Boletín N° 84 - 18 de octubre de 2004
  Las elecciones en Afganistán

Los informes en la prensa mundial sobre las elecciones presidenciales el 9 de octubre nos mostraron imágenes de largas colas de mujeres a la espera de votar, como prueba de que la ocupación dirigida por Estados Unidos ha empezado a hacer llegar la "democracia". Pero como se han fijado muchas personas viendo el proceso, muchas de esas mujeres seguían cubiertas de pies a cabeza en burqas, al igual que durante el mandato de los talibanes. Aunque los talibanes nunca se molestaron en juntar a las mujeres para que votasen para el mulah Omar, no hay mucha diferencia. Esa imagen simboliza qué tipo de cambio ha traído la ocupación estadounidense.

Incluso antes de las elecciones, la amplitud de fraude y falsificaciones que han marcado el estreno de Afganistán como "democracia" ha sido chocante. Se calcula que 9.5 millones de personas cumplían con los requisitos para votar. Las autoridades dijeron que se sentirían satisfechas si 6 millones de personas se empadronasen. Pero casi 11 millones se empadronaron. Esto no ha sido porque se descubrieron nuevos votantes elegibles, sino porque muchas personas recibieron más de una credencial del elector. Bastantes niños menores de edad también las recibieron. Ya que Hamid Karzai es el jefe del gobierno y el consentido de los Estados Unidos y las otras fuerzas que ocupan Afganistán, él ha disfrutado de todas las ventajas en cuanto a dinero y propaganda, y, por supuesto, a la hora de contar los votos.

Durante las elecciones, la tinta supuestamente indeleble que se aplicó a los dedos de los votantes (para impedir que la gente echara más de un voto) se lavó fácilmente. Quince de los 18 candidatos llamaron al proceso inválido y exigieron una nueva elección. Karzai y sus patrones, Estados Unidos y la ONU, rechazaron esa opción. Antes de las elecciones Karzai había prometido que el "mercadillo de caballos" (hacer tratos políticos con oponentes asignándoles puestos importantes) se había acabado en Afganistán. Pero cuando se logró convencer a los principales rivales de Karzai de que cambiasen de posición y prometer que aceptarían los resultados cuando los hubiese (se están contando los votos todavía), el olor a estiércol ha sido fortísimo.

Estas elecciones son el segundo paso en el plan para erigir un gobierno títere leal que expuso Estados Unidos y sus compinches en la ocupación durante la Conferencia de Bonn, que tuvo lugar después de la invasión en diciembre de 2001. El primer paso fue el Loya Jirga (consejo) que se celebró el diciembre pasado, donde se ratificó una nueva constitución. Las elecciones tenían que celebrarse en junio de 2004. Pero desde enero pasado ha habido más y más dudas sobre la viabilidad de poder celebrar elecciones siquiera sin desacreditar al gobierno de Karzai, en lugar de fortalecerlo. Se retrasó la fecha varias veces. Finalmente, las autoridades estadounidenses (y su hombre Karzai) objetaron el plan de dejar pasar las elecciones presidenciales estadounidenses. En las últimas semanas, Bush ha señalado las elecciones afganas como prueba de la justicia y honorabilidad de sus invasiones. En realidad, la injusticia de este ejercicio se ve entre otras razones por el hecho de que el momento de estas elecciones se determinó por un único motivo: los intereses estadounidenses.

Para seguir adelante con las elecciones, o por lo menos bajo el camuflaje de estas elecciones, Estados Unidos ha incrementado sus fuerzas de 10.000 a 18.000 elementos. Los ISAF (la Fuerza Internacional para la Asistencia y la Seguridad) se incrementó de 6.000 a aproximadamente 10.000 elementos. Se tenían que presentar unos 14.000 hombres del Ejército Nacional de Afganistán (entrenados por Estados Unidos) para reprimir toda resistencia a este plan. Mientras que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN quieren hacer creer que la única oposición a la ocupación y a sus elecciones procede del Taliban, el pueblo puede ver más y más la hipocresía de estos imperialistas. El gobierno instalado por los imperialistas ha hecho poco o nada para reducir la pobreza, inseguridad, dictadura política y religiosa, discriminación étnica y religiosa, y la opresión de la mujer. El sentimiento anti-Estados Unidos está creciendo incluso en regiones donde mucha gente contaba con una "democracia" patrocinada por Estados Unidos. Los talibanes han aprovechado la situación y han incrementado sus actividades en las provincias del sur y del este, donde la población que no apoya al Taliban tampoco está del humor para apoyar a las fuerzas de la ocupación.

No es un secreto, ni siquiera entre los políticos, que la situación en Afganistán está lejos de estable. Incluso se han hecho predicciones de revueltas. Por ejemplo, en julio el Comité Selecto de la Cámara de los Comunes británica redactó un informe de 174 páginas sobre Afganistán e Irak, con esta advertencia: "Hay un peligro real de que... Afganistán -un Estado frágil en una de las regiones más sensibles y volátiles del mundo- podría implosionar, con consecuencias terribles". John Stanley, un miembro del comité y un antiguo ministro de Defensa para el Partido Conservador, declaró: "Afganistán pende de un hilo" (Guardian, 30 de julio de 2004).

Jaap de Hoop Scheffer, secretario general de la OTAN, dijo en una entrevista en julio que estaba decepcionado por acontecimientos en Afganistán e Irak. "¿Podemos permitirnos dos Estados fallidos en regiones claves?", dijo. "Es a la vez no deseable y no aceptable si se perdiese Irak o Afganistán. La comunidad internacional no puede permitirse ver a esos países consumirse en llamas. Habría enormes repercusiones sobre la estabilidad, y no sólo en esas regiones" (New York Times, 3 de julio de 2004).

Con estas palabras, el general quería convencer a los países miembros de la OTAN (incluso a los que han criticado a Estados Unidos) a que enviasen más soldados. Pero los problemas en Afganistán han durado tanto a causa de los imperialistas mismos. El pueblo no habría tenido que pasar los horrores de los últimos 25 años si no es por las grandes potencias, sobre todo Estados Unidos y su antiguo rival principal, la URSS. Ya que la última invasión encabezada por Estados Unidos ha empeorado la situación, ¿cómo se iban a resolver los problemas enviando más soldados allá? Un aumento drámatico de soldados extranjeros podría ser útil para la seguridad de Karzai y para los intereses estratégicos, políticos y económicos de los imperialistas en Afganistán, pero no puede aportar soluciones, ni para el pueblo ni para la estabilidad que tanto desea Estados Unidos.

Estados Unidos argumenta que la situación en Afganistán está mejorando, pero incluso muchas agencias de ayuda y las organizaciones no gubernamentales han retirado o reducido su personal ahí. Médicos Sin Fronteras, una organización médica que había trabajado ininterrumpidamente durante más de dos décadas de guerra y otras dificultades, se vio obligada a suspender actividades en Afganistán en julio.

Pero las cosas están peores entre bastidores. Ha sido muy difícil mantener la cohesión de la alianza de fuerzas reaccionarias que apoya a Estados Unidos contra el Taliban. Ha habido discusiones internas continuas, sobre todo entre los que están vinculados a otras potencias imperialistas o regionales. La prensa lo llama el problema de los "señores de la guerra". Recientemente Karzai tuvo necesidad de enviar soldados contra algunos de los señores de la guerra más poderosos. Desde marzo ha tenido que librar dos campañas armadas contra Ismael Khan, a quien, al principio, había nombrado gobernador de la provincia de Herat. Khan se negó a dimitir y discutió con Karzai sobre los cientos de millones de dólares que Khan recibió de las aduanas de las fronteras con Irán y Turkmenistán y de los impuestos que imponía a la población. El año pasado Karzai amenazó con dimitir si no Khan se compartiese el dinero con el gobierno central.

Sin embargo, hay mucho más que dinero en juego. Estados Unidos y Karzai no están contentos con Khan a causa de sus vínculos con Irán y quizá con otras potencias de la región, como Rusia. Y es una fuerte figura en la facción anti-Karzai en el gobierno central. No Al occidente no le preocupa la "seguridad", ya que Herat es una de las provincias más "estables" de Afganistán.

En marzo algunas fuerzas pro-Karzai de la región vecina atacaron a Herat con el objetivo de echar a Khan. Pero Khan logró derrotarlas y extender sus fuerzas en nuevos distritos. Tanto el embajador estadounidense Zalmay Khalilzad como Karzai condenaron el ataque contra Herat, aunque estaban detrás de ello. Después, bajo el pretexto de la "seguridad" en una situación que ellos mismos habían hecho inestable, mandaron a los aliados de Karzai y el Ejército Nacional de Afganistán a Herat y tomaron el control del aeropuerto de Shinden. Murió el hijo de Khan, el ministro de Aviación, en el ataque. Pero esa campaña no logró vencer al ejército de Khan. En septiembre Karzai organizó un segundo ataque y finalmente tuvo éxito. Echó a Khan como gobernador de Herat y le ofreció el Ministerio de Industria y Mineria en su lugar.

Karzai ha librado combates contra Abdul Rashid Dustom, el poderoso comandante uzbeko de la provincia norteña de Balkh, que es el vice ministro de Defensa del propio Karzai. Dustom repelió las fuerzas de Karzai, pero se volvieron a agrupar, a la espera de otra oportunidad. Karzai también echó a su vicepresidente, mariscal Mohamed Fahim, uno de los comandantes más poderosos de la Alianza del Norte (Fahim reemplazó al asesinado Ahmad Shah Masoud). Karzai obtuvo la dimisión de otros dos miembros del gabinete asociados con estos hombres; el ministro de Planificación, Mohamed Mohaqeq, y el ministro de Educación, Yunus Qanuni.

Un importante motivo de las elecciones ha sido legitimizar la campaña de Karzai de deshacerse de sus rivales y fortalecer su posición como principal títere estadounidense. Pero, ¿qué hay de "democratico" en eso?

Muchos analistas del oficialismo occidental retratan a Karzai como el bueno y echan la culpa de los problemas a los señores de la guerra. Pero la situación en Afganistán es mucho más complicada que eso. Muchas de estas fuerzas se han desarrollado durante largos años de guerra apoyándose en diferentes potencias reaccionarias extranjeras y más aún, oprimiendo al pueblo de la forma más malévola. El pasado de Karzai no es mejor. Cuando los yihadi (fundamentalistas) lograron tomar el Poder en los años 1990, él fue su ayudante al ministro de Asuntos Exteriores. Poco después dimitió y empezó a colaborar con el Taliban. Pero sus negociaciones para conseguir un puesto importante con el Taliban terminaron abruptamente. Algunas personas creen que rompió con los talibanes porque éstos asesinaron a su padre. Otras personas creen que el Taliban no dio a la empresa con sede en Estados Unidos, Unocal, el contrato que buscaba para un oleoducto a través de Afganistán. Karzai era y sigue siendo un consultor para Unocal.

Ahora Karzai ha podido conseguir el respaldo del imperialismo estadounidense y ha podido marginar a otros elementos que tienen el respaldo de imperialistas menos fuertes o potencias menores. De momento Karzai mismo es el señor de la guerra más grande. Sus acciones, métodos, motivos, trato hacia las masas y el sistema social que defiende (el feudalismo de Afganistán, incluyendo la opresión de mujeres y su subyugación a las potencias extranjeras) son básicamente lo mismo. Nunca ha condenado los ataques aéreos estadounidenses contra las aldeas ni la intimidación y acoso al pueblo de parte de las fuerzas de ocupación. Nunca menciona, y menos aún condena, los asesinatos y la tortura efectuados por las fuerzas estadounidenses en las bases militares que se han establecido en territorio afgano. Ganó el voto del imperialismo yanqui y eso es suficiente para ganar estas elecciones. Si en el pasado ha sido un señor de la guerra sin ejército propio, ahora tiene el respaldo de los soldados estadounidenses y de la OTAN. Estas son las fuerzas armadas más fuertes y éstas determinan quién tiene el Poder en Afganistán