¡Es justo rebelarse! ¡A rebelarse contra el sistema!

21 de octubre de 2020

La actual pandemia ha empeorado la oprobiosa situación para la inmensa mayoría. Y el ma­nejo de la pandemia no ha hecho otra cosa que empeorarla aún más. Al igual que la situación actual, la respuesta rebelde de las masas es continuidad de lo que había antes de la "pausa" de la pandemia. Pero la represión no ha hecho pausa (son ya unas 70 masacres y más de 260 líderes sociales asesinados en los últimos 11 meses). Tampoco los levantamientos en respuesta. Entre el 21 de noviembre de 2019 y el 21 de febrero de 2020 hubo 24 jornadas de lucha en decenas de ciudades. Las masacres de Cali y Samaniego desataron un reinicio de protestas en agosto y, tras el asesinato de Javier Ordoñez por parte de la policía, hubo un nuevo levantamiento principalmente en Bogotá el 9 y 10 de septiembre, ante las que el Estado con total brutalidad, asesinó a 13 jóvenes, (ya en marzo en Bogotá habían asesinado a 23 personas en la masacre de la cárcel Modelo).

Esta justa protesta hoy continúa, con el paro nacional este 21 de octubre y con la movilización de la minga indígena. En sus "pliegos de peticiones" se tocan (o se reflejan, en parte) muchas de las agudas contradicciones de la sociedad colombiana actual. Reflejan una situación de crisis, muy real. Pero también reflejan la visión acerca de los problemas y de la solución por parte de las fuerzas reformistas (cambiar "cositas" para que todo siga igual) que copan la mayor parte a la izquierda del espectro político que se derechiza cada vez más. Es una visión que contrasta y hace más patente la necesidad del enfoque y método científicos del nuevo comunismo. Las concentraciones de con­tradicciones, las "grietas" o "fallas geológicas" en la sociedad colombiana (así como en el mundo, aunque no al unísono todas, a más de que unas afectan a TODO el planeta), están en un punto que puede llevar a un justo gran estallido de las masas. La situación objetiva clama por una verdadera revolución. Urge comprender a cabalidad y poner realmente en marcha una seria preparación del pueblo y del terreno para nada menos que eso. Pero este aspecto subjetivo (las fuerzas revolucio­narias) está muy a la zaga de las exigencias objetivas, y urge cerrar esa gran brecha.

La visión que se tiene de "lo concreto" no puede ser más distante entre la concepción revo­lucionaria y la concepción reformista. Pero incluso entre los revolucionarios también están todavía (en especial ahora y en algunos casos más marcado) las tendencias a pugnar por "lo concreto" de manera chata, así como las tendencias a caer en un abstraccionismo que muchas veces termina siendo vaguedad. Pero la revolución es algo concreto, a pesar de que la ofensiva reaccionaria haya llevado a considerarla como irrealizable. La revolución es necesaria, deseable, y posible.

Si bien las peticiones de los organizadores del paro y de la minga son necesarias y posibles, el que se vean en el marco del mismo sistema explotador y opresor no les permite ver que se estrellan contra los intereses de las clases dominantes. Pretenden que el capitalismo deje de basarse en la explotación y la opresión, pero no puede haber tal cosa como capitalismo "humano", así le llamen "poscapitalismo". No se puede estar solo contra el neoliberalismo o el "capitalismo salvaje". Den­tro de ese modo de producción no puede dejar de haber opresión y explotación, ni dejar de haber unas fuerzas represivas cumpliendo su papel de columna vertebral que mantiene en pie este sis­tema. El 1% que conforma el curubito de las clases dominantes, requiere de otro 1% (la fuerza pública, cuya extracción de clase no define lo que son) que está al servicio y alineado con el 1% que son las clases dominantes y en CONTRA de la inmensa mayoría. Y el Estado no va a mediar entre esos dos bandos asimétricos, porque no es un ente neutral, es un aparato de dominación de clase.

Superar positivamente la actual fractura ideológica-política entre las clases dominantes ("uribistas vs santistas", o "guerreristas vs pro-paz") y el cobijo bajo el ala pro-paz de buena parte de los reformistas implica una repolarización en la que haya un polo revolucionario. El origen de la violencia de medio siglo está en el mismo sistema. El cómo lidiar con una guerra no es una cuestión de voluntades, sino que depende de si es intestina DEL sistema o es CONTRA este.

Además, Colombia es un engranaje de un único sistema mundial. Y los problemas que se abordan en el análisis que lleva a la necesidad del paro están engranados en ese sistema global. Y problemas como el del cambio climático (aunque no solo ese) no pueden solucionarse en solo un territorio, para solo un pueblo. Hay problemas sociales y políticos que impactan a nivel internacio­nal en especial los de las potencias imperialistas. El caso de EEUU es especialmente determinante en Colombia. Por ej., el tener a Venezuela como enemigo no se decide simplemente en el Ubérrimo o en la "Casa de Nari", y con la cercanía ideológica del Trump con Uribe y su recua (además de los intereses comunes) no es de extrañar el cruce de mensajes de apoyo hacia Uribe por Trump y hacia Trump por Uribe en especial en las decisivas elecciones de noviembre en EEUU que deciden no solo el futuro de ese país sino del mundo (si estará al mando un fascista redomado u otro de su calaña reaccionaria imperialista, aunque no fascista, lo cual tiene serias implicaciones). Los revo­lucionarios en ese país llaman a impedir que se entronice el fascismo SIN que implique apoyo al otro bando imperialista del MISMO sistema, y llaman a combatir TODO ese sistema.

Sí, la profundización de la miseria, el patriarcado, las guerras reaccionarias, los ataques racis­tas y xenófobos, la destrucción del medio ambiente, todo producto de este modo de producción capitalista, genera descontento e inconformidad. Esta realidad no puede evadirse y está confron­tando a la humanidad entera, pero las respuestas hoy están claramente marcadas por las formas de pensar dominantes. Y aunque haya expresiones valientes dentro del pueblo y maravillosas muestras de esfuerzos por romper con el peso de décadas de un ataque ideológico sin tregua, si las personas no asumen el reto de bregar científica y revolucionariamente con la fuente de los problemas y con la verdadera solución, vez tras vez verán sus luchas en un callejón sin salida o canalizadas para la legitimidad de este mismo orden social, a través de algunas reformas, en oenegés de asistencia social o de las elecciones, en función de hacerse parte de este mismo sistema.

Solo abordando de manera científica la revolución puede superarse el espontaneísmo en que es fácil caer al centrar en la urgencia de la pandemia. La pandemia ha servido para que las clases dominantes aprovechen el poder del Estado para controlar a la población o para ensayar cómo hacerlo a mayor escala, con prohibiciones y medidas represivas. Sigue siendo importante en la forma de pensar de las personas la expectativa de "volver a la normalidad", que fundamental­mente es una ilusión que será reventada por la naturaleza y el funcionamiento del sistema de ca­pitalismo-imperialismo al que están sometidas las masas de la humanidad.

No hay tal cosa de una situación estática donde todo es "siempre igual" o "más de lo mismo", así como de la falsedad de que todo cambio social es gradual, lento y paulatino; y siempre en una dirección de progreso. Es palpable no solo el ritmo vertiginoso en que se están dando grandes cambios reaccionarios, sino también la profundidad de los mismos. Se ha recrudecido su perpetra­ción y la justificación y normalización por parte de las clases dominantes. "No se puede concebir la resolución de todo esto salvo de la manera más radical y mediante formas extremadamente vio­lentas. La cuestión que pende es: ¿será una resolución radical reaccionaria o una resolución radical revolucionaria?", "¿implicará reforzar las cadenas de la esclavización o hacer añicos los eslabones más decisivos de esas cadenas y abrir la posibilidad de realizar la eliminación completa de todas las formas de dicha esclavización?" En nuestras manos está la decisión.

¡A PARAR la explotación y opresión! ¡A PARAR el patriarcado, la guerra contra la mujer! ¡A PARAR la destrucción del medio ambiente! ¡A PARAR la guerra contra el pueblo!

Grupo Comunista Revolucionario, Colombia 21 de octubre de 2020