ˇOponerse a la guerra con la revolución, no con la paz!

Aún sin asentarse el tierrero armado por la demostración de lo que son capaces las potencias imperialistas por el control del mundo, apenas acabando la carnicería inicial de la infinitamente injusta guerra de agresión contra Irak, ya se acentúan las disputas entre los diferentes y temporales alineamientos imperialistas —Estados Unidos, Inglaterra y su socio menor España, por una parte, y Alemania, Francia y Rusia por la otra—, en pelea de fieras hambrientas disputándose la ensangrentada presa. Esta es una muestra de lo que es el “nuevo” orden mundial que quieren imponer, a sangre y fuego y con montañas de mentiras, los imperialistas, y que con tanto ahínco defienden en el país el ultraservil Uribe-Vélez y los de su calaña.

Pero las oleadas de lucha de millones y millones del pueblo en todo el mundo también son una muestra de la resistencia que enfrentan y enfrentarán: desde las marchas de protesta en todos los continentes, incluyendo los mismos países imperialistas, hasta las acciones armadas de las justas guerras revolucionarias en Nepal, Perú, Turquía, India, y Filipinas.

Para nadie que tenga ojos para ver, lo que ha pasado y está pasando en Irak es algo “ajeno” ni “remoto”. La guerra de agresión a Irak no es solamente por el control de una región estratégica del mundo como es el Medio Oriente, sino que también busca dejar en claro las condiciones en que se establece la relación entre países en el “nuevo orden mundial” proclamado por Estados Unidos luego del derrumbe de su principal rival imperialista, la que fuera la Unión Soviética.

La referencia a América Latina como su “patio trasero” por parte de los imperialistas estadounidenses no se queda en palabrería de la arrogancia imperial. En el contexto de la nueva redivisión del mundo entre los imperialistas, el poner en cintura un país con un conflicto que puede desestabilizar toda la región que está bajo sus narices, pasa a tener cierta prioridad para los yanquis. No es imaginación, Colombia es el país que recibe la tercera mayor “ayuda” militar de los imperialistas, y a marzo de 2003 había más de 700 “asesores” militares yanquis en el país, casi la mitad de ellos mercenarios contratados como “civiles” que no sólo entrenan sino que dirigen a la horda de asesinos militares y paramilitares que asolan principalmente los campos de Colombia.

Y no es sólo en lo militar. Las clases dominantes están apretando más las clavijas al pueblo en las diferentes esferas: en lo político, coartando las libertades, limitando los derechos democráticos básicos, estableciendo un Estado policial con cada vez más medidas fascistas como el empadronamiento y el control del desplazamiento y demás en las “zonas de rehabilitación”, los allanamientos “voluntarios”, el fomento de informantes, etc.; en lo económico, arrancando las conquistas logradas en décadas de duras luchas del proletariado y el pueblo; en lo ideológico, estigmatizando e incluso castigando el disentimiento a la vez que hablan de “tolerancia” y “pluralismo” Esa es la forma en que pretenden mantener este sistema putrefacto y moribundo.

El sistema de explotación y opresión que rige en el mundo ha fracasado completamente. ¡Y las clases explotadoras y opresoras están tratando de echarnos la culpa del fracaso de su sistema! Según sus políticos y expertos el masivo desempleo se debe a que la gente es “perezosa”, a que los salarios son demasiado “altos” o a que la seguridad social es “demasiado costosa”; nuestra comida es contaminada porque la gente quiere “comprar muy barato”; las mujeres y los niños padecen abusos sexuales y otros maltratos porque son “demasiado débiles”; el ambiente es saqueado y dañado inmisericordemente porque se atraviesa en el camino del “progreso tecnológico”.

La pequeña élite que hoy domina y se enriquece a expensas de la inmensa mayoría siempre trata de mantener su dominación dividiendo a esa gran mayoría y poniendo a un sector a alinearse con ella, ya sea a través del chantaje o mediante la distorsión de la realidad, pretendiendo que las causas del oprobioso estado de cosas actual están en el pueblo mismo; para justificar la represión y la opresión; para torturar, masacrar, al igual que a nivel mundial lo hacen para librar sus guerras de agresión. Con el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” están instituyendo estados policiales que pretenden controlar cada paso de nuestras vidas.

Su cruel y sangrienta ofensiva tiene que ser enfrentada con más decidida resistencia. En última instancia sólo un levantamiento revolucionario, dirigido por el Partido del proletariado, la clase que no tiene nada que perder sino sus cadenas, puede acabar finalmente con todo esto, haciendo una revolución que no vea el mundo “desde una perspectiva colombiana o latinoamericana”, sino desde el punto de vista del internacionalismo, porque la comprensión de ese futuro —un mundo radicalmente diferente— por el que estamos luchando sólo puede lograrse mediante un esfuerzo común a nivel mundial. No podemos esperar pasivamente a que se dé este cambio revolucionario. Éste sólo puede ser posible en el futuro si hoy asumimos la lucha en cada país contra lo que nuestros gobernantes y su sistema están haciéndonos todos los días. Entre otras cosas eso significa apoyar al pueblo de todo el mundo que está luchando contra el mismo enemigo, contra el mismo sistema: desde Irak, Afganistán y Palestina, hasta México, Perú y Filipinas, pasando por Irán, Turquía, el Kurdistán, la India y Nepal así como en las calles de Estados Unidos, Irlanda del Norte y en los barrios populares de Francia y Alemania.

No queremos el actual orden de cosas, queremos un mundo realmente nuevo. Queremos un mundo en el que no seamos tratados como esclavos o robots, sino en el que podamos vivir como seres humanos. Queremos un mundo en el que la obsesión por las ganancias de una pequeña minoría ya no rija las vidas de millones. Queremos un mundo en el que las criminales guerras de conquista se conozcan sólo en los libros de historia y en el que a la larga no haya guerras del todo. Queremos un mundo en el que un puñado de países ricos ya no domine y explote a la inmensa mayoría de las naciones y pueblos del mundo. Queremos un mundo en el que la mujer y el hombre sean realmente iguales y en el que ninguna mujer en ninguna parte tenga que temer ser golpeada o violada a manos de un hombre. Queremos un mundo en el que la diversidad cultural sea respetada y tratada como algo que enriquece la sociedad humana. Queremos un mundo en el que la gente trabaje consciente y voluntariamente para suplir las necesidades de todos y para desarrollarse a sí mismos y desarrollar a la sociedad en su conjunto. Un mundo sin división de la sociedad en clases.

La visión de un mundo así es lo que nos permitirá superar todo lo que parece dividirnos, y nos permitirá unirnos en la lucha por hacerla realidad. El Primero de Mayo, el día de los obreros, es el día internacional de lucha y celebración para todos aquellos en el mundo en cuyos corazones está latiendo esta visión del futuro. Pero, hay que reiterar, tal sociedad jamás puede hacerse realidad bajo el sistema que rige el mundo hoy. Sólo puede hacerse realidad mediante una auténtica revolución, la revolución PROLETARIA. Tal revolución en Colombia y en todo el mundo es hoy más necesaria que nunca.

Para hacer la revolución se requiere lograr la unidad del pueblo, que constituye más del 90 por ciento de la población. Pero lograr la unidad implica dar la lucha en el seno mismo de las fuerzas del pueblo, pero una lucha diferente a la que se da con el enemigo. Necesitamos romper con la unilateralidad de sólo lucha sin unidad así como de sólo unidad sin lucha. Cuando los comunistas revolucionarios, internacionalistas proletarios, los maoístas, hablan de unidad, es algo completamente distinto a lo que conciben los revisionistas (comunistas de nombre pero imbuidos por la concepción burguesa) cuando hablan de esto. La concepción de los revisionistas y reformistas armados es miope, no busca unir en verdad al pueblo, a la inmensa mayoría. Es que la verdadera unidad del pueblo sólo puede hacerse con la dirección del proletariado a través de su Partido, para preparar el inicio, desarrollo y conducción hasta la victoria de la guerra popular.

Si bien en Colombia hay una rica tradición de rebelión armada que no hay que dejar perder, lo que se necesita y no ha habido es una verdadera guerra popular en la que, poco a poco, sobre las ruinas de lo viejo las masas mismas vayan construyendo una nueva economía, una nueva cultura, unas nuevas relaciones entre la gente, es decir una sociedad de nueva democracia, sentando las bases para que una vez conquistado el poder en todo el país se dé paso a la construcción del socialismo, todo como parte y al servicio de la revolución proletaria mundial. Para esto se necesita que más y más de los sectores avanzados de las masas agarren la concepción verdaderamente marxista, que hoy es marxista-leninista-maoísta.

Las lecciones y el ejemplo del pueblo de Nepal que han logrado en algo más de siete años tomar el Poder en buena parte del país construyendo una sociedad nueva sirve de inspiración a nuestras luchas, al igual que las experiencias de las revoluciones bolchevique y china que a pesar de haber sido derrotadas luego de casi cuatro décadas cada una, mostraron lo que es una sociedad dirigida por la clase obrera y su Partido, una realidad que no puede ser tapada por las montañas de mentiras y tergiversaciones. Un mejor mundo es posible, un mundo que cambie la bases del actual, un mundo en que los que hoy no son nada, teniendo sobre sus hombros la creación de riqueza, lo sean todo. Luchemos por hacerlo realidad.

¡Sin una verdadera revolución no hay una verdadera liberación!
¡Romper las cadenas! ¡Desencadenar la furia de la mujer como fuerza poderosa para la revolución!
¡Apoyar las guerras populares y las luchas revolucionarias en todo el mundo!
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡Avanzar en la construcción del Partido auténticamente comunista unido en el Movimiento Revolucionario Internacionalista!

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia

1° de mayo de 2003