Carta a los editores y respuesta

Apreciados editores,

Escribo para plantear dos puntos sobre el artículo de Demarcaciones sobre Alain Badiou: un punto de crítica, y una sugerencia para futuros artículos.

En general, estoy de acuerdo con el artículo. Más que estar de acuerdo, me parece que fue oportuno y correcto, y me impresionó el alcance y la profundidad del análisis del proyecto político de Badiou. Pero también me pareció que el tono fue un tanto desbalanceado. Badiou es un filósofo de talla mundial que ha defendido obstinadamente —y hasta con valentía— la Revolución Cultural. Lo ha hecho en un momento en el que tratan a los defensores de la Revolución Cultural con el mismo desprecio y desdén que reciben (merecidamente) los que niegan el Holocausto. Y yo creo que él ha jugado un papel importante al abrir un espacio (al menos en los círculos académicos de Occidente) para la discusión de la Revolución Cultural y el carácter del comunismo revolucionario. Debieron haber reconocido esto y darle algo de peso.

Es cierto, como el artículo lo muestra en detalle, que su defensa de la Revolución Cultural distorsiona las metas, los métodos y la teoría de Mao y los revolucionarios agrupados alrededor de él, que lucharon y en muchos casos murieron defendiendo el socialismo en China y buscando la manera de avanzar hacia la meta del comunismo mundial. También es cierto que la “idea de comunismo” de Badiou para nada es comunismo, sino un regreso a los ideales democráticos burgueses del siglo xviii —ideas que fueron radicales en su momento, pero cuya vigencia acabó hace mucho. Estas “añoranzas” hacen parte de una tendencia muy extendida que ha surgido después de la derrota de la primera ola de la revolución comunista, y el papel de Badiou en no solo encabezar esta tendencia sino en camuflar su naturaleza reaccionaria llamándola “comunismo”, mereció cada línea de la crítica a que lo sometieron en su artículo. Pero creo que la crítica hubiera tenido mejor acogida si se planteara una visión más balanceada del impacto de Badiou en el ambiente político actual.

Mi segundo punto es que me gustaría ver más en futuros artículos de Demarcaciones sobre el uso que hace Badiou de la teoría de conjuntos. Creo que fue acertado no abordarlo en el primer artículo de Demarcaciones, no solo porque el artículo ya estaba llegando al tamaño de un libro, sino porque agregar una discusión sobre la teoría de conjuntos hubiera enredado el carácter del artículo. El proyecto político de Badiou es claro —y, según mi perspectiva, claramente erróneo­­— y merecía ser abordado por aparte. Una discusión sobre la utilización que hace Badiou de la teoría de conjuntos sería algo de punta en la filosofía contemporánea. Por su naturaleza sería especulativa y más propensa al error —pero también, por esta misma razón, podría ser muy productiva en la lucha para llegar a una comprensión aún más profunda del materialismo y la dialéctica.

El uso que hace Badiou de la teoría de conjuntos está estrechamente ligado a su comprensión de la principal lucha en la Revolución Cultural en el área de la filosofía: la lucha entre la línea reaccionaria de “dos se integran en uno” y la línea revolucionaria de “uno se divide en dos”. La tesis que Badiou deriva de esto, “lo uno no es”, que es el punto de partida del uso que le da a la teoría de conjuntos, también está ligada con la lucha por separar el idealismo y la teleología del sistema filosófico de Hegel de su núcleo dialéctico revolucionario, un proceso que empezó con Marx y Engels, y que continuó con Lenin, Mao y Avakian, y en la esfera académica, a través del mentor filosófico de Badiou, Louis Althusser. Creo que sería emocionante ver una serie de artículos que aborden esto desde una perspectiva comunista revolucionaria. Mi opinión es que la forma en que Badiou usa la teoría de conjuntos es interesante y hasta emocionante, pero en últimas decepcionante. Agradecería una oportunidad de explicar por qué.

Un lector

Respuesta de los editores

Gracias por su carta y sus juiciosos comentarios.

Agradeceríamos —y consideraríamos publicar— un comentario o reseña de la filosofía de Badiou que aborde los temas que usted menciona. La filosofía ha sido un aspecto integral de la teoría y la ciencia comunistas desde sus inicios, y ha estado profundamente entrelazada con coyunturas y desarrollos —tanto avances como retrocesos— en la esfera política e ideológica. Nuestro primer número presentó un importante artículo titulado “Las ‘crisis en física’, las crisis en filosofía y en política” de Bob Avakian.

A continuación abordaremos su “punto de crítica” de que la polémica contra la filosofía política de Alain Badiou que se publicó en el primer número de Demarcaciones, “La ‘política de emancipación’ de Alain Badiou: un comunismo encerrado en los confines del mundo burgués”por Raymond Lotta, Nayi Duniya y K.J.A, carece de “una visión más balanceada del impacto de Badiou en el ambiente político actual”.

Varios han planteado preguntas y dudas similares, y queremos aprovechar esta oportunidad de su carta para abordar esta cuestión. Como se planteó en la polémica, Badiou es visto popularmente —en especial en círculos progresistas y radicales— como un pensador radical y valiente que planta y riega brotes del comunismo en un mundo hostil, a veces virulentamente anticomunista. Entonces ¿por qué esta polémica?, ¿acaso Alain Badiou no ayuda al comunismo revolucionario, así sea indirectamente?

La respuesta es no, y lo decimos por tres razones relacionadas entre sí.

Primero, como usted lo reconoce, lo que Badiou defiende y por lo que propugna NO es la Revolución Cultural como fue, sino como él la lee, la reconfigura y la redefine. Badiou ve la Revolución Cultural como una sublevación democrática de masas que Mao dirigió inicialmente contra la posición dirigente del partido comunista en el Estado revolucionario. Usted acertadamente habla de la distorsión de Badiou de “las metas, los métodos y la teoría” de Mao. Esto resulta de, y es consistente con, un marco que rechaza —como opresivo­— lo que Badiou y otros llaman el “partido-Estado”: el poder estatal revolucionario proletario como una transición al comunismo, con el institucionalizado papel dirigente del partido durante todo el proceso.

La Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP) buscaba impedir la restauración capitalista y avanzar la China revolucionaria por el camino socialista —como un medio y con la meta consciente de transformar al partido, las masas, y todos los aspectos de la sociedad (economía, cultura, relaciones sociales, concepción del mundo, educación, etc.) en el proceso. Pero a través del prisma de Badiou, la GRCP es reducida, distorsionada y redefinida como un movimiento popular, no contra aquellos elementos en altos cargos del Estado y el partido que buscaban llevar a China por el camino capitalista, sino contra el mismo “partido-Estado”, es decir contra el papel dirigente del partido de vanguardia en la sociedad socialista. En esta distorsión, Mao al final frustró el movimiento de masas, y la Revolución Cultural fue derrotada cuando las instituciones del partido-Estado impusieron su dominio.

En momentos en que el anticomunismo está concentrado en el veredicto de que el “partido-Estado” ha sido, y es, una fuerza burocrático-autoritaria opresiva sobre las masas, y no una fuerza emancipadora, Badiou simplemente refuerza este veredicto. Esto es fundamentalmente falso y muy nocivo, porque, como se muestra en la polémica contra Badiou, sin el “partido-Estado” no puede haber emancipación de la humanidad.

Segundo y muy relacionado, Alain Badiou NO está “abriendo un espacio” para “la discusión de la Revolución Cultural y el carácter del comunismo revolucionario”. Por el contrario, está contribuyendo a reforzar más un discurso —con su contenido, metodología, límites y restricciones— que en lo fundamental descarta como “nada buena” la rica historia revolucionaria y emancipadora de la primera ola de revoluciones comunistas que tuvieron lugar en la Unión Soviética y en China.

En un momento en el que están de moda las rampantes y burdas distorsiones de la Revolución Cultural, y de las revoluciones bolchevique y china en general, lo que se necesita mucho es ir “contra la corriente” y luchar por la verdad de esas experiencias —con sus logros y deficiencias reales. Lo que no se necesita es darle más impulso y racionalización al veredicto y creencia generalizada de que estas experiencias fueron, en palabras de Badiou, “burocráticas”, “autoritarias” y definidas por la “coerción policial”. Como se señaló en la polémica, Badiou omite por completo lo más definitorio de estas experiencias: el establecimiento de una economía socialista no explotadora que satisface las necesidades básicas de la gente, y las liberadoras transformaciones radicales y sin precedentes forjadas por estas revoluciones en las esferas política, cultural y de las relaciones sociales.

Una característica del bombardeo ideológico anticomunista de las últimas décadas ha sido que “se han alistado en ese asalto algunos intelectuales que deberían tener mejores criterios, y algunos de los cuales antes sí tenían mejores criterios”, como Bob Avakian ha comentado recientemente1.

Este es el contexto en el que Alain Badiou ha planteado su “política de emancipación”, que refuerza y es consistente con los prejuicios anticomunistas dominantes, y lo hace bajo el mote de comunismo. De modo muy significativo, Badiou se ha “liberado de la carga” de la primera ola de revoluciones comunistas en la Unión Soviética y China. Proviniendo de alguien que tiene reputación de “crítico” de este sistema y que aparentemente defiende aspectos de la historia y la teoría comunistas, es desorientador, confundidor y nocivo.

¿Se está abriendo la puerta para explorar el comunismo revolucionario y los instrumentos, el partido de vanguardia y el Estado proletario, más necesarios para la emancipación de la humanidad? No. De hecho, están llevando a la gente hacia un callejón sin salida, las mentes están en lo fundamental sin cambiar… dejando al mundo “tal como es”.

La síntesis acientífica de Badiou sobre la GRCP, una síntesis plagada de anticomunismo, no es la “oposición” que necesitamos contra las narrativas anticomunistas más trilladas. De hecho, es una falsa dicotomía plantear que estos son los únicos polos que hay. En efecto, las tesis de Badiou sobre la Revolución Cultural se ponen en marcado contraste y en oposición a un análisis cabalmente científico de lo que representó la GRCP —y cómo la humanidad puede ir más lejos y hacerlo mucho mejor— como el que se concentra en la obra de Bob Avakian. (A propósito, este número de la revista contiene una entrevista a Bob Avakian sobre la GRCP).

Crear espacio para el auténtico comunismo revolucionario (incluyendo y en especial en círculos académicos de Occidente) requiere desafiar el marco dominante de discusión de lo que encarna la primera ola de revoluciones y sociedades socialistas. Crear espacio requiere romper los límites del discurso que descarta la discusión sobre el comunismo como proyecto para la emancipación de la humanidad. Exige plantear la verdad y aprovechar cada oportunidad para librar una lucha epistemológica, ideológica y política sobre estas cuestiones, empuñando la más avanzada concentración de la ciencia y la teoría comunistas, la nueva síntesis del comunismo de Bob Avakian.

Tercero, es muy difícil —si no imposible— abrir un espacio para la discusión sobre el auténtico comunismo revolucionario sobre la base del rechazo firme y explícito a los principios básicos, desde Marx en adelante —como Badiou lo ha hecho. A cambio, como usted lo ha señalado correctamente, él añora “los ideales democráticos burgueses del siglo xviii”. Cómo una nueva generación de jóvenes va a descubrir el comunismo revolucionario cuando él les dice que “la época de la revolución ha terminado” y que la conquista del poder estatal ya no es deseable ni posible.

Además, Alain Badiou ha prestado su nombre y ha ayudado a patrocinar conferencias de renombre por varios continentes para difundir esta “idea de comunismo” (suya) que no tiene nada que ver con el comunismo revolucionario. Estas conferencias no solo son un medio para promover concepciones acientíficas y anticomunistas. También han excluido el punto de vista auténticamente comunista revolucionario: no han invitado a la participación o representación de la nueva síntesis de Bob Avakian.

Habiendo dicho esto, también es importante afirmar que diversos canales de actividad intelectual efectivamente pueden ayudar a abrirle espacio a un discurso auténticamente comunista y liberador.

Por ejemplo, hay algunos académicos especializados en estudios soviéticos y chinos que están haciendo valiosas investigaciones históricas sobre los logros y las contradicciones enfrentadas por las revoluciones soviética y china en la lucha contra el patriarcado. Este trabajo puede contribuir a una atmosfera más favorable para que la gente “redescubra” la verdad histórica y profundice la comprensión histórica de lo que verdaderamente representa el comunismo. Pero maximizar los efectos positivos requiere que el polo del comunismo revolucionario ejerza una influencia mucho mayor. También hay algunos académicos progresistas en varios campos que, reconociendo la importancia de que el auténtico comunismo revolucionario esté en diálogo y debate con diversas corrientes de pensamiento, han hecho esfuerzos para facilitar el intercambio. Y, significativamente, a medida que cada vez más pensadores radicales se sientan animados y apremiados a abordar y responder a la nueva síntesis de Avakian, cambiarán los términos del debate político-intelectual sobre lo que es posible y deseable en el mundo de hoy. Todo esto interactuará y estará influenciado por los cambios, los desencajamientos, y las luchas en la sociedad y el mundo, como los movimientos en Egipto y Ocupar.

Pero esto es muy diferente del “efecto Badiou”. Él está “abriendo” los ojos de la gente a una posición muy elaborada y refinada de oposición a la dictadura del proletariado y al papel dirigente del partido de vanguardia… a guisa de “portar la antorcha” del maoísmo.

Finalmente, unas palabras sobre las polémicas. Las polémicas importan porque las ideas importan. A este respecto, es muy pertinente una declaración atribuida a Chang Chung-chiao, uno de los grandes líderes revolucionarios de la Revolución Cultural y parte de la llamada peyorativamente “banda de los cuatro”: “La teoría es el factor más dinámico de la ideología”. La gente aprende teoría no solo estudiando directamente la ciencia del comunismo, sino también observando y entrándole a la contienda entre las diferentes líneas e ideas formuladas. Es por medio de esta férrea contienda que la gente profundiza su comprensión y capta la teoría, eleva su capacidad de comparar y contrastar líneas opuestas, y aprende mejor a demarcar lo que es correcto de lo que no lo es, lo que llevará a la emancipación y lo que no lo hará.

 

Notas de referencia:

1 Una entrevista a Bob Avakian, “Lo que la humanidad necesita: Revolución y la nueva síntesis del comunismo” (2012), http://www.revcom.us/avakian/what-humanity-needs/entrevista-es.pdf

Editorial
 

"Comprender científicamente, defender firmemente e ir más allá del maoísmo, a fin de alcanzar una nueva etapa del comunismo: Reflexiones polémicas sobre '¿Qué es el maoísmo?' Un ensayo de Bernard D'Mello"

 

"La Revolución Cultural de China. el arte y la cultura. el disentimiento y la efervescencia. y el avance de la revolución hacia el comunismo"

 

"Vilipendiando el comunismo y acomodándose con el imperialismo, La farsa y la vergüenza del 'pesimismo sincero' de Slavoj Zizek"

 

"El actual debate sobre el sistema estatal socialista" -Una respuesta del PCR, Estados Unidos.

 

Carta a los editores y respuesta.