Boletín N° 156 - 1º de mayo de 2006
  Afganistán: Maoístas analizan choques entre sunitas y chiítas en Herat

Ha habido muchas señales de que la ocupación yanqui trabaja por fomentar la lucha sectaria entre los chiítas y los sunitas en Irak. Han organizado a un gobierno títere con lineamientos religiosos y étnicos. De fondo, los ocupantes han resucitado y se han aliado con señores de la guerra feudales, jeques tribales y autoridades religiosas, que contienden entre sí por supremacía. El siguiente artículo analiza cómo la ocupación encabezada por Estados Unidos en Afganistán tiene efectos desastrosos semejantes en ese país. Consta de pasajes revisados del número 11 de marzo de 2006 de Sholeh, periódico del Partido Comunista de Afganistán (Maoísta).

El día religioso chiíta "Ashura" (9 de febrero) este año presenció una especie de guerra religiosa que Afganistán no ha conocido antes. Se estima que en los tres días de choques sangrientos entre chiítas y sunitas en la provincia de Herat del noroeste del país, murieron más de 50 personas, principalmente sunitas, y resultaron heridas más de 300, algunas por las fuerzas de seguridad.

Cómo comenzaron los choques

Una procesión religiosa chiíta avanzó hacia el centro de la ciudad y la mezquita más grande de la ciudad, Jamme, donde iban a escuchar un discurso del nuevo gobernador de Herat, Seyed Hussein Anvari, un chiíta. Cuando se acercaron, las personas que ya estaban en la mezquita escucharon un rumor de que los hazaras (una minoría nacional en Afganistán principalmente chiíta) habían roto unas mantas chiítas. Seyed Hussein Husseini, entonces jefe de provincia de asuntos laborales y sociales, se puso en pie y dijo: "Han matado a dos sunitas e insultado sus creencias santas, y mataré a los responsables con mis propias manos". Esas palabras azuzaron a los sunitas en la mezquita a atacar a los chiítas que se aproximaban y a expulsarlos de la mezquita.

Eso provocó choques. La intervención de las fuerzas de seguridad agravó la situación y prolongó la violencia. Provocaron a los sunitas y ni impidieron que los hazaras entraran a la ciudad. El gobierno central de Karzai en Kabul despachó a una delegación encabezada por el señor de la guerra y antiguo gobernador de Herat Ismail Khan para calmar la situación, pero no lo logró. Por tres días se cerraron todas las tiendas y un caos total cundió en la ciudad. Los sunitas patrullaron las calles en grupos de 5 a 50. Cuando se toparon con los hazaras, les dieron una tunda tan feroz con palos y piedras que costaba imaginar que se escaparan con vida. Singularizaron a los jóvenes que se vestían de negro, un símbolo chiíta.

Se apostaron soldados por toda la ciudad. La fuerza de seguridad se apoderó de todos los cruces importantes, dizque para proteger la ciudad. Se cerraron todas las entradas a la ciudad. Se declaró ley marcial por los siguientes tres días. A pesar de estas "medidas de seguridad", se lanzó una protesta contra el gobernador de Herat. Las autoridades usaron 400 elementos de los Guardias Especiales quienes habían llegado para proteger los edificios gubernamentales en general y los mandaron exclusivamente para proteger el palacio municipal, donde se ubica la oficina del gobernador, contra los manifestantes que pedían su renuncia. Estas fuerzas traían escudos y protección corporal. Tres tanques y varios soldados yanquis se apostaron frente al palacio municipal. Los manifestantes atacaron la embajada iraní, pero las fuerzas de seguridad los dispersaron disparando al aire. El sábado estallaron protestas en otras partes de la ciudad, como Bakrabad, Ghor Darwaza, y los manifestantes atacaron a los policías con piedras, botellas y palos de madera. Cuando se intensificaron los choques, un comandante del Ejército mordió el polvo y algunos policías resultaron con heridas críticas. La multitud atacó mezquitas chiítas, el mercado, tiendas, carros, motocicletas y bicitaxis pertenecientes a los hazaras.

Antecedentes inmediatos y causas

Las raíces de los choques remontan a siete meses atrás, cuando Anvari era el gobernador designado de Herat. Anvari comenzó a distribuir actas de nacimiento a sus compañeros chiítas quienes nacieron en otras regiones. Eso enfureció a unos funcionarios sunitas en Herat y en Kabul. Karzai tuvo que ir a Herat para poner fin al lío.

Anvari también comenzó a vender tierras del gobierno, como las tierras colindantes con la frontera de Irán y el distrito de Siavashan, a los hazaras chiítas. Eso también enfureció a personas tal como el señor de la guerra de Sivashan, Gholam Yahaya, quien también era el jefe de Defensa y Protección de Herat y prácticamente control de los distritos. Impidió más ventas de tierras y expulsó a esos hazaras quienes ya habían comprado tierras. Más tarde, en una disputa con el gobierno central, fue destituido como jefe de Defensa de Herat, al parecer acusado de no entregar todas sus armas. Eso animó a Anvari a armar a algunos hazaras en Herat.

Es claro que Anvari alentó a la procesión religiosa chiíta a marchar hacia la mezquita Jamme. Es claro también que el rumor acerca de los insultos chiítas a una figura sagrada sunita era falso. No existe ningún fundamento ni precedente social para que ocurriera esta clase de choque de masas en Herat. Muchas personas creen que el régimen iraní, el gobernador Anvari y el jefe del grupo Hezbolá (un grupo político y religioso afín a la República Islámica de Irán) estaban de un bando, y el antiguo gobernador Ismail Khan y dos mullahs sunitas influyentes [mullahs] estaba del otro bando. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales Seyed Hussein Husseini jugó un papel directo, tal como lo hicieron el rector de la universidad y un grupo estudiantil ligado al Partido Islámico de Golbedin Hekmatyar, el tristemente célebre señor de la guerra pashto, hoy un aliado del Talibán y la organización Jamiate Islami del señor de la guerra Burhanedin Rabbani y el difunto Ahmad Shah Massoud.

Anvari e Ismail Khan se acusan mutua e indirectamente de azuzar los incidentes. Anvari dijo abiertamente que los choques encarnan móviles políticos. El ejército y la policía también jugaron papeles tristemente célebres: el ejército apoyó principalmente a los chiítas y la policía apoyó a los sunitas.

Antecedentes del desarrollo de las relaciones entre los sunitas y los chiítas en Herat

Cuando los chiítas de Herat primero trataron de marchar hacia la ciudad con motivo de esta fiesta religiosa a comienzos de los años 1990, después de la caída del Estado islámico establecido por los señores de la guerra jihadíes quienes combatieron contra la ocupación soviética, el gobernador Ismail Khan los paró. Este año, después de que Anvari llegó a la gubernatura, se alentó a los chiítas a marchar hacia las grandes mezquitas de la ciudad.

La nacionalidad hazara principalmente chiíta forma el 15% de la población del país. Eran una de las minorías que más sufrieron durante la guerra civil entre los jihadíes, sobre todo en Kabul, donde quedaron aislados. Después de la guerra civil, muchos de ellos querían huir a la capital. Se propuso un plan para su reubicación en las regiones fronterizas del país, específicamente las provincias de Herat y Balkh. La República Islámica de Irán apoyó el plan, pero el poderoso señor de la guerra, el general Rashid Doustum, e Ismail Khan lo pararon. Cuando Anvari entró a la gubernatura, se reinició la construcción de los asentamientos hazaras. De nuevo, unos señores de la guerra sunitas opusieron resistencia. Se cree que el régimen iraní da apoyo económico a estos proyectos y que ha erogado enormes cantidades de dinero para comprar estas tierras, a veces muchas veces más que el precio de mercado.

Consideraciones políticas y económicas

Los motivos religiosos eran sólo la causa superficial de estos choques. También hay motivos políticos que se presentan a los niveles local, regional e internacional.

Herat colinda con Irán y Turkmenistán. Por eso, su ciudad capital es uno de los centros comerciales más importantes de Afganistán. Los señores de la guerra figuran entre los mayores terratenientes feudales y burgueses compradores (capitalistas dependientes de los imperialistas) con cotos de influencia ahí y que se compiten entre sí por esa influencia. Por eso en particular se dio la destrucción de los mercados y tiendas de los hazaras.

Un objeto aún más importante de disputa son dos propuestos oleoductos, uno de Irán que cruzara Pakistán hacia la India y el otro de Turkmenistán por Afganistán hacia la India. Estados Unidos no quiere que se construya el oleoducto iraní y ha advertido a Pakistán al respecto. El gobierno de Karzai pone todo en juego para apoyar la opción estadounidense, el oleoducto por Turkmenistán. Si se construyera el oleoducto iraní, sería un revés político y económico para el régimen de Karzai, pero también sería una derrota por Estados Unidos. Eso quiere decir que la inestabilidad en Herat, donde por el cual pasaría el oleoducto de Turkmenistán, beneficiaría al régimen iraní. Por la misma razón, Karzai y sus aliados internacionales buscan debilitar la influencia del gobierno iraní en Herat, cuyo gobernador y señor de la guerra chiíta tiene estrechos lazos con Irán. La presión imperialista sobre la República Islámica de Irán también afecta a los respectivos aliados de Afganistán de varias fuerzas internacionales, aunque la guerra sectaria que han fomentado constituye un problema y una ventaja por ambos bandos.

Pero lo más importante es analizar este incidente en el contexto de la invasión del imperialismo estadounidense a Afganistán e Irak. A diferencia de las afirmaciones imperialistas, estas invasiones no han traído democracia ni derechos a las masas de Afganistán. Más bien, han fortalecido las fuerzas reaccionarias y en particular las fuerzas políticas religiosas reaccionarias de ambos bandos, tanto aquellas quienes apoyan la ocupación como aquellas quienes se le oponen. La situación ha provocado conflictos sectarios y arrastrado a muchas masas a guerras reaccionarias. La historia de muchos países tiene ejemplos de este género. Las potencias imperialistas con frecuencia planean directamente y llevan a cabo provocaciones que causen guerras religiosas.

No se puede adjudicar a pura coincidencia el porqué de los choques en Ashura este año entre los chiítas y los sunitas en Pakistán, Afganistán y sobre todo Irak. En estos tres países al menos mil personas resultaron heridas o muertas. Lo desafortunado es que aún habrá más incidentes semejantes, pues continuarán siempre y cuando los imperialistas intervengan en otros países y dominen el mundo. Desde los máximos niveles, todo el gobierno central y todas las fuerzas en Afganistán impuestos por Estados Unidos, que son los instrumentos de las potencias grandes y regionales, metieron mano directamente en los trágicos sucesos en Herat.

Se comenta que en la historia de Afganistán nunca ha ocurrido esta clase de choques religiosos en gran escala. Se puede decir que estos tres días de choques sangrientos eran un "obsequio" de los invasores estadounidenses y de otros imperialistas y de su régimen títere, la República Islámica de Afganistán.