Las ilusiones en un Papa de los pobres, preocupado por el ambiente y la reconciliación

3 de septiembre de 2017

El Papa Francisco estará en Colombia del 6 al 10 de septiembre. Se reunirá con la cúpula del poder político y con el Consejo Episcopal Latinoamericano, dará misas masivas, incluso ante grandes grupos de “víctimas del conflicto” y, por supuesto, se reunirá con “comunidades pobres”. Viene “en misión meramente pastoral”, pero…
El Papa Bergoglio llega a Colombia tras la casi culminación del acuerdo de paz del Estado con la otrora guerrilla de las FARC, que tras entregar las armas a la ONU acaba de constituir un partido político electoral. No es coincidencia. El que el acuerdo de paz esté “casi” culminado se debe a que las fuerzas más fascistoides de las clases dominantes ven la posibilidad de reversar (y ya han reversado parcialmente) partes del acuerdo que afectan algo el sempiterno enseñoramiento de los grandes propietarios del campo. El sector que se opone al acuerdo de paz pretende incluso echarlo atrás si uno de los suyos alcanza la presidencia a mediados del próximo año.

La derecha más recalcitrante se encuentra alebrestada desde que ganara el “no” al acuerdo de paz en el referendo de hace casi un año. Y en eso tuvo mucho que ver la iglesia, católicos y evangélicos por igual (en el país, el 72% dice pertenecer a la iglesia católica el 15% iglesias cristianas —¡hay registradas más de 6.000 iglesias!). De ahí que momios como Uribe y Ordoñez recurran cada vez más a lo que llaman “la Colombia creyente”, que los aupó de nuevo al primer plano electoral. No son los únicos que confían a ojo cerrado en la iglesia. Sectores de la “izquierda” tienen y promueven ilusiones en que el dizque Papa de las tres T (tierra, trabajo y techo) llega “con vocación y decisión de cambio” y anhelan que Bergoglio logre “persuadir al poder económico, político y religioso, dominante por siglos en Colombia, para que se abra en pro de justicia y paz estructurales”.

Al Papa Bergoglio, desde que fuera elegido en 2013, lo han presentado como el “nuevo rostro” para una iglesia en crisis, pero es el rostro nuevo de las mismas caducas posiciones de la iglesia: exige que las mujeres sirvan de incubadoras a la fuerza, no sólo se opone al aborto sino a todos los métodos del control natal; y tacha de aberración al matrimonio entre las personas del mismo género. Aunque Francisco se declara protector de “toda la humanidad”, y en especial de “los más pobres, los más débiles”, es y ha sido un apologista y colaborador de los opresores más brutales de la inmensa mayoría de la humanidad, “especialmente los más pobres, los más débiles”. La legitimación a los genocidas chafarotes argentinos en la dictadura (1976-1983) no tiene “perdón de dios”, como tampoco el que “le haga guiños al Opus Dei y a los lefevristas”.

Sí, el Papa Francisco está sirviendo para revitalizar la Iglesia, pero también cumple otro tipo de papel. Promueve la enseñanza tradicional católica de que si la gente es obediente y humilde, si acepta “su sitio” en la sociedad y perdona a los culpables de su propio sufrimiento, sus vidas tendrán sentido y vivirán para siempre después de la muerte. Y promueve además la idea de que si la gente lucha por mejorar modestamente sus vidas, la Iglesia las defenderá y tomará partido con ellas. Pero también promueve el que a las personas a las que la Iglesia ha satanizado (como las mujeres que se hacen un aborto o practican el control de natalidad, la gente gay y lesbiana, y las que se divorcian y se vuelven a casar) se les perdonará y se les tendrá compasión... si se arrepientan de sus supuestos pecados.

Sí, Francisco habla supuestamente en nombre de los pobres y del medio ambiente, pero el mensaje principal que transmite lo que busca es apaciguar a la gente para que acepte el mundo tal como está. Pero hay MUCHA gente que se autoengaña al respecto, y creen que en verdad es un Papa diferente. Las actitudes algo más incluyentes del Papa son confundidas con el progreso y no vistas como lo que realmente son: la necesidad de ser una mejor herramienta de reclutamiento y retención. La gente tiene que ser realista acerca de lo que el Papa representa y lo que no representa, a quién y a qué sirve, y a quién y qué no, y hay la necesidad de ayudar a la gente a darse cuenta de esto.

El respeto a las creencias religiosas y el acoger a los creyentes a las filas de la revolución tiene que ser siempre una clara política de los revolucionarios. Pero sería un irrespeto tanto con quienes tienen creencias religiosas como con quienes no las tienen, dejar pasar como ciertas cosas que no son, o promocionar la ignorancia y las supersticiones, las falsas esperanzas y la intolerancia basada en una justificación divina, que es la función normal de la religión.

Con esta visita papal, tenemos que “poner el grito en el cielo”: ¡Qué diablos, el matrimonio de homosexuales no es aberración! ¡Qué diablos, las mujeres no son incubadoras! ¡Qué diablos, éste no es el mejor de los mundos posibles! ¡Qué diablos, el sufrimiento del pueblo no es la voluntad de dios! ¡Lo que necesita el pueblo es una revolución, y nada menos!