Boletín N° 9 - 24 de Marzo de 2003
  Afganistán: La ocupación estadounidense contra las mujeres

Con la invasión estadounidense de Afganistán, algunas personas de otros países pensaban que al menos mejoraría la situación de las mujeres. No obstante, con el paso del tiempo, todo mundo ve con mayor claridad que la promesa de liberación de las mujeres afganistaníes es una mentira. Aparte de bombardear, masacrar y herir a muchísimos civiles, los Estados Unidos y sus aliados impusieron un gobierno que ha sumido a las mujeres de Afganistán más profundamente en un infierno.

No se han tocado las milenarias formas de la opresión de las mujeres. Aún obligan a las mujeres a ponerse la burka (vestido de pies a cabeza). La violencia y las amenazas impiden que las muchachas estudien. La situación de las mujeres es peor. La violencia contra las mujeres se extiende de una manera sin precedente y genera una epidemia de suicidios. Las mujeres son las víctimas más afectadas de la guerra estadounidense.

La gravedad de la situación es tal que incluso la ONU, cómplice de la ocupación estadounidense, ha lanzado un informe que dice: “Las mujeres en muchas partes del país siguen sufriendo grandes violaciones de sus derechos”. Agrega: “La Oficina del Alto Comisionado para Refugiados de la ONU (UNHCR) informa de ejemplos de las formas más graves de violencia contra las mujeres, como violaciones, violaciones tumultuarias y otras formas de violencia sexual o basada en el género, violencia doméstica, matrimonios forzados, secuestro de muchachas por los comandantes locales y ataques contra las escuelas de niñas”.

“En las zonas rurales empobrecidas, se ha informado que las familias venden sus hijas a fin de aliviar las durísimas condiciones o de saldar cuentas entre familias”, dijo. “Y se ha informado de incidentes de auto-inmolación (prenderse fuego a sí mismo) de parte de las mujeres a fin de zafarse de matrimonios forzados y de la violencia doméstica”.

Aunque la situación es sumamente horrorosa, el informe no menciona lo peor: que las cosas empeoran a diario. Y está renuente a preguntar por qué.

Entre otras razones, hay una muy simple: los grupos reaccionarios que eran los aliados principales de los Estados Unidos durante la guerra y que ahora son los pilares del nuevo gobierno. Los grupos y comandantes mujaidines secuestran a las mujeres y muchachas y las utilizan para fines sexuales o las prostituyen. Los comandantes y sus guardias consideran como caza no vedada a las mujeres que son miembros de una nacionalidad particular o que tienen una relación con una fracción opositora.

Ha habido secuestros de mujeres jóvenes y niñas desde que los imperialistas soviéticos se retiraron y los mujaidines respaldados por los Estados Unidos subieron al Poder. Los ataques a las mujeres aumentaron cuando los mujaidines se enredaron en una guerra entre sí por el control de varias regiones. Era una práctica común que los mujaidines celebraran la toma de una región violando o raptando a mujeres jóvenes y muchachas selectas.

Un informe de Amnistía Internacional de 1995 cuenta algunos casos. “Un comandante de Jamiat-e Islami que tenía tres esposas vino con sus guardias armadas a nuestra casa y pidió en matrimonio a mi hermana quien tenía 15 años. Mi hermano objetó y le dijo que como señor tan grande no debería buscar casarse con una muchacha tan joven. Pero los guardias del comandante lo golpearon. Uno de los guardias apuntó su Kalashnikov al brazo de mi hermano y disparó. Se empapó de sangre su camisa. Tuvimos que entregar a mi hermana”.

Éstos son los mismos señores de la guerra, principalmente de la Alianza del Norte, que los Estados Unidos ha puesto en el Poder de nuevo. Al igual que antes, sus víctimas son a menudo las mujeres pashtúes, pero no exclusivamente.

Tales crímenes continuaron durante el gobierno del Talibán, pero de una forma un poco distinta. Cuando el Talibán se apoderó de una región, las mujeres selectas eran su premio. Recogieron a cientos de mujeres de las aldeas vecinas y se las llevaron en camiones y autobuses. Raptaron a mujeres de diversos grupos étnicos y las obligaron a casarse con soldados del Talibán y de Al-Qaeda. Pero el propósito de los matrimonios era darle un aval religioso a las violaciones. Después, prostituyeron a las muchachas y niñas.

Otra dimensión de la situación desastrosa es que las familias campesinas están vendiendo a niñas de 7 ó 8 años de edad, a veces por uno o dos sacos de harina. Algunas niñas estudian hasta que sus “maridos” las reclamen; otras niñas trabajan de sirvientes para las familias de sus maridos hasta que las consideren “de la edad indicada” para casarse (o cuando sus “maridos” tengan “la edad indicada”). Algunos compradores de las niñas se dedican al cultivo de la amapola del opio o son hombres ricos de la ciudad. Un trabajador de socorro describe un caso que conoció personalmente: un hombre de 60 años de edad compró a una muchacha de 8 años para atenderlo hasta que tuviera la edad indicada para ser su tercera esposa.

Si bien existe la tradición feudal en algunos países islámicos de entregar en matrimonio a las muchachas jóvenes, eso en sí no explica por qué de repente se ha vuelto tan común en todo el país. Lo mismo se puede decir de la tradición del “precio de la novia”, una forma de la conocida práctica reaccionaria internacional de dote. Como un corresponsal del Washington Post dijo: “Lo que era una tradición ha llegado a ser un mercado en que los hombres pueden comprar a las muchachas”. Agrega que es una situación “nueva y alarmante”.

El corresponsal, al igual que los el informes de la ONU y de otros organismos, busca la explicación en la pobreza e inanición que han estado azotando a buena parte del campo tras la guerra. Cuando los padres no tienen para dar de comer a sus niños, no es difícil entender por qué venderían a uno de ellos. Pero la pobreza no es una pobreza en abstracto. Los campesinos son pobres y las mujeres reciben el trato más cruel a causa del sistema de opresión, el sistema de relaciones sociales que hoy imponen los fusiles estadounidenses y europeos. Si el pueblo tuviera el Poder –si por medio de la revolución tuviera tierras, la economía y su propio país en las manos–, nadie podría llevarse a sus niños. En China después de la revolución dirigida por Mao Tsetung, las masas acabaron con tales horrores casi de la noche a la mañana. Como la nueva clases capitalista quien gobierna a China hoy les arrebató el Poder en 1976, esas monstruosas “tradiciones antiguas” de nuevo agobian a las masas.

Lo que ha reemplazado al Talibán es un gobierno títere que obedece a los intereses de los imperialistas y a la reaccionaria clase feudal constituida en los señores de la guerra y los mujaidines fundamentalistas. Lo que más conviene a los intereses de esas clases es la opresión de las mujeres y su encadenamiento a las antiguas tradiciones y el dominio de la supremacía masculina. Por eso, la misma clase de opresión existe en Pakistán y Arabia Saudita, así como en muchos países más donde las clases dominantes feudales están atadas a las economías, el poderío militar y la dominación colonial de los Estados Unidos y los países europeos.

Las personas que esperaban un cambio de la situación a favor de las mujeres en Afganistán se han decepcionado muchísimo. Pero desde que Bush puso al país en la mira, los comunistas revolucionarios en ese país y en el mundo así como los pueblos de todos los países han preguntado: ¿Cómo es posible que un gobierno imperialista libere a las mujeres de Afganistán, cuando todos los gobiernos imperialistas son antipopulares y cuando éste en particular es tristemente célebre por sus políticas antimujer?

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