ˇUnámonos en la lucha por un mundo diferente!

La situación se hace cada vez más intolerable para el pueblo. La pobreza y la miseria extrema se han acentuado más. Y llevan aparejada mayor represión con las llamadas "seguridad democrática" y "guerra contra el terrorismo" para tratar de impedir que se dé una respuesta organizada del pueblo.

El régimen cada vez más fascista y hambreador de Uribe Vélez no puede ya ocultar su filiación al despotismo feudal de los narcoparamilitares y su creciente subyugación ante su amo imperialista. Es una necesidad vital de las clases dominantes locales y el imperialismo para mantener éste que ellos llaman "el mejor mundo posible", o el único. Y sí, es el único posible para ellos , para el puñado de parásitos que sólo pueden existir a condición de chupar la sangre a la inmensa mayoría, al pueblo trabajador. Es el único mundo al que puede llevar una sociedad dirigida por los capitalistas y terratenientes. Es el único mundo al que puede llevar la dominación imperialista. Y sólo puede ser más hambreador y represivo.

El actual proceso de legitimación de las bandas paramilitares y el mayor sometimiento al control económico, político, militar y judicial al imperialismo, son una necesidad vital para las clases dominantes colombianas y sus amos imperialistas. Y han ido de la mano y se han amparado en la supuesta "guerra contra el terrorismo" para promover la creciente polarización del país entre las fuerzas de la más abierta reacción con Uribe a la cabeza, por una parte, y la guerrilla tradicional de las FARC y el ELN, por la otra. La maquinaria de crear opinión pública de las clases dominantes ha jugado un papel clave en la polarización política, haciendo creer a importantes sectores del pueblo que la causa de la situación de miseria es la guerrilla, cuando ésta ha sido un efecto , producto del legítimo impulso a rebelarse de manera armada contra la miseria y opresión.

El que las FARC y el ELN no representen los verdaderos intereses de las masas populares no deslegitimiza la lucha armada del pueblo, sino que recalca la necesidad de que ésta deba ser parte de una verdadera guerra popular, es decir de que no busque remendar el sistema capitalista sino que a la vez que lo destruye paso a paso, va construyendo sobre sus ruinas una sociedad de nueva democracia, un nuevo poder de obreros en conjunto con campesinos y pequeña burguesía urbana (es decir que en esta fase no tiene como blanco a los pequeños propietarios del campo y la ciudad pero a los grandes burgueses y terratenientes) sentando las bases para, una vez conquistado el poder en todo el país , iniciar la construcción del socialismo como parte de la revolución proletaria mundial.

Un mundo sin explotadores ni explotados, en el que se produzca para satisfacer las necesidades de la gente y no para generarles ganancias a un puñado de parásitos ha sido posible. Y es posible otra vez, ¡y mejor!, corrigiendo las deficiencias, que las tuvo. Mucho de lo que hoy sólo nos podemos imaginar, ya se ha dado en Rusia y China cuando fueron socialistas: las masas yendo al trabajo conscientes de producir en función de las necesidades de toda la sociedad y de apoyar la revolución mundial, participando en la dirección de las empresas junto con los administradores y técnicos, mientras éstos a su vez participaban en el trabajo manual, siendo tratados como seres humanos en todas las actividades; con acceso a la educación, salud y recreación, mujeres y hombres tratados como iguales, ancianos no considerados como máquinas desechadas sino útiles a la sociedad; y todos siendo tenidos en cuenta no como objetos sino como sujetos en la elaboración de planes económicos (y en la dirección de la sociedad). Todo eso y más fue y será posible.

Los importantes cambios sucedidos en las últimas décadas en el país y el mundo, por supuesto, han exigido que los comunistas reajustemos nuestros análisis de la sociedad actual y la correspondiente estrategia para la revolución. Y eso hemos venido haciendo, por supuesto en lucha -en el conjunto del movimiento obrero y popular- contra las tendencias dogmáticas que pretenden ignorar los cambios y contra las tendencias revisionistas que buscan negar la necesidad de la revolución y de la violencia revolucionaria.

No es cuestión de terquedad ni de deseos subjetivos. El análisis científico de la sociedad por parte de los comunistas revolucionarios ha implicado no sólo volver a evaluar, a partir de los logros ¡y errores! (que no constituyeron el aspecto principal) de las experiencias de construcción del socialismo que se dieron en el siglo 20, y a la luz de la comprensión alcanzada hoy, sino también ajustar cuentas con las tendencias dentro del movimiento obrero y popular, impregnadas de la concepción burguesa que niegan la necesidad de la revolución y crean ilusiones en una "terceras vía" entre el capitalismo y el socialismo y dilapidan la rebeldía de las masas en presionar simples cambios de gobierno cuando lo que se requiere es un cambio de sistema , una revolución de verdad.

De la síntesis de las experiencias revolucionarias hasta hoy, en particular la Gran Revolución Cultural Proletaria de China en las décadas de 1960 y 1970, no se puede más que concluir que es justo rebelarse contra todo lo reaccionario, que es una necesidad tajante que la revolución es asunto de las masas por millones, y que hoy más que nunca el proletariado requiere defender su ideología -el marxismo-leninismo-maoísmo-, el socialismo y el comunismo, el partido (y la Internacional comunista), la dictadura del proletariado y la violencia revolucionaria. Estas cinco defensas son claves para hacer realidad las brillantes perspectivas para el pueblo de Colombia y del mundo.

La revolución proletaria no sólo es necesaria, también es posible. En el pasado se ha logrado y hoy se está logrando en Nepal, un país que si bien está al otro lado del planeta, cada vez está más cerca de los corazones de los pueblos del mundo. Millones a los que antes les era negado todo, hoy están dirigiendo su propio destino en casi todo el país. Los imperialistas y reaccionarios del mundo están tratando de impedir que conquisten el poder a nivel nacional y buscarán ahogar en sangre la revolución. Pero los pueblos del mundo les advertimos: ¡No toquen a Nepal! Más partidos maoístas unidos en el Movimiento Revolucionario Internacionalista, el embrión de la Internacional de nuevo tipo, están también librando o preparándose para librar guerras populares. Los maoístas de Colombia construyen el partido que dirija al pueblo en esa misma dirección. Unámonos en la lucha por un mundo diferente, la lucha revolucionaria hacia el socialismo y el comunismo.