ˇPor un mundo sin explotación ni opresión, mantener la mira en la meta del comunismo!
1° de mayo de 2012

El Primero de Mayo es “¡un día de rebelión — no de descanso!... un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los poderes que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación”, como de manera contundente declaraba el llamamiento que se hiciera a los obreros estadounidenses en 1885, para realizar en esa fecha al año siguiente una huelga general. Ha corrido mucha agua bajo los puentes en los más de 120 años transcurridos desde entonces y ese llamamiento, que pasó a tener como destinatarios a los trabajadores de todo el planeta, resuena en toda su vigencia, a pesar de los esfuerzos de limarle el filo revolucionario.

El Primero de Mayo es el día internacional y de lucha unificada del proletariado. Y es una oportunidad para llevar la visión de la revolución proletaria, desarrollada colectivamente y en lucha, una oportunidad para que los comunistas y el proletariado consciente de clase reafirmen su determinación de luchar por un mundo radicalmente diferente, un mundo digno de seres humanos, un mundo libre de toda forma de explotación y opresión, sin ninguna forma de esclavitud. Y es una oportunidad para convocar a la lucha mostrando el espíritu revolucionario, allanando el camino para que se vinculen nuevas generaciones de luchadores. Una oportunidad también para compartir las ideas avanzadas desarrolladas por los lideratos revolucionarios de diferentes países.

El mundo es un horror para miles de millones de personas, incluso llevando al suicidio a miles de ellas. Este Primero de Mayo llega en una condición en que la esclavitud asalariada y la discriminación étnica, sexual y nacional son mayores y cada vez más gente ya no soporta la esclavitud moderna. Miles de millones de personas (sobre)viven en condiciones precarias, con ingresos groseramente bajos, y cientos y cientos de millones padecen física hambre, mientras el gasto diario para lubricar la maquinaria militar alcanzaría para satisfacer durante nueve días las necesidades de alimentación, salud y educación de los niños pobres de todo el planeta. Con una organización de la producción que toma incluso el medio ambiente en función de la ganancia, los ecosistemas están al borde de colapsar. La creatividad de las masas trabajadoras es constantemente apagada y marginada. Las mujeres son convertidas en esclavas sexuales, en bienes traficados, y son menospreciadas, y la violencia contra ellas se ha incluso institucionalizado en muchísimas partes.

Este último año, las implicaciones de la crisis financiera desatada en 2007-2008 han llevado a estancamiento, desempleo, y mayor miseria de las masas populares en todo el mundo. Incluso en países europeos como Grecia y España, millones de vidas han sido lanzadas a la inestabilidad. La crisis del capitalismo se refleja en diferentes contradicciones. No es sólo una crisis en los mercados financieros mundiales, en el mercado accionario, etc., ni es sólo producto de que los gobiernos traten de transferir riqueza de los pobres a los ricos. Las crisis son parte del funcionamiento normal del capitalismo. Son crisis estructurales del capital, de sus leyes ciegas. Obedecen a la anarquía de la producción, es decir ésta no es planificada a nivel de toda la sociedad ni tiene en cuenta las necesidades de las masas ni las moviliza para satisfacerlas. Mientras no se resuelva, a través de la revolución proletaria, el conflicto entre la producción socializada y la apropiación privada de lo producido, el capitalismo puede ser reconfigurado tras cada crisis a costa del sudor y la sangre de las masas trabajadoras, de la destrucción del ambiente y de la restauración de la explotación más “eficiente”, cebándose más de la mayor explotación de las masas de los países oprimidos.

Pero las crisis también reflejan la falta de legitimidad del sistema capitalista y proporcionan el terreno para acabar con el sistema reaccionario. Y tienen que ver con las masas trabajadoras: todos los capitalistas saben que están sentados sobre un polvorín, la resistencia y la rebelión masivas no se hacen esperar, las masas oprimidas y explotadas son un volcán a punto de estallar, y es de esperar que ocurran eventos repentinos e impredecibles en todo el mundo.

El último año también estuvo caracterizado por el despertar político de las masas, especialmente de la nueva generación, a una escala no vista hace mucho tiempo. Millones de personas se tomaron las calles en diferentes países, desde la misma “primavera árabe”. Los estudiantes en Chile, Colombia y Canadá (Quebec), entre otras partes, saltaron a la palestra política. Europa fue escenario de grandes manifestaciones como las de los “Indignados” entre otras, y en la misma Norteamérica se desataron los movimientos “Ocupar” que se iniciaron en el mismo corazón financiero de Estados Unidos, Wall Street. Se dieron importantes huelgas de trabajadores en Europa. Varios de los anteriores movimientos tuvieron como blanco, en diverso grado, el sistema capitalista. Y resurgió en las mentes de muchísima gente en todo el mundo la pregunta, ¿se puede crear una sociedad diferente a la capitalista, y cómo se haría esto?

A pesar de constituir un logro importante en la resistencia, los movimientos espontáneos de las masas hicieron sentir sus limitaciones. Muchos de los movimientos cayeron más temprano que tarde bajo el control de una facción de la burguesía, ya que hay una gran diferencia entre la justa resistencia y la revolución consciente. Es la diferencia entre los movimientos “antineoliberales” (o “antiglobalización”) y la lucha por destruir el capitalismo. Mientras este tipo de movimientos no se liguen con la revolución comunista, esta brecha hará que los resultados sean dolorosos. Esta brecha llevará a desperdiciar las energías y el potencial revolucionario de las masas y llevará al desespero y la confusión.

En casos como los de la “primavera árabe”, los golpes son dolorosos en especial para la mujer ya que, a falta de una poderosa alternativa realmente comunista ante las masas, los movimientos terminan frente a alternativas igual de nefastas, atrapados ya sea por las fuerzas feudales del fundamentalismo religioso o por el imperialismo. Con todo esto, recae una gran responsabilidad sobre los hombros de los dirigentes del proletariado consciente, en especial de los comunistas, de constituir un polo que atraiga a las masas y las dirija en poner fin a todo el actual horror.

No hay una necesidad permanente de este orden de cosas. No nos merecemos este injusto mundo, sólo corresponde derrumbarlo. No caben pañitos de agua tibia, la única cura es una revolución social radical, una revolución proletaria que no busca cambiar unos opresores por otros sino que busca cambiar de raíz el mundo entero, emancipando a toda la humanidad. Una revolución que confíe y se base en el inmenso potencial del pueblo para trabajar arduamente hacia la eliminación definitiva de todo tipo de discriminación: de clase, etnia, género, nacional, religiosa, etc. Y que elimine toda forma de explotación y opresión de unos seres humanos por otros.

Pero la visión comunista revolucionaria y el movimiento para la revolución aún no son ampliamente conocidos o comprendidos. La ausencia de un liderato comunista revolucionario en tales luchas es una gran debilidad y no una fortaleza, como lo han querido mostrar los defensores del “horizontalismo” y los “movimientos sociales”. El liderato comunista revolucionario es crucial en las luchas populares para que no se diluyan simplemente en lograr cambios de régimen o de un opresor por otro, sino que contribuyan a forjar el camino para una auténtica revolución que derroque a las clases opresores y ponga en el poder a las masas ahora oprimidas. Si no hay liderato proletario habrá liderato espontáneo no-proletario que más temprano que tarde termina por caer bajo la égida de uno u otro de los sectores reaccionarios y no puede llevar más que a mantener en lo fundamental el sistema existente. Los contingentes comunistas tienen que estar en el medio de todo esto, contribuyendo a fortalecer estas manifestaciones y trayéndoles su propia resolución y determinación de luchar por un futuro diferente para toda la humanidad.

Se requiere el desarrollo de un movimiento verdaderamente revolucionario para que la dedicación, la pasión y la furia de las masas se transformen en un tremendo incendio que convierta en cenizas el sistema capitalista, haciendo énfasis en el factor subjetivo (principalmente tener claridad de las metas y los objetivos, y además la consolidación organizativa), que juega un papel clave. La situación objetiva exige el involucramiento realmente activo de los comunistas. Pero en la mayor parte del mundo, incluida Colombia, las fuerzas comunistas revolucionarias aún no han alcanzado el nivel requerido en lo inmediato para contener y vencer a las fuerzas reaccionarias y conquistar el poder, la única manera de transformar de manera revolucionaria la sociedad y el mundo. Urge transformar esta situación.

Un salto en esta situación sólo es posible si los comunistas, de aquí y de todo el mundo, se basan en sus conclusiones científicas de las experiencias positivas y negativas de las revoluciones proletarias del siglo XX y en una nueva síntesis de la ciencia del comunismo, como requiere toda ciencia, que tiene que ser viva y vibrante, basándose en las nuevas oleadas de resistencia, para atraer a nuevas generaciones al comunismo.

Quienes anhelan un mundo completamente diferente, que han soñado con ese mundo, sin la locura y el horror de lo que este sistema trae todos los días... aquellos que se han atrevido a tener la esperanza de que ese mundo podría ser posible... y aun aquellos que, hasta ahora, quisieran ver esto pero han aceptado que jamás podría suceder..., existe un lugar y papel, una necesidad y mecanismo, para que miles de personas ahora y con el tiempo millones contribuyan a la construcción de este movimiento para la revolución, de muchas maneras diferentes —con ideas y con participación práctica, con apoyo y con inquietudes y críticas. Todos ellos necesitan acercarse al Grupo Comunista Revolucionario, conocer más sobre el movimiento para la revolución y ser parte de éste a la vez que lo conocen, unidos en la acción con mucha más gente de Colombia, e incluso de otras partes del mundo, teniendo en la mira la meta que es un gran reto, pero es enormemente inspiradora y liberadora —y por supuesto, también posible— de emancipar a toda la humanidad mediante la revolución y de avanzar hacia un mundo comunista, un mundo libre de explotación y opresión.

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia

Hay que inspirarse y aceptar el reto de entrarle a la ciencia del comunismo

El pueblo, en especial de las nuevas generaciones, tanto trabajadores como estudiantes y otros intelectuales, necesitan más urgentemente la visión, la estrategia y la dirección comunistas, concentradas en un verdadero partido comunista revolucionario ligado al proletariado internacional. Y, en la actual encrucijada en que se encuentra el comunismo en el mundo y en el país, se cuenta hoy con una visión vibrante y una obra desarrolladas durante las últimas 3 a 4 décadas por Bob Avakian, a partir de un concienzudo balance de las experiencias positivas y negativas de la revolución comunista hasta ahora y de aprender de una amplia gama de la experiencia humana (no sólo de su experiencia directa en la lucha de clases), dando lugar a una necesaria nueva síntesis del comunismo, la cual no se pretende acabada. Como señala con plena razón el partido del cual es el principal líder, el Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos [PCREU], Avakian ha contribuido de manera trascendental a que “exista una visión y estrategia viable para una sociedad y un mundo radicalmente nuevo y mucho mejor y exista un liderazgo crucial que se necesita para conducir la lucha hacia esa meta. Bob Avakian ha partido de los aportes fundacionales internacionalistas trazados por Carlos Marx y, sobre la base de la experiencia de la primera ola de revoluciones comunistas y el continuo forcejeo con los nuevos sucesos en el mundo, ha fortalecido esas bases y ha llevado ese análisis a nuevas alturas”.

Abordar el comunismo como una ciencia, tener un enfoque científico hacia el comunismo y hacia los comunistas (incluidos quienes han sentado las bases y lo han desarrollado en mayor grado y en más aspectos), implica también entre otras cosas luchar contra la tendencia a apegarse de manera dogmática a la teoría planteada por las figuras cumbres del desarrollo del comunismo, Marx, Lenin, o Mao, dándoles una categoría de sobrenaturales, poniéndolos incluso por fuera de la posibilidad de haber cometido errores, y a veces llegando al ridículo de valorar la calidad comunista de un documento por la cantidad de citas o menciones de los “clásicos” que contiene.

Como clara y acertadamente resume Avakian: “La ciencia abarca, como un punto de partida fundamental, aceptar y trabajar con el mundo como es en realidad y no como uno desearía que fuera.… eso es una línea divisoria en epistemología y en metodología. En términos de la ciencia, el método científico y en particular el punto de vista y método científico del comunismo, es imprescindible esforzarse constantemente para mantener un espíritu y un método de pensamiento crítico y receptividad a lo que es nuevo y a lo que cuestiona el conocimiento aceptado o convencional. Eso implica reexaminar constantemente lo que uno mismo y/o lo que las opiniones comunes en la sociedad, etc., consideran la verdad: someter esto a repetidas pruebas adicionales y cuestionamientos surgidos de los desafíos de los que se le oponen a esto y de la realidad en sí, incluidas las maneras en que el desarrollo concreto de la realidad material podría dar origen a hechos nuevos —mejor dicho, aspectos recién descubiertos o recién entendidos de la realidad que cuestionan el conocimiento aceptado”.

Sin embargo, continúa B.A., “es muy importante recalcar que eso no quiere decir caer en el agnosticismo y en el relativismo, negar la verdad objetiva y en particular actuar como si se debiera ponerlo todo en duda, como si no se supiera nada ni que pudiéramos confiar en que nada fuera cierto, cuando los nuevos descubrimientos, o hipótesis y teorías nuevas, ponen en duda algunas ideas que anteriormente se consideraron o se determinaron que eran ciertas. El proceso científico y el conocimiento científico, y el conocimiento en general no se desarrollan y no se pueden desarrollar de esa manera —al menos no en un sentido sostenido—, más bien, se desarrollan partiendo de lo que se ha establecido anteriormente como cierto, especialmente en los casos en que lo que es cierto se ha establecido por medio de pruebas que se refuerzan mutuamente y conclusiones racionales que se obtienen de una variedad de fuentes; y de ahí investigando y aprendiendo más acerca de la realidad y utilizando el conocimiento acumulado por la humanidad, incluido el conocimiento relacionado con la metodología, en la valoración de nuevas pruebas, nuevas teorías y nuevos argumentos contra lo que se ha considerado como cierto, etc.”.

El comunismo, como toda ciencia, no se desarrolla a la manera en que se prepara una lasaña, poniendo capa sobre capa, solamente constituyendo un “acumulado”. El desarrollo del conocimiento implica no solo poner nuevas capas sino en muchos casos deshacerse de otras, y en el método implica no sólo aprender sino a veces también desaprender. En general obra un proceso dialéctico de ruptura-continuidad, unas cosas se mantienen, y las que no son correctas se desechan, independientemente del respeto que le tengamos a quien las propuso o desarrolló, en primera instancia. En especial las nuevas generaciones tienen que, y pueden, entrarle a la revolución tomando como principal el agarrar esta “visión y estrategia viable para una sociedad y mundo radicalmente nuevo y mucho mejor”, subordinando a esto el cómo hacerlo.

Internacionalismo: el mundo entero ante todo

Las condiciones necesarias para el comunismo se alcanzan a escala mundial, mediante un largo y tortuoso proceso de cambios revolucionarios que se desarrollarán de manera desigual, en la medida en que la toma del poder en los distintos países se da en diferentes momentos. Y lo hacen mediante una compleja dialéctica entre las luchas revolucionarias y la revolucionarización de la sociedad en esos países, una relación dialéctica en que lo fundamental y decisivo en última instancia (no lo único) es el escenario internacional, y en que, para transformar fundamentalmente el mundo en su conjunto, las luchas de los proletarios de diferentes países que se compenetran y apoyan mutuamente constituyen el eslabón clave (es decir que lo interno no es que “no importe”, como burdamente interpretan quienes en vez de un pensamiento dialéctico tienen un pensamiento binario).

El que el mundo entero sea lo principal constituye la base para el internacionalismo proletario, que implica tener presente la revolución mundial no como una simple sumatoria de revoluciones país por país. Como acertadamente señala Avakian, “Nadie debe pensar que eso significa que estamos, como Lenin dijera una vez, ‘suspendidos en el aire’ y que no se puede hacer la revolución en un país dado porque la arena internacional es fundamentalmente decisiva. Eso es una vulgarización mecanicista de este principio”. “La iniciativa que tomen la vanguardia revolucionaria y las masas en ciertos países y los avances que logren en la lucha revolucionaria afectarán de manera significativa la situación y la lucha internacional y podrían, en ciertas circunstancias, transformarla cualitativamente. Este es otro ejemplo de la relación dialéctica entre la situación y los acontecimientos al nivel mundial y en ciertos países, y del ‘entramado’ e interpenetración constante entre ellos, como el hecho de que se pueden encontrar aspectos del uno dentro del otro. Los cambios que se dan en ciertos países son simultáneamente parte de este aspecto (el país en particular) y del otro aspecto (la situación mundial), y los grandes cambios que se dan en un país en particular son parte de la situación internacional y a la vez la afectan de manera significativa”. Pero, por supuesto, poner en primer plano la arena internacional “no significa que en un país específico no se puede hacer nada —y específicamente que no se puede hacer avanzar una lucha revolucionaria o posiblemente ni siquiera llevar a cabo la toma revolucionaria del poder— si en cualquier momento dado la ‘correlación de fuerzas’ internacional no es favorable”. Esto refuta uno de los argumentos expuestos por los revisionistas nepaleses para justificar su traición a la revolución, su abandono de la guerra popular y sus notorios avances, considerando que representaban un futuro incierto, prefiriendo acoger un presente cierto de “compromiso histórico”, a la italiana, con el viejo Estado.

El internacionalismo proletario y el darle prioridad a los intereses de la revolución mundial deben regir el pensamiento y la práctica del proletariado desde los primeros momentos de preparar la revolución hasta la toma del Poder y a través de continuar la revolución hasta el comunismo mundial. Los principios del internacionalismo proletario incluyen de manera importante el apoyar, moral y materialmente, las guerras de liberación nacional y las revoluciones proletarias en otros países y pugnar por construir una fuerte unidad (priorizándose la unidad en lo ideológico ante la unidad en lo organizativo) entre las fuerzas auténticamente comunistas y revolucionarias por todo del mundo de modo que sirva al avance de la revolución proletaria mundial en su conjunto. Pero la visión predominante del internacionalismo en el movimiento comunista internacional reduce esto al enfoque que criticara Lenin de verlo como algo que le ofrece un país a otro, y que parte en la práctica más de “mi país” que de mi contribución a la revolución mundial. Complementando el análisis de Lenin, Avakian considera que se hace cada vez más necesario examinar el mundo en su totalidad para determinar en cada momento dado dónde se pueden lograr los avances más importantes para toda la lucha internacional, por medio de una combinación de factores objetivos y subjetivos; y que también se requiere que los partidos de cada país “obren en consecuencia y den apoyo político para contribuir a esos avances, aun a costa de sacrificios de parte de los partidos en cuestión y de la lucha en ‘su’ país”.

Esto tiene implicaciones concretas, entre otras y de manera importante en cuestiones organizativas: por ejemplo si se requiere una instancia internacional que dé liderazgo en distintas esferas (poniéndolas en otro nivel), o que simplemente sea una “coordinadora” para el intercambio de ideas y experiencias; si es más una instancia organizativa para la revolución mundial, lo que implica moverse en el máximo secreto (para desazón de los voyeristas/liberales) al tener sobre sus hombros una responsabilidad de tal nivel, o es un foro semipúblico, etc.

La visión que se tenga del internacionalismo incide de manera decisiva en el realineamiento de las fuerzas comunistas revolucionarias. Los constantes retos y dificultades de esta última década han hecho que el reagrupamiento inicial de comunistas que se dio después de la pérdida de China y del fin de la primera etapa de la revolución comunista, principalmente alrededor del Movimiento Revolucionario Internacionalista (del cual el Grupo Comunista Revolucionario de Colombia fue miembro desde su fundación en 1984) diera paso a divergencias fuertes que llevaron a la desintegración del MRI, luego de la tenaz lucha contra la traición a la revolución por parte del partido nepalés (lucha que sólo las mediocres mentes de los oportunistas pueden calificar de “convivencia”), la última de una serie de importantes luchas desde muy poco después de la fundación del Movimiento, algunas cuyo desarrollo y síntesis se hicieron públicas en la revista internacionalista Un mundo que ganar.

La crisis final del MRI dio paso a un necesario realineamiento ideológico, por una parte, el PCREU junto con otras fuerzas de distintos países que se están acercando a la nueva síntesis, y, por la otra, dos tendencias opuestas: la de aferrarse de manera religiosa a toda la anterior experiencia y a la teoría y el método asociados con ella, el enfoque dogmático o dogmato- revisionista (algunos de los cuales se proclaman “ortodoxos” en el sentido clásico de “aquellos cuyas palabras van más rápidas que sus pensamientos”); o la de abandonarlo todo, aunque no siempre de manera explícita, como furgón de cola de la socialdemocracia, con sus diferentes motes recientes de “democracia del siglo XXI” o dizque “socialismo del siglo XXI”. En buena medida, en últimas estas dos tendencias constituyen imágenes en el espejo la una de la otra, o, como decía Engels, “los polos opuestos de una misma mediocridad”. La firme lucha de principios jalonada por el PCREU contra las mencionadas tendencias, la dogmática y la socialdemócrata, ha dejado importantes lecciones para futuros esfuerzos de trabajo organizativo a su debido tiempo.

Tras la parálisis del MRI como centro político embrionario, debido a la agudización de la lucha de líneas (la de verdad no la de la blogósfera), las dos mencionadas tendencias contrarias pero gemelas han tratado de pescar en río revuelto, revolcando más las aguas, y han tratado de enlodar al PCREU y a su presidente con calumnias que más que audaces son irresponsables y prestan un flaco servicio al internacionalismo pero sí refuerzan no sólo el oportunismo sino la contrarrevolución. Entre otras de sus hazañas, y sin ningún fundamento, han pretendido asociar la línea revisionista del partido nepalés con la línea del PCREU. Nada más traído de los cabellos, que puede constatar cualquiera que se tome la molestia en verdad de estudiar seriamente las líneas de ambos partidos (y sorprendentemente encontrará más similitudes entre los planteamientos de los revisionistas nepaleses y algunos de sus cibercríticos). Algunos individuos y grupos han aprovechado las posibilidades del ciberespacio para hacer llegar sus insensateces, incluidos balances poco serios y desinformados de la experiencia del MRI, a audiencias mucho más grandes que lo que antaño hubieran podido, chapoteando ahora en el ciberfango, alcanzando a crear cierta confusión entre las generaciones nuevas de revolucionarios y en general entre quienes buscan “informarse” simplemente a través de la internet. Con respecto al MRI, los intentos de reagrupamiento relacionados con tales enfoques constituyen un gran paso. Hacia atrás.

La revolución de nueva democracia: necesidad y posibilidad

Las lecciones de la lucha de líneas a nivel internacional son necesarias para la lucha en todo el mundo. En un subcontinente impregnado de tendencias nacionalistas, política identitaria y demás, que han llevado a despreciar el comunismo como “cosmovisión europea”, la lucha es más ardua, en especial en Colombia con el auge durante décadas del revisionismo y el reformismo armados. Sin embargo, también hay una rica tradición de lucha que ha llevado a levantamientos masivos, pero sin liderato o con un liderato carente de una comprensión científica acerca de los problemas y de la solución, basada en la correcta síntesis de las experiencias positivas y negativas no sólo del país sino a nivel internacional. En países dominados por el imperialismo esta dominación afecta las estructuras y dinámicas económicas, sociales y políticas internas y en las últimas décadas ha constituido el factor determinante en las transformaciones que han trastocado su configuración alejándola de lo que era hace 40 ó 50 años cuando el auge de las luchas anticoloniales y antiimperialistas en países de África, Asia y América Latina, y mucho más con respecto al período entre las dos guerra mundiales, cuando Mao Tsetung desarrolló en teoría y práctica la concepción estratégica para la lucha revolucionaria en este tipo de países, que mantiene una clara vigencia en términos generales.

Ni el campo ni las ciudades son lo que eran hace más de 75 años. En ese tiempo es mucho lo que ha cambiado en todos los países. El crecimiento desproporcionado de las ciudades del llamado tercer mundo ha creado gigantescos cinturones de miseria generalmente en las afueras de las ciudades haciendo que el proceso de urbanización sea realmente de tugurización, todo a costa de un gran despoblamiento del campo no solamente por hambre sino mediante desplazamiento violento. En Colombia, en estos últimos tres cuartos de siglo la proporción urbano rural se invirtió: de tener una población cuyas dos terceras partes estaba en el campo, se paso hoy a tener menos de una tercera parte. Son muchos millones de personas los que han dejado de vivir de la tierra, el campo literalmente se ha relatifundizado, el acaparamiento de tierras por parte de empresas imperialistas y por capitalistas agrarios y terratenientes de viejo y nuevo cuño (tradicionales o “nuevos ricos” paramilitares y/o narcotraficantes) ha sido una necesidad de las clases dominantes y el imperialismo para sus proyectos agroindustriales y mineroenergéticos.

Un enfoque dogmático limita fuertemente e impide partir de la realidad y así transformarla. Se necesita abordar y analizar estos cambios y sobre esa base desarrollar la concepción estratégica sin limitarnos por lo que se ha vuelto convencional. Para hacer una verdadera revolución es necesario estar basados en la ciencia, aplicando el punto de vista y el método científico del materialismo dialéctico al análisis y la síntesis de las condiciones concretas que enfrentamos, lo que en Colombia incluye el contexto de una guerra que data de hace medio siglo, afectando principalmente al campo, sin transformar en dirección progresista y mucho menos revolucionaria la situación. Se necesita una aplicación creativa de la concepción estratégica de la revolución desarrollada por Mao para este tipo de países. Y en esto hay que tener en cuenta que así como ha habido importantes cambios, son muchas las cosas que se mantienen, lo que no quiere decir que hayan dejado de evolucionar. En la situación de hoy, la cada vez mayor dependencia, desarticulación y distorsión, llevan a que la lucha contra el imperialismo sea un aspecto más decisivo en la revolución. La redistribución de la tierra parte de la urgencia de reivindicar la sentida necesidad de los pobres del campo y en el proceso convertirlos, junto con el proletariado, en aptos para gobernar la nueva sociedad, pasando de manera ininterrumpida a los procesos de colectivización necesarios para el paso a una estructura socialista también de transición hacia el comunismo.

Así, la revolución proletaria en Colombia es una revolución en dos etapas. Para que el proletariado ponga en práctica su programa máximo de revolución socialista (como transición al comunismo mundial), requiere pasar por la etapa de la revolución de nueva democracia. Estas dos etapas son componentes de un solo proceso, que es dirigido por la clase obrera y la ideología comunista. El carácter de la primera etapa de la revolución está definido por el carácter semicolonial y semifeudal de la sociedad y los alineamientos sociales y de clase que resultan de esto. La tarea de la primera etapa de la revolución es poner fin a la dominación imperialista, erradicar las relaciones semifeudales y confiscar la propiedad de la burguesía burocrático-compradora. Esto hace que esta revolución sea democrática. Las fuerzas motrices de esta revolución, además de la clase obrera, son principalmente las capas y clases en el campesinado y la pequeña burguesía. La revolución agraria, que destruirá el sistema de propiedad semifeudal de la tierra, es una medida burguesa que todavía cae dentro del marco de la propiedad privada directa e individual, por ende no tiene como blanco a toda la burguesía y no da por resultado la destrucción del capitalismo en su conjunto. Le permite al capitalismo (con la pequeña burguesía y en ciertas condiciones la burguesía media) desarrollarse durante un tiempo y hasta cierto grado, bajo el Estado revolucionario proletario. Esta es una revolución de nueva democracia porque es parte de la revolución socialista- proletaria mundial, lucha de manera contundente contra el imperialismo y le asesta golpes al capitalismo internacional. Las metas y tareas de esta revolución no son un fin en sí mismas, desde el comienzo busca abrir la puerta al socialismo. La lucha antiimperialista, con la meta de la liberación nacional, se suma a las tareas de la revolución democrática, y la erradicación de las relaciones precapitalistas va ligada a la lucha contra la dominación del imperialismo y la destrucción del capital burocráticocomprador. Sólo la clase obrera puede dirigir tal revolución a la victoria. Los objetivos de la revolución de nueva democracia de ninguna manera son establecer una sociedad capitalista y la dictadura de la burguesía. La orientación estratégica y el programa de nueva democracia, como primera etapa de un solo proceso revolucionario, es abrirle el camino al socialismo y hacer la transición hacia éste. “La revolución de nueva democracia llevará al establecimiento de la dominación política de aquellas clases que tienen intereses en esta revolución y que se unirán bajo el liderato de la clase obrera y su partido de vanguardia para llevarla a cabo. Esta dominación política es la dictadura democrática del pueblo, que es una forma de la dictadura del proletariado”.

Los elementos socialistas tienen un importante y decisivo papel que jugar en el proceso de la revolución de nueva democracia y en su futura dirección. El liderazgo de la clase obrera le da un carácter socialista a esta revolución. La consolidación de este liderazgo en el proceso de hacer la revolución y su reconocimiento por las otras clases revolucionarias, la toma del control por parte del Estado de nueva democracia sobre las palancas clave de la economía, la política y la cultura, y su promoción y aliento a las organizaciones económicas colectivas de las clases trabajadoras en oposición a las formas individuales de producción y distribución, todo esto garantizará el avance al socialismo. Por otra parte, la lucha contra el capitalismo burocrático durante la revolución de nueva democracia tiene un carácter democrático-revolucionario en la medida en que lucha contra el capitalismo burocrático-comprador, y también tiene un carácter socialista en la medida en que lucha contra la gran burguesía. La revolución de nueva democracia tiene así un carácter contradictorio y transitorio. Esta revolución le abre aún más la puerta al socialismo. Con la victoria de la revolución de nueva democracia y la toma del Poder en todo el país, comienza la revolución socialista.

La revolución de nueva democracia tiene que tener la mira en el horizonte del comunismo, como sociedad mundial en la que se habrán superado todas las clases y distinciones de clases; abolido todos los sistemas y relaciones de explotación; acabado con todas las instituciones sociales de opresión y las relaciones de desigualdad social (como la discriminación racial y la dominación de la mujer por el hombre); y dejando atrás todos los valores e ideas retrógrados y opresivos. Será un mundo de abundancia donde la humanidad administre colectivamente los recursos de la sociedad. El comunismo también es, desde ya, la cosmovisión global y el método científico del proletariado para conocer y transformar el mundo. ¡No podemos perder de vista esto, ni por un instante!

¡El socialismo es mucho mejor que el capitalismo y el comunismo será aún mucho mejor!
¡Se justifica la rebelión, se necesita la revolución y la emancipación de la humanidad!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia