Boletín - 20 de octubre de 2014
  Ébola: La enfermedad proviene de la naturaleza. La epidemia de muerte proviene del imperialismo

El siguiente artículo es tomado de la edición del 13 de octubre de 2014 de Revolución, periódico del Partido Comunista Revolucionario (revcom.us)

Para finales septiembre, se habían infectado más de 7.500 personas y habían muerto más de 3.500 personas en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Los expertos médicos calculan que la cifra es al menos tres veces más grande y advierten que podría extenderse a otros países africanos. Ahora se han reportado casos en otros países como Estados Unidos y España. La organización sin fines de lucro Save the Children calcula que cada hora se infectan cinco personas en Sierra Leona. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC por sus siglas en inglés) anunciaron que los modelos desarrollados por sus computadores calculan que si no se detiene la epidemia rápidamente ¡podría matar a 1,4 millones personas para enero de 2015!

El ébola no es nuevo ni misterioso. Aunque este brote es más grande en escala y alcance que los anteriores, los científicos han reconocido el peligro del ébola por casi 40 años —desde que se identificó en 1976 en la República Democrática del Congo.

“Es eminentemente posible parar esta enfermedad con las medidas básicas de salud pública, las medidas de control de infecciones más básicas que solemos acatar, y deberíamos acatarlas, en nuestros propios hospitales,” dijo a Democracy Now el cirujano y autor de la política de atención sanitaria, el Dr. Atul Gawande, el 7 de octubre.

Entonces, ¿por qué se están infectando tantas personas? ¿Por qué se están enfermando y se están muriendo tantas personas?

Aunque el ébola proviene de la naturaleza, es el sistema del imperialismo el que lo ha hecho tan letal para tantas personas.

Un alto funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró recientemente que la epidemia no ha llegado al alcance actual por la naturaleza del virus, sino por la naturaleza de “las poblaciones afectadas,” los “sistemas de salud”, y los esfuerzos para controlar la propagación. ¿Qué hay detrás de eso?

Cuando dos médicos estadounidenses se infectaron en julio, fueron transportados a EEUU, los pusieron en los hospitales más modernos, los examinaron y monitorearon exhaustivamente, y les dieron los medicamentos experimentales más avanzados —y vivieron.

Pero en África occidental la gente está muriendo por miles —sin tratamiento— ¿Por qué? Porque la distribución de las instalaciones y el personal médico, los recursos y la investigación es grotescamente desigual en un mundo dominado por el capitalismo-imperialismo. El pueblo de África occidental vive bajo una pobreza abismal. Sierra Leona, Guinea y Liberia son los países 161, 176 y 181 más pobres del mundo. Mucha gente carece de necesidades básicas como instalaciones sanitarias y agua potable. En Liberia, ¡el 80% de la población no tiene inodoros ni agua potable! No hay electricidad, hay escasez de alimentos y la mayoría vive con menos de 1.50 dólares al día. Guinea y Sierra Leona tienen condiciones similares.

Todo esto a pesar de que —o más bien por el hecho de que— el imperialismo ha saqueado el continente de África por más de 500 años— extrayendo enormes riquezas del café, los diamantes, el oro, el petróleo, los minerales raros como el coltán (para los teléfonos celulares), la bauxita para el aluminio, la madera (de las irreemplazables selvas tropicales de África) —¡y de los esclavos!

Como resultado, casi no existen sistemas de salud. El gasto en salud en Sierra Leona es de 96 dólares por cada persona al año. En Liberia son 65 dólares por persona. En Estados Unidos son 8.895 dólares por persona —136 veces más. En estos países de África occidental, gobiernan déspotas y gánsteres instalados o financiados por una u otra potencia imperialista. No pueden movilizar al pueblo para ayudar a combatir este brote y no van a hacerlo —ni siquiera pueden educar a la gente sobre la naturaleza de la enfermedad y las medidas preventivas— porque su gobierno se basa en dominar y reprimir a las masas. Ahora bien, el empobrecido sistema de salud de estos países, de por sí devastado por años de guerras civiles y golpes de estado entre una pandilla de reaccionarios y otra ha colapsado.

La mayoría del personal médico no ha tenido ningún acceso a los suministros médicos de bajo costo como máscaras y guantes desechables, por lo que muchos han contraído la enfermedad y han muerto. La mayoría de los hospitales están cerrados. La gente está muriendo de enfermedades curables. Las mujeres embarazadas mueren desangradas durante los partos. Las tasas de mortalidad infantil están aumentando. Los cadáveres de las víctimas del ébola se quedan en la calle y en el piso de los centros de tratamiento —a veces durante días— infectando a aún más personas, antes de que las autoridades los recojan.

Le dicen a la gente que los enfermos deben recibir tratamiento, pero no hay hospitales o centros de tratamiento. Sólo hay unas pocas ambulancias en cada país para llevar a los enfermos a los hospitales y centros de tratamiento que todavía están abiertos. Los taxis privados cruzan los países en medio del desespero de los pacientes en busca de ayuda, infectando a otros sin querer. Ponen a las personas enfermas de ébola en “centros de detención” con pacientes que tienen otras enfermedades, difundiéndolo aún más. Otros se ven obligados a valerse por sí mismos en las calles.

El pueblo está hambriento y furioso. Los gobiernos de la región, financiados por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, han respondido con fuerza. Han impuesto cuarentenas y toques de queda por la fuerza. A finales de agosto, las tropas liberianas abrieron fuego contra una multitud que protestaba por una cuarentena en el distrito de West Point y balearon a un muchacho de 15 años de edad, Shakie Kamara, que se desangró en la calle durante media hora hasta que llegó una ambulancia, y luego murió. La mayoría de los médicos que se quedaron han muerto. Están aislando a la gente, dejándola morir, hasta que la epidemia “se consuma por sí sola”.

No hay equipos de prueba modernos y los suministros de la medicina experimental (ZMapp) están sumamente limitados, la que posiblemente haya ayudado en salvarles la vida a los dos médicos estadounidenses (que no han suministrado a ningún médico de África occidental). ¿Por qué? Por una razón: mientras se gastan miles de millones de dólares para desarrollar medicamentos para la gente que vive en países imperialistas, invierten casi nada en vacunas para el ébola y otras enfermedades “tropicales” porque no es rentable venderlas en África. La OMS informa que las denominadas “enfermedades tropicales desatendidas” como el dengue afectan a más de mil millones de personas en el mundo, y matan a hasta 500.000 cada año. Un estudio que la OMS encargó descubrió que entre 1974 y 2004, de los 1.500 medicamentos nuevos en el mundo sólo 10 eran para estas enfermedades tropicales.

¡El sistema capitalista-imperialista de ningún modo es más “humano” ni “compasivo” que en su nacimiento hace 500 años —cuando cazaba, capturaba, encadenaba y vendía como esclavos a los africanos!

Lo que hace tan intolerable el indescriptible sufrimiento que se desarrolla en África occidental frente a nuestros ojos es el hecho de que es innecesario. El mundo no tiene por qué ser así. El problema no es la naturaleza humana —es la naturaleza del sistema. El capitalismo es un sistema económico, y un orden político que lo impone, impulsados por la acumulación competitiva de ganancias. Esta dinámica lleva a y funciona mediante un enorme abismo entre un puñado de países imperialistas desarrollados y la mayor parte de la humanidad en los países explotados y encadenados por el imperialismo. Por eso, el enorme depósito de conocimiento médico y los increíbles avances en la tecnología médica quedan estrangulados dentro de los confines de la propiedad privada y los fines de lucro.

Bajo un sistema económico y social diferente, las cosas pueden ser —¡y han sido!— radicalmente diferentes. Entre 1949 y 1975, China era un estado socialista revolucionario, dirigido por Mao Tse-tung. Estaba arruinada por siglos de feudalismo y luego más de 100 años de subyugación y saqueo imperialistas. Así que cuando los revolucionarios tomaron el poder, la gran mayoría del pueblo no tenía acceso a la atención médica, y había muy poca tecnología médica disponible. Pero el Estado revolucionario, bajo la dirección de Mao, fue guiado por el principio de que el pueblo es lo más preciado. Fue una prioridad educar y movilizar a la gente para desarrollar y aplicar métodos de baja tecnología para atacar enfermedades terribles y debilitantes que habían atormentado al pueblo por siglos, como la malaria y varias enfermedades transmitidas en el agua.

Más tarde, al desarrollarse la China socialista, realizaron enormes avances en el tratamiento médico porque la investigación y el desarrollo no estaban limitados por la maximización de ganancias en competencia con otros capitalistas.

Hoy, casi 40 años después de la derrota del socialismo en China, la tecnología, especialmente la tecnología médica, ha avanzado a grandes pasos en muchos aspectos. No obstante aquí estamos, presenciando la muerte evitable y los horrores innecesarios que evocan al mundo de hace siglos —todo porque el capitalismo obstaculiza el uso del conocimiento y la tecnología que la humanidad ha desarrollado.