Lo que la humanidad necesita:
Revolución y la nueva síntesis del comunismo

1° de mayo de 2013

El 1º de Mayo los explotados y oprimidos, y todos los que odian el mundo tal como está y luchan por un mundo diferente, celebran su fiesta revolucionaria e internacionalista.

Desde hace más de 120 años se escogió esta fecha -que hace merecido homenaje a una importante batalla de la lucha de clases ese día en 1886, pero que va mucho más allá de eso- como ocasión para recalcar el hecho de que el trabajo es el que mueve a la sociedad y que se necesita la lucha verdaderamente revolucionaria para acabar con el sistema de explotación, opresión y oprobio en el que una ínfima minoría se ceba del trabajo y sacrificio de la inmensa mayoría.

En Colombia, este 1º de Mayo el ambiente político está permeado por las "conversaciones de paz" que buscan llegar a acuerdos para integrar a las fuerzas guerrilleras tradicionales (las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional, e incluso los residuos del EPL) al Establecimiento, a cambio de algunas reformas económicas, políticas y sociales, que dejan intactas las relaciones de producción y sociales basadas en la explotación y opresión.

Esto, por una parte ha agudizado algunas de las contradicciones en el seno de las clases dominantes (la gran burguesía y los grandes terratenientes), y por la otra enturbia más las aguas en el seno de las amplias masas populares que han caído más en la propaganda de ambos bandos de asociar la guerrilla tradicional, y otras fuerzas de "izquierda" no armada, con revolución.

En esta situación, el desarrollo de las negociaciones de paz, así no lleguen a "buen término" según sus criterios, ha servido y servirá a legitimar (más) al actual sistema y al reformismo y a deslegitimar la opción revolucionaria a ojos del pueblo, lo cual se llevó a un nivel sin precedentes con la ofensiva reaccionaria tras el derrumbe, en 1989- 1991 de la Unión Soviética y su falso socialismo.

Sin embargo, también se constituye en una importante ocasión para que mucha más gente, y más seriamente, pueda comparar y contrastar en todos los aspectos la revolución que se necesita con los verdaderos objetivos de estas fuerzas que han buscado reformar el sistema por medios radicales (armados) y las que han venido haciéndolo en la legalidad del actual sistema, pero ninguna de las cuales tienen en verdad metas de veras radicales.

En el país, las Farc y el ELN, al igual que la inmensa mayoría de la "izquierda" tradicional, con o sin armas, tienen como referente los ideales de la revolución burguesa. En el "ADN" ideológico, sea de manera explícita o no, han sido más importantes para el contexto de hoy los ideales roussonianos, democráticos e igualitarios, de la época de la revolución burguesa del siglo XVIII, impulsados por Simón Rodríguez (especialmente a través de Bolívar) -extrapolando anacrónicamente las necesidades de la lucha contra la sociedad feudal-colonial a las de la lucha contra una sociedad capitalista semifeudal-semicolonial-, y el ideario de los liberales radicales de finales del siglo XIX y de comienzos del siglo XX, desde Aquileo Parra y Uribe-Uribe hasta Gaitán (con sus equivalentes en un Ezequiel Zamora -"hacer la guerra a los godos", "justa distribución de la riqueza"- en Venezuela o un Eloy Alfaro -"defensa de los valores democráticos"- en Ecuador). Referentes e idearios que representan el pasado, no el futuro y que hacen gala de la más rancia "tradición" revisionista (falsamente revolucionaria, falsamente comunista).

Sus blancos no son realmente el capitalismo, la semifeudalidad y el imperialismo sino el "capitalismo salvaje", la "injerencia imperialista" (viendo el imperialismo como algo simplemente externo), la inequidad, etc. Lo que entienden por "socialismo" se acerca más a un "capitalismo con rostro humano", una más equitativa distribución de la riqueza social, y al "perfeccionamiento" de la democracia. La edulcorada carta de Carlos Pizarro-Leongómez a su padre de 1980 (que por estos días ha puesto de nuevo en circulación el portal periodístico kienyke) resume este enfoque que han hecho pasar por "radical" por estar sustentado en lucha armada, pero que corresponde a otra época y a otras clases.

No son pocos los que se inclinan ante el sacrificio y la entrega a la causa de quienes ponen en juego la vida en la lucha armada así sea por miras estrechas. Pero los sacrificios, por grandes que sean, o las intenciones, por buenas que sean, no son suficientes para lograr un país y un mundo realmente nuevos. No se puede caer en la trampa del maniqueísmo de la actual polarización en el país, que pretende hacer creer que el que no esté de acuerdo con la línea de la guerrilla tradicional está de parte del sistema (o le hace eco a los reaccionarios).

Como resume bien la conocida sentencia del militar prusiano von Clausewitz, "la guerra es la continuación de la política por otros medios". La línea política de las guerrillas tradicionales le da el carácter a la guerra que libran, y una valoración seria de sus hechos -de si en las zonas bajo su control (por años e incluso décadas) han realizado verdaderas transformaciones en las relaciones entre la gente y en los valores e ideas, si han intentado una verdadera revolución agraria y han barrido el gamonalismo y el poder terrateniente- tiene que concluir en que la guerra que han venido librando no es verdaderamente revolucionaria (a no ser que se pretenda hoy hablar de revolución burguesa de viejo tipo). La "apuesta" de las Farc por las "zonas de reserva campesina", las cuales tienen existencia legal (y repulsa de terratenientes y capitalistas del agro) desde 1994 se inscribe dentro del marco de la "vía campesina" para el desarrollo del capitalismo, y con el enfoque de la burguesía.

Quienes realmente tengan intenciones de transformar de verdad el podrido sistema de burgueses y terratenientes tendrán que buscar unirse a las fuerzas que están buscando repolarizar la sociedad en dirección a que se destruya realmente el actual sistema y se construya una sociedad revolucionaria de verdad, y que se están organizando en torno al verdadero comunismo revolucionario, y están en la brega por la construcción de un verdadero partido comunista revolucionario que dirija una verdadera guerra popular revolucionaria.

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En tiempos peligrosos como los actuales, en el país y el mundo, se siente más la necesidad de hacer lo correcto y de entrarle, con valentía y convicción a definir también los términos en que se debe librar la lucha contra toda opresión. Contrario a los alegatos de quienes se han embarcado en los tales "acuerdos de paz", la conciliación de clases y la capitulación -desde en Centroamérica en los años 80, pasando por los seguidores de la caracterizada como línea oportunista de derecha (LOD) en Perú en los años 90 y la claudicación en Nepal en la primera década de este siglo-, con las transformaciones de todo tipo de las últimas décadas una verdadera revolución es no sólo más necesaria, sino que también es posible.

Y vale la pena recalcar una y otra vez no sólo por qué es necesaria y por qué es posible la revolución, sino también en qué consiste una verdadera revolución, que sí exigirá sacrificios enormes, luchas enormes pero que, en la medida en que se base en una síntesis científica de las experiencias positivas y negativas de las revoluciones del siglo XX (de la lucha por la conquista del poder y de los logros que permite ese poder) así como de los desarrollos en la teoría revolucionaria hasta hoy, permitirá que haya de verdad un futuro diferente, e incluso que haya futuro.

La gravedad de la situación es patente. Con la oleada de globalización de las últimas décadas, el imperialismo ha extendido sus tentáculos hasta cada rincón del planeta. El afán de ganancias del imperialismo obliga a la gente a vivir en la pobreza y la miseria y la obliga también a morir por millones ya sea por las condiciones de trabajo (en Bangladesh en los últimos 6 años han muerto más de 1.000 trabajadores de la costura en incendios o derrumbes de fábricas, incluido el de la semana pasada) o de enfermedades prevenibles (en sólo África mueren un millón de personas al año a causa de la malaria).

Miles y miles de niños son secuestrados y literalmente esclavizados. En todo tipo de países la mujer es maltratada, dominada y denigrada. nacionalidades enteras sufren una brutal opresión. Las guerras de agresión (y se ciernen amenazas de ataques imperialistas a Irán y Corea del Norte) han dejado cientos de miles de muertos y desplazados (principalmente mujeres y niños). el despojo de las tierras eleva la cantidad de desplazados a millones (siendo Colombia el país con mayor cantidad de desplazados, ¡más de 5 millones!, ¡el 11% de la población!).

Con las recurrentes crisis del capitalismo como la iniciada a finales de la pasada década, el desempleo es epidemia en todo tipo de países, de Sudáfrica a Palestina y Afganistán, y de Honduras a España (con tasas superiores al 25% ¡y en algunos casos a más de 50%!).

El planeta está enfrentando una seria crisis alimentaria. El uso insostenible de recursos, desde la tierra hasta el mar, debido al violento afán de ganancias, plantea una gran amenaza para la humanidad y el planeta. No es cierto que el planeta no pueda alimentar a su población actual. A pesar del capitalismo y otras relaciones de explotación (semifeudales y hasta esclavistas), la Tierra produce ahora más de lo que la humanidad necesita, y tiene la capacidad de producir mucho más, pero cientos de millones de personas pasan hambre a diario y la tercera parte de la población mundial tiene deficiencias nutricionales. El problema es que el modo capitalista de producción y su sistema de distribución no pueden poner en primer lugar las necesidades de la gente y del planeta. Además el medio ambiente es destruido sin contemplación poniendo en riesgo la existencia misma de la vida sobre la Tierra.

Todas esas no son "anomalías" o "defectos" de un sistema que puedan "corregirse". No. Ese es el funcionamiento normal del sistema capitalista-imperialista que domina el mundo hace más de un siglo. La savia del sistema, lo que le da vida, es la explotación y opresión. Sin ella deja de ser lo que es, pero no dejará de serlo sin derribarlo. En su misma entraña, al crear mayor riqueza en un polo y mayor miseria en el otro, crea también a sus propios sepultureros, que lo serán de verdad si se "organiza científicamente la pobreza", si se rompe con el individualismo y se desarrolla la colectividad, si se saca partido de constituir la inmensa mayoría (más del 90% o 95%), si arma no solo las manos sino a la par (y más importante) las mentes, combatiendo no sólo la opresión misma sino también la ideología de la opresión y dotándose de una concepción revolucionaria científica.

En todos los continentes la gente se está levantando en luchas. Sí, es muy cierto que la opresión engendra resistencia, pero además de la justa resistencia y rebelión, se necesita una verdadera revolución, que cree un mundo nuevo de verdad. Los levantamientos desde 2012 en el Medio Oriente y el norte de África, apodados en la prensa como "la primavera árabe" (haciendo referencia no muy velada a las "revoluciones de terciopelo" y "de colores" en Europa que serían las aceptables para la burguesía), son un ejemplo de lo que resulta de la carencia de una organización comunista revolucionaria, en esos países y a nivel internacional.

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Es posible un mundo en que una parte de la humanidad no denigre ni oprima a los demás. Es posible poner fin a la pesadilla actual y crear una sociedad en que todos contribuyan al progreso de ésta y en que todos se desarrollen en lo cultural, lo intelectual y en las relaciones mutuas. Para crear todo eso se necesita una revolución, una revolución total. Una revolución que no instaure nuevas formas del mismo poder de siempre o que no sea para que algunos individuos (así sean cantidades importantes) mejoren su situación y posición en la vieja sociedad y hasta tengan una oportunidad de dominar sobre los demás (que a la larga simplemente "volteen (una parte de) la tortilla"). Éstas son "soluciones" que solamente implican que el horror continúe sin parar.

La revolución que se necesita es una revolución auténticamente comunista, una revolución cuya meta sea la que describiera de manera muy acertada Marx en su formulación conocida como las "4 todas": la abolición de todas las distinciones de clase, de todas las relaciones de producción sobre las que descansan dichas distinciones de clase, de todas las relaciones sociales que corresponden a dichas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a dichas relaciones sociales. Esta meta fue resumida desde el mismo Manifiesto Comunista como una revolución que implica las "dos rupturas más radicales": con "las relaciones de propiedad tradicionales" y con "las ideas tradicionales".

La gente de todos los rincones del planeta está conectada y dependiente entre sí y eso recalca aún más que nuestra revolución tenga que ser una revolución en todo el mundo. Eso requiere un período de transición entre el capitalismo y el comunismo, transición que de ninguna manera es suave sino que implica lucha realmente ardua.

Aunque las dos o tres generaciones más recientes han crecido en medio de una andanada propagandística (con verdaderas armas de distracción masiva) acerca de "el fin", "la muerte" o "el fracaso" del socialismo y el comunismo, la posibilidad de tal sociedad revolucionaria se ha hecho realidad. Dos grandiosas experiencias marcaron el siglo XX: en Rusia en la que el proletariado conquistó el poder en 1917 y logró transformaciones impensables y trascendentales hasta ser derrotada desde dentro a mediados de los años 50; y en China donde las masas populares obrero-campesinas alcanzaron el triunfo de revolución nueva democracia, mediante guerra popular, en 1949 y se desarrolló el socialismo hasta ser derrotada la gran revolución cultural tras la muerte de Mao en 1976, finalizó toda una etapa, la primera, de la revolución comunista, etapa que concluyó con un golpe de estado contrarrevolucionario en China que restauró el capitalismo en un tiempo relativamente corto.

Así, hoy en el mundo no existen auténticos países socialistas. Y por todo el mundo la gente siente ese peso y lucha con él todos los días, esté consciente o no de eso. Desde el fin de la primera etapa de la revolución se han iniciado y desarrollado -con altibajos, con importantes logros y dolorosos reveses- importantes y masivas luchas de resistencia, incluso armadas, así como algunas guerras populares, de todo lo cual no sólo se han sacado lecciones prácticas y teóricas y se ha luchado por sintetizarlas para desarrollar el comunismo revolucionario en sus diferentes aspectos.

De manera significativa, en esta tarea decisiva se ha destacado Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, quien ha liderado de manera muy consistente y consecuente la defensa, el apoyo y el desarrollo sobre la base de los logros monumentales de esas revoluciones y de los aportes analíticos de sus mayores pensadores y dirigentes, y a seguir avanzando a partir de ellos. Pero también ha analizado a fondo los errores, así como los puntos débiles en cuanto a concepción y método que contribuyeron a esos errores. Sobre esa base, ha forjado un marco teórico cohesionado, integral y global, o sea, una síntesis. Aunque sin duda alguna este avance surge de lo que ha venido antes y avanza a partir de ello, implica también, como elemento crucial, auténticas rupturas con la concepción y las experiencias anteriores, por lo cual la ha sido llamada una nueva síntesis.

Esta nueva síntesis ha abordado principalmente tres esferas: la filosofía, o sea, la manera de conocer el mundo; la política, especialmente las concepciones políticas que guiaron los primeros intentos de construir sociedades socialistas y de llevar a cabo transformación socialista; y la concepción estratégica, que se enfoca en cómo se haría en realidad la revolución en países como Estados Unidos.

Sin embargo, esta crucial labor revolucionaria no se ha abierto paso fácilmente. Avakian y su partido han sido objeto de los más viles ataques, calumnias y tergiversaciones por parte tanto de los reaccionarios que se esfuerzan por no permitir que en las mismas entrañas del monstruo imperialista surja un verdadero desafío a su sistema, como también de fuerzas revolucionarias (o que posan de tales) que han caído presa del dogmatismo más esclerosado que con enfoques religiosos consideran "herejes" a quienes no se apegan a la "ortodoxia", pero ni siquiera se esfuerzan por conocer realmente los planteamientos que atacan. Cuánta razón le cabe a Mao: ¡"los dogmáticos son perezosos"! A estos últimos, bien vale repetirles el consejo que daba Engels: "Me permito rogarle[s] que estudie[n] esta teoría en las fuentes originales y no en obras de segunda mano; es, verdaderamente, mucho más fácil" (Carta a Blosh, 1890).

Así, se fue configurando más claramente en el movimiento comunista una situación de encrucijada, de caminos divergentes cada vez más delineados: el de el reconocimiento de la finalización de toda una etapa de la revolución comunista y la necesidad de sentar bases firmes para que se dé inicio a una nueva etapa de ésta sobre la base de una nueva síntesis del comunismo (con un enfoque científico hacia el comunismo y los comunistas), por una parte, y dos tendencias que constituyen una especie de imágenes en el espejo una de otra (la parte izquierda de una refleja la derecha de la otra): la variante demócrata burguesa y la variante dogmática del revisionismo.

Si bien la confusión y desmadre en el campo revolucionario son más visibles, esa misma nitidez que se va alcanzado sobre lo que está en juego permite tener bases para un optimismo fundado en medio de la seria preocupación por la realidad de la encrucijada.

El que se cuente con la nueva síntesis del comunismo constituye un valioso caudal para los revolucionarios y el pueblo del mundo. Y con motivo del Primero de Mayo proclamamos nuestra resolución de luchar, basados en la nueva síntesis, por sentar bases firmes para la nueva etapa de la revolución proletaria mundial que haga realidad el logro de un mundo realmente nuevo, emancipando a toda la humanidad.

¡Desechar las ilusiones constitucionales, la revolución es la única solución! ¡Revolución - nada menos!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia