Boletín N° 3 - 10 de febrero de 2003

  "Afganistán: Las mujeres
contra el gobierno de ocupación yanqui"

De nuevo expulsan a las mujeres de las escuelas y de la vida pública en Afganistán.

En un país en que el 96% de las mujeres son analfabetas, aumentan los ataques a la educación de las mujeres. En el norte y el este, han incendiado y bombardeado escuelas para mujeres. Los jefes de algunas provincias del sur han dejado que la policía amenace a las mujeres y a las muchachas que estudian. Han difundido un volante que ordena que los padres no envíen a sus hijas a estudiar. En el estado de Herat, Afganistán occidental, se han prohibido que hombres enseñen a mujeres en las escuelas. A causa de la escasez de maestras, muchas muchachas no recibirán una educación. Y se informa que en Herat cualquier mujer que sale en público con un hombre que no es un pariente puede tener que someterse a una "prueba de castidad". Hace poco en la capital, algunas figuras del gobierno intentaron prohibir que las mujeres vayan al cine. El 21 de enero, el principal magistrado Shinwari anunció una prohibición de televisión por cable, llamándola "no islámica", y criticó la educación mixta: "Quiero educación para las mujeres, pero no queremos que hombres y mujeres estudien juntos".

Los nuevos ataques a la educación de las mujeres y a las mujeres en general van de la mano con el crecimiento de los grupos fundamentalistas. En muchas zonas, la policía impone reglas islámicas a las mujeres y muchachas, las cuales provocan indignación entre muchos afganistaníes. En Herat y otras ciudades y zonas de provincia, la policía ha obligado a las mujeres ponerse la burka, un grueso vestido que las cubre de pies a cabeza. En muchos lugares, incluso en Kabul, las jóvenes se ponen la burka en contra de su voluntad a fin de protegerse contra los esbirros y la policía religiosa reconstituida. La rápida reimposición de la ley islámica se da en todas las esferas de la vida. En varias zonas cerca de Kabul, la policía ha suspendido fiestas de bodas por tocar música, hostigado a tenderos por vender casetes de música o películas y golpeado a músicos.

Los medios extranjeros informaron mucho acerca del fin de las restricciones que el Talibán había impuesto sobre las mujeres. Unas personas lo consideraron uno de los logros sobresalientes del gobierno de Karzai. No obstante, a pesar de algunos cambios, siempre tenían un alcance y grado muy limitados. Se aplicaron principalmente a las mujeres de ciertas profesiones en la capital, que tenía un ambiente relativamente más abierto para las mujeres antes del dominio de los fundamentalistas. Pero dejaron las condiciones intactas para millones de mujeres en el campo y en las ciudades de provincia. El gobierno de Karzai siempre ha defendido firmemente la sharia: la imposición de restricciones religiosas como ley, tal como la muerte por apedreamiento público de las mujeres que se sospechan de haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. No se ha permitido ninguna crítica a los matrimonios arreglados. Los hombres tienen derecho a controlar y castigar a "sus" mujeres. Hoy, se están institucionalizando otros elementos importantes de la opresión de las mujeres en la política del gobierno.

La opresión de las mujeres en Afganistán tiene una larga historia, pero no siempre ha tenido las formas extremas y brutales que se ven hoy. Se impusieron las actuales prácticas retrógradas cuando los grupos fundamentalistas, con el apoyo financiero, político y moral de los Estados Unidos y sus aliados, ganaron una fuerte presencia en la vida política del país durante la guerra patrocinada por los Estados Unidos para expulsar a sus rivales soviéticos en los años 1980. Los grupos financiados y apoyados por los Estados Unidos hasta obligaron a las mujeres afganistaníes desterradas en Peshawar, Pakistán, a someterse a las nuevas reglas. Si una mujer no se cubría la cabeza, se le podría echar ácido en la cara o cortarle la cara con un cuchillo. A los Estados Unidos no le molestaban tales prácticas, y con la colaboración de la policía secreta paquistaní alentó la formación del Talibán y con el tiempo lo puso en el Poder a fin de imponer un orden bajo su patrocinio en medio de caos al fin de la guerra con la Unión Soviética. Y siguió apoyando al Talibán hasta mediados de 2001, y cuando se deshizo de ellos, no lo hizo para emancipar a las mujeres sino porque el Talibán ya no le era útil. (La revista Un Mundo Que Ganar 2002/28 contiene más detalles; ver http://www.awtw.org.)

Todas las fuerzas fundamentalistas en Afganistán, incluidos el Talibán y al-Qaeda, se han aliado con los Estados Unidos en una u otra forma en el pasado, y hoy los Estados Unidos ha cambiado su alianza con una camarilla de terratenientes feudales, señores de la guerra y fundamentalistas religiosos por otra. La ocupación encabezada por los yanquis no va a cambiar las relaciones de propiedad ni las relaciones sociales en que descansan. En Afganistán como en los Estados mesoorientales de Arabia Saudita, Kuwait, Turquía y Pakistán, ni mencionar una buena parte de los demás países, el control estadounidense se basa en una alianza con las fuerzas feudales y los capitalistas que les sean sumisos a ellos y a los amos extranjeros. Así son los modelos de la sociedad que los Estados Unidos busca imponer en los países oprimidos que domina.

La historia reciente de Afganistán da otra lección. Los regímenes apoyados por la Unión Soviética en ese país hicieron ciertas reformas para aumentar los derechos y las oportunidades de las mujeres en la educación, el trabajo y otras esferas. De una manera limitada y en ciertas áreas, las mujeres jugaron un papel mayor en la sociedad. Hasta se intentó realizar una reforma agraria. Las reformas bajo de los soviéticos fueron mucho más extensas que bajo la actual ocupación estadounidense. Pero ninguna de esas reformas se puede llamar "liberación". El sistema básico queda intacto. Sólo se puede obtener la auténtica liberación de un pueblo, la de las mujeres incluida, cuando las masas mismas, mediante su propia lucha revolucionaria consciente, derrocan las relaciones políticas, económicas y sociales en que se basa su opresión. Los maoístas de Afganistán, que combatieron la ocupación soviética, están resueltos a dirigir al pueblo a hacer una revolución de ese tipo.

La actual opresión de las mujeres de Afganistán muestra la medida en que el país ha experimentado un "cambio de régimen", pero no un cambio de sistema. Bush y su secuaz religioso fanático Blair están a punto de continuar su guerra en Afganistán con otra en Irak, con el mismo objetivo.

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