Boletín N° 68 - 31 de mayo de 2004
  El pináculo de la historia humana: La revolución china, 1949-1976.
Parte 3:
Eliminar la opresión de las mujeres

A continuación presentamos la tercera entrega acerca de los logros del socialismo durante la revolución china bajo la dirección de Mao Tsetung. Éstas provienen del discurso que dio el Movimiento Revolucionario Internacionalista en 1999 con motivo del 50º aniversario del triunfo de la revolución china.

En cuanto a la situación de las mujeres, se operaron grandes cambios muy rápidamente. A las mujeres las habían gobernado hombres durante toda la vida: de niñas, sus padres; de jóvenes, sus esposos; y de viudas, sus hijos u otros parientes masculinos. Se solía decir: "Nadie es feliz cuando nace una niña". Esto no era porque los pobres eran de corazón duro. Algunas personas sintieron que no podían darse el lujo de criar a una niña quien era destinada a servir a otra familia.

Los trabajadores y los campesinos sufrieron bajo el yugo del feudalismo, capitalismo e imperialismo, pero las mujeres sufrieron bajo todo eso, además de algo más: las oprimieron porque fueron mujeres. Esto dio a las mujeres tremendo potencial revolucionario. Además, China no podía liberarse completamente del sistema feudal sin derribar uno de sus principales pilares, el patriarcado: el dominio del jefe masculino de familia sobre las mujeres y los niños. Las masas de mujeres fueron una poderosa fuerza para derrocar todas las viejas relaciones sociales, y las ideas retrógradas y los valores morales en que descansaban, muy comunes en la sociedad.

Alguien dijo: "La reforma agraria es buena, la nueva moneda es buena, pero cuando ya no dejan al hombre golpear a su esposa, eso es ir muy lejos". Y para acabar con la violencia hacia las esposas, la solución no fue recurrir a la represión del gobierno. Por ejemplo, durante la reforma agraria, muchos hombres no querían que sus esposas acudieran a las reuniones de las asociaciones de campesinos. Cuando las mujeres tomaron la palabra, los hombres se rieron con desprecio. Los comunistas y las mujeres avanzadas, quienes estaban organizadas en asociaciones femeninas, combatieron estas actitudes retrógradas. Si un hombre golpeaba a su esposa, la asociación femenina de la aldea podría hacerles una visita. Todo mundo podía unirse con la esposa para criticarlo y debatir con él acerca de por qué tal comportamiento servía a la vieja sociedad e iba contra los intereses de los campesinos. En casos extremos, las mujeres pudieron darle al hombre un poco de su propia medicina.

La ley del matrimonio fue la primera que promulgó el nuevo gobierno. Los hombres ya no podían tener más de una esposa ni otras mujeres. Se prohibió matar a las recién nacidas, vender a muchachas como sirvientas o esposas, matrimonios de niñas y matrimonios arreglados. Antes, no existió en divorcio pues el hombre podía echar a la calle a su esposa, así no más, pero la mujer tuvo que casarse en perpetuidad, incluso en caso de que huyera o muriera el esposo. Ahora, en el caso de un divorcio, tanto el hombre como la mujer tenían el deber, de ser necesario, de ayudar económicamente a su antigua pareja y contribuir al mantenimiento de los hijos estando ellos en custodia de la madre o del padre. Se prohibió la discriminación contra los hijos nacidos fuera del matrimonio. La ley estipuló que el esposo y la esposa se responsabilizaran por igual de criar a los hijos y del quehacer doméstico. Otras leyes otorgaron a las mujeres todos los derechos de que disfrutaban los hombres, como el pago igual por una jornada igual de trabajo e igualdad de oportunidades.

La nueva ley prendió una ola de divorcios por todo el país. Muchas mujeres ya no estaban dispuestas a aceptar su suerte. Ahora, las mujeres y los hombres tenían la libertad de luchar por un matrimonio de nuevo tipo basado en la igualdad. Que chillen los reaccionarios acerca de que el socialismo ahogue los sentimientos personales. La verdad es que anteriormente, las mujeres nunca tuvieron la libertad de casarse con quien quisieran, sobre la base del amor, no por obligación ni principalmente por necesidad.

En comparación, en los mismos años, a las mujeres en muchos países europeos todavía no se les permitía votar. En 1950, el divorcio era difícil de obtener para las mujeres en casi todos los países del mundo, no había métodos de control de la natalidad y el aborto era ilegal. Las mujeres en los países ricos hoy apenas están empezando a obtener algunos derechos jurídicos de las mujeres de la China revolucionaria ganados hace dos generaciones. Sin embargo, otra vez, como veremos en el caso de la reforma agraria, la revolución china fue más allá de una simple igualdad jurídica y empezó a eliminar las bases para la desigualdad y la opresión.