Boletín N° 6 - 3 de Marzo de 2003
 

“La punta del iceberg”:
Crece el movimiento contra la guerra en Egipto
a pesar del estado de emergencia

El coro rítmico “todos somos... iraquíes” alternó con “todos somos... palestinos”, cuando 100.000 personas llenaron un estadio deportivo de Cairo el 27 de febrero. Debido al sobrecupo, la policía impidió que unas 40.000 personas entraran al estadio. Manifestantes quemaron una efigie de Ariel Sharon vestido como Drácula. Carteles y mantas denunciaron a los Estados Unidos por intervenir en Irak y por atacar al pueblo iraquí; había un mensaje al pueblo de los Estados Unidos: “Estadounidenses: Bush llenará sus tanques con la sangre de los niños de Irak”.

A pesar de las condiciones represivas del estado de emergencia, el movimiento contra la guerra crece en el país más poblado del mundo árabe. Egipto también es uno de los países más pobres de la región.

Egipto está prensado entre “Irak y la pared”, de acuerdo a un artículo del Cairo Times. Egipto es uno de los clientes más fieles de Washington, pero descansa sobre un polvorín. Los gobiernos egipcio y estadounidense están muy conscientes de ello. El régimen de Mubarak se ha opuesto oficialmente a la intervención en Irak, advirtiendo que provocaría caos y rebelión por todo el mundo árabe, incluso en Egipto. A la vez, ha reprimido la oposición organizada a la guerra, proscrito las manifestaciones en las calles y usado poderes especiales para arrestar a líderes e intelectuales antes y después de las protestas.

Por ello, para aliviar las tensiones, el régimen decidió permitir que las masas celebraran una protesta pública dos días antes de una sesión especial de la Liga Árabe en Sharm-el Sheik, Egipto. El presidente Mubarak decidió encauzar los sentimientos de las masas de esta manera a fin de fortalecer su propia posición e influencia en la reunión.

La decisión también era una señal del temor del Estado egipcio a las masas que reprime a diario. Tres días antes de la reunión, en previsión el Estado renovó el estado de emergencia tres años más, medida sobre la que se iba a votar en mayo de 2003. Desde el comienzo de la segunda Intifada, las tensiones han aumentado en Egipto, al igual que el movimiento de apoyo a Palestina, que por décadas ha representado una llaga abierta en el mundo árabe. Los intelectuales hablan del intenso odio del pueblo a los Estados Unidos por su apoyo a Israel, por su hipocresía hacia las constantes violaciones de parte de los sionistas de las resoluciones de la ONU y por sus masacres indiscriminadas de los palestinos.

A pesar de la intimidación constante del régimen, los egipcios han hallado formas y lugares en que protestar. La fuerza y la organización del movimiento contra la guerra se desarrollan por todo el país. El movimiento se ha formado en parte sobre la base de las ya existentes asociaciones informales (ilegales bajo el estado de emergencia) de solidaridad con los palestinos, grupos de derechos humanos y comités antiglobalización. Han surgido grupos contra la agresión estadounidense en Irak que trabajan por vincularse con la creciente red mundial contra la guerra.

El régimen ha bloqueado todas las iniciativas de protestar en las calles. Tropas de seguridad rodean todos los focos posibles de protesta. Es común que en las oraciones del viernes en las grandes mezquitas de Cairo llegan a celebrarse protestas masivas, que la policía no puede detener si bien las rodea con elementos fuertemente armados. El gobierno ha tomado medidas para confinar las protestas a los recintos universitarios y mezquitas. Jamás permite que las masas marchen por las calles.

El 22 de febrero en la universidad de Cairo, 1.500 estudiantes y docentes protestaron por la guerra. Llamaron al gobierno a impedir el paso de los buques de guerra estadounidense por el canal de Suez y a expulsar a los embajadores estadounidense, británico e israelí del país. Participaron un gran número de docentes de la universidad Americana en Cairo y otros extranjeros. Un contingente de 200 estudiantes de secundaria quienes habían protestado por tercer día consecutivo, evadiendo a la policía, se unió a la concentración en la universidad de Cairo. “Estamos listos para ser mártires por Irak y por Palestina”, dijo un adolescente. En una protesta del mismo día en la universidad de Helwan, miles de estudiantes quemaron las banderas yanqui e israelí y una efigie de George Bush. Casi 3.000 estudiantes protestaron en la universidad de Al Azhar el 18 de febrero y 2.000 más en la universidad del Canal de Suez en la ciudad nororiental de Ismailiya. Al día siguiente, se celebraron una protesta de 5.000 en la universidad de Alejandría que llamó a los iraquíes a resistirse y una de 2.500 en la universidad de Ain Finge en Cairo, según el Cairo Times.

El 20 de diciembre, 400 manifestantes se dirigieron a la embajada qatarí por su decisión de permitir que los Estados Unidos use sus bases para atacar a Irak, coreando: “Qatar, ¿qué es su precio?”. Se realizaron una protesta de mujeres frente a la embajada en Cairo el 17 de enero y otra el 20 de enero en que cientos de personas, flanqueadas por una masa de policías antimotines, corearon consignas antiyanquis y antiisraelíes.

“No se puede medir la fuerza de las protestas por la cantidad de personas en las calles, pues éstas son la punta del iceberg”, dijo un profesor árabe de ciencias políticas. “Somos la mayoría que no puede expresarse, pero que pagamos un precio cuando salgamos a la calle”. Se refería a los numerosos arrestos de los líderes y de potenciales organizadores de las manifestaciones en los últimos meses y de las amenazas contra los familiares de los activistas. Los informes de golpizas y torturas de manifestantes en custodia han hecho que las organizaciones de derechos humanos lancen un llamado internacional en nombre de 15 activistas arrestados después de una protesta frente al parlamento egipcio el 18 de enero. Las autoridades han liberado a cuatro de ellos, pero junto con las personas detenidas desde entonces, 14 siguen presos, según http://www.allAfrica.com.

La Inteligencia de Seguridad Estatal Egipcia (SSI) detuvo a un periodista –quien hace poco escribió un libro titulado Irak: Una nueva guerra por hegemonía y petróleo– una semana después de que participó en una protesta contra la guerra en la Feria Internacional del Libro en Cairo el 31 de enero. Fue golpeado y mantenido en aislamiento, y liberado 10 días más tarde después de una campaña montada por periodistas nacionales e internacionales. Asimismo, la SSI arrestó al director de la compañía de producción del cineasta egipcio Youssef Chahine. Bajo el estado de emergencia, las autoridades pueden encarcelar a una persona por un mes sin levantar cargos.

Aumenta la frustración en muchos frentes. La furia contra las presiones estadounidenses sobre Irak se combina con un odio intenso a Israel y el mayor descontento por la falta de libertades democráticas en Egipto. La destrucción y derramamiento de sangre en Irak prenderán protestas grandes y violentas, según los intelectuales egipcios. El mundo ha atestiguado la erupción constante y a veces masiva de enormes protestas contra la guerra en otros países árabes como Siria, El Líbano, Yemen, Bahrayn, Marruecos y Palestina. Aunque el gobierno egipcio, al igual que sus homólogos en la reunión cumbre de la Liga Árabe el 11 de marzo, “rechazó categóricamente la guerra”, tiene un problema. Está atrapado entre la dependencia de los Estados Unidos y el temor de que estalle un gran levantamiento debido al ataque estadounidense contra Irak.

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