Boletín N° 139 - 12 de diciembre de 2005
  Afganistán: Poeta asesinada

Nadia Anjoman era una joven poeta de Afganistán, un país con un rico patrimonio de poesía donde a las masas les encanta escuchar o leer poemas y muchas veces los conocen de memoria. Nadia era conocida, sobre todo en el mundo de literatura y poesía de la ciudad de Herat, por su práctica de combinar cosas nuevas con formas tradicionales. Tenía 25 años. La mató su esposo el 5 de diciembre.

Alumna de cuarto año de literatura de la Universidad de Herat, Nadia murió de una paliza de su esposo, quien trabajaba en la dirección universitaria. Llevaban un año de casados.

Su triste historia y cada palabra de sus poemas arden de la opresión que vivía. Representaba algo nuevo en la poesía de la región y del país en general. Logró saltar las enormes barreras que impiden que las mujeres tengan estudios superiores, y logró más como talentosa poeta que se atrevió a recitar sus poemas en público en una sociedad en que se impone poderosamente la opresión de la mujer mediante leyes, tradiciones y religión. Tras una dura lucha tuvo que pagar un amargo precio por haberse atrevido a ir contra la corriente que limita la vida de las mujeres.

En sus poemas, expresó el sufrimiento de las mujeres antes de que ella misma se convirtiera en presa del hogar. En los círculos de literatura y poesía de Herat, se notó en el último año que Nadia participaba menos en la sociedad de poesía, pero no se sabía si se debía a que escribía menos poemas o porque el esposo no la dejaba salir. El siguiente poema suyo expresa con precisión su situación:

. . .¿Cómo puedo hablar de miel cuando tengo veneno en los labios?

¡Cómo el puño de un opresor me pega la boca!

. . .

Yo y el rincón de cautiverio y la tristeza de decepción. . .

Luego se acuerda que siempre hay esperanza:

Puede que lleve mucho tiempo callada, pero no se me ha olvidado cómo recitar un poema. . .

¡Gloria al día que yo rompa la jaula,

Me libere la cabeza del desprecio y cante embriagada!

No obstante, el "puño del opresor" era más mortífero que tal vez ella hubiera imaginado porque provenía de más allá de los confines del hogar donde vivía. El puño del opresor que la asesinó era la encarnación de todas las fuerzas que se benefician de la opresión de la mujer. Para que Nadia y las demás Nadias puedan zafarse de la jaula y cantar con hermosura sus poemas, hay que luchar contra los opresores y contra los elementos que fortalecen y apoyan a los opresores inmediatos.

La vida y muerte de Nadia de nuevo revela lo que la mayoría de las mujeres de Afganistán viven. Si Nadia, con su valor y logros, no pudiera zafarse de la opresión y la violencia contra las mujeres de Afganistán, ¿cómo podrían liberarse los millones de mujeres con menos educación y oportunidades?

En Afganistán la abrumadora mayoría de las mujeres son víctimas de la violencia, con frecuencia en el hogar. En muchos casos los victimarios son familiares: el esposo, el padre o el hermano. Obligan a muchas jóvenas a casarse con tipos que ni conocen, muchas veces mucho mayores, o con tipos que no quieren. No tienen opción salvo aceptarlo. Muchas mujeres, sobre todo en Herat, han resistido inmolándose.

Muchas jóvenes son víctimas de asesinatos "de honor". Cuando dejan el hogar, huyen de un matrimonio obligatorio o fugan con el hombre que aman, la familia las rechaza por "deshonor".

Una muchacha de 19 años murió de quemaduras al 92% del cuerpo porque su familia la vendio como segunda esposa a un tipo de 28 años. Una muchacha de 14 años murió de la misma forma después de que la casaron con un tipo de 60 años.

En 2004, el hospital regional de Herat registró 160 tentativas de suicidarse de niñas y mujeres de 12 a 50 años de edad. Es probable que sean muchos más casos porque las cifras oficiales registran solamente los casos de las mujeres que se presentan en el hospital para una curación. Muchas mujeres se suicidan por inmolación en esta ciudad y en pueblos menores, y en las aldeas.

¿Por qué resisten las mujeres de esta forma? Pues, se hallan atrapadas en un callejón sin salida y la sociedad y el sistema no les dan apoyo. En el mejor de los casos, las autoridades no toman en serio la violencia contra las mujeres y dejan en manos de las familias cómo "solucionar" el problema. Huelga decir que a veces "se soluciona" matando a la mujer o sometiéndola a una vida de tortura y encarcelamiento. En el peor de los casos, cuando las autoridades o las cortes tomen en serio un caso, declaran culpable a la mujer y la encierran. Hay muchas presas, muchas de ellas desde los años del Talibán y muchas más durante el gobierno de Hamid Karzai por "mala conducta" y por haber dejado el hogar. Como se sabe, hay pocos hombres o ninguno preso por abusos y violencia contra las mujeres. El país no tiene ninguna ley que estipula que la violencia contra la mujer de parte de familiares sea un delito. Es una crisis grave y profunda.

"Jamila", de 16 años, a la cual entrevistó Amnistía Internacional, cumple una sentencia de tres años por huir del hogar. Ha comparecido ante el juez nueve veces. A los nueve años la obligaron a casarse con un tipo de 85 años. Cuando la situación se tornó intolerable, huyó con su amante.

"Ziba", de 14 años, recibió una sentencia de tres años de cárcel por huir del hogar. A los 13 años la obligaron a casarse con un primo; éste abusó de ella.

Cuando encarcelan a una mujer, los carcelaros inician una nueva etapa de abuso y violencia de largo plazo.

Eso es sólo un aspecto de la vida de las mujeres de Afganistán. La religión, la tradición y las relaciones coloniales y semifeudales retrógradas hacen que la opresión que padecen las mujeres del mundo sea especialmente fuerte en Afganistán. Pese a sus falsas promesas de que liberarían a las mujeres del país, los imperialistas yanquis y los aliados no están dispuestos ni son capaces de hacerlo porque más les convenga conservar las relaciones que perpetúan esta opresión. Estados Unidos y otras grandes potencias ocupantes tienen alianzas con las clases reaccionarias del país, o sea, los elementos feudales tales como los señores de la guerra y los compradores capitalistas ligados al feudalismo y al capital extranjero tales como el presidente Karzai y las mafias del narcotráfico. Los imperialistas y las clases reaccionarias son los protectores de las relaciones atrasadas.

Por eso no hay leyes para proteger a las mujeres de la violencia familiar. El gobierno títere de Karzai estableció un Ministerio de la Mujer a fin de embaucar a los pueblos del mundo. En los hechos, el ministerio no ha hecho nada para las mujeres.

Aunque el gobierno del Talibán ya está fuera del escenario, en muchos aspectos la situación de las mujeres, sobre todo la violencia en su contra, es igual o peor. El aumento de la cantidad de mujeres que se suicidan por inmolación indica que en los últimos años ha ido aumentando la violencia contra las mujeres. La ONU, si bien habla de los nuevos "avances" bajo el gobierno de Karzai, admite que "el abuso de las mujeres de Afganistán en la vida pública como privada es sorprendente y generalizado y las autoridades hacen poco en su contra", según un enviado de la ONU después de investigar en el país los problemas de las mujeres. "La violencia afecta sobre todo a las mujeres que huyen de sus esposos", dijo (radio de la BBC, 19 de julio de 2005).

El día en que las mujeres de Afganistán y las masas bajo la dirección del partido de vanguardia maoísta expulsen a los invasores imperialistas y sus lacayos, liberen al país y formen la república de nueva democracia será un glorioso día, y en ese día los millones de Nadias romperán la jaula de una vez para siempre y cantarán la victoria.