Pasemos de la indignación a la rebelión y de la rebelión a la revolución, organizados bajo un correcto liderazgo
1º de mayo, 2007

Este 1º de Mayo llega en medio de una gran indignación del pueblo colombiano por el destape de irrefutables evidencias del oprobioso carácter del régimen que las clases dominantes no pudieron seguir tapando como hasta ahora. Su estrecha relación con los narcoparamilitares, a los que han engendrado y nutrido, ya no la pueden esconder. Las innumerables fosas comunes repletas de cadáveres que los gobiernos de la burguesía y los terratenientes han dejado en su afán de mantenerse en el poder a toda costa para tratar de perpetuar su hambreador y genocida sistema, son inocultables. Como también lo son las miserables condiciones de hambre del pueblo en el Chocó y otras regiones del país.

Dicen que están buscando eliminar la pobreza, pero lo que están es eliminando a los pobres. A pesar de que las clases en el poder sostienen, torciendo las cifras, que ha mejorado el nivel de vida del pueblo, la realidad muestra lo contrario. La pobreza y la miseria extrema se han acentuado más, mientras los más adinerados y corruptos vienen acumulando riquezas en una forma escandalosa, ya sea con sus ganancias provenientes del negocio del narcotráfico o de la mayor explotación de los trabajadores. Qué ejemplo más claro de la correcta síntesis que hiciera Carlos Marx de que la acumulación de riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria, bestialización y degradación moral en el polo opuesto.

Junto con la explotación viene aumentando la opresión y la mayor represión en campos y ciudades, incrementando el presupuesto para el ejército y la policía, organizando al lumpen como “cooperantes” o sapos como parte de su “seguridad democrática” y su “guerra contra el terrorismo”, todo para tratar de impedir que se dé una respuesta organizada del pueblo. Las clases dominantes saben muy bien que el Poder nace del fusil, y consideran ¡y mucho! la posibilidad de que haya un levantamiento revolucionario de las masas, y para ello se preparan, no sólo armándose hasta los dientes, sino además mediante la ofensiva ideológica, entre otras cosas creando una imagen de todopoderosas, y promoviendo ideas reformistas y pacifistas, desmovilizadoras, en el seno del pueblo.

El proceso que se ha venido dando de legitimación de las bandas paramilitares, con el que el fascista Uribe se las da de “pacificador”, ha sido clave para garantizar la inversión imperialista, para profundizar la mayor dominación semicolonial, y para aumentar la presencia de tropas yanquis en el territorio nacional (extendiendo el oprobioso “Plan Colombia” a una segunda fase), como lo reconoció descaradamente hace apenas una semana el lacayo Uribe diciendo que para entrar a Tres Esquinas había que pedirle autorización a las tropas yanquis, o como se vio en la visita imperial de Bush cuando sus guardaespaldas revisaron una a una las armas de las tropas colombianas. Las fuerzas represivas del Estado se han acrecentado con la incorporación de los paramilitares (“reinsertados”) como policías de carreteras (“salvavías”), guardianes del espacio público que reprimen y roban a las masas y “vacunan” a los pequeños y medianos comerciantes, y controlan la vida de la gente en las barriadas, o como infiltrados en colegios y universidades.

En fin, lo que viene dándose es un mayor sometimiento al control económico, político, militar y judicial al imperialismo, y esto es una necesidad vital también para las clases dominantes colombianas. Ante la evidente connivencia de las clases reaccionarias con el paramilitarismo, en que decenas de políticos corruptos y chafarotes de la policía, el ejército y el DAS no pueden ocultar su rabo de paja, se vienen inventando el término de “farcpolítica”, para desviar la atención e iniciar una cacería de brujas, tratando de hacerle creer a la opinión pública que paramilitarismo y guerrilla son lo mismo. La realidad es muy otra, tanto los paramilitares como las guerrillas tradicionales representan intereses de clase distintos, no se pueden echar en un mismo saco de “actores armados”.

Las clases reaccionarias con el pretexto de “guerra contra el terrorismo”, poniendo el sambenito de “terrorista” a sus opositores, han promovido la creciente polarización del país entre las fuerzas de la más abierta reacción con Uribe a la cabeza, por una parte, y las guerrillas tradicionales de las FARC y (en menor medida) el ELN, por la otra, y ligando a toda oposición con la guerrilla. El que las FARC y el ELN no representen los verdaderos intereses de las masas populares (y en caso de que llegasen al poder acabarían por imponer otro sistema de explotación y opresión, ya que no tienen como meta el auténtico comunismo) no deslegitima la lucha armada del pueblo.

Esta situación colombiana se da en una situación mundial en la que, desde septiembre de 2001, la maquinaria de propaganda imperialista inició una campaña de difamación (con consecuencias militares) tachando como “terrorismo” a toda forma de resistencia contra la dominación capitalista-imperialista y semifeudal. Debido a esta gigantesca campaña, la destructividad del capitalismo ha sido encubierta con palabrería sobre “liberación”, “democracia” y “progreso”. Ocultan con esto la realidad de su asalto global contra la economía, el ambiente y el pueblo de los países más pobres del mundo. Esta permanente propaganda en los últimos 5 años y medio ha sido utilizada para justificar guerras de agresión como las de Irak, Líbano y Palestina. También ha provocado un aumento en la represión social, el racismo, la intolerancia y la discriminación en los países imperialistas, principalmente hoy a costa de las comunidades de migrantes provenientes de los países oprimidos.

Es obvio que los grandes capitalistas de Estados Unidos son los cabecillas de la más poderosa banda de criminales ricos sobre el planeta. No quiere decir que de esta banda no hacen parte también las clases dominantes de todos los países imperialistas (principal, pero no únicamente, de los países del llamado Grupo de los 8, o G8). Estos gángsteres son los responsables de la muerte de cientos de miles de iraquíes (crimen apoyado abiertamente por Uribe). Son los responsables del caos y la destrucción que flagelan el mundo hoy, en especial en Afganistán e Irak donde medran sus tropas de ocupación. Estos criminales globales son directamente responsables de la explotación y opresión de los países más pobres, donde se involucran no sólo económica sino militarmente, y en sus propios países. Pisotean y ultrajan al pueblo del mundo, a los campesinos y obreros y a sus familias. Y así ha sido durante mucho tiempo, y hace tiempo sonó la hora de decirles ¡basta!

La del pueblo no es una lucha contra tal o cual opresor, contra tal o cual gobernante, sino que es una lucha contra todo un sistema de explotación y opresión que es mundial. Tenemos que practicar el internacionalismo y apoyar a nuestros hermanos y hermanas que viven y sufren en los demás países oprimidos por el imperialismo y en las mismas entrañas del monstruo imperialista. Este internacionalismo ha sido olvidado desde hace tiempo por los sindicatos y otras organizaciones populares que sólo se miran el ombligo. Es más importante que nunca que reafirmemos nuestra solidaridad con las masas que luchan por los derechos más fundamentales en Irak, Afganistán, Irán, Palestina —con todos los que están padeciendo o siendo amenazados por la invasión de los imperialistas—, sin dejar de lado la lucha contra los lideratos no proletarios. Y que nos unamos en y para cambiar el mundo de base.

Para que la revolución avance, debe haber una organización revolucionaria de vanguardia y ésta debe tener una ideología de vanguardia. Esta ideología es el marxismo-leninismo-maoísmo (MLM), la ideología proletaria, la ideología científica que nos enseña a luchar, con perspectiva de triunfo. Articula nuestra lucha de hoy con la meta del comunismo. Sin esa ideología, sin esa filosofía, nos desviaremos hacia el dogmatismo o hacia el revisionismo. Sin ella, y sin desarrollarla continuamente en el curso de la práctica revolucionaria, no podemos comprender el mundo correctamente y mucho menos podríamos cambiarlo de base.

Y la organización requerida es un partido comunista de verdad. Y, siendo nuestra lucha una lucha internacional, debe haber también una organización de ese nivel, una Internacional Comunista. Y ya existe el embrión de ésta: el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), formado en 1984 por partidos y organizaciones MLM de todo el mundo. El MRI ha avanzado en el desarrollo de la ideología científica, el MLM, emprendiendo la síntesis de las experiencias históricas de todo el movimiento comunista internacional en hacer la revolución y construir el socialismo, tanto de sus aciertos como de sus errores.

Y en ese proceso en particular están siendo claves los aportes de Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, uno de los líderes del proletariado internacional generados por la revolución mundial hoy. La valiosa síntesis del camarada Avakian, el marxismo vivo que le fluye, contrasta con el de los decepcionados y decepcionantes “marxistas” que creen que la revolución y el marxismo avanzan en línea recta, sin altibajos, y que cuando aparecen las mareas bajas chillan contra la revolución y contra el MLM, ya sea desde la orilla del postmodernismo o desde una secta con ropaje “MLM”. En Colombia, como parte del MRI existe el Grupo Comunista Revolucionario que, aprendiendo del camarada Avakian y de otros dirigentes del proletariado internacional, se ha constituido en embrión del auténtico partido del proletariado que dirigirá las luchas del pueblo con la mira puesta en la meta del comunismo, y en ese proceso está luchando también por generar líderes de la revolución colombiana y mundial.

Qué mejor oportunidad de reiterar el apoyo al desarrollo del MRI que el 1º de Mayo, un día para reavivar y reafirmar las metas revolucionarias del proletariado: un mundo sin clases, divisiones de clase y todo lo que esto entraña (opresión a la mujer, a minorías nacionales, etc.), y una revolución para plasmarlo en realidad. El 1º de Mayo es el día revolucionario del proletariado internacional, la clase mundial que no tiene nada que perder más que sus cadenas, la clase que puede dirigir a toda la humanidad a un mundo sin ninguna forma de esclavitud. Es el día en que el proletariado reafirma su visión internacionalista: los proletarios no tienen país y tienen la misión de forjar un mundo donde no haya fronteras que definan relaciones de explotación y opresión. La bandera roja del proletariado internacional tiene que ondear audazmente en este 1º de Mayo. Esta bandera es un llamado a ser los emancipadores de la humanidad, los representantes de la misión histórica de nuestra clase mundial.

El internacionalismo ha sido eclipsado por las presiones de la realidad inmediata. Los medios y buena parte de los sindicatos centran en los asuntos estrechos. Aunque gracias a la realidad misma, que tercamente se niega a quedarse en lo inmediato, cada día nos recuerda que vivimos en un mundo mucho más grande, más allá de las fronteras del sindicato, de la ciudad, de la región e incluso de este país.

Es durante las crisis y mediante la lucha que se dan los cambios en el mundo. Tenemos dos opciones: podemos escoger permitirles a los capitalistas y feudales continuar dirigiendo este mundo hacia el caos, como vemos que está sucediendo hoy, o podemos escoger librar la lucha de los pobres, campesinos y obreros contra el semifeudalismo y el capitalismo. Podemos escoger unirnos a la lucha de los que ya están librando este combate, como los maoístas en Nepal. Ésta es la lucha que pugna por dirigir en Colombia el Grupo Comunista Revolucionario, una lucha que se librará en las semanas, meses y años venideros, para transformar la crisis del capitalismo y el semifeudalismo en una lucha por transformar radicalmente la actual sociedad, y alcanzar un mundo sin clases ni explotación. ¡Combatamos a los verdaderos criminales! ¡A destruir el semifeudalismo y el capitalismo, a liberarnos del imperialismo y a luchar por la nueva democracia y el socialismo!