Boletín N° 116 - 20 de junio de 2005
  Afganistán: Protesta de aldeanos contra una violación

El 29 de mayo en el norte de Afganistán, se llevó a cabo otra manifestación, una de las muchas que han signado un cambio político en el país en los últimos meses. Los habitantes del distrito de  Chaheab de la provincia de Takhar, en el noreste del país, protestaron por la violación de una joven en la aldea de ese distrito por el comandante Mahmoud Chaheabi. Se encabronaron porque las autoridades de la localidad ignoraron a propósito el caso y trataban de archivarlo. Según los manifestantes, asistieron diez mil personas de todo el distrito (por lo común un distrito se conforma de una docena de aldeas). En el segundo día de la acción, chocaron con las autoridades. Según el comandante de la policía de la provincia, los manifestantes iracundos atacaron el centro administrativo del distrito, rompieron ventanas y destruyeron carros. Según un manifestante, al menos una persona murió y dos resultaron heridas.

Afganistán ha presenciado muy pocas protestas populares contra la violación, sobre todo cuando el violador es un comandante, uno de los señores de la guerra que reinan en buena parte del país. El gobierno central encabezado por el títere yanqui Hamid Karzai no puede mantenerse a flote sin el apoyo de tales tipos, que en muchos casos han sido reciclados como gobernadores u otros funcionarios locales. Tales protestas en muchos casos suscitan más ataques a la víctima. Cuando sale a la luz un incidente de violación, las retrógradas relaciones sociales dominantes reforzadas por las tiránicas fuerzas islámicas en los últimos 25 años y por el actual gobierno islámico de Karzai aíslan a la mujer. Como en general la víctima recibe muy poco apoyo del sistema, ni las tradiciones y muchas veces ni de su familia, por lo común no tiene ninguna opción salvo permanecer callada y vivir a solas el resto de la vida con la memoria de esta amarga experiencia. A veces las víctimas de violación se suicidan, sobre todo cuando el violador es un comandante u otra persona poderosa, lo que es muy común. La manifestación fue un acto muy valiente y rompió con el pasado. Muestra que mucha gente ya está harta de la vida cruel e injusta impuesta por los comandantes mujaidines respaldados por el imperialismo yanqui y otras potencias occidentales.

Estados Unidos dijo que la invasión y ocupación que dirigía "liberaría" a las mujeres del país. La protesta en Chaheab revela lo que las mujeres tienen que vivir. Un informe de Amnistía Internacional lanzado el 30 de mayo documenta cuán comunes son las violaciones, compraventa por familiares y secuestros de mujeres. A menudo, de niñas, son víctimas de matrimonios obligatorios. AI condena al gobierno por "fallas sistemáticas en la protección" de las mujeres contra violaciones, secuestros y otros tipos de violencia y abuso a pesar de que la nueva constitución del país estipula la igualdad de hombres y mujeres. AI agrega que el abuso de las mujeres "se tolera en los niveles más altos del gobierno y del sistema judicial" y que en lugar de castigar a los abusadores de mujeres, en muchos casos las autoridades jurídicas meten a la cárcel a las niñas y mujeres que objetan o huyen. Si una mujer dice que ha sufrido una violación, el Estado islámico muchas veces la encierra por "adulterio". En muchos casos los violadores, dice AI, son funcionarios del gobierno o integrantes de las fuerzas de seguridad oficiales.

Lo que el informe de AI da a entender pero no tiene el valor de concluir abiertamente es que la violencia contra las mujeres está estrechamente vinculada a las relaciones sociales feudales, patriarcales y de clan que hoy se impone con fusiles yanquis y también con la estructura de poder del Estado en que se basa la dominación yanqui del país. La violación de las mujeres por los comandantes es solamente un elemento de la opresión, pero desde el inicio de la ocupación yanqui se ha vuelto dramáticamente más común. Los aldeanos protestaron directamente contra esta situación.

La manifestación fue una de las protestas radicales que se celebraron en Jalalabad, Wardak, Khost, Kabul y muchas partes más del país contra los ocupantes bajo el mando yanqui y el gobierno títere.