Boletín N° 89 - 22 de noviembre de 2004
  Santiago, Chile: Jóvenes luchan por Faluya

La visita del presidente estadounidense Bush a Chile durante el Foro de Cooperación Economica Asia-Pacífico (APEC) dio inicio a varios días de protesta y lucha callejera. Los manifestantes levantaron consignas contra el asalto yanqui sobre Faluya, así como contra la dominación estadounidense en Chile y el mundo, contra su propio gobierno y el capitalismo en sí.

Estudiantes y otros jóvenes libraron una batalla campal con la policía en un parque de Santiago el 17 de noviembre, pocos días antes de la conferencia APEC. Comenzó con una marcha no autorizada, pero la policía (se desplegaron cerca de 4000 en el centro de la ciudad) los atacó con bastones, gas lacrimógeno y carros lanzaaguas antes de que pudieran alcanzar el lugar de la cumbre. Los jóvenes se reagruparon, sacaron mantas de sus mochilas, bloquearon el tráfico, levantaron barricadas en llamas y se defendieron con piedras y escombros.

El día de clausura, el 21 de noviembre, una marcha de 70.000 personas, de acuerdo al Foro Social Chileno, sufrió más ataques de la policía y nuevos arrestos, que alcanzaron un total de casi 700 en los cinco días de protesta. Esta vez cerca de 800 jóvenes encapuchados estaban más preparados para la lucha callejera. Las autoridades han amenazado con levantar cargos muy severos contra algunos arrestados, entre ellos algunos extranjeros.

El pueblo de Chile, como muchos otros pueblos, se identifica por sus propias razones con el pueblo iraquí y conoce lo que es la tortura y el asesinato a manos de lo que Estados Unidos llama “democracia”. En 1973, Estados Unidos respaldó un golpe de Estado militar que derribó el gobierno elegido del país. El padre de George W. Bush es bien conocido en Chile por su discurso ante la ONU por aquel tiempo, en que negó terminantemente que Estados Unidos tuviera algo que ver con el golpe de Estado, aunque como antiguo jefe de la CIA sabía todo acerca de la complicidad yanqui con los generales. Con el firme apoyo estadounidense, los militares gobernaron al país hasta 1990. La sombra del gobierno militar aún domina la política chilena.

Durante esos años y desde entonces Estados Unidos se ha apoderado de la economía de este pequeño país y la ha anexado a la suya. Dicen que Chile representa un gran éxito para el capitalismo y la globalización, en tanto uno de los países más prósperos de América Latina de acuerdo a algunos criterios, pero también es uno de los países con las mayores desigualdades. A pesar de la imagen moderna del país y de la fuerte tradición laica, la iglesia católica retiene el control sobre la vida de las mujeres que disfrutó bajo el general Pinochet. Sobre todo, muchos chilenos están conscientes de que, al igual que a los iraquíes, Estados Unidos les ha robado su país.

Esto quedó en evidencia de manera aguda durante la visita de Bush, cuando los estadounidenses dictaron los arreglos de todas las medidas de seguridad en la capital. Los aviones militares norteamericanos vigilaron los cielos sin el permiso del gobierno. Bush se metió personalmente en un altercado con la seguridad chilena cuando acudió en ayuda de sus guardaespaldas, los cuales habían formado una falange para entrar a la fuerza en el salón de la conferencia. Este salió del tumulto arreglando los botones de su camisa al estilo Schwartzenegger y riendo burlonamente. La prensa aduladora estadounidense dio cuenta del incidente con el subtítulo “Bush el valiente”. Para muchos chilenos, una vez más Estados Unidos, y otro Bush mentiroso, trataron a Chile como si le perteneciera yse los refregaron en la cara. En vez de ceder tras el incidente diplomático, Estados Unidos llevó las cosas más lejos. Al día siguiente los agentes estadounidenses insistieron en registrar a todos los jefes de Estado invitados a una cena de despedida ofrecida por el presidente chileno Ricardo Lagos. Éste terminó cancelando el acto, dando a entender extraoficialmente que habían insultado la soberanía de su país.

Chile, dijo posteriormente Bush, es uno de los amigos más cercanos de Estados Unidos en América Latina. Aunque se sabe que Lagos sostiene que el futuro del país depende de los lazos con Estados Unidos, Bush lo castigó porque el gobierno chileno no apoyó con entusiasmo la invasión a Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU antes de la guerra. Si así trata Estados Unidos a sus “amigos”, se entiende por qué tantos chilenos se identifiquen con los habitantes de Faluya y el pueblo de Irak.

En otras partes del mundo, miles de palestinos salieron a las calles en las ciudades de Cisjordania y la franja de Gaza el 20 de noviembre en apoyo a los habitantes de Faluya. En un campamento de refugiados en la Gaza, cerca de 4.500 personas corearon: “No a la ocupación de Palestina, no a la ocupación de Irak”.

El mismo día, miles de libios manifestaron contra la agresión estadounidense en Irak. La represión gubernamental impidió acciones similares en Amman, Jordania y El Cairo, Egipto: la policía atacó salvajemente a las manifestaciones no autorizadas la víspera de la invasión a Irak. Y cinco mil personas manifestaron en el sudeste de Turquía en una marcha contra la guerra convocada por miembros del sindicato de profesores en Ankara el 17 de noviembre. Hubo protestas en Karachi, Pakistán el 16 de noviembre.