¡A parar el patriarcado y la guerra contra la mujer!

8 de marzo de 2020

En todo el mundo se vienen trazando líneas de demarcación entre reforzar el patriarcado o la emancipación de la mujer. El acoso, la violación, el maltrato, los ataques con ácido, el feminicidio, la maternidad forzada y toda otra forma de la opresión de las mujeres que imponen y reflejan un patente patriarcado se dan a tal grado que no pueden ser considerados menos que una verdadera guerra contra la mujer. Y ha dado pie a una rebelión contra esta… o partes de esta.

No está fuera de la realidad decir que la lucha de las mujeres “marca el paso de la política de América Latina”, y que este 8 de marzo “los feminicidios, la violencia de género y el aborto convocan a miles de mujeres a la lucha”, como señala la prensa internacional, destacando las altas tasas de feminicidios, una impunidad judicial rampante, violencia de género muy extendida, secuestros y desapariciones de mujeres y niñas, muertes por abortos clandestinos, difícil acceso a la salud obstétrica y una pobreza que se ceba con las mujeres. Además, estamos viendo una propagación sin precedentes de la prostitución y el comercio sexual.

En Colombia se han visto reflejados los efectos de la guerra contra la mujer, así como de la rebelión contra esta, al punto que han hecho que las altas cortes en una misma semana hayan tenido que pronunciarse sobre el aborto (el lunes) y sobre la violencia contra la mujer (el viernes) mientras en los medios de comunicación se debatían las denuncias de acoso sexual contra una decena de maestros en la escuela normal de Bucaramanga (que no es un “caso aislado”).

La situación de violencia sexual y los feminicidios es alarmante. En 2019 fueron asesinadas cada mes 80 mujeres en el país. Pero este año el aborto ha sido lo más visible en Colombia donde la interrupción del embarazo solo es legal en caso de violación, malformación fetal, o peligro para la salud física o mental o la vida de la mujer. Ante una demanda de una abogada antiaborto que buscaba la penalización total, la Corte Constitucional, dividida, dejó las cosas como estaban. Pero la batalla política no cesa. Los antiaborto esperan que el aún más retardatario Congreso ponga cortapisas legales que refuercen las barreras que enfrentan las mujeres al lidiar con el sistema de salud en manos cada vez más de fundamentalistas religiosos.

La descripción de los comunistas revolucionarios en Estados Unidos es muy certera: “Por todo el mundo, fundamentalistas religiosos están librando un implacable embate contra los derechos ganados con dura lucha, están apoderándose de las riendas del gobierno, las cortes, los medios de comunicación y están entrometiéndose en cada rincón de nuestra vida y relaciones privadas con tal de restaurar la moralidad tradicional donde las mujeres están subordinadas a los hombres y a su autoridad patriarcal. Y por todo el mundo la gente anhela con romper estas cadenas… ¡Y es posible hacerlo!” (revcom.us). E igualmente certeras son las consecuencias: Es una necesidad que toda persona que se niegue a aceptar a un mundo donde la mujer es subordinada, dominada, degradada, golpeada, mutilada y asesinada para mantenerla en su lugar se ponga de pie en unión con las mujeres que se están tomando las calles, de Argentina y Chile a México y la India, para exigir un fin al asalto sexual y el feminicidio. Es una necesidad apoyar a las mujeres que se están quitando el hiyab en Irán, así como ponerse de parte de las personas LGBTQ que están siendo discriminadas y atacadas en todo el mundo.

Sí. Hay una verdadera guerra contra la mujer. En todo el mundo. Y es una necesidad verla como tal y no ver solo aspectos parciales de esta. En momentos en que los avances en la situación de la mujer en las últimas décadas están bajo ataque, la concepción y las acciones del movimiento “feminista” implican realmente palos en la rueda de la emancipación de la mujer. “En un momento de una crisis masiva de alimentación, de crisis económica general y de guerras imperialistas que roban millones de vidas, en que se necesita con más urgencia que nunca crear un mundo radicalmente diferente en que se eliminen las cadenas sobre toda la humanidad, estas ‘líderes feministas’ no aspiran a nada más elevado que la lucha de las mujeres individuales por poder obtener una parte de los privilegios que acompañan la vida en la cima de [esta sociedad] de competencia despiadada” [de “Una declaración: por la liberación de la mujer y por la emancipación de toda la humanidad”, revcom.us]. En las recientes luchas contra el patriarcado en Colombia la posición predominante de las organizaciones feministas gira en torno a la lógica de “no prestarles atención [a los odiamujeres y/o fundamentalistas religiosos] para no darles poder” y legitimar el orden social creando ilusiones en incidir en “políticas públicas favorables”. Es una lógica estúpida y cómoda que las lleva a sentirse seguras en su gueto “liberado y empoderado”.

La opresión de las mujeres no es una cuestión de identidad ni es exclusiva de las mujeres. Así, corresponde acoger el llamado de los comunistas revolucionarios de Irán a todos los jóvenes desplazados que luchan contra la pobreza y la discriminación, a los luchadores del movimiento sindical, a los activistas docentes, a los ambientalistas, a los estudiantes y a toda la comunidad para que condenen todas las formas de opresión de las mujeres en todo el mundo, y a unirse a la lucha de las mujeres para erradicar el patriarcado. Y hacemos un llamado a las mujeres que luchan a que amplíen el campo de batalla contra la opresión de la mujer y a luchar contra la totalidad del sistema capitalista y en el camino hacia la liberación de toda la humanidad. Hacemos un llamado a las mujeres para que le entren a la revolución y se conviertan en liberadoras de la humanidad.

Como acertadamente señala la Organización Comunista Revolucionaria, México:

La violencia y la opresión de las mujeres no pueden eliminarse bajo este sistema. Se suele decir que el problema es la impunidad, o la falta de buenas leyes, o la falta de “voluntad política”, o la corrupción, etc. Esto es describir las consecuencias, sin llegar a las causas. El problema fundamental es el sistema. Hace falta desechar las ilusiones falsas e intensificar la lucha con un entendimiento científico del problema y de la solución. Para poner fin al patriarcado y emancipar a las mujeres, hace falta derrocar el sistema capitalista, tumbar el actual Estado, crear un nuevo sistema socialista y seguir la lucha por transformar todo lo que queda que huela a la opresión, como parte de la revolución comunista mundial, hasta acabar con toda forma de explotación y opresión en el mundo entero. Es una gran lucha, llena de dificultades y sacrificios, pero es el único camino que puede crear el nuevo mundo que la humanidad necesita, y tiene una base firme para que se vuelva realidad, en las agudas contradicciones del sistema, entre ellas la opresión de las mujeres que se hace cada vez más inaguantable y explosiva ahora. Con la teoría del nuevo comunismo desarrollado por Bob Avakian como guía es realmente posible luchar por y ganar la emancipación de las mujeres y de toda la humanidad.

¡A romper TODAS las cadenas! ¡Desencadenar la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución!

Grupo Comunista Revolucionario, Colombia 8 de marzo de 2020