Boletín N° 97 - 7 de febrero de 2005
  China: Nerviosismo en reunión del partido

(Desde la India) Los informes periodísticos de la reciente sesión plenaria del partido revisionista gobernante de China señalan que Hu Jintao reemplazó al ex secretario Jiang Zemin como presidente de la Comisión Militar Central. La reunión abordó este asunto, pero no fue el más importante. En los materiales publicados por los revisionistas chinos se perfila el aspecto principal de la plenaria: su nerviosismo y sus esfuerzos para atenuar agudas contradicciones.

Tras la toma del poder en 1976 en un golpe de Estado, los seguidores del camino capitalista han integrado el país al sistema imperialista. En su afán de ganancias, desmantelaron las relaciones e instituciones socialistas. Los dirigentes y sus allegados han acumulado enormes riquezas y nació una clase de capitalistas. China padece los síntomas típicos del desarrollo neocolonial del tercer mundo. Los cinturones de miseria crecen al lado de lujosos rascacielos en Shanghai y otras ciudades, rodeados por un campo en que la poca gente que acaparó la propiedad comunal es rica y la abrumadora mayoría vive en pobreza absoluta.

Hace poco, el gobierno hizo una encuesta entre los intelectuales chinos y extranjeros sobre los problemas del país. La mayoría indicó como problemas centrales el desempleo y el descontento en el campo, así como la creciente brecha entre pobres y ricos y el desprestigio del gobierno. En los últimos dos años el gobierno de

Hu Jintao ha procurado solucionar estos problemas. Ese fue el principal tema de esta plenaria. Hu Jintao se ha presentado como un "hombre del pueblo". Acuñó el lema "el pueblo primero en gobierno" y promovió el llamado "concepto científico de desarrollo" que propone lograr cinco equilibrios: campo y ciudad, costa e interior, desarrollo social y desarrollo económico, desarrollo ecológico y desarrollo económico, asuntos internos y asuntos internacionales. Para fomentar la "transparencia" en el gobierno, ha lanzado campañas contra la corrupción. En 2004 se enmendó la constitución con cláusulas sobre "el respeto de los derechos humanos" y la obligación de dar seguridad social a la población. En estos "derechos humanos" se incorpora uno de los intereses fundamentales de las clases dominantes chinas: que la propiedad privada sea inviolable. Ya antes enmendaron la constitución para que los capitalistas pudieran ingresar al partido.

Hu fomenta espejismos de reformas populistas pero mantiene y refuerza el dominio de la facción burocrático-burguesa (capitalista de Estado) de las clases dominantes. Con astucia disfraza las reformas con palabras de Mao. No obstante, no cambiará nada pues no propone arrancar de raíz las milenarias relaciones de explotación que generan todos los males de la actual China. Eso va contra los intereses de clase de los gobernantes chinos de hoy.

En las últimas tres décadas, Deng Xiao-ping y sus secuaces destruyeron la economía autosuficiente relativamente balanceada construida bajo la dirección de Mao Tsetung y los seguidores del camino socialista. Hu es el último de la bola de neocompradores (capitalistas dependientes del capital imperialista) que han seguido este camino. Han construido una China desequilibrada, lo que ha generado muchas contradicciones, siendo la fundamental la existente entre las masas explotadas y los nuevos explotadores del país. Esta contradicción se ha manifestado en diversas huelgas y levantamientos regionales, así como las protestas de 1989 en la plaza Tienanmen. La facción gobernante de las clases dominantes no puede admitir esta contradicción, pues aún necesita conservar su disfraz revisionista, y llamar a su gobierno socialfascista "socialista" y "dictadura del proletariado". En la reciente plenaria aceptaron que las reformas y desarrollo del país han alcanzado una etapa crítica en que se están multiplicando nuevos problemas y situaciones, los cuales, dicen, han causado "fuerzas externas". Los compradores, que fomentan con descaro toda clase de depravación imperialista, dicen que los imperialistas aún buscan "occidentalizar" a China. Aunque intenten tapar las causas reales, tienen que admitir que su dominio no es sólido. Su documento advierte que "la posición gobernante del Partido Comunista de China de ninguna manera es el producto natural de la fundación del mismo y no será eterno si el mismo no hace nada para salvaguardarla". Exhorta a los gobernantes a tener "una noción tengan más realista de la crisis" y les recuerda lo ocurrido en la Unión Soviética en que, de acuerdo al análisis maoísta, una versión del capitalismo orientada más abiertamente por el mercado desplazó al capitalismo estatal que reemplazó al socialismo tras la muerte de Stalin.

Sus inquietudes destacan fuertemente la esencia diametralmente opuesta de la posición maoísta y la caricatura compradora de Hu Jintao. La instrucción de Mao, "Servir al pueblo", se basó en una profunda comprensión de la misión histórica del proletariado: emancipar a toda la humanidad. "Sobre diez grandes relaciones" de Mao es más que un plan de desarrollo equilibrado. Se basa en un profundo deseo de eliminar toda la explotación y desequilibrio impuestos por la dominación imperialista y en una orientación general para expropiar a los viejos explotadores y construir una economía estatal y crear las condiciones necesarias para el comunismo. Se basa en una profunda síntesis de las experiencias de la construcción del socialismo. Los derechos democráticos, como el derecho a la huelga, incorporados en la constitución china de 1973, eran producto de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Tal revolución se dirigió contra los seguidores del camino capitalistas quienes intentaban impedir o sabotear las medidas proletarias que defendían Mao y sus partidarios. Hu Jintao representa la misma clase que usurpó el poder en 1976 y que hoy busca coartar la inevitable explosión de las masas explotadas y salvarse el pescuezo.