Boletín N° 71 - 21 de junio de 2004
  El pináculo de la historia humana: La revolución china, 1949-1976.
Parte 7:
La Gran Revolución Cultural Proletaria.

continuación presentamos la séptima entrega acerca de los logros del socialismo durante la revolución china bajo la dirección de Mao Tsetung. Éstas provienen del discurso que dio el Movimiento Revolucionario Internacionalista en 1999 con motivo del 50º aniversario del triunfo de la revolución china.

El objetivo inmediato de la Revolución Cultural fue derrocar a esos líderes del partido que trataban de llevar a China por el camino capitalista. Pero como Mao lo explicó, había una meta más profunda: transformar la concepción del mundo, para que el pueblo pudiera distinguir la diferencia entre el marxismo y el revisionismo. O sea, había que transformar la forma de pensar, y las relaciones económicas y sociales que estas ideas representaban.

Las batallas iniciales de la Revolución Cultural las libraron los Guardias Rojos: intrépidos estudiantes y jóvenes quienes atendieron el llamado de Mao para oponerse a algunos de los más poderosos personajes de China. Pero Mao también exhortó a la clase obrera a tomar la delantera en todo, y luchó para fortalecer la capacidad del partido para dirigir, como representante de los intereses de largo plazo de los trabajadores, la transformación de la sociedad y del mundo. En medio de la tormenta de debate y lucha de masas, se elaboraron pautas de modo que las grandes masas pudieran participar en todo aspecto de la dirección de la sociedad, lo que Mao llamaba el derecho fundamental del pueblo.

En enero de 1967, después de meses de reuniones y fuertes debates para deslindar los campos, los rebeldes de las fábricas, barriadas y escuelas de Shanghai, dirigidos por miembros del partido revolucionarios, destituyeron a la vieja administración municipal, la cual había sido una plaza fuerte de los seguidores del camino capitalista. Reemplazaron a la vieja administración con una nueva combinación triple: representantes de las organizaciones rebeldes, líderes del partido revolucionarios y representantes del Ejército Rojo. Las masas tomaron el Poder de una manera omnímoda y desde abajo. Para fines de 1968, se habían formado estos comités revolucionarios en todo el país.

Millones de jóvenes educados llevaron la Revolución Cultural al campo. Muchos permanecieron allí. Los habitantes de las ciudades que no trabajaban con las manos también fueron por plazos a trabajar en el campo, a conocer a los campesinos y a comprender sus necesidades, y a ayudar a transformar su propia concepción del mundo.

Los comités de integración triple (de trabajadores, técnicos y gerentes) administraban las fábricas; en los hospitales los comités los formaron doctores, trabajadores y representantes de los pacientes. Como Mao predijo, cuando se revolucionara el papel de los trabajadores en la producción, cuando éstos empezaran a actuar como pensadores y administradores y no sólo como un par de manos, y cuando se revolucionara la forma de pensar de todos, también se liberaría la producción. Por ejemplo, los trabajadores de Shanghai construyeron barcos de diez mil toneladas en astilleros sólo aptos para barcos de cinco mil toneladas. En una refinería petrolera de la misma ciudad, cuyos gases contaminaban el aire, los trabajadores estudiaron con detenimiento el problema, incluidos los detalles más técnicos, y descubrieron cómo reciclar los gases y usarlos para la manufactura de los químicos que se usan en ropa, plásticos y medicinas. Había parecido más económico que las plantas simplemente arrojaran los venenos al aire, pues eso hizo que unas plantas parecieran más rentables, requiriera menos esfuerzo de los trabajadores e incluso en algunos casos pusiera más fondos a su disposición. Pero todo eso, los trabajadores demostraron, no fue lo que era mejor para la sociedad ni la economía en conjunto.

Las actividades culturales chinas, como películas, obras de teatro, ópera y libros, eran un bastión de los seguidores del camino capitalista y un remanente de la vieja sociedad, cuyo dominio de las ideas y la concepción del mundo en la esfera de la cultura fue un gran obstáculo para la mayor revolucionarización de la sociedad. Mao dijo que “si el Ministerio de Cultura rehúsa transformarse, tiene que cambiar su nombre por el de ministerio de emperadores y reyes, generales y cortesanos, de letrados y beldades, o de extranjeros de museo”.

Chiang Ching se estableció como importante líder del partido por derecho propio. Jugó un papel importante dirigiendo un levantamiento de masas para derrocar a los seguidores del camino capitalista dondequiera que tenían el Poder. También hizo una contribución especial a la revolución en la cultura. La ópera fue muy popular y aún fue necesario transformarla. En una reunión con 5.000 representantes de compañías de ópera de todo el país, lanzó una pregunta polémica: que si deseaban servir a los intereses de las masas, o al puñado de seguidores del camino capitalista quienes representaban la persistencia de los males de la vieja sociedad. “Los cereales que comemos son el producto del trabajo del campesino, los obreros hacen la ropa que usamos y las casas que habitamos, y el Ejército Popular mantiene guardia en los frentes de defensa nacional por nosotros, y aún así no los representamos en el escenario. )Me permiten preguntarles qué posición de clase toman ustedes los artistas?”. La tarea central en la ópera, dijo, era crear heroínas y héroes revolucionarios y en especial producir algunas operas avanzadas como modelos para la ópera y la cultura en general.

Una obra tal se titulaba En los muelles, una adaptación de una ópera tradicional folclórica creada por unos artistas que trabajaron con los estibadores de Shanghai. “En los días de antaño”, dijo un estibador, “sólo éramos culíes. No teníamos derecho de ver la obra ni menos estar en el escenario”. La oposición de los seguidores del camino capitalista quienes controlaban la capital ilustró cuán importante era la lucha. Mandaron redactar de nuevo las obras de modo que destacaran a los obreros con menos simpatías revolucionarias. Los estibadores se quejaban: “Eso hace que nos parezcamos torpes y estúpidos”. Sólo cuando la Revolución Cultural asestara fuertes golpes a las autoridades atrasadas, se pudo completar la ópera y estrenarla en todo el país.

La enseñanza fue un problema central. Si bien, en teoría, cualquiera podía estudiar en una escuela, en los hechos la mayoría de los estudiantes eran hijas e hijos de los dirigentes, administradores, técnicos, doctores u otras personas que tenían una educación. Era primordial que China tuviera gente educada, pero el problema era si las escuelas y universidades formarían una élite divorciada del pueblo trabajador y por encima de él, si se derrotaría a la vieja élite y la reemplazaría con otra nueva.

Con la Revolución Cultural, se remozó completamente la enseñanza. Se establecieron universidades en el campo, para que los maestros y los estudiantes pudieran aprender unos de otros y de las masas y formar graduados con estrechos lazos con las masas y con entrenamiento científico: en otras palabras, rojos y expertos.

Parte 8: ¿Que hizo posible todo esto?