Boletín N° 73 - 5 de julio de 2004
  El pináculo de la historia humana: La revolución china, 1949-1976.
Parte 8:
¿Que hizo posible todo esto?

A continuación presentamos la octava y última entrega acerca de los logros del socialismo durante la revolución china bajo la dirección de Mao Tsetung. Éstas provienen del discurso que dio el Movimiento Revolucionario Internacionalista en 1999 con motivo del 50º aniversario del triunfo de la revolución china.

¿Qué hizo posible todo esto? La dirección de un partido comunista guiada por la ideología que hoy llamamos marxismo-leninismo-maoísmo. Ese partido dirigió una guerra revolucionaria que destruyó el Poder de las viejas clases dominantes y lo puso en manos del pueblo. Hizo de esa ideología la propiedad de los desposeídos y los dirigió a continuar la revolución, paso a paso, hacia la liberación de la humanidad.

China siguió siendo un país pobre, pero su socialismo fue un sistema superior.

Fue capaz de satisfacer las necesidades del pueblo. Desde los primeros días después de la liberación, todos tenían garantizados comida, vestido, combustible, un entierro digno y educación, trabajaran o no. Nadie tenía que preocuparse acerca de lo que podría suceder a sus hijos. En resumen, dejaron de ser esclavos sin pan y se podrían desarrollar plenamente como seres humanos.

Este desarrollo tuvo lugar en una forma que nunca podría ocurrir en un país capitalista. Fue posible satisfacer las necesidades del pueblo, sin explotar a nadie de otros países, una explotación que es el secreto que apuntala el alto nivel de vida en los países imperialistas. En lugar de polarizar al país cada vez más entre una rica minoría y una pobre mayoría, la revolución fue reduciendo las brechas y desigualdades en la sociedad, entre ciudad y campo, entre obreros y campesinos, entre trabajo intelectual y trabajo manual, y entre hombres y mujeres. Aunque aún no fue posible que todos simplemente consiguieran todo lo que necesitaron, sin diferencias, todos pudieron acceder a muchas necesidades básicas gratis o muy baratas.

La Revolución Cultural no pudo poner fin a todas las desigualdades y contradicciones sociales. Como Mao dijo, no sería posible alcanzar el comunismo hasta que las clases fueran abolidas, no sólo en China sino en todo el mundo. Mientras que las clases existan, la línea que el partido siga lo decide todo, o en otras palabras, la dirección en que la sociedad avance.

Los seguidores del camino capitalista dieron un golpe de Estado militar, arrestaron a los más cercanos camaradas de Mao, siendo Chiang Ching y Chang Chung-chiao los más destacados entre ellos, y desataron una ola de terror contra los revolucionarios. Arrebataron el Poder a las masas.

Las nuevas clases dominantes deshicieron todo. Desmantelaron las comunas populares. Hoy, unos pocos campesinos se han enriquecido y cien millones o más recorren el país, sin casa y hambrientos, en busca de trabajo. Le han arrebatado el control de las cosas a los obreros y les han ordenado callarse y estar agradecidos de tener empleo, si es que tengan la "buena fortuna" de hallar empleo en algo que los imperialistas encuentren rentable. La llamada "modernización" de China ha significado parar mucha industria pesada y dejar a mucha gente en la calle para valerse por sí misma. Donde han surgido nuevas industrias, de costura y televisores por ejemplo, han contratado a mano de obra barata bajo la bota del capital extranjero y con frecuencia del mercado extranjero. El trabajo considerado peligroso y duro por los países ricos se hace en países como China, donde los venenos industriales y desechos tóxicos están por doquier. Los nuevos gobernantes administran al país en beneficio de los imperialistas de quienes la economía depende cada día más.

Hoy, China tiene una de las tasas de corrupción más altas del mundo en todas las esferas. Ha habido importantes levantamientos campesinos contra la pesada carga de impuestos y otras nuevas formas de explotación. La tasa de infanticidio de niñas es alarmante. La prostitución y la adicción a las drogas aparecen una vez más en forma desenfrenada. El SIDA amenaza con rivalizar o hasta superar las epidemias que azotaban a China antes de que pararan con la liberación en 1949. De nuevo, están fuera de control las inundaciones, y los ríos que se domeñaron para regar los cultivos durante los años del socialismo hoy son un azote.

Puede que los seguidores del camino capitalista quienes se han apoderado del partido comunista estén al mando, mientras que eso les convenga a sus amos extranjeros, pero el partido no tiene nada en absoluto de comunista. Una vez más, el pueblo chino tendrá que tomar el Poder, con fusiles en mano, con el respaldo de los revolucionarios y los pueblos del mundo. Pero el pueblo chino, y nosotros, no tenemos que empezar desde cero, porque tenemos la experiencia del socialismo, la línea y las lecciones de ese ejemplo viviente, desarrollado mediante la lucha de cientos de millones. Fue una revolución que logró mucho más que ninguna otra antes. Esa experiencia es el patrimonio común de los pueblos del mundo, un luminoso ejemplo de la superioridad del sistema socialista.

Veamos la expresión "la vieja sociedad" que usamos varias veces en este discurso. Se oía mucho en la China maoísta a partir de la liberación. En el futuro, los pueblos de todos los países se referirán con estas palabras al mundo en que vivimos hoy.