íNo Votar!
marzo, 2006

Votar es apoyar a las clases reaccionarias, que han entregado cada vez más nuestro país al imperialismo. Votar es defender la dictadura de la gran burguesía y los terratenientes. Con el voto se pone al pueblo a decidir cada cierto tiempo cuáles miembros de las clases dominantes (o sus mandaderos) van a aplastarlo y engañarlo en el parlamento.

Esta democracia burguesa, con sus elecciones, es estrecha, amputada, falsa e hipócrita; paraíso para los ricos y trampa y engaño para los pobres. El pueblo trabajador necesita más que nunca hablar y actuar por sí mismo. Por eso es repugnante votar por el "partido único" de la burguesía y los terratenientes.

Sea que este "partido único" tenga dos o tres cabezas, está compuesto de un grande y obeso cuerpo liberal-conservador y dos "extremidades": una de "izquierda" y una de derecha, más o menos visibles o discretas según el momento y las circunstancias, pero que en últimas no importan mucho, como se ve en las "depuraciones" que las distintas facciones de ese "partido único" hacen de sus amigos "incómodos", reciclándolos entre ellas.

Lo que realmente cuenta es que los mismos intereses (los de los capitalistas y terratenientes) reinan al mismo tiempo en el gobierno y en la oposición. Así, cuando cambia la representación parlamentaria de una elección a otra (y debe cambiar para darle al sistema una postiza credibilidad), el carácter del Parlamento sigue siendo el mismo.

La actual sociedad colombiana, burguesa-terrateniente y proimperialista, busca un respiro, como otras veces. Pero lo que también es cierto es que ni siquiera la burguesía y los terratenientes pueden encontrar mucho aire por el lado de la democracia. Su parlamentarismo parece cada vez más obra del pasado, desacreditado en el presente (no sólo por la compra de votos y demás formas de corrupción sino por su inoperancia), y privado de toda utilidad para el futuro.

Los revolucionarios de hoy buscamos la participación de los explotados en una transformación radical de la sociedad. Esto es lo que se llama revolución . Con el llamado a no votar, claramente decimos dos cosas: que en los Parlamentos no hay trabajadores revolucionarios, y que es inútil buscarlos allí. Lo que sí puede encontrarse allí sin duda es un montón de burgueses, y pequeñoburgueses y uno que otro ex trabajador asimilado por el sistema, pero ni un solo trabajador revolucionario de verdad.

Eso, en sí mismo, es significativo. ¡Pero lo que es más significativo es que los trabajadores revolucionarios no buscan entrar de ninguna manera al Parlamento! Su interés está más en el sentido de destruirlo, y con él a los demás aparatos del Estado burgués-terrateniente que son, en su conjunto, las herramientas utilizadas por las clases dominantes para garantizar la continuación de la explotación de los trabajadores.

Pero entonces, si los revolucionarios no buscan entrar al Parlamento, ¿quiénes son todos esos candidatos que quieren "derrocar" al gobierno e instalar una alternativa en las curules del Congreso? De hecho, a pesar de las buenas intenciones que puedan tener algunos, ellos sólo ofrecen reemplazar a los otros burgueses y a los pequeñoburgueses y ex trabajadores asimilados que los preceden y están siendo dejados de lado por las circunstancias. Es una oferta de sustitución, no de transformación, mucho menos de revolución .

La política es reflejo de la economía. Una verdadera transformación de la política requiere una verdadera transformación de la base económica. Y la guerra es la continuación de la política. Acabar con las lacras como el paramilitarismo requiere acabar con las relaciones semifeudales que el paramilitarismo (y las fuerzas armadas y de policía) no sólo defiende sino que refuerza y con el capitalismo burocrático-comprador y el imperialismo. Pero éstos no se acaban con una salida reformista de "paz" ante el cansancio de un sector del pueblo por la guerra, cansancio que no obedece a que no se quiera luchar sino más a que la actual guerra no constituye una verdadera salida por y para el pueblo al no buscar una verdadera solución radical , así utilice métodos radicales .

Para poder destruir este sistema caduco y podrido la salida (necesaria ¡y posible!) es una verdadera revolución que derribe a las clases reaccionarias y ponga en el Poder a los desposeídos y desheredados, creando una nueva sociedad. Una sociedad donde las masas populares, por fin, aprendan a gobernar, donde la tierra sea de los que la trabajan, y como los demás medios de propiedad sea para todos y no para unos pocos parásitos, y donde se pueda construir una verdadera democracia popular, una democracia proletaria.

La abstención no puede ser pasiva. Debe haber una verdadera lucha de repudio al circo electoral, de la apatía pasar a la acción. Que aquellos con más claridad les expliquen a las masas por qué no se debe votar, utilizar todos los medios para rechazar las elecciones y mostrar el verdadero camino. Que el rechazo a estas elecciones y las que vienen sea una escuela de lucha, de preparativos para la gran lucha verdaderamente revolucionaria , una lucha del pueblo por el Poder para transformar y dirigir toda la sociedad.

Tenemos que repudiar a todos esos partidos reaccionarios y seudo-revolucionarios, que son meras facciones de un "partido único" y unirnos en torno a los que vienen construyendo en medio de dificultades el verdadero partido revolucionario, un partido que tenga como meta acabar con la explotación y opresión, no sólo del pueblo colombiano, sino que tenga como horizonte la liberación de toda la humanidad.

¡La revolución -y no las elecciones- es la solución!

¡No votar! ¡Se necesita una verdadera guerra popular!

Grupo Comunista Revolucionario