¡Poner fin a la degradación, deshumanización y subyugación patriarcal de toda mujer en toda parte, y a toda la opresión basada en la orientación sexual o de género!

8 de marzo de 2016

El Día Internacional de la Mujer busca sensibilizar y lograr una perspectiva clara del hecho de que la mitad de la humanidad, la mujer, recibe un trato en todas partes como menos que un ser plenamente humano. Y busca sensibilizar y tener una perspectiva clara del hecho de que no sólo es necesario sino también posible poner fin a ese oprobioso estado de cosas.

La violencia doméstica, la represión estatal, el secuestro de niñas, los matrimonios forzados, la lapidación, los ataques con ácido, los crímenes “de honor”, la pornografía, la prostitución, la violación (incluso dentro del matrimonio), el suicidio, el uso del velo forzado, la mutilación genital, el control del cuerpo femenino, el desplazamiento por la guerra o por razones económicas, etc., son el pan de cada día.

No es invención ni exageración que en el mundo seis de cada diez mujeres padecen violencia física y/o sexual en el transcurso de su vida; que América Latina se considera la segunda región del mundo más peligrosa para las mujeres [Informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)]; que en la actual década, en Colombia se reportan más de 1.600 asesinatos anuales por violencia de género, que cada día al menos 133 mujeres sufren golpizas [Informe de Medicina Legal (2015)].

No es invención ni exageración que de los 825 millones más pobres del mundo, 700 millones son mujeres y que de cada diez personas refugiadas en el mundo 8 son mujeres o niños.

No es invención ni exageración que las redes de prostitución se extienden por todo el planeta y las mujeres son compradas y vendidas tanto en los países imperialistas como en los países oprimidos: desde los países asiáticos donde millones de mujeres desde niñas son vendidas a traficantes, pasando por las grandes ciudades europeas y norteamericanas en donde las mujeres provenientes de diferentes lugares del mundo incluso son exhibidas en vitrinas como mercancía, hasta las islas del Caribe y ciudades como Cartagena, constituidas en paraísos para el “turismo sexual” donde los “clientes” pagan a los proxenetas por niñas vírgenes que provienen de los sectores más pobres y oprimidos de la sociedad.

No es invención ni exageración que las mujeres en el mundo son sometidas a todo de tipo de control y agresión sobre su sexualidad y reproducción: 133 millones de mujeres han sufrido ablación (mutilación genital); millones de niñas son obligadas a casarse o son asesinadas por no obedecer las normas patriarcales, como parte de tradiciones obsoletas que consideran a las mujeres propiedad de los hombres.

No es invención ni exageración que en todo el mundo se presiona a las mujeres a tener hijos en contra de su voluntad, a tener hijos como su forma más importante de realización y como mecanismo de subordinación al hombre. En India, China, Vietnam y otros países las mujeres son consideradas una carga por lo cual muchísimas son abandonadas apenas nacen. En lo fundamental, se impide a la mujer decidir sobre su propio cuerpo, su propia reproducción, su propia vida y sexualidad, imponiéndole el control del Estado, la Iglesia y la familia.

No es invención ni exageración que, por increíble que parezca, en el siglo 21 algunas personas —entre ellas personas en posiciones de poder y autoridad— están decididas a obligar a las mujeres a parir, no importa la situación, los sentimientos ni el mejor criterio de esas mujeres mismas; son crueles fanáticos decididos a privar a la mujer del derecho al aborto.

No es invención ni exageración que más de 70 mil mujeres mueren al año en el mundo por abortos mal practicados debido a que no existe el derecho al aborto o a que se ponen todo tipo de trabas y restricciones donde es legal, buscando eliminar tal derecho.

No es invención ni exageración que lo que pasa, particularmente al interior de la pornografía (cada vez más violenta y más brutal) es excitar a los hombres por medio de la tortura física y la degradación de la mujer, algo que está llegando a ser cada vez más la norma y cada vez más establecido en la pornografía; que una de las formas más populares de la pornografía, mientras ésta se viene generalizando en la cultura, es la pornografía de la violación, en la cual en efecto se presenta la violación de una mujer.

¡Es un hecho! En las guerras contrasubversivas llevadas a cabo por militares y paramilitares, en las guerras de ocupación desatadas por los ejércitos imperialistas, en las guerras de los fundamentalistas islámicos y en todo tipo de guerras reaccionarias las mujeres son tomadas como premio y propiedad, violadas y esclavizadas. Todo esto ha sucedido por siglos en las sociedades opresivas de clases y es reforzado y defendido por los textos “sagrados” de todas las religiones del mundo.

¡Es un horror! Desde las populosas ciudades a las aldeas más remotas, desde la casa a la calle, desde la escuela a la universidad, desde el lugar de trabajo al parque, en el sistema de transporte, de noche o de día, las mujeres viven bajo constante acoso y agresión sexual. La violación es una pandemia y llega a extremos como en el Congo donde una niña tiene más probabilidad de ser violada que de ir a la escuela. ¡En el mundo 120 millones de chicas menores de 20 años han sufrido una violación u otra forma de abuso sexual! Y la cultura patriarcal culpa a las mujeres, justifica y normaliza todo esto.

Todos los medios de difusión de las ideas: los medios de comunicación, el sistema educativo, la familia, la religión, el arte y la cultura en general reflejan, defienden y refuerzan todo el sistema patriarcal de subordinación de la mujer; moldean la forma de pensar y relacionarse entre las personas; consolidan los roles de sumisión de la mujer al hombre. Una cultura degradante que nos bombardea a cada momento para aceptar todo esto como natural.

En la actualidad, las universidades están estancadas en un relativismo paralizante y racionalizaciones innumerables de por qué el porno y la “industria” del sexo “empoderan” a la mujer. Así, en vez de la liberación, rige el “empoderamiento” —al cual lo han reducido, en lo fundamental, a la idea de aumentar el valor de la mujer como una mercancía de una forma u otra—, esto influye demasiado entre las jóvenes en particular, pero también en general.

Los cambios en la economía y las luchas surgidas del movimiento de los 60, y en particular el movimiento de liberación de la mujer, llevaron a cambios significativos en la situación de la mujer en muchas dimensiones, incluida la esfera del trabajo, al mismo tiempo que la mujer sigue siendo el objeto de la discriminación sistemática en el trabajo y más ampliamente. Hoy se da más el fenómeno de la feminización del trabajo inmigrante, “legal” e “ilegal” (mayoritariamente en la prostitución, en el servicio doméstico y en otras tareas mal pagadas y definidas como nuevas clases de servidumbre).

En los 60 y los 70 empezó a tomar vuelo la “política de identidad” —de aspiraciones restringidas y reducidas— según la cual cada “grupo de identidad” debe centrarse en su situación particular y sus propias demandas. Igualmente, la liberalización sexual por la que se luchó en los años 60 y 70 se ha convertido en una mercantilización de todo lo que tiene que ver con la sexualidad. Lejos de ser liberadora, opera reforzando la idea de las mujeres como objetos sexuales —sólo que también deben ser “exitosas” amas de casa y madres de tiempo completo.

En general en el mundo, crece la participación de la mujer en la fuerza de trabajo y en muchas otras esferas de la sociedad, y crece la resistencia de las masas de las mujeres a su esclavización “tradicional” y a los ataques en su contra, lo que está entrando más abiertamente en conflicto con la necesidad de las clases dominantes de reforzar agresivamente esa esclavización “tradicional” y la acompañante “moralidad tradicional”. Esta es una contradicción muy explosiva, una fuerza potencialmente muy poderosa para la revolución más radical de la historia de la humanidad.

Es posible terminar la opresión de la mujer, y todos los horrores que la acompañan, y es posible crear algo radicalmente diferente y emancipador. Esto no quiere decir que sea fácil. Para muchos quizá incluso parezca imposible, pero eso se debe a cómo son las cosas ahora. Lo que hay establece el marco del modo de pensar de la gente, porque la posibilidad del cambio radical no la percibimos debido al grado en que nuestra visión y nuestro sentido de la realidad y de la posibilidad permanecen confinados, condicionados y filtrados por las relaciones de dominación que forman las bases de todo el sistema, y las tradiciones, valores, modos de ser y de pensar que constantemente emanan del sistema y sirven para perpetuar este sistema capitalista-imperialista, bajo el cual vivimos.

Se necesita la revolución para liberar a la mujer no sólo de una de las formas de esclavitud, sino también de la epidemia de la violación y la violencia sexual, las palizas y el abuso, del tráfico de mujeres y niñas como esclavas sexuales por todo el mundo, la degradación y deshumanización de la pornografía, y los muchos otros crímenes de este sistema; el hambre; la guerra contra los inmigrantes; la destrucción del medio ambiente; y la pesadilla terrible y creciente de lo que los imperialistas hacen en todo el mundo, sus ocupaciones, sus guerras y tortura, que alimentan y refuerzan el fundamentalismo islámico y todas las formas reaccionarias y esclavistas contra las mujeres y otros.

Se requiere una revolución y nada menos, una revolución proletaria cuya meta es el establecimiento del comunismo a nivel mundial que (contrario a las requete-machacadas mentiras) es una sociedad donde los individuos puedan desarrollarse plenamente como parte integral de la colectividad sin divisiones opresivas de clase, de género o de nacionalidad. La gente que odia el mundo como es hoy tiene que dar un paso adelante y unirse a otros  (con la comprensión más avanzada, la nueva síntesis de Bob Avakian que ha puesto el comunismo sobre una base aún más científica) para hacer realidad esta nueva sociedad. Tiene que unirse y contribuir a combatir el patriarcal sistema capitalista-imperialista y a la vez que luchamos contra el sistema y toda su ideología de dominación nos transformemos como emancipadores de toda la humanidad.

¡Las mujeres no son putas ni perras, ni incubadoras, ni sacos de boxeo, ni objetos sexuales, ni hembras
reproductoras! ¡Las mujeres son plenos seres humanos! ¡Revolución, nada menos!

Grupo Comunista Revolucionario