Boletín N° 12 - 14 de abril de 2003
  Colombia: Seis semanas
de creciente oposición a la agresión yanqui en Irak

La atmósfera de terror creada por la máquina de creación de opinión pública luego de la explosión de un carro-bomba que mató a 32 personas en el Club El Nogal el 6 de febrero no duró mucho. De hecho, a pesar de la semana de represión policial al extremo lanzada por el pro-yanqui y pro-paramilitar gobierno de Alvaro Uribe (un socio muy menor de la coalición Estados Unidos/Inglaterra), el 15 de febrero se realizaron las protestas planeadas [a nivel internacional] contra la inminente guerra de agresión contra Irak. En muchas ciudades colombianas, varios grupos y unos cuantos centenares de individuos salieron a las calles, organizando mítines y llevando a cabo programas culturales antiimperialistas, haciendo pintas con consignas contra la guerra y distribuyendo docenas de miles de volantes en las barriadas, universidades y colegios. Emisoras de radio alternativas y comunitarias informaron sobre las protestas y entrevistaron activistas. En Bogotá y otras ciudades como Cali, Medellín, Pereira y Bucaramanga, centenares de personas asistieron a conferencias informativas y de denuncia contra la invasión yanqui. En Bogotá, la capital de Colombia, pequeñas pero decididas marchas finalizaron frente a la embajada estadounidense, mientras que en otras ciudades, los manifestantes hicieron concentraciones frente a agencias patrocinadas o relacionadas con Estados Unidos como el Centro Colombo-Americano.

Especialmente al comienzo, hubo mucha discusión y lucha fraternal con individuos y grupos que eran pesimistas sobre la posibilidad de forjar una lucha contra la guerra bajo condiciones de creciente represión y control fascista, en un país que es un importante blanco de la “guerra contra el terrorismo” lanzada por Estados Unidos. Ya hay varios centenares de Fuerzas Especiales y soldados regulares estadounidenses, y cientos de asesores militares “civiles” operando en el país. El escepticismo inicial fue cediendo ante la persistencia y determinación de las fuerzas antiimperialistas y el ejemplo del pueblo por todo el mundo tomándose las calles contra los planes imperialistas.

Otro día de acción programado a nivel internacional para el 15 de marzo mostró que el movimiento había ganado fuerza, en términos tanto del creciente tamaño como de la mayor determinación. Esto les permitió a los activistas ampliar el alcance de la protesta, preparar más actividades y aumentar el número de acciones en varias partes del país, preparando anticipadamente acciones para el día en que comenzaran a caer las bombas sobre Irak. Esto se dio de diferentes maneras y en diferentes escalas, desde pequeños mítines frente a las fábricas de las ciudades de la zona cafetera, hasta de centenares como el de los obreros petroleros.

Pequeños grupos de activistas en Bogotá y otras ciudades han estado liderando manifestaciones contra la agresión imperialista y distribuyendo miles y miles de volantes de organizaciones gremiales y de partidos y organizaciones políticas colombianas, desde anarquistas y trotskistas hasta maoístas, entre ellas las Brigadas Antiimperialistas. También se distribuyeron miles de volantes de No en Nuestro Nombre y del Movimiento Revolucionario Internacionalista, etc. Particularmente importante para generar ímpetu fue la distribución [por decenas de miles] del volante titulado “El pueblo de Irak no está solo” escrito por el Movimiento de Resistencia Popular Mundial en Europa, como parte de la promoción de un capítulo colombiano de esa organización.

Luego del feriado (en Colombia) del lunes 24, se rompió el dique. La noche del martes 25, diversas fuerzas democráticas y revolucionarias realizaron una manifestación en el corazón mismo del país, la Plaza de Bolívar, frente al Parlamento y el Palacio Presidencial. Más de 2.000 personas no cesaron de corear las consignas “¡Fuera yanquis de Colombia, de Irak y de todo el mundo!”, “Uribe fascista, perro faldero de Bush”. También hubo discursos, poemas y saludos a las masas de Irak y Palestina, así como quema de banderas yanquis.

Ese fue sólo el comienzo de una semana llena de todo tipo de actividades antiimperialistas por parte de todo tipo de gentes: artistas de teatro y televisión, vendedores ambulantes, estudiantes de secundaria y de universidades estatales, etc. Los crecientes tamaño e importancia de estas protestas obligaron a los medios de comunicación a cambiar su lenguaje servil y a informar sobre estas actividades.

El jueves 27 las centrales sindicales y diversas organizaciones y partidos políticos realizaron una marcha de más de dos kilómetros hasta la Embajada estadounidense. Los más de 7.000 manifestantes no dejaron de corear sus consignas, tratando de evitar continuamente las provocaciones de la policía a todo lo largo de la ruta. Al final, hubo un choque cuando los manifestantes llegaron a la embajada yanqui. Varios de los manifestantes fueron detenidos.

Al día siguiente, Bogotá presenció algo que había desaparecido de las calles desde finales de la década de 1970: estudiantes de las universidades de élite marcharon hacia el centro de la ciudad en protesta contra la guerra en Irak.

En todo este período de seis semanas, hubo un creciente aumento de la receptividad de la gente a estas acciones grandes y pequeñas, a medida que más y más gente se deshace de la influencia de la propaganda y la represión del gobierno. El mensaje es claro: el pueblo del mundo no va a permitir que los imperialistas hagan lo que les dé la gana. Muchos jóvenes, principalmente estudiantes de secundaria de las clases populares, están cada vez más despertando a la política revolucionaria en este momento crucial tanto a nivel mundial como en el país en particular.