ˇDesechar las ilusiones constitucionales! ˇNo votar, combatir el sistema!

mayo, 2010

La agenda derechista va a toda máquina. Las elecciones presidenciales de este 30 de mayo (muy posiblemente con segunda vuelta el 20 de junio) no van a generar ningún cambio significativo en el próximo gobierno.

De los nueve candidatos, cinco o seis son considerados como "presidenciables": Juan M. Santos, Noemí Sanín, Germán Vargas-Lleras, Rafael Pardo, Antanas Mockus y Gustavo Petro. Al igual que en otros países, lo de "presidenciable" no tiene que ver con "lo que quieren los votantes" ("la opinión"). "Tiene que ver con que un candidato sea aceptable a la clase dominante y que ÉSTA resuelva que le puede dar el poder supremo para que gobierne en su nombre y en su beneficio". Y en estas elecciones hay un criterio clave para definir "presidenciable": tiene que ser continuador de los tres pilares del uribismo: "seguridad democrática", "confianza inversionista" y "cohesión social".

Se pretende incluso que, como acertadamente sintetizara un conocido editor, "la seguridad democrática del presidente Uribe se convierta en toda una política de Estado, como el Corán en la teocracia de los talibanes" ("La seguridad democrática entre comillas", Felipe Escobar, El Malpensante Nº 101, sep-2009). Y es que los áulicos de Uribe, encabezados por J.O. Gaviria, consideran que estas ideas constituyen todo un "cuerpo de doctrina" y han creado un "Centro de Pensamiento" uribista para que tal doctrina "tenga influencia en el país al menos durante los próximos 50 años".

Si bien tales sueños vanos de establecer a Uribe como "pensador" se desinflarán mucho antes de lo que pretenden, "Las ideas de Uribe" (título de la colección que desarrollan la "doctrina") van a continuar con otro empaque porque no son más que las impuestas por sus amos imperialistas: la seguridad democrática se basa en la "guerra contra el terrorismo" del Pentágono, adobada con anticomunismo mondo y lirondo; la "cohesión social" (un concepto que en la literatura sociológica aparece con Durkheim en los años 30) es considerada como "la gran línea maestra de cooperación internacional" que la Unión Europea propone como "el nuevo paradigma que debe regir las relaciones entre Europa y América Latina"; y la "confianza inversionista" no es más que proporcionar las mayores facilidades al capital (del país o, principalmente, extranjero) para garantizarles las mayores ganancias. ¡Una entrega completa al gran capital!

Si bien en la recta final de las elecciones han cambiado parte de los personajes, o han cambiado de función, y sin importar qué tan apretada resulte la votación, desde el comienzo ha sido claro que en estas elecciones se definirá quién será el continuador de Uribe. Por ejemplo, el especialista en América Latina del periódico español El País M.A. Bastenier (con contactos importantes en los círculos de la prensa y el poder en Colombia) lo veía claramente hace un año: "Dentro del uribismo, el ministro de Defensa [J.M. Santos] es, seguramente, lo más presentable., el plan B. consistiría en que el Presidente apadrinara a alguien para que la opinión supiera que se le estaba pidiendo una transferencia de votos de Uribe a su delfín. Muchos opinan que Sergio Fajardo sería un gran candidato -y yo que Rafael Pardo-., el Presidente puede concluir que para uribista, él es el más convincente de todos.. Así, el plan C se llamaría Álvaro Uribe Vélez por un tercer mandato." ["Del Uribito al Uribato", El Espectador, 9 de mayo de 2009]

TODOS los "presidenciables" prometen continuar las políticas de Uribe, sean uribistas abiertos o vergonzantes. La definición de "presidenciable" quiere decir que se permiten "críticas" de los detalles (incluso tal vez hasta de el enfoque neopopulista), pero que no se puede cuestionar el contenido de las políticas que mantienen este sistema. Las clases dominantes no van a permitir que las elecciones sean un terreno para dudas y verdadera oposición.

Para ellos "el palo no está para cucharas". En países como Colombia dominados por el imperialismo (semi- o neo-coloniales, con elementos semifeudales -lo que NO quiere decir que no haya desarrollo capitalista o no sea predominante en muchos casos) lo común es que haya poca cohesión en el seno de las clases dominantes (entre terratenientes y grandes capitalistas y entre las distintas facciones de estos). Ante el auge de la resistencia, que llevó a significativas expresiones armadas, en la sociedad colombiana se fue desarrollando una polarización entre el Establecimiento y la guerrilla tradicional, principalmente la de las FARC, polarización que llegó a su máximo grado con el régimen de Uribe. Para poder salir airosas de esta polarización, las clases dominantes buscan fortalecer su cohesión y por eso los principales "presidenciables" son políticos que a la vez que proponen ciertos "ajustes" (y en algunos casos cierta "moderación" de los excesos y aberraciones), son identificados con los tres pilares de la política uribista, lo que ilustra el marcado desplazamiento del "centro" de la política burguesa hacia la derecha (que se refleja en la presión a los candidatos para manifestar su religiosidad, y la falta de escrúpulos, entre otras perlas).

Un gran sector social (principalmente de las clases medias) que han apoyado a Uribe, y a los que el pragmatismo tan en boga no les llega hasta a aceptar las ahora más comprobadas aberraciones de la imposición de la "seguridad democrática", ha hecho que surja cierto hastío con algunas figuras que encarnan lo más perverso del uribismo (dejando a Uribe casi ileso, toda vez que "no le pueden demostrar" nada de las acusaciones debido a su "viveza" para hacer las cosas) y ha "En vez de decidir una vez cada [tantos] años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento, [en el socialismo] el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas" (C. Marx, La guerra civil en Francia) Como todo lo demás en la sociedad de clases, a las elecciones las condicionan y moldean las relaciones de clase. "Las elecciones son controladas por la burguesía; no son de ningún modo el medio por el cual se toman las decisiones básicas; y se efectúan con el propósito primario de legitimar el sistema, la política y las acciones de la clase dominante -dándoles la fachada de un mandato popular- y de canalizar, confinar y controlar la actividad política de las masas populares". (Bob Avakian, Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?) hecho que al candidato apadrinado por Uribe le toque una reñida disputa con un supuesto "outsider" como Mockus (que hace binomio con otro dizque intruso, Fajardo, apadrinado por el poderoso Sindicato Antioqueño y por otros poderosos "non sancta" de esa región). Mockus plantea continuar con las políticas de Uribe pero "dentro de la legalidad", legalidad a la que tiene un apego casi enfermizo que lo hace identificarse en la práctica con J.J. Rendón, el nefasto publicista de Santos (y Uribe), con su lema: "Si todo es dentro de la ley, no tengo escrúpulos" [Semana, 13-sep.-2007].

En su afán por ganarse a las capas medias, los dos más opcionados "presidenciables" tienen en su equipo a notorios ex dirigentes sindicales de la vetusta izquierda parlamentaria (renegados incluso de ésta) - el ex alcalde de Bogotá Luis E. Garzón y el ex ministro, ex gobernador y ex diplomático Angelino Garzón- buscando erosionarle adeptos a Petro quien se ha esforzado por hacer cada vez más méritos con las clases dominantes locales y los imperialistas para que no se asusten al identificarlo con los sectores progresistas que mantienen ilusiones constitucionales para el cambio.

Pero, primero que todo, las estructuras políticas de la sociedad -en particular en una sociedad dividida en clases- no existen para servir y darles acceso a todos y a todas las ideas. Las personas que detentan posiciones de autoridad en esas estructuras existen y funcionan para servir al sistema económico existente y a la clase que tiene la posición dominante en ese sistema. Todo Estado, incluidos los que realizan elecciones y toleran disensión hasta cierto punto, son dictaduras de esa clase dominante sobre el resto de la sociedad, o por lo menos sobre aquellos cuyos intereses se oponen a los intereses de la clase dominante.

No es un descubrimiento nuevo, ya desde finales del siglo XIX Marx, en el "Dieciocho Brumario", desarrolla y aclara este asunto: "Pero el demócrata, como representa a la pequeña burguesía, es decir, a una clase de transición, en la que los intereses de dos clases se embotan simultáneamente unos contra otros, cree estar por encima del antagonismo de clases en general". Aquí Marx habla del hecho de que la pequeña burguesía es una clase que no tiene futuro como tal y no es capaz de gobernar la sociedad como tal, aunque es posible que los representantes de la pequeña burguesía de hecho lleguen a presidir la sociedad o a dirigir la sociedad como representantes del proletariado o como representantes de la burguesía -hacer la transición hacia un lado para asumir el punto de vista y los intereses de clase de una u otra de estas dos clases fundamental y antagónicamente opuestas. Por eso Marx se refiere a la pequeña burguesía como una clase de transición en que los intereses de dos clases -la burguesa y la proletaria- "se desafilan espontáneamente unos contra otros". Por eso el demócrata pequeño burgués "cree estar por encima del antagonismo de clases en general".

Las expresiones de este punto de vista se ven por montones, entre otras respecto a estas elecciones y el triunfo de un candidato "menos de derecha", por ejemplo diciendo "la gente está más inclinada hacia la conciliación". Ésta es una expresión típica de la perspectiva de clase de personas de la pequeña burguesía -que por lo común creen "estar por encima del antagonismo de clases en general". Se imaginan que puedan agitar la varita mágica del idealismo pequeñoburgués y eliminar los conflictos de clase objetivos y el antagonismo y la lucha a que dan lugar repetidamente de una u otra manera estos conflictos, ilusionándose y engañándose a sí mismo.

Mientras haya un sistema basado en la explotación y opresión, el verdadero cambio nunca se encontrará en las urnas, pues los gobernantes así como el parlamento estarán condicionados por las necesidades y la agenda del imperialismo y de las clases dominantes locales. Para poder lograr una sociedad donde la mayoría del pueblo tome en sus manos conscientemente la posibilidad de resolver los problemas fundamentales, no sólo para satisfacer las necesidades materiales sino incluso el derecho de las masas a dirigir la sociedad hacia un mundo donde no primen las profundas desigualdades sociales y divisiones de clase, se requiere una REVOLUCIÓN que en las actuales condiciones del país y del mundo deberá destruir el viejo Estado y construir sobre sus cenizas un nuevo Estado de transición hacia una sociedad sin diferencias de clase y sin clases: el comunismo. Como un paso indispensable para continuar avanzando sobre la base de la lucha mancomunada por apuntar a la supresión de todas las diferencias de clase; la supresión de todas las relaciones de producción en que estas descansan; la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción; y la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales.

Para esto corresponde construir un movimiento verdaderamente revolucionario, no sólo de nombre. Un movimiento que ESTAMOS esforzándonos por construir y para lo que se requiere trabajar porque se conozcan las verdaderas ideas de los comunistas sobre lo que es una revolución, lo que es una sociedad realmente nueva, una que se base en los logros de las revoluciones socialistas del siglo XX pero yendo más allá, corrigiendo los errores. ¡Eso es lo que hay que elegir!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia