Colombia y el mundo necesitan la revolución

1° de mayo de 2014

El 1º de Mayo los explotados y oprimidos, y todos los que odian el mundo tal como está y luchan por un mundo diferente, celebran su fiesta revolucionaria e internacionalista. El 1º de mayo es una ocasión para alzar la voz y luchar para poner fin a este horror que a diario sufren miles de millones de personas en el planeta. Es una ocasión para celebrar con espíritu internacionalista que tal lucha constituye una sola con la de los oprimidos y explotados de todo el mundo. Es un día en el que los revolucionarios y mucha otra gente hacen un balance de su lucha, pero además plantean una visión y luchan por un mundo diferente y mucho mejor. Es un momento en el que proyectamos con audacia y claridad nuestras aspiraciones para la emancipación de toda la humanidad. Y para llamar a que se movilice al pueblo a tomar la historia en sus manos.

Este 1º de Mayo en Colombia se da en un contexto de gran agitación política y social: en medio del avance de las “conversaciones de paz” para integrar al Establecimiento a las fuerzas guerrilleras tradicionales, a cambio de algunas reformas económicas, políticas y sociales, que dejan intactas las relaciones de producción y sociales basadas en la explotación y opresión; en medio de una reñida campaña electoral para definir el nuevo verdugo del pueblo; en medio del tire y afloje de revocatoria-restitución del alcalde de la capital del país; y además en medio de un nuevo “paro agrario”.

Todo esto, por una parte ha agudizado algunas de las contradicciones en el seno de las clases dominantes (la gran burguesía y los grandes terratenientes), y por la otra enturbia más las aguas en el seno de las amplias masas populares que han caído más en la trampa de asociar la guerrilla tradicional, y otras fuerzas de “izquierda” no armada (como la que ha gobernado en Bogotá desde hace más de una década), con revolución. Pero también se constituye en una importante ocasión para que mucha más gente pueda comparar y contrastar en todos los aspectos la revolución que se necesita con los verdaderos objetivos de estas fuerzas que han buscado reformar el sistema por medios radicales (armados) y las que han venido haciéndolo en la legalidad del actual sistema, pero ninguna de las cuales tienen en verdad metas de veras radicales.

La inmensa mayoría de esa “izquierda” tradicional con o sin armas, tanto en el país como en América Latina, tienen como referente los ideales de la revolución burguesa del siglo XVIII, referentes e idearios que representan el pasado, no el futuro y que hacen gala de la más rancia “tradición” revisionista (falsamente revolucionaria, falsamente comunista). Sus blancos no son realmente el capitalismo, la semifeudalidad y el imperialismo sino el “capitalismo salvaje”, la “injerencia imperialista” (viendo el imperialismo como algo simplemente externo), la inequidad, etc. Lo que entienden por “socialismo” se acerca más a un “capitalismo con rostro humano”, una más equitativa distribución de la riqueza social, y al “perfeccionamiento” de la democracia.

La gravedad de la situación es patente. Con la oleada de globalización de las últimas décadas, el imperialismo ha extendido sus tentáculos hasta cada rincón del planeta. El afán de ganancias del imperialismo obliga a la gente a vivir en la pobreza y la miseria y la obliga también a morir por millones ya sea por las condiciones de trabajo o de enfermedades prevenibles… Miles y miles de niños son secuestrados y literalmente esclavizados… En todo tipo de países la mujer es maltratada, dominada y denigrada… nacionalidades enteras sufren una brutal opresión… Las guerras de agresión han dejado cientos de miles de muertos y desplazados (principalmente mujeres y niños)… el despojo de las tierras eleva la cantidad de desplazados a millones… Con las recurrentes crisis del capitalismo como la iniciada a finales de la pasada década, el desempleo es epidemia en todo tipo de países.
El uso insostenible de recursos, desde la tierra hasta el mar, debido al violento afán de ganancias, plantea una gran amenaza para la humanidad y el planeta. No es cierto que el planeta no pueda alimentar a su población actual. A pesar del capitalismo y otras relaciones de explotación (semifeudales y hasta esclavistas), la Tierra produce ahora más de lo que la humanidad necesita, y tiene la capacidad de producir mucho más, pero cientos de millones de personas pasan hambre a diario y la tercera parte de la población mundial tiene deficiencias nutricionales. Y el medio ambiente es destruido sin contemplación.

Todas esas no son “anomalías” o “defectos” de un sistema que puedan “corregirse”. No. Ese es el funcionamiento normal del sistema capitalista-imperialista que domina el mundo hace más de un siglo. La savia del sistema, lo que le da vida, es la explotación y opresión. Sin ello dejaría de ser lo que es, pero no dejará de serlo sin derribarlo. En su misma entraña, al crear mayor riqueza en un polo y mayor miseria en el otro, crea también a sus propios sepultureros, que lo serán de verdad si se “organiza científicamente la pobreza”, si se rompe con el individualismo y se desarrolla la colectividad, si se aprovecha el constituir la inmensa mayoría (más del 90% o 95%), si arma no solo las manos sino a la par (y más importante) las mentes, combatiendo no sólo la opresión misma sino también la ideología de la opresión y dotándose de una concepción revolucionaria científica.

En todos los continentes la gente se está levantando en luchas. La juventud y los estudiantes buscan un futuro diferente y mejor que darse zarpazos entre sí por una oportunidad de “triunfar” en convertirse en engranajes de este sistema devora-gente. Exigen poner sus talentos, sus energías y sus esperanzas a funcionar por el interés de la sociedad. Las mujeres necesitan jugar su legítimo y decisivo papel en las líneas de frente de las luchas y no ser víctimas de todo tipo de maltrato, sea moderno o medieval. Sí, es muy cierto que la opresión engendra resistencia, pero además de la justa resistencia y rebelión, se necesita una verdadera revolución, que cree un mundo nuevo de verdad. Los levantamientos recientes en el Medio Oriente y el norte de África, apodados en la prensa como “la primavera árabe”,  y en Brasil, son un ejemplo de lo que resulta de la carencia de una organización comunista revolucionaria en esos países y a nivel internacional.

Pero el nuevo despertar de esperanzas y deseos de soluciones radicales enfrenta formidables obstáculos y enemigos: el Estado y su ejército y policía que demuestran que utilizarán toda la fuerza necesaria para proteger el actual sistema de propiedad y gobierno; los políticos cínicos que prometen cumplir todas las demandas a la vez que conspiran desaforadamente para descarrilar y aplastar el movimiento; toda la maraña de conexiones que atan a Colombia al sistema imperialista mundial; las divisiones entre las masas mismas y sus reducidos horizontes tras generaciones de explotación, opresión y degradación; la anestesia ideológica de la religión. Y el juego de engaño electoral que es desplegado regularmente para decir que el pueblo ha avalado a sus propios opresores.

Cada oleada de ilusiones y falsas esperanzas se rompe contra las duras rocas de una sociedad completamente injusta. Pero la repetida experiencia por sí sola no será suficiente para sacar a la gente de esta rueda de molino. Hasta que la gente vea que otro mundo realmente es posible y cómo esta posibilidad puede ser transformada en realidad se verá obligada a hacer lo mejor que puedan del mundo como es.

Hoy se ha planteado una nueva síntesis del comunismo por parte del pensador y dirigente revolucionario Bob Avakian, a partir de los grandes logros de la primera etapa de la revolución comunista del siglo XX, así como sintetizando sus deficiencias y errores. Esta más elevada comprensión del comunismo revolucionario nos permite ver más claramente no solo la necesidad sino la posibilidad de una verdadera revolución proletaria. Cómo pueden las masas obtener el poder y utilizarlo para transformar por completo el sistema socioeconómico así como el pensamiento de la gente —hasta que hayan sido eliminadas, en lo material e ideológico, las bases para la división de la sociedad en clases en todo el mundo.

Esta respuesta revolucionaria a los problemas de los diferentes tipos de países y del mundo no tiene nada que ver con las nociones reformista y revisionista de propiedad estatal sin transformación social, que realmente solo significa la “nacionalización” de las formas de explotación tal como podemos verlo en Venezuela.

Revolución significa organizar, desencadenar y encauzar el torrente de odio al capitalismo contra el sistema mismo y sus defensores. Significa el derrocamiento por la fuerza de un Estado, y un sistema social, por otro sistema social con un tipo diferente de Estado. En países como Colombia la revolución proletaria debe erradicar por completo siglos de formas de opresión pre-capitalistas así como la explotación capitalista del último siglo, así como otras injusticias. La revolución tendrá como su centro a aquellos que han sido los más oprimidos en la sociedad actual, alrededor de los cuales se debe y se puede unir a la inmensa mayoría y el establecimiento de un tipo diferente de Estado basado en el gobierno de las masas significará un tremendo paso liberador.

Sin embargo, el propósito de esta revolución no es ni puede ser simplemente remplazar la actual clase dominante por los anteriormente explotados. No puede ser, como dice la biblia, “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”. La revolución proletaria solo puede lograr sus objetivos de una sociedad comunista sin clases si surge un liderato de la revolución que entienda profundamente que su meta es la liberación de toda la humanidad, que la meta es la eliminación de todas las diferencias de clase, y de todas las relaciones entre la gente y todos los conjuntos de ideas que han surgido en la sociedad de clases y la refuerzan. Un liderato, y un pueblo, que entienda que el objetivo último no es preservar un nuevo Estado sino deshacerse de las condiciones que requieren su existencia, incluso en un Estado socialista que representa los intereses del pueblo.

La meta comunista tal como es re-conceptualizada por la nueva síntesis debe imbuir y ser consistente con cada paso de nuestra lucha y cada elemento de nuestra plataforma, ahora cuando estamos luchando contra el poder existente y mañana cuando estemos dirigiendo nuevos Estados. Tal revolución no será a costa del planeta, sino al servicio de éste. Avanzará la producción, pero de una manera revolucionaria, donde se reverse la destrucción insostenible del campo, y los medios de producción se conviertan en una herramienta en manos del pueblo para eliminar paso a paso las injusticias sociales y aumentar racionalmente la abundancia común.

Las sociedades socialistas creadas mediante la revolución mejorarán las condiciones materiales del pueblo a la vez que propondrán una vibrante y desafiante vida intelectual y cultural involucrando tanto a los que anteriormente se les cerraban las puertas de trabajar con las ideas así como a los intelectuales y artistas cuya creatividad ya no será algo que esté subordinado al mercado. Podemos construir sociedades en las que sea un placer vivir. Esta es una nueva, y de muchas formas diferente, visión de la sociedad socialista por la que necesitamos luchar.

No estamos partiendo de cero. Ha habido más de un siglo de revolución proletaria, de grandes victorias y profundas transformaciones sociales, tanto en la Unión Soviética bajo Lenin y Stalin como aún más en la China de Mao. Pero hubo también deficiencias en estas sociedades y en cómo fueron concebidas. Hubo amargas derrotas a manos del sistema imperialista mundial que echaron atrás estos países y al hacerlo mellaron las esperanzas del pueblo en todo el mundo. Hoy las erróneas síntesis de la experiencia socialista anterior están también alimentando las ideas de “revoluciones sin líderes”, el “horizontalismo”, etc. La nueva síntesis del comunismo nos permite apreciar aún más claramente los grandes avances que lograron las anteriores sociedades socialistas. Al mismo tiempo, su enfoque científico nos permite comprender mucho mejor los contornos y contradicciones dentro de una nueva sociedad que pugna por hacer todas estas transformaciones. Muestra cómo puede manejarse correctamente el verdadero problema de superar la brecha entre los dirigentes y los que son dirigidos. La nueva síntesis visualiza una sociedad socialista que no le teme al disentimiento sino que hace florecer el debate y la lucha sobre el camino a seguir. Quienes están buscando una salida a la locura y miseria del capitalismo y el imperialismo necesitan entrarle seriamente a esta nueva síntesis del comunismo.

Esta más elevada comprensión del comunismo revolucionario nos permite ver más claramente no solo la necesidad sino la posibilidad de una verdadera revolución proletaria. Cómo pueden las masas obtener el poder y utilizarlo para transformar por completo el sistema socioeconómico así como el pensamiento de la gente —hasta que hayan sido eliminadas, en lo material e ideológico, las bases para la división de la sociedad en clases en todo el mundo.

Sin embargo, esta crucial labor revolucionaria no se ha abierto paso fácilmente. Avakian y su partido han sido objeto de los más viles ataques, calumnias y tergiversaciones por parte tanto de los reaccionarios que se esfuerzan por no permitir que en las mismas entrañas del monstruo imperialista surja un verdadero desafío a su sistema, como también de fuerzas revolucionarias (o que posan de tales) que han caído presa del dogmatismo más esclerosado que con enfoques religiosos consideran “herejes” a quienes no se apegan a la “ortodoxia”, pero ni siquiera se esfuerzan por conocer realmente los planteamientos que atacan (un ejemplo patético de las cuales se tiene en Colombia con una tal UOC). Cuánta razón le cabe a Mao: ¡“los dogmáticos son perezosos”! A estos últimos, bien vale repetirles el consejo que daba Engels: “Me permito rogarle[s] que estudie[n] esta teoría en las fuentes originales y no en obras de segunda mano; es, verdaderamente, mucho más fácil”.

Así, se fue configurando más claramente en el movimiento comunista una situación de encrucijada, de caminos divergentes cada vez más delineados: el del reconocimiento de la finalización de toda una etapa de la revolución comunista y la necesidad de sentar bases firmes para que se dé inicio a una nueva etapa de ésta sobre la base de una nueva síntesis del comunismo, por una parte, y dos tendencias que constituyen una especie de imágenes en el espejo una de otra: la variante demócrata burguesa y la variante dogmática del revisionismo, verdaderos callejones sin salida.

El que se cuente con la nueva síntesis del comunismo constituye un valioso caudal para los revolucionarios y el pueblo del mundo. Y con motivo del 1º de Mayo reiteramos nuestra resolución de acelerar la lucha por sentar bases firmes para la nueva etapa de la revolución proletaria mundial que haga realidad el logro de un mundo realmente nuevo, emancipando a toda la humanidad.

¡Desechar las ilusiones constitucionales, la revolución es la única solución! ¡No votar!
¡Revolución — nada menos! ¡L
a humanidad necesita la revolución y la nueva síntesis del comunismo!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia