Se necesita, y es posible, una verdadera REVOLUCIÓN

1° de mayo de 2017

Es mucho lo que hay en juego este Primero de Mayo. Ante el pueblo y para el planeta mismo se plantean grandes dificultades y peligros pero también posibilidades de grandes transformaciones favorables que dependen de si se abordan o no los problemas con el enfoque y método de la ciencia de la revolución. Los avances en la lucha al respecto serían el mejor homenaje en el centenario de la Revolución de Octubre en Rusia.
No es una afirmación retórica lo de los peligros y dificultades de la situación: un régimen fascista busca consolidarse en el país más poderoso del planeta... se cierne una seria amenaza de guerra nuclear... hay riesgos de que el calentamiento global ya no tenga posibilidad de control con la entronización de los negadores del cambio climático... la miseria y los peligros generados por el imperialismo en los países del llamado tercer mundo hace que más de un millón de personas arriesguen la vida cada año en desplazamientos forzados hacia Europa… la opresión patriarcal en multitud de formas no sólo aumenta sino que es normalizada...
Lo de la necesidad y la posibilidad de la revolución tampoco es una afirmación retórica. Sí, a pesar de saludables brotes de resistencia, se ha venido consolidando la tendencia a la contra-revolución en todo el mundo y el mismo movimiento revolucionario se encuentra en una encrucijada, entre el camino revolucionario y los callejones sin salida del reformismo demócratico-burgués y del dogmatismo zombi que al no dejar “que los muertos entierren a sus muertos” se van convirtiendo en un residuo del pasado que contribuye a dificultar el que se revierta la tendencia actual.
Pero, basándose en la valoración científica de los grandes logros y también de las limitaciones de las experiencias (y de la teoría) de la primera etapa de la revolución proletaria, así como del conocimiento logrado más ampliamente por la humanidad desde entonces, se ha logrado tener hoy un nuevo marco para la revolución: la nueva síntesis del comunismo desarrollada por Bob Avakian que ha puesto sobre una base más científica el comunismo revolucionario desarrollado por Marx, Lenin y Mao. Para hacer la revolución se necesita ciencia.
Las personas no entienden espontáneamente la verdadera naturaleza de las cosas, no buscan la esencia que hay debajo de la apariencia de las cosas. Es vital que exista un enfoque y método científico (es decir, basado en la evidencia, no en fórmulas, recetas o deseos, ni en inferencias basadas en prejuicios) y que exista un conjunto creciente de gente organizada que de verdad aplique esa ciencia a conocer y transformar la realidad, natural y social, hacia una revolución concreta, con la mira en la emancipación de toda la humanidad. Para hacer la revolución se necesita un núcleo organizado que la dirija.
Como recalca Ardea Skybreak: “Cuando privan a la gente de un enfoque científico de la realidad en su conjunto, le quitan una apreciación completa de la belleza y riqueza del mundo natural, así como de los medios para conocer la dinámica del cambio no solamente de la naturaleza, sino también de la sociedad humana”. No tener un enfoque y método científico importa, ¡y mucho!
Un botón de muestra: Es casi que generalizado que los comunistas revolucionarios enfrenten críticas, sin fundamento, al enfoque internacionalista: “preocupémonos primero por lo que pasa aquí” (“mi país”, “mi región”), “¿qué tienen que ver los problemas de otros países con lo que pasa aquí?… y así hasta la nausea, sin que quienes critican (incluso desde el campo “revolucionario”) tengan más, más completos o mejores análisis y/o síntesis acerca de “lo que pasa aquí”. Este modo de pensar está ligado con ver el mundo (el actual sistema capitalista-imperialista) como simple sumatoria de países.
Aunque el chovinismo, el localismo, el provincianismo y similares dan razón de tales actitudes recurrentes, también hay mucho de rechazo a la solución revolucionaria ya que en otros casos las quejas son a por qué supuestamente solo preocupan los problemas de la mujer, o los de los jóvenes, o los de las universidades, o los de las barriadas, o las ciudades, o el campo, etc., dependiendo de la lucha concreta en que se esté… y, ¡simultáneamente!, con quejas de por qué enmarcarlas dentro de algo tan amplio como el sistema económico y social actual.
El internacionalismo no es solo una buena idea, tiene una base muy material. Realmente existe un sistema imperialista mundial que es el enemigo común del pueblo, ya sea que resida en las ciudadelas imperialistas, donde se centra y tiene sus cimientos el monstruo imperialista, o que resida en las grandes zonas llamadas “tercer mundo”, los países dependientes y coloniales.
Los cambios en las últimas décadas, principalmente producto de una nueva y mayor globalización, evidencian más esto. “El proletariado solo puede avanzar la lucha si la enfoca, y busca avanzarla, primero que todo a nivel mundial. Esto no significa, por supuesto, que se intente hacer la revolución sin tener en cuenta las condiciones en diferentes partes del mundo ni las condiciones en países determinados, pero significa que hasta en la manera de enfocarlo se procede del punto de vista de que la arena mundial es lo más decisivo y los intereses globales del proletariado mundial son lo supremo”. El internacionalismo tiene una base muy material que ha sentado el sistema del imperialismo.
El internacionalismo proletario realmente se fundamenta en una realidad material concreta. “La arena mundial en realidad es decisiva en términos de determinar las condiciones básicas para las luchas revolucionarias en países específicos así como a nivel mundial. Por otro lado, esto no liquida, elimina ni disminuye la importancia de las luchas revolucionarias en países específicos pero en ciertos sentidos importantes les da otro enfoque y sí, le da cierto énfasis a la necesidad de concentrar esfuerzos en aquellos lugares donde los factores objetivos y subjetivos se combinen para que haya más posibilidades de hacer grandes avances”.
También es muy importante enfatizar que poner en primer plano la situación internacional y la arena internacional no significa que en un país específico no se puede hacer nada —y específicamente que no se puede hacer avanzar una lucha revolucionaria o posiblemente ni siquiera llevar a cabo la toma revolucionaria del poder— si en cualquier momento dado la “correlación de fuerzas” internacional no es favorable.
Un ejemplo de dónde se deciden las cosas “de aquí”, y ejemplo también de la dependencia y la subyugación, es el patético “encuentro casual” en Mar-a-Lago (Florida, EU) de los ex-presidentes Pastrana y Uribe con Donald Trump para pedirle que ponga en cintura a su otro peón, Santos, que desarrolla una agenda simplemente de derecha, no fascista.
Como bien señala el Partido Comunista Revolucionario, EU: El fascismo es una forma aún más grotesca y abiertamente sanguinaria del mismo sistema, que representa horrores para la humanidad y el planeta, más allá de lo que el actual sistema ya inflige a toda hora. Esta relación de ser cualitativamente diferentes, a la vez que comparten una esencia común, constituye “una unidad de opuestos”. Lo que se ha dado en Estados Unidos no es el simple traspaso del poder de un burgués a otro. Como forma de gobernar, el fascismo resuelve la contradicción entre la esencia y la apariencia de la democracia burguesa al ejercer de forma abierta la dictadura de clase burguesa. Es un cambio cualitativo.
Trump busca construir a las patadas un nuevo orden mundial. En el mismo mundo del que hace parte Colombia (y Perú, Siria, etc.). No es solo un problema del pueblo en Estados Unidos el que haya llegado a tomar las riendas del poder un sector de las clases dominantes que busca consolidar un régimen fascista en el país más poderoso del mundo. Eso tiene implicaciones planetarias, graves e inmediatas (y a largo plazo).
La amenaza de guerra nuclear con Corea del Norte que cobra ribetes serios tratándose de que quien amenaza es Estados Unidos, el único país que ya ha utilizado armas nucleares (contra Japón en 1945), y que ya mató más de tres millones de coreanos en 1950-1953… Y hace apenas semanas en Afganistán utilizó por primera vez la bomba más poderosa de su arsenal no nuclear.
Pero no son pocos quienes son conscientes, a diverso nivel, de la gravedad de la situación, incluyendo los renovados y aumentados ataques contra la mujer, contra la ciencia y la verdad, contra los científicos que investigan el cambio climático, contra el pensamiento crítico, etc. La resistencia en Estados Unidos, con repercusión a nivel mundial, inició al día siguiente de la toma de posesión de Trump con la Marcha de Mujeres (21 de enero), siguiendo con la Marcha por la Ciencia (22 de abril) y la Marcha Popular por el Clima (29 de abril), con cientos de miles de manifestantes en las marchas principales. Aunque no hay que sobrestimar esta importante respuesta, mucho menos se puede subestimar.
Un importante aspecto favorable en la situación de Estados Unidos es que existen allí comunistas revolucionarios, organizados en un partido de vanguardia y con un liderato revolucionario. (Es siempre enriquecedor consultar el periódico del PCR: revcom.us, en español e inglés). Para los comunistas revolucionarios allí, “el enfoque [...] al enfrentarse al fascismo no es volver a lo que ‘había’ durante Obama-Clinton sino avanzar hacia el reemplazo del maldito sistema entero y la creación de una sociedad radicalmente diferente y mucho mejor”. En contraste, el enfoque del “frente unido contra el fascismo”, en las décadas de 1930 y 1940 (y que aún campea entre quienes critican sin razón al PCR) erróneamente separaba el fascismo del sistema capitalista-imperialista.
En Colombia, la tendencia a la fascistización tomó forma en los dos gobiernos de Uribe (2002-2010) y ha vuelto a tener auge integrándose más con los movimientos fundamentalistas religiosos. Cogieron mayor vuelo los sectores fascistoides con el triunfo del NO en el plebiscito de octubre que pretendía aprobar los acuerdos de paz de La Habana, envalentonados por la fuerza tomada por los uribistas y fundamentalistas religiosos en las marchas contra la dizque “ideología de género” y contra la corrupción (de la que son protagonistas sus líderes), tal vez añorando emular la “marcha sobre Roma” que entronizó a Mussolini.
En general, el proceso de derechización busca defender y va de la mano con la apretada de clavijas también en las condiciones materiales de vida de la inmensa mayoría de la población. Miles de millones de personas (sobre)viven en condiciones precarias, con ingresos groseramente bajos, y casi mil millones millones padecen física hambre (principalmente en África), mientras el gasto diario para lubricar la maquinaria militar alcanzaría para satisfacer durante nueve días las necesidades de alimentación, salud y educación de los niños pobres de todo el planeta.
Con una organización de la producción que toma incluso el medio ambiente en función de la ganancia, los ecosistemas están al borde de colapsar. La creatividad de las masas trabajadoras es constantemente apagada y marginada. Las mujeres son convertidas en esclavas sexuales, en bienes traficados, y son menospreciadas, y la violencia contra ellas se ha incluso institucionalizado en muchas partes. El ataque a la verdad y a la ciencia, el auge de la “posverdad”, y cosas por el estilo refuerzan la ofensiva ideológica contra la revolución y el comunismo, la única verdadera salida de esta locura.
A cuatro décadas del fin de la primera etapa de la revolución, las calumnias, tergiversaciones y burdas mentiras sobre el socialismo y el comunismo no hacen más que arreciar. Y el centenario de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, pone como exigencia arreciar también la lucha por poner las cosas en claro al respecto.
La revolución comunista tiene por objeto la eliminación del sistema capitalista-imperialista y su reemplazo por un sistema económico y político radicalmente diferente, el socialismo. La sociedad socialista es una transición, como parte de un proceso mundial prolongado, para llegar al comunismo, un mundo sin explotación, opresión y divisiones sociales antagónicas. Esta revolución es la única solución real a los horrores como las guerras por el imperio, la opresión de la mujer, de las nacionalidades oprimidas, de los inmigrantes, y la destrucción del medio ambiente... ninguno de los cuales es posible resolver bajo el actual sistema .
El comunismo es el logro de las “4 todas” como lo resumiera de manera concentrada Marx, quien dijo específicamente que el socialismo es la transición hacia la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en las que éstas descansan, de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a esas relaciones sociales. ¡Nada que ver con “socialismo del siglo xxi”, “socialdemocracia”, “antineoliberalismo”, ni demás baratijas reformistas!

El contraste es nítido con respecto a lo que presagia el auge de la derechización en el mundo… Y los retos son grandes. Hay una “ventana de oportunidad” para que los revolucionarios en las entrañas de la bestia imperialista logren avanzar en sus esfuerzos de dirigir a miles y luego a millones, en un movimiento para la revolución, con el fin de parar al régimen de Trump/Pence, antes de que se consolide. Es criminal llamar a “esperar a ver”. El pueblo de Estados Unidos y de todas partes requiere del apoyo en todo el mundo para hacer reales las posibilidades de triunfar. No existe ninguna garantía de triunfo. Pero lo que si está garantizado es que sin lucha las perspectivas no pueden ser peores.

Un mundo mejor es posible, un mundo comunista!
¡Se necesita la revolución, y nada menos!

 

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia — 1° de Mayo de 2017