Boletín N° 57 - 15 de marzo de 2004
  Gobierno español cae ante ola de oposición a la guerra de Irak

Hace un año, en las islas Azores, George Bush, Tony Blair y José María Aznar forjaron una coalición para atacar a Irak. Ahora el gobierno de Aznar ha caído, de una manera imprevista y humillante. Esperaba que, debido al dolor por los atentados contra los trenes madrileños, el pueblo español aceptara la mano dura para protegerlo. Pero el dolor se convirtió en indignación: contra las mentiras del gobierno y su manipulación de los hechos relacionados con los atentados y, sobre todo, contra la participación de España en la guerra de Irak.

Inmediatamente después de los atentados, el gobierno le echó la culpa a la organización vasca separatista ETA. El ministro del Interior dijo que "no cabe la más mínima duda" de que fue ETA y el ministro de Relaciones Exteriores mandó que los embajadores españoles por todo el mundo aprovecharan toda oportunidad para decirlo. Aznar llamó personalmente a la redacción de los medios de comunicación privados; los medios oficiales repitieron la explicación oficial y callaron a los corresponsales que no dijeron lo mismo. El gobierno inglés apoyó a Aznar y el Departamento de Estado estadounidense advirtió de la "amenaza a España de los viles terroristas de ETA", aunque se veía que le iba a echar la culpa a Al Qaeda después de las elecciones españolas. El secretario de Defensa yanqui, Donald Rumsfeld, lo explicó así: "ETA y Al Qaeda son iguales". Es posible que Aznar pensara hacer lo mismo.

El gobierno corrió a culpar a ETA por varias razones. Primero, como solo faltaban tres días para las elecciones, el Partido Popular (PP) de Aznar quería aprovechar los atentados para ganar puntos contra la oposición, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Hace varios meses un dirigente del PSOE de Cataluña celebró negociaciones con ETA, y en enero ETA anunció un cese de fuego regional. Así que el PP acusó al PSOE de tener una política "blanda" hacia ETA. Además, Aznar buscaba un pretexto para aumentar la campaña de represión contra los nacionalistas vascos que ambos partidos apoyan. Pero sobre todo, Aznar temía que si se atribuían los atentados a los fundamentalistas islámicos, el público reaccionara echándole la culpa por haber participado en la guerra contra Irak. Tenía razón.

Desde el comienzo le salió el tiro por la culata. Millones de españoles se indignaron cuando Aznar pasó por alto la oposición del 90% de la población y se alistó en la guerra al lado de los Estados Unidos. Antes de la guerra se realizaron enormes manifestaciones por todo España, como en muchos países. La decisión de participar en la guerra a pesar de la oposición popular demostró que, fundamentalmente y a pesar de las elecciones, el Estado es una dictadura. Tras la caída de Aznar un comentarista dijo que "el espíritu del 15 de febrero" (fecha de las protestas globales de 2003) no se extinguió porque Washington hiciera caso omiso del movimiento antibélico.

La historia de España, que vivió largos años de la dictadura fascista de Francisco Franco (1939-1977), también afectó la reacción popular. Las huellas de esa dictadura, y de la lucha --a veces revolucionaria-- en su contra, persisten en la sociedad a pesar del convenio de los partidos políticos de no mencionar el pasado. Aznar fue miembro de la Falange, el partido de Franco, y las raíces del PP son el movimiento fascista. Además, el gobierno estadounidense apoyó la dictadura de Franco durante tres décadas porque le permitió tener bases militares en el país (las cuales desempeñaron un papel central en la guerra contra Irak).

El terreno para las maniobras de Aznar era problemático. Además, las mentiras pronto empezaron a desenmarañarse. No es cierto que en el pasado ETA haya atacado adrede a la gente común y corriente, como dijeron los ministros del gobierno. Sus blancos más conocidos han sido el primer ministro y sucesor oficial de Franco, el almirante Luis Carrero Blanco, y el mismo Aznar. Tampoco es cierto que los artefactos eran de fabricación francesa y del mismo tipo que ETA ha usado en el pasado; al día siguiente descubrieron otra bomba sin estallar de fabricación española. Además, una fuente de ETA y un vocero del partido político vasco Batasuna en Francia (un partido prohibido porque no rechazó a ETA) condenaron los atentados, dijeron que el movimiento vasco no tuvo nada que ver y exhortó a participar en las manifestaciones.

Pero lo más flojo era el argumento político: )en qué se benefician ETA y la causa de autodeterminación vasca --una meta que apoya la mayoría de los vascos e incluso los partidos vascos opuestos a ETA-- con tal masacre? )Y si ETA no lo hizo, por qué le echa la culpa el gobierno?

Al día siguiente de los atentados, millones de españoles salieron a las calles a pesar de lluvias torrenciales. En algunas ciudades participó la mayoría de la población. A la cabeza de la marcha de Madrid iban los dirigentes de los partidos políticos y los jefes de Estado de varios países europeos, al lado del rey español (puesto en el trono y al mando de las fuerzas armadas por Franco para garantizar la continuidad del Estado tras su muerte).

Era un mar de corrientes contradictorias. Un tema central era la unidad de todos los pueblos de España, a veces contrapuesta a los ataques "racistas" de ETA contra "el pueblo". Pero mucha gente le echó la culpa al gobierno, especialmente en la región vasca donde coreaban lemas como "(Aznar, asesino!", "(No a la guerra!" y "(Abajo la opresión!".

En Madrid y otras ciudades se oyeron las mismas opiniones y una variedad de puntos de vista. Muchos estandartes y pancartas con la palabra "Paz" condenaban toda forma de violencia, como por ejemplo "Todos somos Madrid", o "Los mataron porque son españoles, y yo soy español". Pero otros decían: "No a la guerra", "Por todas las víctimas de Irak y Madrid" y "Todos somos iraquíes". Mucha gente coreaba "asesinos", pero se debatía quiénes eran los asesinos: los vascos, los árabes o el gobierno. La prensa informó que el lema más popular en la manifestación de dos millones de personas en Madrid era: ")Quién fue?". Otros coreaban: "(Mentirosos, mentirosos!".

En Barcelona, donde hay mucho apoyo a la autodeterminación de Cataluña, llamaron "asesinos" a los representantes del gobierno, y les tocó pedir protección policial. El periódico El País informó que la mayoría del millón de manifestantes trazó vínculos entre la masacre y la guerra de Irak.

Hace poco Aznar rechazó con arrogancia una petición del partido gobernante de Cataluña para hablar de la autonomía regional. Muchos manifestantes en Cataluña se solidarizaron con los habitantes de Madrid, pero no con el gobierno. La política de Aznar hacia las nacionalidades oprimidas socavó su llamado a la unidad de "todos los españoles". Por ejemplo, impidió que Batasuna participara en las elecciones porque el apoyo que recibe demuestra que una gran parte de la población vasca, especialmente la juventud y la clase obrera, apoya firmemente a ETA.

En el sur, en Andalucía, los trabajadores agrícolas marroquíes participaron en las manifestaciones. Unos trabajadores siderúrgicos, que chocaron violentamente con la policía en febrero, fueron con el lema: "Aznar, esto es lo que nos ha traído tu guerra".

En Pamplona, en la región vasca, un policía mató al dueño de una tienda que no quería pegar un letrero contra ETA en la vitrina. El agente se entregó a las autoridades pensando que gozaría de inmunidad. Luego la policía atacó a un grupo de nacionalistas vascos que pusieron una ofrenda frente a la tienda. Pero a pesar de la atmósfera de odio hacia el nacionalismo vasco y de la demonización de los vascos tras los atentados, los habitantes de la región salieron a protestar con resolución.

El sábado, dos días después del dinamitazo de los trenes, la situación dio un giro repentino. En vez de regresar a casa, la gente siguió protestando y vio con más claridad quién era el blanco político. Debido a que las elecciones se celebraban en 24 horas, las manifestaciones estaban prohibidas y el gobierno puso a la policía en alerta y puso en marcha planes para desplegarla.

En Madrid, la prensa señaló con sorpresa que los aficionados del fútbol aplaudían los goles contra el Real Madrid, el equipo favorito de Aznar.

En muchas ciudades, a lo largo del día, cientos de personas hacían marchas de un punto a otro y terminaban frente a las oficinas del partido de Aznar (en Madrid se reunieron en las estaciones dinamitadas). Coreaban: "PP asesinos", "(Aznar, Franco, la misma lucha!", y lanzaban piedras y basura a los edificios. En Pamplona, grupos de jóvenes se enfrentaron con piedras y botellas a policías que les disparaban balas de goma. Una consigna aludía a "los crímenes del Estado", en referencia al tendero muerto, a los dinamitazos y a la guerra. En muchas partes hubo escaramuzas, pero la policía no atacó. En Madrid coreaban: "Aznar, tú eres el culpable" y "Aznar, te veremos en La Haya" (o sea, ante un tribunal de crímenes de guerra). A las nueve de la noche, el gobierno anunció que no toleraría más "reuniones ilegales". En Madrid y otras ciudades, rodearon las oficinas del PP golpeando cacerolas y tocando claxones.

Miles de personas hicieron lo mismo en Barcelona, Sevilla, Granada, Bilbao, Tarragona, Zaragoza, Gijón, Santiago de Compostela, Burgos y Alicante, entre otras ciudades. A las dos de la mañana del domingo, se volvió a anunciar que las protestas era ilegales, pero continuaron toda la noche. Y para sorpresa de todos, el domingo por la mañana, el 77% de los electores votaron en medio de multitudes, bulla y alboroto, y le dieron la patada al gobierno de Aznar.

La opinión general es que mucha gente votó no por José Luis Rodríguez Zapatero, sino en contra de Aznar. Probablemente eso es lo que encerraba la consigna dirigida a Rodríguez Zapatero después de las elecciones: "(No nos falles!". Se pensaba que el partido de Aznar iba a ganar en parte porque muchos que votaron por el PSOE en elecciones anteriores estaban disgustados con su desempeño en más de 12 años en el Poder. Pero hasta gente que iba a votar por Aznar estaba furiosa porque le mintieron.

Otro factor que llevaba a pensar que Aznar iba a ganar las elecciones es la situación económica de España. Durante el gobierno de Aznar el crecimiento económico de España fue uno de los mayores de Europa y se pensaba que eso era suficiente para que lo perdonaran. Sin embargo, con los atentados y la manipulación del gobierno, lo que se consideraba un "asunto de política exterior" remoto pasó a primera plana.

El resultado electoral no se debió únicamente a que la mayoría de la gente de España se oponía a la guerra. También hay divisiones en la clase dominante sobre las alianzas en el exterior, tal como sucedió durante la guerra civil española. Importantes sectores de la clase dominante no están de acuerdo con aliarse con los Estados Unidos en contra de Francia y Alemania. La relación entre el imperialismo español y la dominación estadounidense de América Latina, donde España se está volviendo el principal inversionista, es una relación compleja, como lo es la alianza con Francia para competir con los Estados Unidos en la explotación de Marruecos. Para España Irak no tiene la misma importancia que para los Estados Unidos. Si por alguna razón surgiera un movimiento para expulsar a España de Marruecos (una relación comparable a la de los Estados Unidos con México), es probable que el PSOE y el PP se unieran en un solo partido de guerra.

Huelga decir que Rodríguez Zapatero es tan "socialista" como sus compinches socialdemócratas Blair de Inglaterra y Schroeder de Alemania, o el presidente Clinton de los Estados Unidos. La guerra de Irak fue uno de los pocos temas sobre los que discreparon los dos partidos españoles. De hecho, una de las principales razones por las que la clase dominante pudo pasar de fascismo abierto a elecciones, es que el PSOE combina credenciales contra Franco y unidad esencial con sus herederos sobre los asuntos fundamentales. Un ejemplo de la continuidad oficial fue la "guerra sucia" que el gobierno socialista libró contra los vascos en los años 1980. Escuadrones de la muerte ejecutaron a por lo menos 28 vascos exiliados en Francia con explosivos suministrados por los Estados Unidos, muchas veces por "equivocación", como admitieron después altos funcionarios del PSOE.

Todavía no está claro qué hará Rodríguez Zapatero. En un discurso al día siguiente de las elecciones, dijo que retirará de Irak las tropas españolas el 30 de junio, cuando entre en funciones el gobierno provisional títere de los Estados Unidos, si la ONU no se hace cargo de la situación. Pero aunque lo haga, eso no quiere decir que la ocupación sea menos injusta. Si la ocupación fuera a estar menos en manos de los Estados Unidos, éste no le pasará la batuta a la ONU. El secretario de Estado bushiano, Colin Powell, dijo después de las elecciones en España que, en su opinión, es posible llegar a un acuerdo con la ONU. Los habitantes de España nunca aprobaron la guerra y cuando tuvieron la oportunidad de votar en contra de ella lo hicieron, pero queda por verse si el gobierno que eligieron dejará de participar en la guerra.

Si se retiran las tropas españolas, se podría ver una cascada de consecuencias. Aunque los 1.300 soldados españoles que están en Irak sólo suman el 1% del total de las fuerzas de ocupación, como los Estados Unidos ahora señala, su retirada podría llevar a la retirada de los soldados dominicanos y centroamericanos, que están bajo mando español. También podría causarles problemas a las tropas polacas, que contaban con que España asumiera el mando del sector sur central de Irak. La retirada de los soldados españoles podría llevar a Polonia y a Italia a contemplar retirarse, tanto por las dificultades militares como por el estímulo que le daría a las fuerzas que se oponen a la guerra. Además, el mito, ya trillado, de que el eje anglonorteamericano es parte de una amplia coalición, podría colapsarse del todo. Durante la campaña electoral española, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, y la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, expresaron apoyo por el gobierno de Aznar y dijeron que su victoria era importante para los objetivos de los Estados Unidos.

Ahora los secuaces de Bush dicen ante la prensa: "Al Qaeda ganó las elecciones en España". )Qué mejor ejemplo se podría dar de los objetivos de Bush que esa indignante frase? Si estás "con nosotros", no importa cuántos mueran o cuántos resulten heridos o las bajezas que se cometan, serás "democrático". Pero si estás "contra nosotros", aunque lo único que hagas es acceder a los deseos del pueblo, eres un "terrorista" o "aliado de terroristas".

A fin de cuentas, y a diferencia de lo que digan las figuras políticas de los Estados Unidos y Europa, no fueron los dinamitazos de los trenes los que "castigaron" al gobierno de España por apoyar la guerra en Irak. Sea quien haya realizado los dinamitazos, la verdad es que el gobierno corrió a aprovecharlos con fines belicosos. Quien castigó al gobierno de Aznar fue el pueblo, que rechazó el proyecto de unidad nacional contra el "terrorismo". La gran mentira, de la cual Bush y Blair son los mejores exponentes, sufrió una demoledora derrota, y eso le echó sal a la herida que tienen Washington y Londres. Es un mal augurio para Bush, Blair y su compinche menor, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

Muchos gobiernos europeos, no sólo el de España, están preparando la opinión pública para aceptar un "11 de septiembre europeo" con el fin de movilizar la unidad nacional a favor de sus intereses imperialistas, tal como Bush ha hecho en los Estados Unidos. Quizás el fracaso de Aznar les sirva de advertencia.

De hecho, la caída de Aznar es una manifestación concreta de la inestabilidad política que la guerra encabezada por los Estados Unidos y la resistencia iraquí están provocando en el Medio Oriente, el mundo entero y en las potencias de la "coalición".