Boletín N° 130 - 10 de octubre de 2005
  Afganistán: Cuatro años después de la invasión yanqui

Mientras que continuaba el conteo de votos de las elecciones parlamentarias de septiembre de Afganistán, el 7 de octubre se cumplió el cuarto aniversario de la invasión encabezada por Estados Unidos. Como estas elecciones constituyen el último paso del plan desarrollado por la conferencia patrocinada por las grandes potencias en Bonn, Alemania, poco después de la invasión de diciembre de 2001, es un buen momento para hacer un balance de lo que los invasores han logrado.

Además de combatir a sus enemigos de Al-Qaeda y deshacerse del Talibán, que Estados Unidos colocó en el Poder pero encontró no satisfactorio, los invasores declararon que sus armas llevarían muchas cosas buenas a Afganistán: la paz, la democracia y la liberación de la mujer. Por eso, dicen, tuvieron que bombardear a la población y causar gran destrucción a un país ya de por sí destruido. Pero Estados Unidos tenía su propia agenda, por lo general oculta para el pueblo, pero declarada abiertamente en las revistas norteamericanas de estudios políticos y estratégicos. Consideran a Afganistán una piedra angular de su cruzada por la dominación mundial.

Estados Unidos y sus aliados seleccionaron a los participantes en la conferencia de Bonn: los representantes de la jihadí islámica fundamentalista, jefes tribales, señores de la guerra y otros reaccionarios no menos odiados por el pueblo que el Talibán. La conferencia eligió al jefe del gobierno provisional, Hamid Karzai, un títere de Estados Unidos proveniente de las fuerzas más retrógradas del país y aprobadas por las mismas, lo que dio a conocer qué clase de gobierno impondrían, o qué clase de sistema social tendría Afganistán y qué clase de relaciones habría entre el país ocupado y los imperialistas.

La transferencia de poder del Talibán a Karzai no fue pacífica, como decían. La aseguraron las fuerzas angloyanquis mediante los más violentos combates que había presenciado el país en décadas. Los siguientes pasos que dio la conferencia de Bonn y la Loya Jirga (Gran Consejo) de diciembre de 2003 que aprobó la constitución y las elecciones presidenciales no han cambiado en absoluto la situación del país. Ahora, después de las elecciones parlamentarias que señalaron la conclusión del plan de Bonn, los invasores han anunciado que aumentarán el número de tropas de ocupación, con la finalidad de prolongar la ocupación por tiempo indefinido.

La situación política

Los imperialistas estadounidenses controlan la política exterior e interna del gobierno de Afganistán. En el mejor de los casos, permiten que Karzai comente puntos tácticos o dé discursos vacíos para el consumo público. El enviado yanqui, Zalmay Khalilzad, dirigió abiertamente la conformación del nuevo gobierno en la conferencia de Bonn, durante la Loya Jirga y en otros momentos importantes. Hoy está jugando el mismo papel en Irak. La democracia electoral que los invasores están construyendo para Afganistán constituye un gobierno que obedece a sus intereses y que se impone sobre el pueblo de Afganistán de la misma manera como los gobiernos similares impuestos por los británicos en el siglo 19 y los invasores soviéticos en los años 1980.

Algunas personas que se opusieron a la invasión de Irak decían que la ocupación de Afganistán tenía más justificación. Por ejemplo, decían (muy erróneamente) que la invasión llevaría al menos algo bueno para el pueblo. Es más, a diferencia de la invasión de Irak, decían, ésta la avaló la ONU y por tanto no tenía la apariencia de una maniobra unilateral de Estados Unidos. No obstante, los europeos y Estados Unidos tienen intereses comunes en la ocupación de Afganistán, o al menos Alemania y Francia querían participar en la ocupación en aras de sus propios intereses, tal vez porque no querían que Estados Unidos los excluyera. Lo fundamental es que hoy, los intereses de los imperialistas, sobre todo los yanquis, están determinando el destino y la vida política de Afganistán.

Karzai dice que Estados Unidos y otras potencias no son invasores sino amigos que acudieron a solicitud de Afganistán. Los vendepatria khans y emires (gobernantes feudales y de clanes) durante la era colonialista británica decían lo mismo. El Parcham y el Khalq (los partidos revisionistas prosoviéticos) decían lo mismo a favor de la invasión soviética.

Eso es una gran mentira. Karzai no llevó a las fuerzas extranjeras a Afganistán y éstas no han permanecido a solicitud de él. La verdad es lo contrario. Éstas tienen las armas y por lo tanto el poder y Karzai no. Las fuerzas extranjeras lo colocaron en el Poder y lo protegen. Pueden deshacerse de él si no les obedece y si no satisface sus intereses.

La situación militar

Los invasores ambicionan el control total del territorio de Afganistán y lo han dividido entre sí. Llevan a cabo la ocupación de cuatro maneras.

1. Los invasores de la alianza "antiterrorista" bajo la dirección directa de Estados Unidos que controla más de 30 bases militares en todo el país. Son las tropas principales que combaten a los insurgentes fundamentalistas y antiguos talibanes.

2. Las FISA (las Fuerzas Internacionales de Ayuda en Seguridad) dirigidas por la OTAN, o sea, las potencias europeas. Se apoderaron de Kabul a fin de dar seguridad al gobierno títere y a sus propias actividades y prevenir enfrentamientos entre grupos y bandas hostiles.

3. Los Equipos de Reconstrucción de Provincia (ERP). Bajo el pretexto de proteger los proyectos de reconstrucción local, estas unidades militares han ampliado sus actividades en muchas regiones y están reuniendo información (espionaje) bajo el mando de Estados Unidos, pero otras fuerzas invasoras, tales como los británicos y los alemanes, dirigen algunos de estos equipos.

4. Las fuerzas de seguridad privadas. Sus oficiales y mercenarios, que son criminales y asesinos profesionales, tienen las manos completamente libres y no responden a nadie excepto a los gobiernos de sus propios países. Supuestamente dan seguridad para el personal y los edificios de varios proyectos, pero a veces sus actividades abarcan mucho más que eso.

El gobierno títere no tiene fuerza aérea. Las fuerzas de ocupación están construyendo un ejército nacional de modo que no les represente un desafío. Bajo el pretexto de proteger el proceso electoral y combatir el aumento de los insurgentes pro-Talibán y ante el aumento de las protestas de las masas contra la ocupación, los invasores, sobre todo Estados Unidos, han estado buscando aumentar fuertemente el número de tropas extranjeras. No obstante, Estados Unidos no puede disponer de los soldados que están librando una guerra cada día más difícil en Irak. Al gobierno de Bush le convendría trasladar a algunos soldados de Irak a Afganistán. Donald Rumsfeld (en una reciente reunión de la OTAN en Berlín) pidió que los países de la OTAN enviaran más soldados a Afganistán. Se le opusieron Francia, España y Alemania, que tienen estrategias diferentes, pero Inglaterra aceptó enviar de cuatro a cinco mil soldados. Canadá y Holanda respondieron de manera positiva; Australia y Nueva Zelanda, si bien no son integrantes de la OTAN, dieron a entender que tal vez colaborarían. Hace poco la OTAN acordó aumentar sus fuerzas de diez a quince mil elementos, aunque aún se debate a qué grado y de qué manera participarían en los combates en las regiones este y sur cada día más inestables del país.

La seguridad para los habitantes de Kabul es mala y en los alrededores es peor que en la época del Talibán. Cuando la gente sale de la ciudad, lo hace en forma de convoyes. Aun el organismo de ayuda Médicos Sin Fronteras tuvo que abandonar el país después de años de actividad, incluso durante el gobierno del Talibán. En junio, cinco integrantes fueron asesinados. Pero los 17 mil soldados yanquis, con armas y helicópteros de ataque Apache, están controlando el territorio y al amparo del miedo e incertidumbre que se han apoderado de todo el país libran una guerra sanguinaria contra el pueblo.

Para justificar la invasión, los imperialistas y los mercenarios de la prensa dicen que como la población ha vivido tanto tiempo la guerra, quiere y necesita la paz más que nada, por ejemplo, más que tener su propio país. Los bombarderos, misiles y fuerzas terrestres de Estados Unidos y los aliados han cometido sin tregua horrorosas atrocidades. Los cazas yanquis aún están bombardeando las aldeas indefensas. El 5 de julio, el Guardian informó que los bombardeos aéreos norteamericanos asesinaron a 17 aldeanos, entre ellos mujeres y niños. El 11 de agosto, los cazas yanquis bombardearon casas de la provincia de Zabul del suroeste del país y dejaron varios civiles muertos y otros heridos, entre ellos un bebé. He aquí la versión de los militares norteamericanos: "En el enfrentamiento murieron 18 presuntos guerrilleros y un soldado estadounidense" ( Guardian, 12 de agosto). En algunos casos dan estos informes distorsionados pero muchas veces ni dan informes. Los norteamericanos continúan lanzando redadas nocturnas contra aldeas y hostigando a familias. En diciembre de 2004, el arresto de una mujer y dos hombres en una incursión de madrugada prendió indignación y una manifestación masiva en Jalalabad.

La situación económica

La llamada reconstrucción ha abarcado principalmente algunos caminos y algunas partes de Kabul a fin de satisfacer las necesidades de comunicaciones y transporte de los invasores. Crecen ciertas actividades económicas de los empresarios ligados al capital extranjero: En 2004, se vendieron mil millón de dólares de tarjetas prepagadas de teléfono. No obstante, la población carece de necesidades básicas. El desempleo es un azote; las viudas son quienes más sufren. Los trabajadores de oficina ganan $20 al mes pero el alquiler de una pequeña casa es de $100 o más al mes. Mucha gente de las ciudades no tiene techo. En muchos casos, poderosos personajes u órganos del gobierno han confiscado las casas. Casi el 90% del presupuesto del país depende de la ayuda extranjera. Se ha reconstruido muy poco de la infraestructura económica del país.

A los invasores no les interesa restaurar la agricultura. El cultivo de la amapola para el opio es la única actividad productiva de importancia en el país. La mayoría de la heroína del mundo proviene del Afganistán ocupado por Estados Unidos, lo que deja fuertes estragos: aumenta la cantidad de personas cuya vida la destruyen las drogas aquí y en muchos otros países. A pesar de huecas declaraciones acerca del combate a la droga y a veces la persecución de los campesinos y la erradicación de los cultivos, la situación va de mal en peor. Hace poco, el ministro del Interior de Karzai, uno de los personajes más poderosos del gobierno, renunció; independientemente de sus motivos, se quejó de que el gobierno y sus colaboradores manejaban el negocio de la droga.

El gran aumento del cultivo de la amapola ha provocado una fuerte caída del precio del opio, tal como los británicos a cargo de la erradicación del opio han admitido. Algunos representantes norteamericanos dicen que los británicos y Karzai no combaten el problema con suficiente energía. Recomiendan medidas más duras contra los campesinos. No obstante, el opio es la médula de la economía de Afganistán, con la participación de muchísimos altos funcionarios, señores de la guerra y autoridades del más alto al más bajo nivel. Los dos principales sectores reaccionarios de la sociedad aliados con los invasores, los señores feudales y los capitalistas compradores (dependientes de los imperialistas), se sostienen de la droga. Al menos hasta ahora la ocupación no logrado sobrevivir sin el opio.

Segundo, ¿qué efecto concreto han tenido las medidas contra el opio?

La reducción de la cantidad de la amapola en el mercado podría provocar un aumento del precio del opio, lo cual beneficiaría sobre todo a quienes participan en la red mundial del narcotráfico, tales como los altos funcionarios dentro y fuera de Afganistán. Pero las medidas son una maldición para los campesinos. Los campesinos viven a la merced de los usureros (por lo general asociados con los señores de la guerra y otras autoridades feudales) que les prestan dinero para comprar semilla para los cultivos. Cuando las medidas acaben con los cultivos, los usureros todavía exigen el pago de la deuda. El International Herald Tribune (29 de septiembre) informa de un campesino: "Como no pudo pagar una deuda de $1.165 porque erradicaron sus cultivos, ofreció a su hija de 14 años. Después de tomar medidas agresivas contra la amapola, se espera que aumente fuertemente la práctica de dar una hija para pagar una deuda". Perseguir a los campesinos refuerza las cadenas de opresión y explotación semifeudal que azotan todo el campo de Afganistán.

La liberación de la mujer

Los invasores dijeron que venían a liberar a la mujer, pero las mujeres son quienes más han sufrido por la invasión. En algunas partes de Kabul las mujeres pueden dejar la burqa , la cual cubre los ojos y rostro, a cambio de una hijab islámica (pañuelo). Según la ley, las muchachas pueden estudiar, un derecho que no tenían bajo el Talibán. Las mujeres pueden trabajar en algunas partes de la capital. Pero estos derechos los condicionan fuertemente las circunstancias. Las mujeres pueden trabajar a condición de que alguien les dé trabajo. Pueden estudiar a condición de que tengan suficiente dinero, que estén dispuestas a correr el peligro de una violación o secuestro de parte de los grupos militares que trabajan para el gobierno y otras fuerzas de la jihadí, que no se incendien las escuelas y muchas cosas más. Hoy, mas del 65% de las mujeres no estudian porque sus familias no pueden pagar, no quieren pagar o tienen miedo. Y eso no es lo peor que pasa.

En muchos aspectos, la situación de la mujer no ha cambiado o se ha empeorado bajo la ocupación. Hace meses un tribunal de Badakhshan mató a pedradas a una mujer acusada de adulterio, pero sentenció al hombre a golpes. A la mujer la encarcelan por adulterio sólo por el testimonio del esposo u otro hombre. Abundan los casos de muchachas que se suicidan prendiéndose fuego: en el cuarto año de la ocupación, aumentaron en un 50% en comparación con el año anterior. El peligro de violación o secuestro es mucho mayor que antes de la invasión. Puede que ya no se obligue a las mujeres a vestir la burqa y que la policía de la moral del Talibán no las golpee en la calle, pero ahora sufren más violación o secuestro, o las dos cosas. Se acostumbra el matrimonio arreglado, igual que siempre. Las niñas se venden en unos doscientos dólares. Tras la invasión, la prostitución ha aumentado enormemente. La violencia doméstica es tan común como antes, quizás peor. No se debe medir la situación de la mujer en Afganistán considerando a unas pocas mujeres en zonas limitadas de la capital que pueden dejar la burqa por un pañuelo y manejar un carro, sino considerando el infierno en que vive el 90% de las mujeres.

Los imperialistas y sus lacayos son incapaces de liberar a la mujer o de mejorar radicalmente su situación porque no van a cambiar las relaciones económicas y sociales de semifeudalismo que producen la terrible opresión de la mujer. Al contrario, han reforzado tales relaciones durante 25 años al aliarse con sus representantes económicos, sociales, políticos e ideológicos más reaccionarios. Para continuar la ocupación, no les queda otra que seguir aliándose con esas fuerzas y reforzar esas relaciones. De eso dependen los intereses de los imperialistas, independientemente de sus deseos. Pero en realidad, Bush, Blair, Schroeder, Chirac y su títere Karzai tampoco han querido hacer nada para liberar a la mujer.

La constitución que aprobó la segunda Loya Jirga en diciembre de 2003 dio igual importancia a la ley Sharia (islámica) en la vida nacional y estableció la República Islámica de Afganistán. Esas leyes reforzarán la opresión de la mujer y también las relaciones semifeudales que la producen. Bush y Blair se jactan de que sus fusiles trajeron la democracia electoral a Afganistán, pero lo que implantaron no es más que la dominación de las clases retrógradas tradicionales, apuntalada por los principales reaccionarios del mundo. No es más que una pantalla para la opresión de la población en general, dentro de la cual la opresión de la mujer es una piedra angular.

Aumenta la resistencia del pueblo

La población está respondiendo a la ocupación imperialista y a sus títeres con lucha y alzando la voz cada vez más fuerte.

Más de diez mil personas participaron en las manifestaciones en Jalalabad y Nangarhar en diciembre de 2004. En las protestas de mayo de 2004 en Kabul, Herat y otras ciudades, los estudiantes con el apoyo de maestros y trabajadores chocaron con las fuerzas de seguridad y hasta con los soldados invasores y los ocupantes y quemaron la bandera yanqui. Éstos asesinaron a una docena de estudiantes. Las enormes protestas contra las violaciones en Badakhshan y muchos otros lugares representan otras señales del descontento de la población que se opone cada día más fuertemente a los invasores y al gobierno títere. La resistencia crece de diferentes maneras, lo que augura días difíciles para los invasores.