Seguir desencadenando la furia y la impaciencia para poner fin a todas las actitudes, estructuras familiares, nociones de "hombría" y de género, y tradiciones religiosas que refuerzan el patriarcado y la opresión de las mujeres

8 de diciembre de 2016

El 4 de diciembre de 2016, Rafael Uribe Noguera, perteneciente a una familia de la élite bogotana, secuestró, torturó, violó y asesinó a Yuliana Andrea Samboní, una niña de 7 años miembro de una humilde familia indígena desplazada recientemente de una zona rural del departamento del Cauca. Cuando la historia salió a la luz, al siguiente día, la gente por toda la sociedad se escandalizó y se indignó.

Que quede claro, lo que le pasó a Yuliana en Bogotá fue sumamente horroroso: un horripilante asalto sexual, tortura, degradación total y deshumanización hasta el asesinato. La despojaron completamente de su humanidad, al ser tratada peor que si fuese un simple juguete o un objeto, tanto por Rafael Uribe Noguera como por sus hermanos cómplices. El incidente en su conjunto es un horror total y sumamente asqueroso y, peor aún, es algo que ocurre con demasiada frecuencia. Se trata de un claro ejemplo de la degradación y deshumanización desenfrenadas, sistemáticas y sistémicas, directas e indirectas, de todas las niñas y mujeres, en Colombia y por todo el mundo. Y esto tiene que TERMINAR.

Lo que le pasó a Yuliana (y lo que sucede de costumbre en esta cultura), repetimos, es sumamente horroroso y NO SE PUEDE TOLERAR NI DISCULPAR. Constituye, y debe constituir, una fuente de furia, y de ningún modo debemos dejar que se intente apagar esa furia. Todo lo contrario. Pero lo clave es: ¿hacia dónde y hacia qué debería ser dirigida en lo fundamental? A este respecto, lo que no quieren tocar, ni con una vara de cinco metros, es algo que siquiera se aproxime a un análisis correcto y concreto de ¿POR QUÉ ocurren estas cosas, qué y quiénes CONDICIONARON Y ENTRENARON a este tipo (y en buena medida a sus amigos y familiares) para que PIENSEN en las niñas y las mujeres de tales formas, para que ACTÚEN de modo que denigren y deshumanicen con indiferencia a las niñas y las mujeres de tales formas, de manera muy sistemática, muy constante, muy normalizada y desde una edad muy temprana? En lo más profundo, ¿qué o quiénes tienen la culpa de todo esto? Sí, tuvo algo que ver la cultura que convierte en un mito el éxito económico, al igual que la cultura del alcohol y la droga, al igual que la cultura de difamar y degradar de manera cruel y temeraria mediante las redes sociales… Pero este tipo no inventó estas cosas en sus desenfrenadas rumbas con prostitutas y demás… El asunto general de la sistemática denigración y deshumanización de las niñas y mujeres en este caso es algo que va MUCHO MÁS ALLÁ. ESO es algo que claramente ninguno de los expertos y comentaristas están dispuestos a explorar y tratar: el hecho de que existe un condicionamiento social generalizado de los muchachos y hombres que se emprende de forma sistemática desde sus primeros años de edad, y que activamente se tolera y alienta de muchísimas maneras, lo que incluye fomentar la industria multimillonaria del porno con aceptación (y participación) oficial así como el comercio mundial del sexo que enseñan desde una temprana edad que es normal, acostumbrado y perfectamente aceptable comprar y vender niñas y mujeres como propiedad, manipular y torturar sus cuerpos por motivos de excitación sexual.

¿Y las cosas que este tipo le hizo a Yuliana? Emulaba las cosas que se pueden ver a diario en el porno establecido y tolerado en la cultura, el que por costumbre presenta a las niñas y las mujeres como objetos de la violación, sobre las cuales orinan y defecan, a las que cubren de semen, les penetran con objetos y toda clase de horrenda degradación… todo eso objetivamente lo toleran por costumbre, normal y hasta oficialmente las personas que tienen el poder estatal bajo el actual sistema y quienes hacen menos que nada para detenerlo. Todo eso es, en el sentido literal, UNA PARTE INTEGRAL de la cultura y la forma general de organización del actual SISTEMA SOCIAL capitalista-imperialista que en Colombia se entrelaza con elementos semifeudales. Los tipos que rigen este sistema dedican más esfuerzos a diario para reforzar los reglamentos de tránsito que a la prevención de esta forma de explotación y degradación de las niñas y las mujeres, o los dedican más al entrenamiento sistemático de la juventud en la perpetuación de esta denigración y deshumanización (de los varones para que lo practiquen; de las muchachas, con demasiada frecuencia, para que lo acepten). Y dedican más esfuerzos a apagar o canalizar la indignación y rebelión contra ella.

Además: ¿POR QUÉ promueve y tolera este sistema tal asquerosa cultura? No lo hace únicamente porque es buen negocio (aunque también lo hacen por eso) sino porque el trato a la mujer como algo menos que un ser humano pleno es una parte de la propia estructura y “tejido” de esta sociedad y se ha institucionalizado como una parte integral de este SISTEMA explotador y opresor desde sus meros inicios. ESO (y la necesidad de ELIMINARLO mediante una verdadera revolución) es algo de lo que las clases dominantes en realidad no quieren que la gente hable y que ni siquiera considere. Para ellos, más les conviene apresar a unos cuantos, derramar unas cuantas lágrimas y lamentarse de la droga, del trago y de la crianza permisiva de los padres… todo menos analizar las causas más profundas… y discutir las soluciones más profundas.

Pero es necesario que cada vez más gente tenga más seriedad que eso… acerca de parar EN REALIDAD todas estas porquerías… en lo concreto… y desde la RAÍZ. De este modo, podemos acabar con este sinfín de denigración y deshumanización de las niñas y las mujeres en vida (y de fondo, también de los muchachos y los hombres, quienes desde su niñez reciben un entrenamiento sistemático para que piensen de estas maneras y practiquen todo eso, condenados a pervertir una buena parte de su propia humanidad en ese proceso). ¡Existen muchas cosas en contra de las cuales enfurecerse, denunciar y luchar!

El crimen de Uribe Noguera, y él mismo, no constituye un caso aislado. Al contrario, se trata de una concentración de toda la pútrida cultura de violación que existe en la sociedad colombiana. En Colombia, al igual que en todos los estados “modernos” (incluyendo los países “más avanzados”), la violación es solamente “ilegal, pero no tanto, ¿me entiendes?”. En otras palabras, la violación formalmente va contra la ley, pero para todo propósito y efecto, en especial para los poderosos y sus agentes armados, la violación es una actividad protegida.

Miles y miles de reportes de violación pasan años sin análisis en manos de las autoridades en todo el país (¡de 36 niñas violadas cada día en 2015 se ha pasado a más de 42 cada día en 2016!, ¡casi dos cada hora!). Menos del cuatro por ciento de las violaciones denunciadas ante la policía resultan en condenas y penas de cárcel.

¿Por qué? Debido a que la violación cumple una función importante en este sistema. Aterroriza a todas las mujeres, las mantiene temerosas y constantemente les recuerda “su lugar”. Es un medio violento de hacer cumplir los muchos perversos privilegios y beneficios que se prometen para los hombres, para hacerles sentir que tienen, al menos, un interés qué defender en alguna parte del actual sistema. Eso es objetivamente cierto, aunque a algunos hombres mismos les desagrade y hasta repugne esta forma particular de opresión.

Este violento terror y degradación de la mujer es una piedra angular y un aglutinante importante de todas las sociedades actuales. Y hoy día se intensifica rápidamente y de manera agresiva. Lo impulsan (como intermediarios del sistema) los hombres que se enfurecen debido a que las mujeres han entrado en las universidades, en las salas de juntas corporativas y en los deportes, ámbitos que solían ser bastiones de dominación indiscutiblemente masculina. También lo impulsa la ira latente de otros hombres (que encarnan toda una cultura), que cada vez más enfrentan mayor inseguridad económica y la desintegración de la familia tradicional dominada por los hombres; hombres sedientos de reafirmar su control y descargar su furia contra las mujeres.

Basta ya de bromear, disculpar o restarle importancia a la violación. No más de avergonzar y culpar a las víctimas de violación. No más preguntar, “¿Qué ropa llevaba?” o sugerir que “Ella se lo buscó”. No más excitarse con la pornografía que sexualiza la degradación y tortura de las mujeres. No más tratar a las mujeres como sacos de boxeo, como objetos sexuales o como meras criadoras de niños.

Tienen razón los comunistas revolucionarios de otras partes al plantear que: “Nosotros luchamos por un mundo en el que TODAS las cadenas resulten rotas. Las mujeres, los hombres y las personas de género diferente son iguales y camaradas. No toleramos el abuso físico o verbal contra las mujeres ni el tratarlas como objetos sexuales, ni toleramos los insultos o ‘bromas’ sobre el género u orientación sexual de las personas”.
En todas partes es necesario tener ese enfoque. Ya es hora de empezar a vivir de esta manera. Y hay que vincular esto a la creación de una revolución total del tipo que podría arrancar de raíz y abolir la violación de una vez por todas. Hay que derrocar el actual sistema. Hay que reemplazarlo con un poder estatal revolucionario radicalmente nuevo.

Con la revolución, los tribunales y los medios de comunicación ya no volverán a revictimizar a las mujeres por medio de preguntas que les echan la culpa a las víctimas por como vestían o por su historial sexual (o, como en el caso de Yuliana: “¿dónde estaba la mamá?”). Las escuelas enseñarán la igualdad, el respeto mutuo y el consentimiento en las relaciones sexuales. Se reconfigurarán radicalmente los deportes. En el socialismo, la norma, y no una excepción poco común y refrescante surgida de la furia de las masas, será que los medios de comunicación respalden las voces que hablan en contra de la violación. El socialismo alentará a la gente para que se zafe de la familia patriarcal. Y mucho más.

Todo esto reducirá radicalmente la ocurrencia de las violaciones y la forma en que este terror perjudica y confina a las mujeres. Además, la nueva sociedad fomentará en muchos más hombres la aspiración a ser emancipadores de TODA la humanidad, y no tiranuelos sobre las mujeres.

Pero esto es solo el principio. Bob Avakian ha desarrollado cualitativamente el análisis de que a menos y hasta que se hayan eliminado completamente todos los vestigios de la dominación masculina y del patriarcado, esta opresión seguirá siendo la base para arrastrar a toda la sociedad de regreso a las feas divisiones de hoy entre amos y esclavos. Por lo tanto, la orientación de los revolucionarios será la de seguir desencadenando la furia y la impaciencia de las mujeres y otras personas para poner fin a todas las actitudes, estructuras familiares, nociones de “hombría” y de género, y tradiciones religiosas que refuerzan el patriarcado y la opresión de las mujeres. Y de hacerlo aún, y en algunos sentidos sobre todo, cuando cause trastornos en la sociedad y sus instituciones. Esta lucha es crucial para que la sociedad avance.

[Adaptado de dos artículos de revcom.us acerca de un caso en Steubenville, Ohio (Estados Unidos), en 2013 y de otro caso en la universidad de Stanford en 2015. Principalmente se cambiaron los detalles de los incidentes, ¡pero cada elemento del análisis original es pertinente! Aquí y allá el diagnóstico es el mismo. ¡Aquí y allá la solución es la misma!]

Grupo Comunista Revolucionario, 8 de diciembre de 2016