ĦA Parar !

21 de noviembre de 2019

Ahora mismo hay mucho en juego que es importante y urgente. No solo en Colombia con los miles de asesinatos por las FFMM (“falsos positivos”), con el asesinato de líderes sociales, y su impunidad, reformas económicas lesivas para el pueblo, tugurización, mayor informalidad y desempleo… sino en todo el mundo: guerras injustas, pobreza y abrumadora desigualdad, opresión y degradación de la mujer, crisis medioambiental acelerándose poniendo en peligro la vida en el planeta sin que los que dirigen el mundo hagan nada para detenerla...

Y la gente responde, especialmente la nueva generación. Desde comienzos de la década se han dado importantes estallidos de protesta y rebelión: el levantamiento en Egipto en 2011, los movimientos Ocupar en Estados Unidos, los movimientos de Indignados en España, derivados de la crisis económica 2008-2011 planteando «No somos marionetas en manos de políticos y banqueros»? o «Democracia real ¡YA! No somos mercancía en manos de políticos y banqueros», y llegando a decenas de países. De ahí a los levantamientos de 2013 en Brasil y Turquía y a Corea del Sur hasta los actuales en Hong Kong, Cataluña, El Cairo (Egipto), París (Francia), Moscú (Rusia), Beirut (Líbano), Argelia, Bagdad (Irak) y Yakarta (Indonesia) pasando por los crecientes movimientos globales como Extinction Rebellion y Fridays For Future, jalonados principalmente por jóvenes preocupados por la crisis ambiental, con aportes importantes como la firme defensa de la ciencia por parte de algunos de sus líderes como la adolescente sueca Greta Thunberg.

En Colombia la década inició con los paros agrarios (que las clases dominantes despreciaban al punto de pretender que no existían) y el movimiento estudiantil de la MANE inspirado en varios aspectos por las marchas de la Confederación de Estudiantes de Chile, pero aplacado por la macartización y la abierta represión a pesar de las respuestas estultas de “abrazaton-tos” y similares de “cohabitación” con las mismas fuerzas represivas que son la columna vertebral del sistema que explota y oprime. Todo a tono con la tendencia mundial a la derechización (incluso hacia el fascismo), que ha agudizado la creciente polarización de la sociedad colombiana.

En todas partes la gente está poniéndose de pie. Y está buscando y sopesando soluciones y filosofías (dentro del mismo sistema). Varios programas y puntos de vista políticos han ganado influencia y seguidores: “los movimientos sin liderazgo”, “la democracia de verdad”, “anti-jerarquía”, anti-estado y “horizontalismo”, “democracia económica” y cosas por el estilo, mostrando en esencia una falta de esperanza de conseguir una vida radicalmente mejor para todos en este mundo, legitimando en últimas el sistema capitalista-imperialista que tritura gente y apaga el espíritu, al presentar “soluciones” que realmente son callejones sin salida, dejando a la gente atrapada en el pantano de las elecciones, el cabildeo, la oenegeización y cosas por el estilo.

Aquí, allá o acullá, protesta tras protesta, independiente de lo radicales o no en su forma, han acabado defendiendo el “Estado de bienestar”, o el “capitalismo con rostro humano”, con conclusiones del tipo “la presión es la única forma de que te escuchen”, viendo el problema socioeconómico en la esfera de la distribución sin ir a la verdadera raíz. Y aquí, allá, o acullá, la desesperanza terminaba justificando el desprecio al logro de transformaciones verdaderamente radicales tachándolas de utopías, que entronizan el movimiento por el movimiento.

Así, el Paro del 21-N, lejos de ser “una conspiración castrochavista del Foro de Sao Paulo”, hace parte de una explosión global de inconformidad porque la riqueza se sigue concentrando, crece el descontento de la clase media por el elevado incremento del costo de vida en estos países, y sigue siendo invisible un sector enorme de trabajadores informales y precarizados. Tiene que ver más con las condiciones materiales de existencia. Hay verdaderas grietas que se abren por toda la sociedad: la opresión patriarcal, la destrucción del medio ambiente, la crisis migratoria, el racismo y la xenofobia, las guerras por imperio… problemas que NO se pueden solucionar dentro de este sistema económico y social que los produce.

El sistema capitalista es un “modo de producción”, es decir, la manera en que la sociedad está organizada para producir y distribuir las necesidades para la vida. Miles de millones de personas en todo el mundo trabajan colectivamente para producir esas necesidades. Sin embargo, los medios para producir esa riqueza son de propiedad privada y los controla una clase dominante minoritaria, los capitalistas imperialistas. Esos capitalistas explotan a los miles de millones de personas en el planeta que no poseen tales medios y tienen que intercambiar su capacidad de trabajar por un salario o rebuscarse otra forma de sobrevivir. Los capitalistas establecen el marco para la sociedad entera, incluyendo a los cientos de millones de personas “en las capas medias” que tal vez tengan una pequeña empresa o trabajen de profesional, maestro, etc. Y esos capitalistas compiten entre sí, en una lucha despiadada de expandirse-o-hundirse para mantenerse en la cima. Sobre la base de dicha propiedad y control sobre la riqueza, la clase capitalista-imperialista domina la política, la cultura y las ideas, y construye una masiva máquina de represión y poderío militar para mantener su dominio. Usan la fuerza —dictan— sobre aquellos que no aceptan ese marco. Y luchan entre sí sobre cómo gobernar. El capitalismo es la causa central de las formas crueles de opresión a las cuales la gente se enfrenta en la actualidad. [revcom.us, #460]

«La ausencia de una verdadera esperanza de conseguir una vida mejor en este mundo es una gruesa cadena que pesa, asfixia y deja profundas cicatrices a las masas de la humanidad, incluidos los jóvenes que están concentrados en los guetos y barrios…, así como en las hacinadas prisiones-cámaras de tortura. Y el individualismo extremo promovido en toda esta sociedad, la fascinación obsesiva con “el yo”, ha reforzado el grueso tope a las aspiraciones de la gente, ofuscando su capacidad de reconocer la posibilidad de un mundo radicalmente diferente y mejor, más allá de los límites estrechos y restrictivos de este sistema, con todos sus horrores muy reales.» [Bob Avakian, 2019]

Pero para abordar una solución hay verdaderos obstáculos generados incluso por muchos de los (otrora) revolucionarios con los enfoques economicistas, o con problemas epistemológicos como el simplismo, el inevitabilismo, la confianza en un progreso lineal sin ver la posibilidad de que echen atrás la rueda de la historia, o que han acogido los veredictos amañados sobre las dos experiencias socialistas del siglo XX, la de la URSS (1917-1956) y China (1949-1976), etc… O por los prejuicios generacionales (no siempre sin algo de bases reales) en especial de los movimientos juveniles ambientalistas que culpan a las generaciones anteriores en general (sin distinciones de clase) y no a los capitalistas-imperialistas que han tenido el poder…

SÍ. Ahora mismo hay mucho en juego que es importante y urgente. SÍ, la gente está poniéndose de pie y está buscando y sopesando soluciones y filosofías. Pero la mayoría han sido adiestrados en que la única solución que se debe descartar sin más ni más es la revolución comunista. Y esto ha sido producto en buena parte de las distorsiones y descaradas mentiras estructuradas en una verdadera ofensiva ideológica tras el derrumbe de la Unión Soviética (tras décadas de ya NO ser socialista) hace 30 años. 

Sin embargo, es precisa y únicamente la revolución comunista real la que puede lidiar concretamente con los problemas de la sociedad y el mundo que causan tanta agonía entre la gente... la que puede realizar las aspiraciones más elevadas que han impulsado a la gente a protestar. La idea de un movimiento “sin liderazgo” que de alguna manera podría crear un cambio fundamental se ha revelado como una ilusión y un impedimento peligrosos y perjudiciales. Hemos visto el precio de las implicaciones de la falta de una dirección, visión y programa verdaderamente comunistas. SÍ, la “vieja” idea desarrollada inicialmente por Marx, que hoy, con la nueva síntesis por Bob Avakian de la anterior teoría y práctica y puesta sobre una base más firmemente científica ha devenido en un nuevo comunismo. SÍ. ¡Lo que se necesita es una revolución real y nada menos!

Una revolución real requiere que participen millones de personas, de forma organizada, en una lucha decidida y sobre todo consciente, para desmantelar este aparato estatal y este sistema, y para reemplazarlo con un aparato estatal y sistema completamente diferentes, una forma completamente distinta de organizar la sociedad, con objetivos y formas de vida completamente distintos para el pueblo. Si no se hace una revolución, protestaremos contra los mismos abusos, generación tras generación.

Tanto sobre la raíz de los problemas como sobre la solución, hay que buscar la verdad dondequiera que lleve, con un espíritu de pensamiento crítico y curiosidad científica y aprender continuamente acerca del mundo y estar mejor capacitados para contribuir a cambiarlo en conformidad con los intereses fundamentales de la humanidad, porque, como muy acertadamente señala Bob Avakian: «Si uno ha tenido la oportunidad de ver el mundo como es en realidad, puede encaminar su vida por rumbos profundamente distintos. Puede entrarle a la vida de comer o ser comido, y muy probablemente ser devorado en el proceso de tratar de salir adelante. Puede meter el hocico en el comedero y atascarse lo más que pueda y a la vez, desesperado, vérselas para aventajar a los demás. O puede dedicarse a hacer algo para cambiar todo el rumbo de la sociedad y el mundo. Si uno pone lado a lado las dos cosas, ¿Cuál tiene significado? ¿Cuál contribuye a algo que valga la pena? La vida de uno va a tener valor o va a ser inútil. Y no se puede dedicar la vida a nada más grande que contribuir lo máximo que pueda a la transformación revolucionaria de la sociedad y del mundo, a ponerle fin a todos los sistemas y las relaciones de opresión y explotación y a todo el sufrimiento y destrucción innecesarios que traen.»

¡A PARAR la explotación y opresión! ¡A PARAR el patriarcado, la guerra contra la mujer!
¡A PARAR la destrucción del medio ambiente! ¡A PARAR la guerra contra el pueblo!

Grupo Comunista Revolucionario, Colombia 21 de noviembre de 2019