Con los acuerdos de paz se harán los cambios que necesita el país. para que todo siga igual

1° de mayo de 2016

Están a punto de concretarse los Acuerdos de Paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC que iniciaron conversaciones públicamente a finales de 2012. Y, a pesar de los tira-y-afloje de los últimos días, las conversaciones de paz con el ELN, iniciadas públicamente hace unas semanas, no tardarán mucho en llegar al mismo destino.

Llegados al punto actual de los acuerdos, han comenzado a amainar las contradicciones en el seno de las clases dominantes (y sus representantes políticos y literarios) alrededor de si se debería dar o no una salida negociada “al conflicto” (lo que a veces parecía más parte del conocido truco de “policía bueno/policía malo”). Pero, por otra parte, siguen creciendo las inquietudes en el seno de las masas populares no sólo acerca de las negociaciones de paz sino acerca de la lucha de medio siglo de las FARC y el ELN. Como parte de aclarar importantes, y muy difundidas, confusiones es necesario hacer algunas puntualizaciones:

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• El sufrimiento de la humanidad es el resultado del sistema capitalista-imperialista donde miles de millones de personas están integradas en redes de producción (verdaderas redes de explotación), altamente coordinadas a nivel mundial, y toda la riqueza es acumulada por un puñado de personas en un puñado de países, sin que las necesidades de la humanidad se satisfagan de una manera planificada y sin considerar el impacto ambiental. Lo rige una compulsión de cada capital a concentrar mayores riquezas, a expandirse o morir, a competir con otros capitales no solo como enfrentamiento entre corporaciones y grandes empresas sino más como rivalidad entre países imperialistas que llegan incluso hasta la guerra.

• El imperialismo no es simplemente un conjunto de políticas. No simplemente extrae riquezas mediante el comercio desigual o el abierto saqueo de países del tercer mundo, aunque de hecho también lo hace. Significa un sistema en el que los monopolios y las instituciones financieras controlan las economías y estructuras políticas en sus países de origen, como Estados Unidos, y en todo el mundo. Las economías —y la vida del pueblo— de los países oprimidos por el imperialismo, verdaderas semi(o neo)colonias, como Colombia, están subordinados a la acumulación de capital basada en los países imperialistas.

• El imperialismo no es simplemente “externo” a los países semi(o neo)coloniales, ni son solo las multinacionales. Incluso donde las relaciones capitalistas han sido ampliamente introducidas en los países oprimidos, estos no están en el camino hacia al desarrollo capitalista independiente y sus economías son desarticuladas y distorsionadas cada vez más a la vez que sectores de ésta están articulados al sistema imperialista mundial. Así, el desarrollo del capitalismo en los países oprimidos significa desarrollo del capital imperialista.

• Los sistemas nacionales de agricultura han sido transformados en componentes globalizados de producción trasnacional y cadenas de comercialización; y, cada vez más, en muchas economías del tercer mundo la agricultura viene perdiendo su papel “fundamental” y el imperialismo ha encabezado la conversión de tierras que anteriormente servían a la producción de alimentos en tierras que sirven a la producción de etanol y otros combustibles a base de cultivos, todo lo que ha exacerbado aún más estas tendencias.

• Entre las distorsiones que produce, este tipo de desarrollo capitalista expropia a buena parte del campesinado y otras clases tradicionales pero no puede emplearlos obteniendo beneficios. El resultado es una gigantesca población urbana “marginal” subempleada o permanentemente desempleada y una enorme mano de obra desperdiciada en el campo. Colombia, por ejemplo, importa más de diez millones de toneladas de alimentos al año.

• La lógica del sistema, determinada por el afán de ganancias, vuelve normal que en el mundo se produzcan alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de una y media veces la población actual del planeta, pero más de mil millones de personas, de los 7 mil millones que hay, padecen hambre. ¡Ese es el que alegan que es el mejor mundo posible!

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• La violencia militar y policiaca y/o paramilitar es un recurso extendido por las élites de este tipo de países para allanar el terreno para los grandes proyectos agroindustriales así como minero-energéticos y de infraestructura.

• Colombia es el segundo país —sólo superado por Siria— en cantidad de desplazados internos, algo más de seis millones, y millones más han emigrado hacia los países vecinos así como a Norteamérica y Europa.

• Colombia es marcadamente un país de regiones que han girado en torno a 4 grandes ciudades. Las élites urbanas delegan en las élites locales el funcionamiento específico de las zonas rurales y periféricas mediante un sistema de reciprocidad mutuamente beneficioso: pueden gobernar cómo quieran y tener representación en el Congreso a cambio de garantizar el apoyo político y la aceptación sin real desafío de las reglas de juego generales de las élites capitalinas o nacionales. Una combinación de centralismo fuerte en lo esencial y de “descentralización” de la gestión de los territorios. Así, existen verdaderos “cacicazgos” regionales.

• El Estado actual, a pesar de su retórica democrática y sus escarceos electorales, es esencialmente una dictadura de las clases dominantes (grandes empresarios y latifundistas, locales y extranjeros) como lo prueban las decenas de miles de casos de represión política, desaparición forzada, violación y asesinato de gente inocente perpetrados o azuzados por las fuerzas armadas y policíacas, independientemente de cuál partido electoral esté en el Poder.

• El Estado es sumamente corrupto, amangualado con el crimen organizado y servil al imperialismo, principalmente estadounidense. Pero eso no se debe esencialmente al carácter de los individuos en el poder sino a que este Estado como tal sirve y tiene que servir para defender y reproducir las relaciones de explotación y opresión de la gran mayoría por una pequeña minoría. Sirve para defender y reproducir el actual sistema principalmente capitalista (imbricado con elementos semifeudales) y subordinado al imperialismo. Ningún cambio de personas o partidos en el Estado actual va a cambiar su carácter opresivo esencial. Ese es el Estado del que las FARC han buscado hacer parte.

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• La resistencia de los campesinos que hace medio siglo diera origen a las FARC era justa. Es más que justo rebelarse contra cada uno de los oprobios de este sistema. Y es normal que la rebelión pueda adquirir el nivel de lucha armada. Pero eso no basta.

• Las FARC nacieron “resistiendo a la violencia oligárquica que utiliza sistemáticamente el crimen político para liquidar a la oposición democrática y revolucionaria; también como respuesta campesina y popular a la agresión latifundista y terrateniente que inundó de sangre los campos colombianos usurpando tierras de campesinos y colonos”. (Alfonso Cano, citado por Iván Márquez en octubre de 2012 en Oslo). Así que desde sus comienzos las FARC no buscaban ir a la raíz de los problemas.

• Lo que han buscado las FARC se acerca más a un “capitalismo con rostro humano”, una más equitativa distribución de la riqueza social, y al “perfeccionamiento” de la democracia. En palabras de Iván Márquez, lo que buscan es “una paz que implique una profunda desmilitarización del Estado y reformas socioeconómicas radicales que funden la democracia, la justicia y la libertad verdaderas… [M]antenemos en alto las banderas del cambio y la justicia social”; y “denunciar la criminalidad del capital financiero, a sentar al neoliberalismo en el banquillo de los acusado” además de lo que “por años [han] luchado, como pueblo en armas, por una reforma agraria eficaz y transparente” (octubre de 2012). Así que los blancos de las FARC no han sido el capitalismo, el semifeudalismo y el imperialismo sino el “capitalismo salvaje”, el “modelo neoliberal”, la “injerencia del Imperio”, la inequidad, etc.

• Las pretensiones por parte de las FARC respecto a la cuestión de la tierra son incluso menores que las de López Pumarejo en los años treinta, las de Lleras Restrepo en los años sesenta, e incluso que las propuestas por la misión del Banco Mundial de comienzos de los años cincuenta estructurada por Lauchlin Currie.

• Lo que han buscado las FARC es “hacer un socialismo, pero no como los que han fracasado o subsisten con muchas dificultades… [sino en el] que tengan cabida todos los colombianos… también los empresarios, el capital extranjero; [que sea como] los sistemas nórdicos, el noruego o el sueco, en donde las relaciones entre Estado, [empresarios] y obreros son muy buenas… [con] un nivel de vida alto, con prestaciones sociales... Lo que queremos hacer es una sociedad más justa e igualitaria... que [los grandes empresarios] ganen dinero, pero que también aporten al desarrollo social”. (Raúl Reyes, entrevista a Clarín, octubre de 1999). Ese dizque “socialismo” de los países nórdicos tiene nombre: capitalismo-imperialista. Los “aportes al desarrollo social” que hacen los “grandes empresarios” nórdicos provienen de la explotación de niños, mujeres y hombres de países del tercer mundo.

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• El mundo ha cambiado enormemente en el último medio siglo y esos cambios han tenido ciertos efectos en las FARC, aunque no tan determinantes.

• Luego del derrumbe del bloque socialimperialista soviético, en 1989-1991, se abrieron posibilidades impulsadas por el mismo imperialismo yanqui de que las guerrillas prosoviéticas pudieran cumplir su programa político por la vía no armada. Centroamérica fue un caso de “éxito”. Sin embargo las clases dominantes colombianas y el imperialismo abortaron el proceso de paz de entonces. Las FARC continuaron con la lucha armada, pero manteniendo la esperanza de encontrar una salida negociada cuando las condiciones fueran más favorables para integrarse al sistema.

• Colombia pasó de tener una economía basada en la exportación de café a una basada en las divisas del petróleo… y, en no poca medida, del narcotráfico. El país es hoy predominantemente urbano. El capitalismo ha penetrado fuertemente en el campo y en las ciudades.

• Durante estas últimas décadas en Colombia se han fortalecido de manera descomunal las fuerzas armadas y se ha producido un ascenso e integración del paramilitarismo a escala nacional para allanar el camino a una mayor penetración imperialista.

• Esos y demás cambios en el país y el mundo no hacen menos necesaria, ni menos posible, ni menos deseable una verdadera revolución sino que la hacen incluso más urgente.

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• Enfrentarse a las fuerzas represivas del Establecimiento requiere valentía y sacrificios, pero eso no define lo correcto o no de la línea ideológica y política de nadie. No son pocos los que preponderan el sacrificio y la entrega a la causa de quienes ponen en juego la vida en la lucha armada así sea por miras estrechas. Pero los sacrificios, por grandes que sean, o las intenciones, por buenas que sean, no son suficientes para lograr un país y un mundo realmente nuevos. No se puede caer en la falsa disyuntiva de la actual polarización en el país, que pretende hacer creer que el que no esté de acuerdo con la línea de la guerrilla tradicional está de parte del sistema (o le hace eco a los reaccionarios).

• La vía por la que se opte para llegar al poder no es lo que define el carácter de una lucha o de una organización. Debe ser claro que las metas radicales requieren métodos radicales, incluida la violencia revolucionaria, pero lo determinante es ¿para qué y para quiénes?

• Hay que decirlo sin ambages: las FARC (al igual que el ELN) no representan ni han representado la revolución, no han representado la lucha por una transformación radical, la lucha por un verdadero socialismo, como la sociedad de transición que sintetizara muy bien Marx (y que se popularizó en la China de Mao como las “4 todas”): la abolición de todas las distinciones de clase, de todas las relaciones de producción sobre las que descansan dichas distinciones de clase, de todas las relaciones sociales que corresponden a dichas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a dichas relaciones sociales.

• El desarrollo de las negociaciones de paz ha servido y servirá a legitimar (más) al actual sistema y al reformismo y a deslegitimar la opción revolucionaria a ojos del pueblo, lo cual se llevó a un nivel sin precedentes con la ofensiva reaccionaria tras el derrumbe de la Unión Soviética y su falso socialismo. Sin embargo, también se constituye en una importante ocasión para que mucha más gente pueda comparar y contrastar en todos los aspectos la revolución que se necesita con los verdaderos objetivos de las fuerzas que han buscado reformar el sistema por medios radicales (armados) y las que han venido haciéndolo en la legalidad del actual sistema, pero ninguna de las cuales tienen en verdad metas de veras radicales.

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Sí. Se iniciarán muchos cambios. Pero los debidos a los Acuerdos de Paz son cambios en función de que el sistema siga igual. Como seguiría igual en el hipotético caso de que las FARC o el ELN llegaran al poder. Pero se requieren otros cambios, de otro tipo, en dirección de repolarizar la sociedad, desarrollando un polo verdaderamente revolucionario.

¿Cuál es el cambio que necesitamos en verdad? De hecho sí hace falta una revolución... pero una revolución verdadera. Tarde o temprano, todo el que tenga seriedad respecto a parar los ultrajes de capitalismo-imperialismo, tendrá que romper con las instituciones, los representantes y el modo de pensar del sistema y organizarse para hacerlo de verdad. Lo importante es que EXISTE una solución del problema —y hay que abordar y adentrarse en eso. Un mundo mejor ES posible. Y las FARC y el ELN son más bien parte del problema que impide que alcancemos ese mundo mejor, y NO son parte de la solución.

Para quienes anhelan un mundo completamente diferente sin la locura y el horror de lo que este sistema trae a diario, para aquellos que se han atrevido a tener la esperanza de que ese mundo podría ser posible, e incluso para aquellos que, hasta ahora, quisieran ver esto pero han acabado aceptando la idea de que jamás podría suceder... existe un lugar, hay un papel que jugar, y existe la necesidad para que por miles, y con el tiempo millones, contribuyan a la construcción de un movimiento para la revolución, de muchas maneras diferentes —con ideas y con participación práctica, con apoyo y con inquietudes y críticas.

Para no seguir siendo víctimas del engaño y del autoengaño, es necesario que todos ellos —trabajadores del campo y la ciudad, los jóvenes en las barridas, las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes, los ambientalistas— hagan suyo el método y enfoque científico que permite comprender mucho mejor que antes el funcionamiento del actual sistema y cómo librarnos de él y apliquen más sistemáticamente tal método y enfoque a la realidad en general y en particular a la lucha revolucionaria. Nada dará más sentido a la vida que poner la mira en una meta que constituye el más grande reto, pero es enormemente inspiradora y liberadora —además de necesaria y posible— de emancipar a toda la humanidad mediante la revolución y de avanzar hacia un mundo comunista, un mundo libre de explotación y opresión.

¡Se necesita la nueva síntesis del comunismo de Bob Avakian!

¡Se necesita una verdadera revolución! ¡Nada menos!