellas generan y que las refuerzan. Las violaciones y ataques sexuales, los ataques antiinmigrantes y otros actos violentos contra el pueblo no serán tolerados y se forjará una moral nueva y liberadora, una moral que en vez de predicar la resignación y la rendición valorará la lucha por liberar a la mujer como el motor de una mayor revolucionarización de todas las relaciones sociales en función de los intereses de toda la humanidad.

La gente que odia el mundo como es hoy tiene que dar un paso adelante y unirse a otros para hacer realidad esta nueva sociedad.