El mayor desastre es el sistema...Se necesita una revolución.
1° de mayo de 2011

Este año, el 1º de Mayo se da en un contexto en el que el capitalismo a duras penas ha sobreaguado la peor de sus crisis económicas desde la Gran Depresión (1929-1939), una crisis que cobrara millones de víctimas en todo el mundo. A la par de esto, se agudiza la crisis mundial de alimentos: los imperialistas han presionado a los países pobres, algunos de los cuales habían sido autosuficientes en la producción de la mayoría de los alimentos, a desviar buena parte de su producción hacia exportaciones de alto valor y a abrir sus mercados a la importación de alimentos. Ahora muchos países están atrapados en un círculo vicioso: el precio de los alimentos de importación se ha disparado a la vez que se ha reducido la capacidad de sembrar cultivos de consumo local. Por tanto, millones de campesinos y agricultores arruinados que ya no pueden vivir de sus tierras han inundado las barriadas y cinturones de miseria de las ciudades.

La crisis ambiental, se ha agudizado más con el derrame petrolero en el Golfo de México y especialmente con el desastre nuclear en Japón, que no sólo plantea peligros críticos al pueblo japonés que ya han sufrido muchísimo del terremoto y tsunami, sino que conlleva riesgos potencialmente graves para el bienestar de la humanidad y el medio ambiente del mundo… Y ya se sabe lo que hace el sistema capitalista en respuesta a los desastres naturales, sea tras el huracán Katrina en Estados Unidos o tras las inundaciones en Bangladesh o Colombia: ponen también en esto la ganancia al mando y alimentan la corrupción.

Los capitalistas dicen que el capitalismo ha salido avante de la crisis financiera de 2008- 2009, una recuperación parcial que se da a costa del mayor sufrimiento de la inmensa mayoría trabajadora: Como un simple botón de muestra, el enorme crecimiento de 9.5% de la economía argentina el año pasado se basó en la exportación de alimentos de campos de cultivo para exportación como los de Salta donde al mismo tiempo ha aumentado salvajemente la desnutrición y la muerte por hambre de la población pobre local. (BBC Mundo, 26-abr-2011)

En este desastre de sistema que nos dicen es “el mejor mundo posible”, millones de mujeres jóvenes y niñas son vendidas como si fueran ganado y son obligadas a entrar en la esclavitud sexual, transportadas de un país a otro y de un continente a otro, mientras que por todas partes y de mil maneras las mujeres son degradadas, humilladas y brutalizadas. Son tratadas como objetos de placer y procreadoras en lugar de seres humanos plenos.

Pero este 1º de Mayo también se da en un contexto en el que son muchos los aspectos en que las cosas no van nada bien para los capitalistas y sus aliados. Las contradicciones interimperialistas se están agudizando y, a pesar de la condición de superpotencia única de Estados Unidos, a las principales potencias imperialistas se les está volviendo cada vez más difícil hacer que prevalezcan sus intereses frente a sus rivales, con quienes a la vez se coluden en contra de los países del “tercer mundo”. Lo peor para ellos es el hecho de que la resistencia e incluso el deseo de revolución —aunque no es tan extendido como en otras décadas— se sienten con cada vez más fuerza en ciudades y campos en muchas partes del mundo.

Desde comienzos del año el mundo ha sido testigo de importantes sublevaciones en el Norte de África y en el Medio Oriente. El pueblo, principalmente los jóvenes, valientemente se ha puesto de pie y ha enfrentado la represión. Y, a pesar de las ilusiones —promovidas por los aparatos de creación de opinión pública y por los reformistas— de lograr “libertad” y “democracia” mediante una “transición” calmada, de todas maneras han hecho trizas la idea de que las cosas nunca pueden cambiar y han demostrando “poderosamente que no existe ninguna necesidad permanente de que las condiciones existentes sean así en que la gran mayoría de la humanidad sufre tan terriblemente”, como acertadamente señala el dirigente revolucionario internacional Bob Avakian.

Es más que justo rebelarse contra un sistema en el que millones de hombres y mujeres participan en la producción socializada y a escala global como nunca antes en la historia humana, creando gran cantidad de riquezas que son apropiadas por una pequeña minoría. Un mundo profundamente desigual donde en unos pocos países se concentran y gastan la gran mayoría de los recursos y riquezas producidas por la inmensa humanidad esclavizada y explotada. Un mundo donde diariamente mueren al menos 25.000 niños de enfermedades curables, cerca de mil millones de personas pasan hambre... Un mundo donde las guerras dirigidas las grandes potencias imperialistas encabezadas por Estados Unidos devastan pueblos enteros a nombre de defender o imponer la “democracia” imperialista (es decir dictadura velada o abierta); donde las poderosas compañías petroleras y mineras traen devastación al medio ambiente y mayor dependencia.

Estas son las cuestiones candentes del día en el mundo, que influencian a todos los países. En Colombia, que es un simple piñón de todo este sistema de opresión y degradación humana, el pueblo ha padecido además una guerra reaccionaria por parte de unas fuerzas militares y paramilitares al servicio de los grandes terratenientes y grandes burgueses lacayos del imperialismo, a nombre de combatir a las reformistas guerrillas tradicionales. Como resultado, unas cuantas familias de terratenientes y capitalistas agrarios controlan el grueso de las tierras más fértiles, mientras más de cuatro millones y medio de campesinos han sido expulsados de sus tierras en los últimos 20 años hacia los cinturones de miseria de las principales ciudades, allanando el camino además a los cultivos agroindustriales y a la minería de los imperialistas.

Un país donde un puñado de parásitos como los Santos y los Carranza, los Uribe y los Castaño, los Nule y los Santodomingo y Ardila-Lule, vive del trabajo de millones de personas. El parasitismo es tal que tipos como Luis Carlos Sarmiento-Angulo, quien según la revista Forbes ocupa el puesto 75 entre los más ricos del mundo, en un año elevó su fortuna de 5.600 millones de dólares a la bobadita de 10.500 millones, un “módico” aumento de 87.5%, mientras el aumento del salario mínimo fue del 4%. ¡Qué vulgaridad!, ¡este explotador en un año obtuvo ganancias de más de 9 billones de pesos, el equivalente a lo que recibieron un millón trescientos mil obreros en ese mismo periodo de tiempo!

Todo eso es causado por el funcionamiento normal de este sistema, con su peso asfixiante sobre la inmensa mayoría. Todo eso ocurre a pesar de que existen la tecnología y la riqueza a una escala y en formas nunca antes imaginadas —producidas por millones, por miles de millones de personas por todo el mundo quienes no tienen nombre ni rostro para los que mandan—, tecnología y riqueza que se deberían constituir un recurso perteneciente a toda la humanidad y que se podrían y deberían utilizar para satisfacer las necesidades de la gente de todas partes para tener una vida cultural, intelectual y material digna y cada vez más enriquecedora.

Y los propagandistas del sistema dicen que las únicas alternativas para la humanidad son: la globalización imperialista, con su alta tecnología controlada por un puñado que se beneficia; sus talleres de superexplotación y miseria; su campaña tozuda para imponerle el “derecho de propiedad intelectual” a las medicinas clave, a organismos vivos, etc.; sus guerras… o el fundamentalismo religioso, con todo lo que tiene de retrógrado y opresivo. ¿Son esas las únicas opciones? ¡No! Un mundo sin explotación y opresión, sin ignorancia y superstición, donde la humanidad sea de veras emancipada, es no sólo deseable sino necesario y posible. Lo que estorba para lograrlo es el sistema capitalista.

Esa alternativa es el socialismo, donde la clase obrera gobierna y el propósito de la producción es satisfacer las necesidades del pueblo y la transformación revolucionaria de la sociedad. Y en éste se requerirá la dictadura del proletariado es decir contra los que pretendan regresar al sistema de explotación y opresión. No pretenderá ser una “democracia pura”, tendrá prioridades, principios y métodos fundamentalmente distintos, y eso llevará a una respuesta muy diferente a todo.

La revolución no es simplemente un cambio de algunas relaciones en una sociedad de manera que siga igual en lo fundamental. La revolución es nada menos que derrotar y desmantelar el estado opresor existente (burgués-terrateniente en el caso de Colombia y la mayoría de países neocoloniales), que le sirve al sistema capitalista imperialista —y en particular a los aparatos de represión y violencia organizada, incluyendo las fuerzas armadas, la policía, los tribunales, las cárceles, las burocracias y el poder administrativo— y el reemplazar todos esos aparatos de coerción y violencia reaccionaria, por organismos de poder revolucionario y otras instituciones y estructuras revolucionarias del gobierno cuya base se ha forjado por medio del proceso de construir el movimiento para la revolución, y de guerra popular, y luego consumar la toma del poder, lo que posibilita un cambio más radical en toda la sociedad —no sólo en la economía y en las relaciones económicas, sino también en las relaciones sociales y en la política, la ideología y la cultura.

La tan repetida afirmación de Lenin de que “salvo el poder todo es ilusión” está condicionada a la meta de los revolucionarios, a para qué ese poder. La mayor ruptura radical se requiere para poder sentar las bases para alcanzar de veras la meta de la revolución: el avance al comunismo, la realización de lo que llamamos las “4 todas”: la abolición de todas las diferencias de clase, la abolición de todas las relaciones de producción (es decir, económicas) en que éstas descansan, la abolición de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a dichas relaciones sociales.

No se trata de “voltear la tortilla”, se trata de emancipar a las clases trabajadoras, emancipando a toda la humanidad, lo que requiere la participación consciente en el proceso de que el mismo pueblo se transforme y transforme todas las relaciones sociales, acabando con el patriarcado, el racismo, el egoísmo, el chovinismo, así como las ideas e instituciones que las refuerzan. Una revolución que vaya eliminando las diferencias de clases y las clases mismas, las diferencias opresivas entre quienes dirigen y son dirigidos, entre el campo y la ciudad, entre el hombre y la mujer, entre trabajo manual y trabajo intelectual y entre países (y al final a los países mismos). Para esto se requiere que hoy se esté construyendo un movimiento para la revolución, para luchar contra el sistema y transformar al pueblo, forjando un pueblo revolucionario, e igualmente que se esté construyendo la dirección que se necesita, un partido realmente comunista que genere, en y para la lucha de clases unos líderes que estén a la altura de la talla de estos retos.

Derrocar el poder de los opresores y explotadores, con el inmenso poderío que han desarrollado para buscar perpetuarse, sólo puede hacerse por medio de la violencia revolucionaria con un alto grado de organización y centralización. Ese poder que se basa en tremendos aparatos de coerción no va a caer como fruta madura. Se requiere de una guerra popular, en campo y ciudad, acorde a las nuevas condiciones de los países oprimidos en general y de Colombia en particular sacando lecciones tanto de lo positivo como de lo negativo de las ricas experiencias de la primera ola de revoluciones proletarias.

En la actual encrucijada del movimiento revolucionario hay una crucial lucha de líneas entre, por una parte, la vertiente de los comunistas revolucionarios que pugnan por desarrollar y plasmar una concepción científica del comunismo y, por la otra, dos grandes vertientes que, independientemente de sus vestimentas (del siglo 18 o del siglo 21) una concibe el “socialismo” como un “perfeccionamiento de la democracia”, y la otra que se apega a la defensa cuasirreligiosa, a la reificación, de las experiencias de la primera etapa de la revolución proletaria mundial que finalizó con la restauración del capitalismo en China en 1976 (en la Unión Soviética tal restauración se había dado 20 años antes).

En esta lucha de líneas, la línea comunista revolucionaria cuenta con los grandes aportes de la nueva síntesis que ha venido siendo desarrollada desde hace tres décadas por Bob Avakian, el presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, quien además de haber sido un importante líder del movimiento comunista internacional jugando un papel clave en la reorganización de las fuerzas marxista-leninista-maoístas tras la pérdida de China, principalmente viene dotando al movimiento comunista con una renovada y vivaz visión del socialismo y la transición al comunismo y con valiosos aportes al método, entre sus muchas contribuciones. Por diversas razones, entre otras una especie de “chovinismo tercermundista”, desafortunadamente las contribuciones del camarada Avakian no han tenido aún la acogida debida (ha sido tergiversado, si es que se le ha estudiado) en buena parte del movimiento comunista internacional, que más que una reunificación organizativa requiere urgentemente forjar principalmente unidad ideológica y política.

Para hacer la revolución en la Colombia de hoy como parte de la revolución mundial, necesitamos de una vanguardia comunista, de un Partido Comunista Revolucionario de verdad, dotado de una comprensión y enfoque científicos del mundo, que le entre sin ambages a la actual lucha de líneas, basándose y haciendo parte del desarrollo de la nueva síntesis del comunismo, que permite tanto sacar las lecciones de la experiencia de la revolución y construcción del socialismo de la primera etapa de la revolución proletaria mundial así como tener una visión más elevada de la sociedad futura, del socialismo y el comunismo. Se necesita acelerar y elevar el proceso de construcción de tal partido auténticamente comunista, en medio y en función de forjar y dirigir a un pueblo revolucionario en la construcción de un movimiento para la revolución, y que en medio de dirigir y moldear con su visión la resistencia contra el enemigo de clase, cree la condiciones para desarrollar la revolución que se necesita en Colombia como parte y en función de la revolución proletaria mundial.

¡Viva el Primero de Mayo rojo, internacionalista y revolucionario!
¡Desechar las ilusiones constitucionales, la revolución es la solución!
¡Un mundo mejor es posible! ¡Aumentar la resistencia, forjar un movimiento para la revolución!
¡Por la emancipación de la humanidad, tener las miras puestas en la meta del comunismo!
¡Romper las cadenas, desencadenar la furia de la mujer como fuerza poderosa para la revolución!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia

«Hay que manejar correctamente la relación entre defender los principios básicos y aplicarlos creativamente. Y aplicarlos creativamente implica estar abiertos a la posibilidad de que algunas cosas que consideramos fundamentales o cruciales quizá no sean completamente correctas y hasta puedan ser incorrectas, o sea, posiblemente se demuestre que sean erróneas o que ya no se apliquen. Aquí hay otra unidad de contrarios, igual que la reverencia y la irreverencia. La Declaración del MRI señala que si no defendemos los principios básicos, cualquier aplicación creativa nos llevará al fango. Y sobran las experiencias, como por ejemplo el "desarrollo creativo" del marxismo-leninismo por Jruschov, o sea, el revisionismo. Pero por otro lado, si aplicamos ciegamente los principios básicos, se convertirán en su contrario. Es lo mismo con la reverencia y la irreverencia. Precisamente porque tenemos gran reverencia, en el sentido correcto que vengo señalando, por los líderes de nuestra clase a lo largo de la historia y por nuestros camaradas en todo el mundo, o sea, precisamente porque nos aferramos a eso, tenemos también cierta irreverencia. En ese sentido, nuestra irreverencia está relacionada dialécticamente con nuestra reverencia y, a final de cuentas, se basa en ella. Y si separáramos la irreverencia de la reverencia, por decirlo así, nos volveríamos unos simples críticos burgueses con un punto de vista burgués. Hay que aprender las lecciones decisivas. Debemos tener una actitud crítica hacia todo, incluso la historia de nuestro movimiento y los aportes de sus más grandes líderes. Es muy importante manejar correctamente esta contradicción también, de acuerdo a la dialéctica y el materialismo.» -Bob Avakian, 2002