Boletín N° 70 - 14 de junio de 2004
  El pináculo de la historia humana: La revolución china, 1949-1976.
Parte 5:
El Gran Salto Adelante.

A continuación presentamos la quinta entrega acerca de los logros del socialismo durante la revolución china bajo la dirección de Mao Tsetung. Éstas provienen del discurso que dio el Movimiento Revolucionario Internacionalista en 1999 con motivo del 50º aniversario del triunfo de la revolución china.

China estaba lista para el Gran Salto Adelante.

El nivel básico de gobierno en la China rural es de cantón o municipio. Con la unificación de todas las cooperativas de un cantón, se creó algo nuevo: una unidad económica y política a través de la cual decenas de miles de personas construyeran una vida común. Estas comunas populares constituyeron un paso gigantesco hacia la eliminación de la brecha entre los campesinos y el gobierno, ya que ahora cada vez más ellos mismos podían administrar todo. Aunque las brigadas de trabajo basadas en varias familias fueron todavía la unidad básica, se superaron los confines del clan y de la aldea a medida que estas brigadas llegaron a ser parte de una más amplia organización. Era posible planificar a gran escala la irrigación, el control de inundaciones, los caminos, etc., en que el conocimiento y la participación de los campesinos jugaban el papel principal para determinar qué debía de hacerse y cómo.

El combate a la fiebre de caracoles es un maravilloso ejemplo de los frutos de la colectivización del campo que no tiene igual en el mundo.

Es un azote del Medio Oriente, África y América Latina, pero su forma más mortífera se encuentra en Asia. La causa: unas pequeñas lombrices que se enquistan en el cuerpo humano. A mediados de los años 1950, diez millones de chinos del valle del río Yangtzé aún padecían el mal. Se debilitaban y la panza se hinchaba hasta reventarse. En muchas aldeas, casi todo mundo padecía el mal de la panza grande. Truncaba el crecimiento infantil, dejó estériles a adultos y en algunas aldeas durante años no hubo ni un nacimiento.

El mal se propaga mediante el excremento humano a los caracoles y de los caracoles a los seres humanos que tienen contacto con el agua. Primero, ¿cómo podrían pasar los campesinos la mayor parte del año en los arrozales sin contraer el mal? Segundo, si no usaran abono animal y humano, producirían muy poco. Tercero, aunque no es muy difícil tratar a una persona afectada, eso no impide la propagación del mal. Como cantidades tan grandes de personas padecen el mal, no es posible tratarlas todas al mismo tiempo y por ende sigue propagándose.

Aún hoy, se dice que es casi imposible eliminar el mal en las personas comunes. Pero mediante el socialismo y el Gran Salto Adelante fue posible eliminar el mal eliminando el caracol.

Se formaron equipos para ir a las aldeas, registrar la experiencia de los campesinos con el mal y explicarles su causa. Se decía que el mal era un castigo por los pecados cometidos por sus antepasados. Los equipos organizaron reuniones en que los campesinos intercambiaron historias que demostraban que no se trataba de una desgracia personal y discutieron en mucho detalle qué hacer. Los campesinos se animaron a acabar con el mal. Comenzaron a recoger los excrementos de cada familia y guardarlos en colectivo, lo que no fue posible antes, cuando cada familia dependía del producto de su propia parcela y el abono constituía su fortuna. Tras guardarlos varios meses en tanques, los caracoles murieron por los cambios químicos.

Pero, era necesario aplicar a los caracoles el método de Mao de concentrar una fuerza abrumadora para derrotar al enemigo. En cantones enteros, se movilizaron millones de soldados, campesinos, estudiantes, maestros, oficinistas, administradores y habitantes de las ciudades. Cantón por cantón, dos veces al año vaciaron los canales, arroyos y lagunas y araron el suelo para matar los caracoles. Sacar y reponer el agua sin destruir los cultivos es un proceso muy complicado y sólo se pudo llevar a cabo con la planificación en gran escala de las comunas populares y los conocimientos e iniciativa de los campesinos.

No escatimaron esfuerzo alguno en el tratamiento de los afectados por el mal. Las personas que llevaban años padeciéndolo necesitaban cirugía. Se formaban cantidades sin precedentes de doctores y al mismo tiempo se reducía la brecha entre los doctores y las masas.

Se formaron enfermeras/os y trabajadores médicos capaces de hacer operaciones. Los conocimientos médicos pasaron a ser propiedad de las masas. Se combinaron ciertos tratamientos tradicionales, como la acupuntura, con la medicina occidental en un sistema de servicios médicos eficaz y accesible con que se sentían a gusto las masas. Las personas capaces de dar tratamientos médicos básicos se llamaban “médicos descalzos”, porque en lugar de lucrar con los nuevos conocimientos, podían permanecer en las aldeas y barrios.

Además, una buena parte de la capacidad tecnológica avanzada de China se dedicaba a hacer avances médicos de clase mundial. Entre otros ejemplos figuran la reconstrucción de dedos, manos, brazos y piernas cercenados en los accidentes que padece el pueblo trabajador y el desarrollo y producción de medicamentos, como la insulina sintética (China fue el primer país en producirla). China aún era un país pobre pero con una economía socialista planificada podía poner los recursos al servicio de la vida y salud de la población.

Dieron prioridad a la medicina preventiva. Una enorme fuerza para eliminar los males fue que cientos de millones de campesinos aprendieron los principios básicos de higiene y por primera vez tenían los medios para aplicarlos. La esperanza de vida pasó de 30 años antes de la Liberación a 65 años en los años 1970, un índice muy similar entonces a los países ricos.

Muchos campesinos decían que al eliminar la fiebre de caracoles, malaria y otros males, las aldeas antes medio muertas volvieron a la vida.

Así aplicaron la política de reducir la brecha entre la ciudad y el campo y entre los campesinos y los trabajadores, dando prioridad a las zonas rurales. La formación de las comunas populares abrió el camino a la construcción de hospitales, escuelas e industrias en el campo, en lugar de expandir las instalaciones existentes en las ciudades, lo que parecía “más económico”.

Y redujeron la brecha desarrollando la industria en el campo, que sólo se logró mediante las comunas populares. Animaban a las mujeres y hombres a organizar nuevas fábricas y nuevas formas de satisfacer las necesidades del pueblo. El partido dirigió el proceso y el gobierno lo apoyó según el plan económico global del país, pero todo dependía de la propia actividad de las masas.

Por ejemplo, en una comuna popular, cuando las amas de casa se reunieron para debatir qué hacer, algunas personas se burlaron de ellas diciendo que lo que hicieran ellas seguramente fracasaría. El partido explicó que tal desprecio a las mujeres trababa la mitad de las fuerzas productivas del país. Furiosas, las mujeres estaban resueltas a refutar tales ideas retrógradas. Mediante un arduo proceso de avances y retrocesos, establecieron una pequeña fábrica para producir fideos con el excedente de cereales de la granja. Ésta daba de comer al pueblo y vendía el excedente a una cooperativa.

En el Gran Salto Adelante, se producían muchas manufacturas en el campo, pero lo mismo sucedía en las ciudades. Un aspecto importante del proceso fue la emancipación de las mujeres. Las amas de casa de un barrio de Pekín asumieron la instrucción de Mao de apoyarse en los propios esfuerzos, de romper con el quehacer doméstico y participar en la producción y actividades sociales. El comité barrial les cedió dos bodegas vacías. No tuvieron equipo, experiencia en producción ni conocimientos tecnológicos. Para poder trabajar, tuvieron que organizar guarderías y comedores colectivos.

Una de las compañeras le dijo a una escritora francesa: “No era para aportar un poco más de comodidad a nuestra familia por lo que habíamos decidido trabajar: queríamos transformar la sociedad, transformar la condición femenina. (Que las mujeres abrieran la puerta de la casa que les obstruía la vista! No queríamos ya servir a nuestra familia, queríamos servir al pueblo. Finalmente, después de una encuesta entre los habitantes del barrio, decidimos producir artículos de primera necesidad que les hacían falta: ollas, tubos para estufa, cacerolas, etc. Llevamos de nuestras casas nuestras propias herramientas: martillos, pinzas, algunos destornilladores, clavos, etc. No teníamos más. Fuimos a las fábricas a recoger placas de metal, tubos de hierro, y nos pusimos a trabajar. A veces venían obreras después de su trabajo a mostrarnos cómo emplear tales o cuales medios”. Al final, el Estado aceptó los productos y comenzó a adquirirlos. Las compañeras comenzaron a producir equipo médico. “Habíamos fijado en el taller un cartel con esta frase del Presidente Mao: ‘Hoy los tiempos han cambiado, lo que puede hacer un hombre, también lo puede hacer una mujer’”.