¡Colombia y el mundo necesitan una verdadera revolución, dirigida por el nuevo comunismo!

1° de mayo de 2019

Desde que fuera convocado en 1885 para celebrarlo por primera vez al año siguiente, el 1º de mayo ha buscado ser la celebración internacional de los explotados y oprimidos y todos los que desprecian el mundo actual y sus brutales relaciones económicas, políticas y sociales, y que luchan por un mejor futuro para la humanidad y el planeta.

En esas más de 13 décadas, ha corrido mucha agua bajo los puentes: el desarrollo del capitalismo en imperialismo, dos guerras mundiales, dos experiencias de construcción socialista, guerras de liberación nacional, intervenciones imperialistas (como la actual en Venezuela en la que Estados Unidos usa a la derecha venezolana y colombiana), etc... Hoy, el capitalismo imperialista ha sumido aún más a la inmensa mayoría de la gente del mundo en un mar de miseria. Y una oleada de derechización barre país tras país, de Estados Unidos a Brasil, de Ucrania a Filipinas… y a Colombia.

Vivimos en un mundo donde las vidas de las mujeres de todo el planeta están llenas de violencia y humillación. Un mundo en el que las diversas naciones y grupos étnicos son cruelmente oprimidas. Un mundo que lidia con la mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial, con millones de personas desplazadas de sus países de origen debido a la globalización imperialista o a guerras reaccionarias. Gran parte de ellas se han unido a los marginados de las grandes ciudades y se encuentran en la desesperación tras sobrevivir a una travesía en muchos casos fatal.

Casi mil millones de personas en el mundo pasan hambre, y según la ONU tres millones de personas se suman a los hambrientos en el planeta cada mes. Esta catástrofe ocurre en un mundo donde el desarrollo de las fuerzas productivas ha alcanzado un grado que puede satisfacer las necesidades de la población actual del mundo y mucho más. Pero las relaciones reaccionarias y explotadoras del capitalismo lo impiden. La destrucción del medio ambiente, por el capitalismo y no por “los humanos” en general, hace que la vida en el planeta sea cada día más difícil. Un mundo en el que menos de una decena de grandes capitalistas poseen más de la mitad de la riqueza generada por más de 7.500 millones de personas, y la pobreza y la brecha de clase se extienden en todo el globo.

La riqueza generada ha sido producida socialmente por el esfuerzo de los trabajadores, pero los capitalistas se apropian de esta. Esta es la expresión de la contradicción fundamental de la era del capitalismo. La riqueza creada por la clase obrera de Colombia, como la clase obrera de todo el mundo, se encuentra en un nivel que puede proporcionar una vida creativa y animada para todo el pueblo. Pero miles de millones de personas están privadas de alimentación, salud y techo, y de la posibilidad de producción artística y de la ciencia, porque las relaciones capitalistas explotadoras y el gobierno que protege estas relaciones cautivan y controlan su capacidad productiva y creatividad.

El capitalismo, con su funcionamiento anárquico y en crisis, incluso ha transformado la vida de las clases medias en una apuesta sin futuro predecible… con la opresión social, como el patriarcado y la opresión nacional, empeorando la enorme brecha entre los países dominados y los países dominantes creciendo, mientras la degradación ambiental aumenta. Y, encima de eso, las sociedades de “democracia liberal” también han impuesto a la gente de estos países un control fascistoide de seguridad e “inteligencia”, apuntando a la prohibición de pensar… mientras crece también la violencia reaccionaria, el racismo, la xenofobia, la misoginia y el oscurantismo religioso… Y los imperialistas tienen las manos libres para meterse a cualquier país y apretar las clavijas criminalmente legitimados y secundados por sus lacayos, como en el caso en desarrollo de Venezuela.

El hecho de que, para mantener la tasa de ganancia, un capitalismo cada vez más globalizado se basa en muy alto grado en una amplia red de talleres de explotación, en particular en el tercer mundo de América latina, África, Medio Oriente y Asia, mientras que la actividad capitalista en las ciudadelas imperialistas está cada vez más en la esfera de las finanzas y la especulación financiera, y la “gama alta” (no la producción de los materiales físicos básicos) de la alta tecnología así como del sector servicios y la esfera comercial (incluyendo el creciente papel del mercadeo en línea), hace cada vez más parasitario al imperialismo, muy especialmente en Estados Unidos.

En realidad, tanto la contradicción fundamental de nuestra época (entre las fuerzas de producción altamente socializadas, interconectadas y globalizadas, por un lado, y por otro, las relaciones de propiedad privada y el control de estas fuerzas de producción) como varias otras contradicciones interrelacionadas en el mundo actual (el calentamiento global, la opresión y de las mujeres, la opresión nacional, etc.) se han venido intensificando mucho. Sin embargo, estas son contradicciones que no tienen solución dentro de este sistema, pero han creado la base y necesidad de otro sistema superior. Y desde ya hay que luchar por ponerles un ALTO. En este sentido existen unas bases muy reales y muy fuertes para transformar las cosas en concreto en la dirección radical de la revolución comunista.

Sólo hay dos opciones: dejar el mundo tal como está, o una verdadera revolución. El capitalismo-imperialismo no va a ser eterno: o bien la humanidad lo va a superar por medio de la revolución comunista o va a llevar a situaciones aún más horrorosas de destrucción del planeta, crisis y guerras reaccionarias que pudieran llevar o bien a grandes retrocesos en la vida humana o incluso a su extinción. Así, derrocar al sistema capitalista-imperialista es una necesidad para la mayoría de la gente en el mundo, quienes pueden y deben unirse a la revolución comunista para derrocar a este sistema. Esta revolución es una guerra de clases. Sin embargo, no es solo para el proletariado, la clase que genera la riqueza en el sistema capitalista, sino que su propósito es la liberación de la humanidad. Y la clase proletaria, sin la liberación de toda la humanidad del sistema capitalista, nunca será liberada.

Las contradicciones del sistema son la base material para la revolución, y no lo que piense o haga la gente en un momento dado bajo la influencia de la ideología burguesa. Pero es muy importante cambiar el marco de pensamiento (no simplemente lo que piensa sino principalmente cómo piensa) de la gente, marco que le ha sido impuesto por el sistema a través de la familia, la iglesia, la escuela (y la academia), los medios de comunicación o las redes sociales. Esto hace parte de preparar el terreno para poder hacer la revolución, y solo vamos a lograrlo basándonos en un análisis científico del sistema y cómo puede cambiarse, y no siguiendo a la cola de las falsas ilusiones fomentadas por el sistema o los vaivenes del momento. Este tipo de empirismo, de basarse solo en la respuesta y experiencia inmediata y rechazar la necesidad de basarse en un análisis científico nunca va a llevar a una revolución y de hecho solo lleva a hacer las paces con el actual sistema criminal. El avance mundial del fascismo es una respuesta extrema de sectores de las clases dominantes a la cada vez mayor agudización de estas y otras contradicciones de su sistema.

Cada revolución debe ser dirigida por un partido de vanguardia comunista, pero basado en una teoría comunista universal. Esta teoría, un gran avance logrado por Marx (y Engels) y desarrollada por Lenin y Mao Tsetung en aspectos importantes y que hizo posible la victoria de las grandes revoluciones socialistas del siglo XX (1917-1956 en Rusia y en 1949-1976 en China), está experimentando un movimiento evolutivo vital, ha llegado al nuevo comunismo, lo que hace posible las mayores victorias del futuro. Debido a este salto evolutivo, hoy, objetiva y prácticamente, se encarna el liderazgo general del proceso de la revolución global en el nuevo comunismo, otro gran avance, logrado por Bob Avakian, poniendo esta teoría sobre bases aún más científicas, todo lo contrario de un enfoque religioso o de un culto.

La nueva síntesis del comunismo “es realmente algo que cambia todo el juego, que objetivamente representa y constituye el inicio de un capítulo completamente nuevo en la evolución histórica de la teoría y práctica comunista”. Cada partido y grupo en cada parte del mundo que quiera unirse a la gran marcha de la nueva etapa de revoluciones comunistas debe entrarles a los principales desarrollos de esta ciencia y su método y enfoque, y adoptarla conscientemente, de modo que permee el programa y el camino de la revolución en cada país. Y tiene que lidiar con qué tanto los revolucionarios estamos comprendiendo y aplicando la nueva síntesis del comunismo, para construir el necesario movimiento para la revolución dirigido por el partido verdaderamente comunista y revolucionario. Ni los cambios en la situación objetiva ni el desarrollo de la teoría científica (que, como en toda ciencia, puede adelantarse a la práctica) son homogéneos, y no son comprendidos de una vez por todas. Hay una brecha entre el nuevo comunismo y quienes reconocen su importancia y bregan por aprehenderlo y desarrollarlo, brecha que urge cerrarse al máximo.

No solo aquí sino en todo el mundo, el único futuro esperanzador es por el camino de la revolución comunista para tumbar al mortífero sistema capitalista-imperialista, establecer el socialismo y avanzar finalmente hacia el comunismo, la sociedad sin clases, en todo el mundo, y no por el camino de tratar de hacer que el presente sistema podrido funcione mejor. Petro, Robledo y otros liberales socialdemócratas, como Chávez, Maduro, Lula, Correa, Evo, AMLO… representan un intento de restaurar la fe en un sistema caduco, así apoyen o promuevan estallidos de protesta justos o algunos hablen de “socialismo”.

El movimiento de resistencia es algo bueno, pero no es suficiente. No hay que ver simplemente la necesidad de una resistencia resuelta y osada sino de ponerla en la perspectiva una revolución real, completa, de un mundo sin explotación ni opresión, un mundo comunista. Pero los términos “socialismo” y “comunismo” asustan por las tergiversaciones y calumnias, y por los farsantes que se dicen representantes de estos… y los han deslegitimado a los ojos de la mayoría con la promoción del individualismo, del “yo, yo, yo”, “mi” país, o “mi” región y del empresarismo, y con oenegeización de los movimientos y el embellecimiento artificial de la democracia a la vez que legitiman los callejones sin salida de la socialdemocracia que ven el origen de los problemas en la esfera de la distribución.

Es esencial esforzarnos al máximo por avanzar contra los límites de la situación actual a fin de acelerar la construcción de la vanguardia que necesitamos para hacer la revolución y de estar en la mejor posición posible para enfrentar con éxito los grandes peligros y oportunidades para la revolución en los grandes choques, dislocaciones, trastornos y rebeliones del futuro que ya se perfilan de una u otra forma en todo el sistema capitalista-imperialista mundial. Las masas populares en este país y en todas partes luchan contra la explotación y la opresión. Rebelarse y luchar contra cualquier tipo de opresión es algo bueno. Pero la mayor necesidad es de una revolución completa, una revolución que no reemplaza una forma de opresión y explotación por otra. Tampoco se trata de “voltear la tortilla”.

¡El proletariado debe emancipar a toda la humanidad! Una revolución real es mucho más que una protesta o una huelga política general. Una revolución real requiere que participen millones de personas, de forma organizada, en una lucha decidida para desmantelar este aparato estatal y este sistema, y para reemplazarlo con un aparato estatal y sistema completamente diferentes, una forma completamente distinta de organizar la sociedad, con objetivos y formas de vida completamente distintos para el pueblo. La lucha contra el poder hoy tiene que contribuir a construir, desarrollar y organizar la lucha para ganárnoslo todo, para una revolución real.

Nuestra confianza estratégica en el triunfo tiene bases científicas, no se basa en una supuesta inevitabilidad de la revolución. Porque este régimen y el gobierno de la clase dominante y los imperialistas tienen un punto débil que nunca pueden resolver, son explotadores y opresores. Incluso cuando las masas los buscan o las clases medias hacen un compromiso político e ideológico con los gobernantes y, en la práctica, colabora con ellos, este carácter no cambia.... Representamos una sociedad en la que desaparece la contradicción fundamental de la era capitalista, que genera todos los sufrimientos de la humanidad de hoy... Incluso las fuerzas políticas que no son comunistas pueden unirse al programa de la revolución comunista para el establecimiento de una nueva república socialista. Porque esta revolución y el establecimiento del socialismo también benefician a las clases medias. Como señala Bob Avakian (Lo BAsico 3:1): “Necesitamos una revolución. Cualquier otra cosa, en última instancia, es una tontería… Esto no quiere decir que no nos unamos a otra gente en toda una variedad de luchas que no tengan por objeto una revolución... Pero es una ridiculez, francamente, presentar cualquier otra solución a estos monumentales y monstruosos problemas e infamias.”

¡Por el derrocamiento de las clases dominantes en Colombia y del sistema capitalista imperialista, hacia el establecimiento de la nueva república socialista en Colombia al servicio del comunismo mundial!
¡Fuera las manos imperialistas y de sus lacayos de Venezuela!
¡La humanidad necesita la revolución y la nueva síntesis del comunismo!
¡Romper las cadenas, desencadenar la furia de la mujer como fuerza poderosa para la revolución!
¡El capitalismo está destruyendo el planeta, necesitamos la revolución, y nada menos!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia — 1º de Mayo de 2019