ˇSe necesita una verdadera revolución. y nada menos!

1° de mayo de 2015

El mundo es un horror para la inmensa mayoría de la gente, los del fondo de la sociedad, los que con su trabajo hacen que éste funcione. No sólo por las intolerables condiciones materiales de vida, sino también por el auge del individualismo, la ignorancia y las falsas ilusiones promovidas por quienes se benefician de que el mundo siga tal como está, basado en la explotación y la opresión:

Más de 25.000 niños mueren de hambre o por enfermedades prevenibles cada día… Los jóvenes de las masas populares se ven abocados cada vez más al desempleo y la criminalización, y son fácil presa de la degradación de diverso tipo… La educación y la salud son cada vez más una mercancía de cada vez más difícil acceso… La cosificación y la denigración de la mujer (la mitad de la humanidad) avanzan sin cesar, con cada vez más violaciones, violencia machista y ataques con ácido, y la pornografía y la prostitución son vistas como una opción de “trabajo”… La emergencia ambiental crece y se acelera... Las interminables guerras y ocupaciones por el imperialismo, de Irak a Afganistán, y de Mali y Siria sólo han llevado a que las masas sean presa también del igualmente reaccionario fundamentalismo.

Estas no son generalizaciones ni vaguedades, basta una mirada a los acontecimientos de estas semanas: En desastres como el terremoto en Nepal, cuyas causas del desastre son naturales, las consecuencias son debidas a factores sociales/humanos (producto de la dominación capitalista-imperialista y el semifeudalismo) y Estados Unidos, China e India (principalmente) utilizan la “ayuda humanitaria” para mantener esa dominación… La muerte en el Mediterráneo de miles de inmigrantes se debe a las condiciones socioeconómicas y a las guerras desatadas por los imperialistas en los países de África y el Medio Oriente… Los innumerables e incesantes asesinatos de jóvenes negros en Estados Unidos llevan el sello de la opresión nacional y de clase… La lista sigue…

Tampoco son cosas sólo de “allá afuera”: Miles de niños mueren de hambre en La Guajira, y el país está muy por encima del promedio de la región en desnutrición… Colombia es uno de los países donde se presentan más ataques con ácido a las mujeres, más víctimas del tráfico de seres humanos y de prostitución infantil… La opresión y el despojo a las minorías indígenas, desde los wayúu en el norte hasta los nasas, guambianos y pastos en el suroccidente son pan de cada día… Millones han sido desplazados, principalmente del campo, y despojados de sus tierras por los militares y paramilitares al servicio de los terratenientes y capitalistas agrarios… Miles de jóvenes de las barriadas han sido asesinados para contabilizarlos como bajas causadas a la guerrilla con el fin de mostrar triunfos en la guerra contrasubversiva… Es cada vez mayor la destrucción de selvas, páramos y ríos en beneficio de la agroindustria y la minería… La lista sigue…

¿Existe una salida de esos horrores? ¿Es posible un país, y un mundo, completamente diferente? ¿Puede haber una alternativa económica, social y política al capitalismo que sea viable y liberadora? ¿Acaso no resultaron en “fracaso” los intentos de un tipo de sociedad realmente nuevo, socialista? ¿Sólo queda buscar un mal menor, a lo sumo oponer resistencia y buscar reformas?

Las respuestas a estas preguntas encierran consecuencias enormes... y más preguntas. No es cuestión de sólo debatir esto, aunque se necesita debatirlo más amplia y profundamente. No existen fórmulas ni recetas… Pero hay una rica experiencia de toda una etapa de revolución de más de siglo y medio, con grandes logros concretos, y existe un método y un enfoque, una ciencia, producto del rico legado teórico y práctico de esa primera etapa de revolución que terminó con la restauración del capitalismo en China a partir de 1976 (ya se había restaurado el capitalismo en Rusia desde mediados de los años cincuenta). Y desde entonces también ha habido desarrollos teóricos y una rica experiencia (tanto positiva como negativa) de las luchas revolucionarias y de las luchas de resistencia, que no han cejado.

No es que estemos predestinados a triunfar, ni hay “garantía” de que se triunfe. Dos futuros se confrontan: ¿Los imperialistas —y sus socios y compinches en los países oprimidos— lograrán imponer un futuro de tinieblas y control asfixiante? ¿Millones y millones más sufrirán y morirán innecesariamente? ¿O la sociedad avanzará por el rumbo revolucionario y acabará con el gran sufrimiento y miseria que el capitalismo (y el semifeudalismo en muchos lugares y en diverso grado) impone al pueblo y logrará construir de nuevo el socialismo (mucho mejor que en las experiencias de la primera etapa de la revolución), no como meta final sino como transición al comunismo, desatando el espíritu crítico de una manera que beneficie a la inmensa mayoría de la humanidad? Y se requiere mucha lucha para que la respuesta sea esta última.

Los capitalistas-imperialistas dirigen una red internacional de explotación que tritura gente, amparada por la guerra, la tortura y dictadores locales (abiertos o no). En momentos críticos, cientos, miles y hasta millones de personas prefieren arriesgarse a morir que vivir otro día bajo las condiciones a las que están obligados a vivir. En años recientes lo hemos visto desde el Norte de África y el Medio Oriente hasta Brasil, donde se han desarrollado muy militantes protestas de cientos de miles y millones.

Y en muchos de esos lugares la gente se ve paralizada o atraída a elegir entre alternativas inaceptables: Entre más de los mismos viejos regímenes que ya habían rechazado, versus los fundamentalistas religiosos cuya crueldad hacia el pueblo no es menor que la de los lacayos locales de Occidente a los que quieren reemplazar. O entre fuerzas rebeldes reformistas cuya radicalidad está principalmente en los medios y no en las metas, y no pueden describirse mas que como una especie de ONG armadas, versus los viejos explotadores y opresores capitalistas-imperialistas y sus aliados terratenientes en los países con diverso grado de relaciones semifeudales. No hay que perder de vista que el mal menor sigue siendo un MAL.

En Colombia hoy la mayor parte de las fuerzas políticas pretenden que se escoja entre las alternativas que se presentan con las actuales negociaciones de paz. Pero, como hemos señalado en múltiples oportunidades, la guerrilla tradicional, a pesar de su cháchara sobre “socialismo” y “revolución” no representa una verdadera salida al actual orden de cosas. Lo que entiende por socialismo y por revolución no va más allá de las reivindicaciones de las revoluciones burguesas del siglo xviii, y consideran el verdadero socialismo y el comunismo como “utopías”. Son simplemente socialdemócratas (“convictos y confesos”). A nombre de ser “realistas”, sus referentes no han dejado de ser los del “socialismo realmente existente”, es decir, el falso socialismo, de la otrora Unión Soviética de los años sesenta a los ochenta así como los gobiernos socialdemócratas europeos. Y su programa no va más allá del “compromiso histórico”, teorizado y aplicado por Berlinger y otros “eurocomunistas”, de colaboración orgánica entre todos los partidos de “representación nacional” y aplicado también por la Unidad Popular de Allende en Chile.

Hay que confrontar las repugnantes opciones políticas con un plan por un cambio social radical pero completamente realista de verdad, basado en un análisis científico de los problemas que confrontamos y de las lecciones de las previas experiencias de la revolución. La actual pesadilla tiende a empeorar a menos que el pueblo luche por llevar estas sociedades por un camino totalmente diferente. Existe ese camino diferente y liberador: la revolución comunista. Porque sólo la revolución, y nada menos que eso, puede emancipar a la humanidad.

Una revolución de verdad, concreta, es mucho más que una protesta por grande y generalizada que esta sea. Una revolución de verdad requiere que participen millones de personas, de forma organizada, en una lucha decidida para desmantelar este aparato estatal y este sistema, y para reemplazarlo con un aparato estatal y sistema completamente diferentes, una forma completamente distinta de organizar la sociedad, con objetivos y formas de vida completamente distintos para el pueblo. La lucha revolucionaria hoy (con las particularidades de los dos grandes tipos de países: países imperialistas y países oprimidos) tiene que contribuir a construir, desarrollar y organizar la lucha para conquistarlo todo, para una revolución de verdad. De no ser así, nos quedaremos protestando contra los mismos abusos, ¡generación tras generación del futuro!

Como acertadamente señala un volante, del Grupo Manifiesto Comunista Revolucionario en Europa, distribuido masivamente en árabe, francés e inglés el pasado marzo en el Foro Social Mundial en Túnez:

Las acciones revolucionarias tienen que llegar a ser, y hay que luchar porque sea, de millones de personas (constituyendo un verdadero movimiento para la revolución liderado por un partido verdaderamente comunista y verdaderamente revolucionario, no solo de nombre) y deben confrontar y superar todo tipo de fuerzas reaccionarias, desmantelar y reemplazar no solo a las monarquías y teocracias sino también a los sistemas políticos en los que el parlamento y la igualdad formal ocultan la dominación (con dictadura hacia el pueblo) de los capitalistas y terratenientes (como el caso de Colombia), y que la vida de millones de personas en los países oprimidos está subordinada a la acumulación de capital en los países imperialistas. Se debe construir un sistema político completamente diferente que en verdad capacite a las masas para transformar la sociedad, que garantice su participación, que aliente una discusión vibrante en la sociedad, que valore el disentimiento y proteja los derechos políticos y personales de la gente, incluyendo el derecho a practicar cualquier religión y a propagar el ateísmo.

Como lo ha comprobado la experiencia —desde Argelia a Siria, Irán y Venezuela—, hablar de romper con el imperialismo mientras se sigue atrapado en el mercado mundial imperialista solo es cháchara. Nadie puede manejar libremente sus propios asuntos sin un nuevo sistema económico en el que la riqueza se produzca para el beneficio de la transformación de la sociedad y el mundo. Una nueva economía requiere realizar un desarrollo equilibrado para deshacer la lógica de la dependencia imperialista, reparar la masiva destrucción ecológica y emprender la marcha por un nuevo camino de desarrollo sustentable. Debe abrir la puerta hacia un auténtico sistema socialista en donde el pueblo colectivamente posea y administre la capacidad productiva en función de los intereses de toda la sociedad. Ese tipo de transformación económica no es posible sin revolucionar el campo para arrancar de raíz la restante autoridad de las fuerzas sociales reaccionarias y hacer posible una economía vigorosa y autosuficiente.

Esto implica y hace posible el desarrollo de una nueva cultura revolucionaria que incorpore lo mejor que la humanidad ha producido en las ciencias y las artes, y luche contra los opresivos valores y costumbres del capitalismo-imperialismo y del oscurantismo. Una cultura que una a los pueblos de todas las nacionalidades y promueva todo lo positivo de diversas tradiciones y comunidades históricas para que todos disfruten, aprendan y crezcan con ello. Implica liberar a las mujeres del patriarcado, de la dominación masculina y de todas las formas de degradación, opresión y humillación, tanto “modernas” como medievales, con toda razón se ha convertido en una de las más nítidas líneas divisorias en la región y en el mundo. La mayoría de los “izquierdistas” de la región han desperdiciado este enorme potencial de las mujeres tratando de evitar conflictos con el atraso común en el pensar de la gente. La lucha por eliminar la opresión de la mujer tiene que ser una fuerza impulsora ahora y en la transformación a largo plazo de la sociedad.

La verdad sobre las revoluciones socialistas del siglo xx y la liberadora experiencia de siglo y medio de comunismo revolucionario tiene que salir a la luz. Los Estados socialistas que existieron lograron grandes cosas al abrir un camino a diferentes relaciones entre las personas y no tienen parangón con ningún Estado actual. Tenemos que sacar lecciones de las deficiencias y errores, así como de aquellos logros con el fin de hacerlo mucho mejor en la siguiente serie de revoluciones. Bob Avakian ha forjado una nueva síntesis del comunismo, la que aborda esta experiencia y propone una más clara idea del comunismo como una ciencia y como una nueva concepción del enfoque de la revolución socialista. Crecen los debates sobre esta nueva síntesis a nivel internacional. Los revolucionarios de todas partes, necesitan adentrarse de lleno a esta nueva síntesis como parte de forjar un camino diferente hacia adelante.

Los verdaderos vientos de la liberación que golpeen en una parte del mundo van a retumbar por doquier y les darán ánimo a los oprimidos de todo el planeta. Los oprimidos tienen hermanos y hermanas en todos lados. Si un conocimiento del verdadero problema y la verdadera solución se convirtieran en una fuerza concreta, ¿no podría convertirse la revolución en una posibilidad concreta? A largo plazo, una bandera que represente ese conocimiento fundamental, en total oposición a las ilusiones reformistas y a las realidades del capitalismo-imperialismo, podría unir a la inmensa mayoría de la gente contra sus verdaderos enemigos. En este momento podría constituir un bienvenido polo que unifique al pueblo entre el que (en importantes sectores) crecen las divisiones y el apabullamiento y está despojado de toda esperanza. Podría empezar a darle marcha atrás a la fatal dinámica actual. Este es un camino difícil, pero es la única manera de liberarse de la actual locura.

¡La humanidad necesita la revolución y la nueva síntesis del comunismo!
¡Pongamos fin a la patriarcal denigración, deshumanización y subyugación de todas las mujeres por todos lados y toda la opresión por razones de género u orientación sexual!
¡Romper las cadenas, desencadenar la furia de la mujer como fuerza poderosa para la revolución!
¡Pongamos fin a la destrucción del planeta por parte del capitalismo-imperialismo!
¡No más criminalización, brutalidad policial y asesinato de jóvenes de las masas populares!
¡Dejemos de pensar como colombianos, pensemos como emancipadores de la humanidad!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia