Declaración del
Movimiento Revolucionario Internacionalista

Nota a la edición de 1998

Desde hace algún tiempo hacía falta una nueva edición de la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista. Adoptada en 1984 en la conferencia de formación del Movimiento Revolucionario Internacionalista, la Declaración ha sido la base política sobre la cual el MRI se ha desarrollado y avanzado. El avance más importante en la vida del MRI ha sido la adopción formal del documento ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!, en 1993, según los principios de organización del MRI. Desde que se tomó esa decisión, anunciada con motivo del Centenario de Mao (26 diciembre 1993), el documento ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!, en combinación con la Declaración, constituye la base política del MRI. En conformidad con este importante paso adelante que el MRI ha dado en su comprensión y unidad, en esta segunda edición de la Declaración se ha reemplazado la expresión "marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung" por "marxismo-leninismo-maoísmo" y la expresión "marxismo-leninismo" por "marxismo-leninismo-maoísmo" (excepto en los casos en que se utilice la anterior expresión en un contexto histórico).

Además de la adopción del marxismo-leninismo-maoísmo, otros sucesos han hecho indispensable la publicación de una nueva edición de la Declaración. La descripción de la situación mundial refleja el período en que se adoptó la Declaración (1984). Desde ese entonces, han ocurrido importantes cambios en la situación internacional, siendo lo más notable el derrumbe del socialimperialismo soviético y del bloque del Este encabezado por él. En vista de esos cambios, el MRI adoptó una resolución, "Sobre la Situación Mundial", al mismo tiempo que lo hizo con ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!. Esa resolución, la cual guía la valoración general del MRI sobre la situación mundial, se incluye como apéndice a esta edición de la Declaración.

Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista

agosto de 1998


"Hoy, el mundo se encuentra en el umbral de sucesos muy importantes. La crisis del sistema imperialista está creando rápidamente las condiciones que llevan al peligro de que estalle una nueva guerra mundial, la tercera; condiciones que dan también perspectivas reales para la revolución en todo el mundo". La exactitud científica de estas palabras del Comunicado Conjunto de nuestra Primera Conferencia Internacional en el otoño de 1980 no sólo ha sido cabalmente comprobada por el curso de los acontecimientos en el mundo; además la situación mundial se ha intensificado y agravado aún más desde ese entonces.

Así que el movimiento marxista-leninista-maoísta confronta la responsabilidad excepcionalmente seria de unificar y preparar aún más sus filas para los tremendos retos y batallas trascendentales que se preparan. La misión histórica del proletariado exige con suma urgencia una preparación resuelta para cambios repentinos y saltos en los hechos; particularmente en esta coyuntura actual, cuando los sucesos a escala mundial ejercen un efecto más profundo sobre los acontecimientos nacionales, y cuando se preparan perspectivas inauditas para la revolución, debemos agudizar nuestra vigilancia revolucionaria e intensificar nuestra preparación política, ideológica, organizativa y militar para poder manejar estas oportunidades de la mejor manera posible para los intereses de nuestra clase y para conquistar las posiciones más avanzadas posibles para la revolución proletaria mundial.

Armados con las enseñanzas científicas de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tsetung, estamos netamente conscientes de las tareas que se esperan de nosotros en la situación actual y estamos orgullosos de aceptar y obrar de acuerdo con esta responsabilidad histórica.

El movimiento marxista-leninista-maoísta sigue confrontando una crisis profunda y grave, que alcanzó su punto crítico después del golpe de Estado reaccionario en China tras la muerte de Mao Tsetung y con la traición pérfida de Enver Hoxha. Sin embargo, a pesar de estos reveses, existen marxista-leninistas-maoístas auténticos en todos los continentes que han rehusado abandonar la lucha por el comunismo.

El movimiento comunista internacional se está desarrollando a través de un proceso de una unidad y un avance más consolidados según los principios científicos del marxismo-leninismo-maoísmo[1]. En comparación con el otoño de 1980, hemos desarrollado nuestra fuerza y aumentado nuestra capacidad de ejercer una influencia sobre los hechos y dirigirlos. Nuestra Segunda Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas, que se celebró exitosamente a pesar de condiciones desfavorables y difíciles, representa un salto cualitativo en la unidad y maduración de nuestro movimiento. Y las tareas que claman por que se cumplan pueden cumplirse, y serán cumplidas, forjando una barricada invencible contra las ideologías revisionistas y todas las ideologías burguesas, proveyendo liderazgo científico a las surgientes olas revolucionarias y colocándose a su vanguardia, lo que requiere una aplicación consciente de los principios del marxismo-leninismo-maoísmo en la práctica y en la valoración científica de nuestra práctica y experiencia enriquecidas en el verdadero crisol de la lucha de clases revolucionaria.

La siguiente Declaración ha sido forjada a través de meticulosas y comprensivas discusiones y lucha de principios por los delegados y observadores que participaron en la Segunda Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas que formó el Movimiento Revolucionario Internacionalista.

La Situación Mundial

Todas las contradicciones más importantes del sistema imperialista mundial se están acentuando rápidamente: la contradicción entre las distintas potencias imperialistas; la contradicción entre el imperialismo y los pueblos y naciones oprimidos; y la contradicción entre la burguesía y el proletariado en los países imperialistas. Todas estas contradicciones tienen un origen común: el modo de producción capitalista y su contradicción fundamental. La rivalidad entre los dos bloques de potencias imperialistas, encabezados por los EU y la URSS respectivamente, inevitablemente conducirá a la guerra, a menos que la revolución la impida; esta rivalidad está ejerciendo un gran efecto sobre los acontecimientos mundiales.

El mundo heredado a raíz de la II Guerra Mundial se está desmoronando rápidamente[2]. Las relaciones económicas y políticas internacionales - el "reparto del mundo" - que se establecieron mediante la II Guerra Mundial y como resultado de ella, ya no corresponden a las necesidades de las distintas potencias imperialistas de extender y ensanchar "pacíficamente" sus imperios de ganancias. Aunque es cierto que el mundo de la post-guerra ha experimentado cambios importantes como resultado de conflictos entre los imperialistas y, especialmente, como resultado de las luchas revolucionarias, hoy día es toda esa red de relaciones económicas, políticas y militares lo que está en tela de juicio. Se está viniendo abajo la relativa estabilidad de las principales potencias imperialistas y la relativa prosperidad de un puñado de países, fruto de la sangre y la miseria de la mayoría explotada de los pueblos y naciones del mundo. Las luchas revolucionarias de las naciones y pueblos oprimidos están en ascenso una vez más, asestándole nuevos golpes al orden imperialista mundial.

Es en este contexto que la declaración de Mao Tsetung: "O la revolución impide la guerra o la guerra desata la revolución", resuena tanto más claramente y adquiere importancia apremiante. La lógica misma del sistema imperialista y de las luchas revolucionarias está preparando una nueva situación. En el período entrante, es probable que todas las contradicciones mundiales - la contradicción entre las bandas rivales de imperialistas, entre los imperialistas y las naciones oprimidas, y entre el proletariado y la burguesía en los países imperialistas, todas estas contradicciones - se expresen por la fuerza de las armas en una escala sin precedentes. Como dijo Stalin respecto a la I Guerra Mundial:

<>La importancia de la guerra imperialista desencadenada hace diez años estriba, entre otras cosas, en que juntó en un haz todas esas contradicciones y las arrojó sobre la balanza, acelerando y facilitando con ello las batallas revolucionarias del proletariado.

La agudización de las contradicciones está atrayendo al vórtice de la historia mundial a todos los países y regiones del mundo y a sectores de las masas previamente adormecidos o indiferentes a la vida política, y lo hará aún más dramáticamente en el futuro. Así que los comunistas revolucionarios tienen que prepararse y preparar a los obreros conscientes de clase y a los sectores revolucionarios del pueblo e intensificar su lucha revolucionaria.

Los comunistas son enemigos resueltos de la guerra imperialista y deben movilizar y dirigir a las masas en la lucha contra los preparativos para una tercera guerra mundial, que sería el mayor crimen en la historia de la humanidad; pero los marxista-leninista-maoístas jamás ocultan la verdad a las masas: sólo la revolución, la guerra revolucionaria que los marxista-leninista-maoístas y las fuerzas revolucionarias están dirigiendo, o preparándose a dirigir, puede impedir este crimen. Los marxista-leninista-maoístas deben aprovechar las posibilidades revolucionarias que se están desarrollando rápidamente y dirigir a las masas en intensificar la lucha revolucionaria en todos los frentes, en iniciar la guerra revolucionaria en donde sea posible, y en apresurar los preparativos allí donde las condiciones para tal guerra revolucionaria no han madurado aún. De esta manera, la lucha por el comunismo avanzará y es posible que la victoria del proletariado y los pueblos oprimidos en el curso de batallas decisivas haga añicos los actuales preparativos de los imperialistas para la guerra mundial, establezca el Poder de la clase obrera en varios países y cree una situación mundial más favorable al avance de la lucha revolucionaria. Si, por el contrario, la lucha revolucionaria no llega a prevenir una tercera guerra mundial, los comunistas y los sectores revolucionarios del proletariado y de las masas deben estar en condiciones de movilizar la furia que engendrará semejante guerra y el sufrimiento que inevitablemente la acompañará, dirigir esa furia contra la fuente de la guerra -el imperialismo - y aprovechar que el enemigo se encuentre debilitado para transformar una guerra imperialista reaccionaria en una guerra justa contra el imperialismo y la reacción.

Desde que el sistema imperialista ha integrado al mundo en un solo sistema global (y lo está haciendo cada vez más), la situación mundial ejerce más y más influencia sobre los acontecimientos de cada país; de modo que las fuerzas revolucionarias en todo el mundo tienen que basarse en una valoración correcta de la situación mundial de conjunto. Esto no niega las tareas cruciales de hacer una valoración de las condiciones específicas en cada país, formular estrategias y tácticas específicas y desarrollar la práctica revolucionaria. A menos que los marxista-leninista-maoístas capten correctamente esta relación dialéctica entre la situación de conjunto a nivel global y las condiciones concretas en cada país, no podrán aprovechar la situación sumamente favorable a nivel global a favor de la revolución en cada país.

Hay que luchar contra las tendencias en el movimiento internacional a considerar la revolución en un país separada de la lucha de conjunto por el comunismo. Lenin señaló que: "Existe una clase y sólo una de internacionalismo verdadero, y es trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país, y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha, ésta y sólo esta línea, en todos los países sin excepción". Lenin subrayó que los revolucionarios proletarios deben enfocar la cuestión de su trabajo revolucionario no desde el punto de vista de "mi" país, sino "desde el punto de vista de mi contribución en la preparación, en la propaganda y en la aceleración de la revolución proletaria mundial".

Sobre las Dos Partes Componentes de la Revolución Proletaria Mundial

Ya hace tiempo, Lenin hizo un análisis de la división del mundo entre un puñado de países capitalistas avanzados y la gran cantidad de naciones oprimidas que constituyen la más extensa parte del territorio y la población del mundo que los imperialismos despojan parasíticamente, manteniéndolas a la fuerza en un estado de dependencia y atraso. De esta realidad surge la concepción leninista que la historia confirma, de que la revolución proletaria mundial se compone esencialmente de dos corrientes: la revolución proletaria socialista librada por el proletariado y sus aliados en las ciudadelas imperialistas, y la liberación nacional o revolución de nueva democracia, librada por las naciones y pueblos subyugados por el imperialismo. La alianza entre estas dos corrientes revolucionarias sigue siendo la piedra angular de la estrategia revolucionaria en la época imperialista.

En el período transcurrido desde la II Guerra Mundial hasta hoy, las luchas de los pueblos y naciones oprimidos han sido los centros de la tempestad de la lucha revolucionaria mundial. La intensificación de la explotación y la miseria de las masas en los países oprimidos ha servido de moneda para comprar y pagar la prosperidad, estabilidad y "democracia" en varios Estados imperialistas. Lejos de eliminar la cuestión nacional y colonial, el desarrollo del neocolonialismo ha significado una subyugación mayor de naciones y pueblos enteros a las exigencias del capital internacional y ha llevado a toda una serie de guerras revolucionarias contra la dominación imperialista.

La actual intensificación de las contradicciones mundiales, si bien pone de manifiesto más amplias posibilidades para estos movimientos, también los pone frente a nuevos obstáculos y nuevas tareas. A pesar de que las potencias imperialistas se han esforzado con cierto grado de éxito por subvertir y pervertir las luchas revolucionarias de las masas oprimidas, especialmente con la esperanza de transformarlas en armas de rivalidad interimperialista, estas luchas siguen asestándole golpes poderosos al sistema imperialista y aceleran el desarrollo de posibilidades revolucionarias en el mundo entero.

En los países imperialistas del bloque occidental, el período desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la fecha se ha caracterizado esencialmente por una situación no revolucionaria que refleja la relativa estabilidad de la dominación imperialista en tales países, ligada inseparablemente a la intensa explotación de los pueblos oprimidos por estos Estados imperialistas. Con todo, las perspectivas revolucionarias en dichos países son más favorables hoy de lo que se haya visto en largo tiempo. La historia ha demostrado que en estos tipos de países se presentan raramente situaciones revolucionarias y que generalmente lo hacen en conexión con la intensificación aguda de las contradicciones mundiales, como la coyuntura que se está conformando en el mundo en la actualidad.

Las luchas revolucionarias de masas que se desarrollaron en la mayoría de los países imperialistas de Occidente, especialmente durante los años 60, demuestran de manera contundente la posibilidad de la revolución proletaria en estos países, no obstante el hecho de que a esas alturas las condiciones no eran favorables para una toma del Poder y que esos movimientos declinaron de concierto con el reflujo general del movimiento mundial. Hoy en día, la intensificación de la situación mundial se refleja más y más en estos países, como lo indican por ejemplo, las importantes rebeliones de las capas bajas del proletariado en algunos países imperialistas, así como el crecimiento de un poderoso movimiento contra los preparativos de guerra imperialista en varios países, incluyendo un sector más revolucionario.

En los países capitalistas e imperialistas del bloque del Este se están haciendo más y más evidentes importantes grietas y fisuras en la relativa estabilidad de la dominación de la burguesía capitalista de Estado. En Polonia, el proletariado y otros sectores de las masas se han levantado en lucha, asestando golpes poderosos contra el orden establecido. En dichos países también se están desarrollando posibilidades para la revolución proletaria, posibilidades que se intensificarán con el desenvolvimiento y agudización de las contradicciones mundiales.

Es importante educar a los elementos revolucionarios de ambos tipos de países para que comprendan la naturaleza de la alianza estratégica entre el movimiento proletario revolucionario en los países avanzados y las revoluciones democrático-nacionales en las naciones oprimidas. La posición social-chovinista que busca negar la importancia de la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos o su potencial, bajo el liderazgo del proletariado y un partido marxista-leninista-maoísta auténtico, de llevar al establecimiento del socialismo, sigue siendo una desviación peligrosa contra la cual hay que luchar. Los revisionistas modernos, encabezados por la URSS, que sostienen que una lucha de liberación nacional sólo puede ser exitosa si su "aliado (imperialista) natural" le otorga "ayuda", y los trotskistas, que por principio niegan la posibilidad de la transformación de una revolución democrático-nacional en una revolución socialista, son ejemplos de esta perniciosa tendencia. Por otro lado, en estos últimos tiempos, un problema importante ha sido otra desviación que ignora la posibilidad de que surjan situaciones revolucionarias en los países avanzados, o considera que tales situaciones revolucionarias sólo podrían ocurrir como resultado directo de los avances en las luchas de liberación nacional. Ambas desviaciones minan la fuerza del proletariado, puesto que no toman en cuenta el desarrollo de la coyuntura mundial y las posibilidades de avance revolucionario en varios tipos de países, y a escala mundial, que ella conlleva.

Algunas Cuestiones Respecto de la Historia del Movimiento Comunista Internacional

En el espacio de poco más de un siglo desde que se publicó el Manifiesto Comunista y su llamado "Obreros de todos los países, uníos", el proletariado internacional ha acumulado un inmenso caudal de experiencia. Esta experiencia abarca el curso del movimiento revolucionario en diferentes tipos de países durante los grandiosos días de victorias decisivas y de entusiasmo revolucionario, como también los períodos de la reacción y el retroceso más sombríos. La ciencia del marxismo-leninismo-maoísmo se ha ido formando y desarrollando durante las vueltas y revueltas del movimiento, a través de una lucha constante contra aquellos que le arrancan su esencia revolucionaria y/o la transforman en un dogma enmohecido e inerte. Encarnizadas luchas en la esfera ideológica entre el marxismo y el revisionismo y el dogmatismo han acompañado invariablemente los puntos críticos en el desarrollo de la historia mundial y la lucha de clases. Este fue el caso de la lucha que Lenin libró contra la II Internacional (que correspondió al estallido de la I Guerra Mundial y el desarrollo de una situación revolucionaria en Rusia y otros lugares) y en la lucha de Mao Tsetung contra el revisionismo soviético moderno, una gran lucha que reflejó eventos históricos mundiales (el restablecimiento del capitalismo en la URSS, la intensificación de la lucha de clases en la China socialista, el desarrollo de un repunte de la lucha revolucionaria mundial dirigida en particular contra el imperialismo EU). Del mismo modo, la profunda crisis por la cual está pasando actualmente el movimiento comunista internacional es un reflejo de la revocación del dominio proletario en China y el ataque general a la Revolución Cultural en China a raíz de la muerte de Mao Tsetung y del golpe de Estado de Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng, como también de la agudización general de las contradicciones mundiales que acentúan el peligro de guerra mundial y las perspectivas de revolución. Hoy en día, como en las otras grandes luchas, las fuerzas que luchan por una línea revolucionaria son una pequeña minoría cercada y atacada por revisionistas y apologistas burgueses de toda calaña. Sin embargo, estas fuerzas representan el futuro, y los avances ulteriores del movimiento comunista internacional dependen de su capacidad de forjar una línea política que trace el camino hacia adelante para el proletariado revolucionario en la compleja situación actual. Esto se debe a que si se tiene una línea correcta, aunque no tenga ni un solo soldado inicialmente, habrá soldados, y aunque no se tenga el Poder político, se ganará el Poder. La experiencia del movimiento comunista internacional, desde los tiempos de Marx, lo comprueba.

Un elemento extremadamente importante en la elaboración de tal línea general para el movimiento comunista internacional es una valoración correcta de la experiencia histórica de nuestro movimiento. Sería sumamente irresponsable, y contrario a la teoría marxista del conocimiento, no prestar suficiente importancia a la experiencia ganada y a las lecciones aprendidas en el curso de las luchas revolucionarias de masas de millones de personas y pagadas por innumerables mártires.

Hoy, el Movimiento Revolucionario Internacionalista junto con otras fuerzas maoístas, son los herederos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, y deben basarse firmemente en este patrimonio. Pero deben también, sobre la base de este patrimonio, atreverse a criticar sus deficiencias. Hay experiencias que hay que elogiar y hay experiencias que se deben lamentar. Los comunistas y los revolucionarios en todos los países deben reflexionar sobre estas experiencias de éxitos y fracasos, y estudiarlas seriamente para sacar conclusiones correctas y lecciones útiles.

El balance de nuestro patrimonio es una responsabilidad colectiva que tiene que realizar el movimiento comunista internacional en conjunto. Hay que hacer tal balance de un modo implacablemente científico, basándolo en los principios marxista-leninista-maoístas y tomando completamente en cuenta las condiciones históricas que existieron y los límites que éstas le pusieron a la vanguardia proletaria, y basándose sobre todo en el principio de hacer que el pasado sirva al presente, con el objeto de obviar los errores metafísicos de medir el pasado con los criterios de hoy, desconociendo las condiciones históricas. No cabe duda que tomará bastante tiempo hacer tal balance cabal, pero la urgencia de los acontecimientos, la oportunidad de posibilidades revolucionarias, exige que se saquen ciertas lecciones claves hoy para que las fuerzas de vanguardia del proletariado estén mejor capacitadas para cumplir con sus responsabilidades.

La valoración de la experiencia histórica en sí, siempre ha sido un terreno de aguda lucha de clases. Desde la derrota de la Comuna de París, oportunistas y revisionistas siempre se han valido de las derrotas y fallas del proletariado para revertir lo correcto e incorrecto, confundir lo secundario con lo principal y de esta manera sacar la conclusión de que el proletariado no "debía haber empuñado las armas". Muy a menudo el surgimiento de nuevas condiciones ha sido usado como excusa para negar principios fundamentales del marxismo, so pretexto de que se trata de un "desarrollo creativo" de él. Pero también es incorrecto e igualmente perjudicial abandonar el espíritu crítico del marxismo, no sacar un balance tanto de las deficiencias como de los éxitos del proletariado y quedar satisfechos con defender o rescatar posiciones consideradas correctas en el pasado. Tal enfoque volvería al marxismo-leninismo-maoísmo frágil e incapaz de resistir los ataques del enemigo o de dirigir nuevos avances en la lucha de clases y sofocaría su esencia revolucionaria.

De hecho, la historia ha comprobado que el desarrollo creativo auténtico del marxismo (y no falsas distorsiones revisionistas), siempre ha estado vinculado inseparablemente a una fiera lucha por defender y sustentar los principios fundamentales del marxismo-leninismo-maoísmo. La doble lucha que Lenin libró contra los revisionistas abiertos y contra aquellos que, como Kautsky, se oponían a la revolución disfrazados de "ortodoxia marxista", y la gran batalla que libró Mao Tsetung contra los revisionistas modernos y contra la negación de la experiencia de la construcción del socialismo en la URSS bajo Lenin y Stalin, llevando a cabo simultáneamente una crítica cabal y científica de las raíces del revisionismo, son evidencia de esto.

Hoy en día es necesario un enfoque similar a las espinosas cuestiones y problemas de la historia del movimiento comunista internacional. Un grave peligro proviene de aquellos que ante los reveses que ha sufrido el movimiento comunista internacional desde la muerte de Mao Tsetung, declaran que el marxismo-leninismo-maoísmo ha fracasado o que es anticuado y que toda la experiencia acumulada por el proletariado se tiene que poner en tela de juicio. Esta tendencia niega la experiencia de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, elimina a Stalin del conjunto de líderes proletarios y, de hecho, ataca las tesis leninistas fundamentales sobre la naturaleza de la revolución proletaria, la necesidad de un partido de vanguardia y la dictadura del proletariado. Como Mao lo expresó poderosamente: "A mi juicio, existen dos `espadas': Una es Lenin y la otra, Stalin"; una vez que se abandona la espada de Stalin, "Abierta esta compuerta, el leninismo ha sido prácticamente abandonado". La experiencia del movimiento comunista internacional desde 1956 - cuando Mao hizo esta declaración - hasta hoy, ha comprobado la validez de esta declaración. También se atacan o se transforman en algo irreconocible las verdaderas contribuciones de Mao Tsetung a la ciencia de la revolución. De hecho, todo esto es una "nueva" versión de un revisionismo muy viejo y gastado y de la socialdemocracia.

Este revisionismo más o menos abierto, así venga de los tradicionales partidos pro-Moscú o su corriente "Eurocomunista", de los usurpadores revisionistas de China, o de los trotskistas y los críticos pequeño-burgueses de Lenin, continúa siendo el peligro principal para el movimiento comunista internacional. A la vez, el revisionismo en su forma dogmática continúa siendo un enconado enemigo del marxismo revolucionario. Esta corriente, cuya expresión más aguda es la línea política de Enver Hoxha y el Partido del Trabajo de Albania, ataca el maoísmo, el camino de la revolución china, y sobre todo la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Disfrazados de defensores de Stalin (cuando en realidad muchas de sus tesis son trotskistas), estos revisionistas manchan el legado auténticamente revolucionario de Stalin. Estos impostores se aprovechan de las limitaciones y los errores del movimiento comunista internacional, y no de sus más grandes hazañas, para reforzar su línea revisionista-trotskista, y exigen que el movimiento comunista internacional siga su ejemplo en base a un retorno a una "pureza doctrinal" mística. Los muchos rasgos que comparte esta línea hoxhista con el revisionismo clásico, inclusive la habilidad del revisionismo soviético (ademas de la reacción en general) de promover y/o sacar provecho tanto del "Eurocomunismo" abiertamente antileninista como del antileninismo disimulado de Hoxha simultáneamente, dan testimonio de la base ideológica burguesa que comparten.

Defender el desarrollo cualitativo de Mao Tsetung de la ciencia del marxismo-leninismo representa una cuestión particularmente importante y urgente en el movimiento internacional y entre los obreros conscientes de clase y otra gente de inclinación revolucionaria en el mundo de hoy. Aquí, el principio en cuestión es nada menos si se han de defender o no las contribuciones decisivas que hizo Mao Tsetung a la revolución proletaria y a la ciencia del marxismo-leninismo y avanzar sobre esta base. Así que se trata nada menos que de una cuestión de si defender o no el marxismo-leninismo mismo.

Stalin dijo: "El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la revolución proletaria". Esto es completamente correcto. Desde la muerte de Lenin, la situación mundial ha pasado por muchos cambios. Pero, la época no ha cambiado. Los principios fundamentales del leninismo no han perdido vigencia, siguen formando la base teórica que guía nuestra concepción hoy.

Afirmamos que el maoísmo es una nueva etapa en el desarrollo del marxismo-leninismo. Si no se defiende y se construye en base al marxismo-leninismo-maoísmo, no es posible derrocar al revisionismo, al imperialismo y a la reacción en general.

La URSS y la Comintern

La revolución de octubre en Rusia y el establecimiento de la dictadura del proletariado abrieron una nueva etapa en la historia del movimiento de la clase obrera internacional. La revolución de octubre fue la confirmación viva del desarrollo vital de Lenin de la teoría marxista de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Por primera vez en la historia, la clase obrera tuvo éxito en hacer añicos el viejo aparato estatal, establecer su propia dominación, repeler los esfuerzos de los explotadores para estrangular al régimen socialista en su infancia, y crear las condiciones políticas necesarias para el establecimiento de un nuevo orden económico, el socialista. En este proceso, se demostró el papel central de un partido político de vanguardia de un nuevo tipo, el partido leninista.

El impacto internacional de la revolución rusa, sobre todo al ocurrir durante la coyuntura mundial marcada por la I Guerra Mundial y el repunte de actividad revolucionaria que la acompañó, fue inmenso. Desde el comienzo, los líderes y obreros conscientes de clase en el nuevo Estado socialista, consideraron que la victoria de la revolución allí no era un fin en sí mismo, sino el primer avance decisivo en la lucha mundial para derrocar al imperialismo, arrancar de raíz la explotación y establecer el comunismo en el mundo entero. A raíz de la revolución rusa, asimilando las lecciones vitales de la revolución bolchevique y haciendo una ruptura con el reformismo y la socialdemocracia que envenenaron y eventualmente caracterizaron a la gran mayoría de los partidos socialistas de la II Internacional, se formó una nueva Internacional, la Internacional Comunista. Por primera vez en la historia, la revolución rusa y la Comintern, en conexión con los cambios objetivos que produjo la I Guerra Mundial, convirtieron la lucha por el socialismo y el comunismo, de un fenómeno esencialmente europeo, a una lucha auténticamente mundial.

Lenin y Stalin desarrollaron la línea proletaria sobre la cuestión nacional y colonial, enfatizando la importancia de las revoluciones en los países oprimidos en el proceso general de la revolución proletaria mundial y altercando contra aquellos como Trotsky que sostenían que la revolución en estos países dependía de la victoria del proletariado en los países imperialistas y negaban la posibilidad de que el proletariado llevara a cabo una revolución socialista sobre la base de dirigir primero la etapa democrático-burguesa de la revolución en este tipo de países.

Inmediatamente después de la revolución rusa siguió un período marcado por fermento revolucionario a escala mundial y por conatos de establecer el Poder político de la clase obrera en varios países. A pesar de la inflexible ayuda de la recientemente establecida URSS a los movimientos revolucionarios a escala mundial y a pesar de la atención política que les puso Lenin, la resolución temporal de la crisis que la I Guerra Mundial concentró y la fuerza restante de las potencias imperialistas, así como las debilidades del movimiento de la clase obrera revolucionaria, resultaron en la derrota de la revolución fuera de las fronteras de la URSS.
Lenin y su sucesor, Stalin, enfrentaron la necesidad de salvaguardar los logros de la revolución en la URSS y establecer un sistema económico socialista en una Unión Soviética aislada.

Después de la muerte de Lenin, Stalin libró una importante lucha ideológica y política contra los trotskistas y otros que sostenían que el bajo nivel de las fuerzas productivas, la existencia de un inmenso campesinado y el aislamiento internacional de la URSS hacían imposible llevar a cabo la construcción del socialismo. Esta concepción errónea y capitulacionista fue refutada tanto teóricamente como, lo más importante, en la práctica, cuando decenas de millones de obreros y campesinos se incorporaron a la lucha para arrancar de raíz el viejo sistema capitalista, colectivizar la agricultura y crear un nuevo sistema económico que no se basara más en la explotación del hombre por el hombre.

Estas enaltecedoras batallas y las importantes victorias que conquistaron, expandieron enormemente la influencia del marxismo-leninismo y realzaron el prestigio de la URSS por todo el mundo. Los obreros conscientes de clase y los pueblos oprimidos consideraban correctamente a la URSS socialista como propia, regocijándose con las victorias de la clase obrera soviética y acudiendo a su defensa ante las amenazas y ataques de los imperialistas.
Con todo, en retrospectiva, es posible ver que aun durante el período de las grandes transformaciones socialistas de fines de la década de los 20 y en los años 30, el progreso de la revolución socialista en la URSS tuvo serias fallas y deficiencias. La falta de experiencia histórica de la dictadura del proletariado (fuera de la efímera Comuna de París) como también el severo bloqueo y agresión que los imperialistas dirigieron contra la URSS, pueden explicar algunas de estas fallas. Importantes errores teóricos y políticos multiplicaron y reforzaron estos problemas. Mao Tsetung, si bien defendió a Stalin de las calumnias de Jruschov, hizo serias y correctas críticas de sus errores. Mao explico la base ideológica de los errores de Stalin: "En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a ponerla en práctica", "a Stalin se le escapó la conexión existente entre la lucha y la unidad de los contrarios. La mentalidad de ciertas personas en la Unión Soviética es metafísica; es tan rígida que, para ellas esto es esto y lo otro es lo otro, sin que reconozcan la unidad de los contrarios. De ahí sus errores en lo político". El error más fundamental de Stalin fue no aplicar a fondo la dialéctica en todas las esferas y, de este modo, sacó conclusiones seriamente equivocadas sobre la naturaleza de la lucha de clases bajo el socialismo y los medios de prevenir la restauración capitalista. Si bien Stalin libró una encarnizada batalla contra las viejas clases explotadoras, en teoría negó el surgimiento de una nueva burguesía del seno de la sociedad socialista misma, reflejada de manera concentrada por los revisionistas al interior del partido comunista en el Poder; de allí su afirmación errónea de que "las contradicciones antagónicas de clase" habían sido eliminadas en la Unión Soviética como resultado del establecimiento en lo esencial de la propiedad socialista en la industria y la agricultura. Similarmente, al no aplicar a fondo la dialéctica al análisis de la sociedad socialista, el liderazgo soviético concluyó que ya no existía la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción bajo el socialismo, y no le prestó suficiente atención a llevar a cabo la revolución en la superestructura y a seguir revolucionando las relaciones de producción aun después del establecimiento, en lo esencial, del sistema de propiedad socialista.

Este análisis incorrecto del carácter de la sociedad socialista también contribuyó al error de Stalin de no distinguir adecuadamente las contradicciones entre el pueblo y el enemigo, y las contradicciones en el seno del pueblo. Esto a su vez contribuyó a una marcada tendencia a recurrir a métodos burocráticos para el tratamiento de estas contradicciones y le dio más oportunidades al enemigo.

En el período siguiente a la muerte de Lenin, Stalin dirigió la Internacional Comunista, que continuó jugando un importante papel en el fomento de la revolución mundial y en el desarrollo y consolidación de los recientemente formados Partidos Comunistas.

En 1935, se celebró un congreso de la Internacional Comunista sumamente importante, en medio de una grave crisis económica mundial, la creciente amenaza de una guerra mundial y ataques imperialistas contra la Unión Soviética, la llegada al Poder del fascismo en Alemania y el aplastamiento del Partido Comunista alemán, y el establecimiento del fascismo o la amenaza del mismo en varios países. Fue necesario y correcto que la Internacional Comunista intentara desarrollar una línea táctica respecto a todas estas cuestiones.

Puesto que el VII Congreso de la Comintern ha tenido tan profunda influencia sobre la historia del movimiento internacional, es necesario hacer una valoración serena y científica del informe de este congreso a la luz de las condiciones históricas existentes en ese entonces. En particular, las razones de la derrota del Partido Comunista alemán se deben estudiar profundamente. No obstante, ahora es posible sacar ciertas conclusiones, y más, es necesario a la luz de las actuales tareas de los marxista-leninista-maoístas de hoy, identificando tres claras desviaciones.

Primero, la distinción entre el fascismo y la democracia burguesa en los países imperialistas, ciertamente de real importancia para los partidos comunistas, se trató de una manera que tendió a hacer un absoluto de la diferencia entre estas dos formas de dictadura burguesa y también a hacer de la lucha contra el fascismo una etapa estratégica aparte. Segundo, se desarrolló una tesis que sostenía que la creciente pauperización del proletariado crearía la base material para remediar la escisión en la clase obrera en los países avanzados y la consecuente polarización en el seno de la clase obrera que Lenin había descrito tan poderosamente en sus obras sobre el imperialismo y el colapso de la II Internacional. Mientras que es realmente cierto que la profundidad de la crisis socavó la base social de la aristocracia obrera en los países capitalistas avanzados, y trajo reales posibilidades que los partidos comunistas necesitaban usar para unirse con amplios sectores de los obreros previamente bajo la hegemonía de los socialdemócratas, no fue correcto pensar que, en cualquier sentido estratégico, la escisión en la clase obrera se pudiera remediar. Tercero, cuando el fascismo se definió como el régimen del sector más reaccionario de la burguesía monopolista en los países imperialistas, esto le dejó la puerta abierta a la peligrosa tendencia reformista y pacifista de identificar a un sector de la burguesía monopolista como progresista.

Mientras es necesario hacer el balance de estos errores y aprender de ellos, es igualmente necesario reconocer a la Internacional Comunista, inclusive durante este período, como parte del patrimonio de la lucha revolucionaria por el comunismo y rechazar los intentos liquidacionistas y trotskistas de aprovechar los errores reales para sacar conclusiones reaccionarias. Aun durante este período, la Internacional Comunista movilizó a millones de obreros contra sus enemigos de clase y dirigió heroicas luchas en contra de la reacción, como la organización de las Brigadas Internacionales para combatir contra el fascismo en España y en la cual derramaron su sangre muchos de los mejores hijos e hijas de la clase obrera en ejemplo inspirador de internacionalismo.

La Internacional Comunista también le dio gran énfasis, correctamente, a la defensa de la Unión Soviética, la tierra del socialismo. Pero cuando la Unión Soviética hizo ciertos compromisos con varios países imperialistas, los líderes de la Comintern, las más de las veces, no comprendieron el punto crítico que Mao viniera a resumir en 1946 (en relación con los compromisos que se hicieron entre la URSS y los EU, Gran Bretaña y Francia): "Tales compromisos no requieren que los pueblos de los países del mundo capitalista hagan iguales compromisos en sus respectivos países". Además, tales compromisos deben tener en cuenta, antes que nada, el desarrollo general del movimiento revolucionario mundial, en el cual, por supuesto, juega un papel importante la defensa de los Estados socialistas.

En circunstancias de cerco imperialista a un Estado (o Estados) socialistas, la defensa de estas conquistas revolucionarias es una tarea muy importante para el proletariado internacional. Debe ser también necesario, para los Estados socialistas, llevar a cabo una lucha diplomática y, a veces, entrar en diferentes tipos de acuerdos con una u otra potencia imperialista. Sin embargo, la defensa de los Estados socialistas siempre debe subordinarse al progreso en su conjunto de la revolución mundial y nunca debe verse como el equivalente (y por cierto, no el substituto) de la lucha internacional del proletariado. En ciertas situaciones, la defensa de un país socialista puede ser lo principal, pero es así precisamente porque su defensa es decisiva para el avance de la revolución mundial.

Es necesario sintetizar las experiencias del movimiento comunista internacional durante todo el período de la II Guerra Mundial a la luz de esas lecciones. La II Guerra Mundial no puede considerarse como una mera repetición de la I Guerra Mundial, porque, aunque la misma lógica sanguinaria del sistema imperialista fue la responsable, fue una compleja combinación de contradicciones. En sus comienzos, en 1939, fue, como Mao lo señaló: "Injusta, rapaz y de carácter imperialista". Pero un importante cambio con implicaciones globales tuvo lugar cuando la Alemania de Hitler volvió sus tropas contra la Unión Soviética. Esta guerra justa de parte de la Unión Soviética trajo el apoyo y la solidaridad de la clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo, que fueron profundamente inspirados por la heroica resistencia del Ejército Rojo y la clase obrera y el pueblo soviéticos. Esto no fue meramente cuestión de solidaridad hacia una víctima de la agresión, sino de la profunda convicción de que la defensa de la Unión Soviética era a la vez la defensa de la base de apoyo socialista para la revolución mundial. De igual manera también se desarrolló la guerra librada por el pueblo chino, bajo el liderato del Partido Comunista de China contra la agresión japonesa, siendo ésta definitivamente una guerra justa y una parte componente de la revolución proletaria mundial.

En particular, con la entrada de la Unión Soviética en la guerra, ésta tomó un carácter más complejo. Se convirtió en una combinación de cuatro partes componentes: la guerra entre el socialismo y el imperialismo; la guerra entre los bloques imperialistas; las guerras de los pueblos oprimidos contra el imperialismo; y la contradicción entre el proletariado y la burguesía, que en algunos países se desarrolló hasta el nivel de la lucha armada.

Estos diferentes aspectos condujeron, por un lado, al crecimiento de las fuerzas socialistas, a la derrota de las potencias imperialistas fascistas, al debilitamiento del imperialismo y a que se apresurara el paso de las luchas de liberación nacional; y, por otro lado, dieron lugar al reordenamiento de la división imperialista del mundo, en que EU asumió el puesto de mandamás entre los gángsters imperialistas.

Hubo grandes logros revolucionarios en el transcurso de la II Guerra Mundial. Al mismo tiempo es imposible no ver graves errores y se debe comenzar el proceso colectivo de sintetizarlos profundamente, de tal manera que se esté mejor preparado para las tormentas venideras. En particular, podemos señalar el error de combinar eclécticamente las anteriores contradicciones. En términos políticos y prácticos, la lucha diplomática y los acuerdos internacionales de la Unión Soviética se confundieron cada vez más con las actividades de los partidos comunistas que conformaban la Comintern. Este problema también contribuyó a fuertes tendencias de pintar a las potencias no fascistas como algo diferente de lo que realmente eran: imperialistas a los que había que derrocar. En los países europeos ocupados por las tropas fascistas alemanas, no era incorrecto que los partidos comunistas aprovecharan tácticamente los sentimientos nacionales desde el punto de vista de la movilización de las masas, pero se cometieron errores debido a que se elevaron tales medidas tácticas al nivel de estrategia. Las luchas de liberación en las colonias bajo la dominación de las potencias imperialistas aliadas, también se refrenaron debido a tales enfoques erróneos.

Mientras apreciamos y defendemos las monumentales luchas y victorias revolucionarias que tuvieron lugar en este importante período y en los años inmediatamente siguientes, los marxista-leninista-maoístas de hoy tenemos que profundizar nuestra comprensión de estos errores y sus fuentes.

El campo socialista que emergió de la II Guerra Mundial jamás fue sólido. En la mayoría de las Democracias Populares de Europa Oriental se llevó a cabo poca transformación revolucionaria. En la misma Unión Soviética, poderosas fuerzas revisionistas desencadenadas entrando a la II Guerra Mundial, durante y después de ella, cobraron mayor fuerza e influencia. En 1956, después de la muerte de Stalin, estas fuerzas revisionistas encabezadas por Jruschov lograron capturar el Poder político, atacaron el marxismo-leninismo en todos los frentes y restauraron el capitalismo en ese país.

Ahora está claro que el golpe de Estado de Jruschov y los revisionistas en la Unión Soviética, fue también el golpe de gracia al movimiento comunista tal y como había existido previamente. El cáncer extensamente propagado del revisionismo ya había carcomido a muchos de los partidos de la Comintern (entre ellos algunos de los más influyentes). En muchos otros apenas el más superficial de los barnices cubría partidos que rápidamente iban degenerándose, cayendo en posiciones del revisionismo moderno mientras que se sofocaba a los elementos revolucionarios. En la misma Unión Soviética, después de la muerte de Stalin, los marxista-leninistas auténticos y el proletariado soviético, debilitados por la guerra y desarmados por los graves errores políticos e ideológicos, demostraron la incapacidad de replicar seriamente a los traidores revisionistas.

Mao Tsetung, la Revolución Cultural y el Movimiento Marxista-Leninista-Maoísta

Inmediatamente después del golpe de Estado de Jruschov, Mao Tsetung y los marxista-leninistas en el Partido Comunista de China, comenzaron a analizar los acontecimientos en la Unión Soviética y el movimiento comunista internacional y a luchar contra el revisionismo moderno. En 1963, la publicación de la Proposición Acerca de la Línea General del Movimiento Comunista Internacional (La Carta de los 25 puntos) fue una condena omnímoda y pública del revisionismo, y un llamado a los marxista-leninistas auténticos de todos los países. El movimiento marxista-leninista-maoísta contemporáneo tiene su origen en ese llamado histórico y en las polémicas que lo acompañaron.

En la Proposición y las polémicas, correctamente, Mao y el Partido Comunista de China:

• defendieron la posición leninista sobre la dictadura del proletariado y refutaron la teoría revisionista del "Estado de todo el pueblo";
• defendieron la necesidad de la revolución armada y se opusieron a la estrategia de la "transición pacífica al socialismo";
• apoyaron y estimularon el desarrollo de guerras de liberación nacional de los pueblos oprimidos, denunciando la falsa independencia del "neo-colonialismo" y refutando la posición revisionista según la cual había que evitar las guerras de liberación porque ponían en peligro "la paz mundial";
• sacaron un balance positivo, en términos generales, de Stalin y la experiencia de la construcción del socialismo en la URSS y refutaron las calumnias de "asesino" y "tirano" dirigidas a Stalin, haciendo simultáneamente algunas críticas importantes a sus errores;
• se opusieron a los esfuerzos de Jruschov de imponerle una línea revisionista a otros partidos, además de criticar a Thorez, Toggliatti, Tito y otros revisionistas modernos;
• presentaron en forma embrionaria las tesis en desarrollo de Mao Tsetung sobre el carácter de clase del socialismo y la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado;
• exhortaron a un estudio omnímodo de la experiencia del movimiento comunista internacional y de las raíces del revisionismo.

Estos y otros puntos de la Proposición y las polémicas eran y siguen siendo elementos vitales para distinguir el marxismo-leninismo-maoísmo del revisionismo. A través de estas polémicas, Mao y el Partido Comunista de China alentaron a los marxista-leninista-maoístas a separarse de los revisionistas y a formar nuevos partidos revolucionarios proletarios. Las polémicas representaron una ruptura radical con el revisionismo moderno y una base suficiente para que los marxista-leninista-maoístas avanzaran en el campo de batalla. Sin embargo, sobre varias cuestiones, la crítica al revisionismo no fue suficientemente a fondo y se incorporaron algunas concepciones erróneas a pesar de que se criticaban otras. Precisamente debido al importante papel histórico que estas polémicas, Mao y el Partido Comunista de China desempeñaron en el nacimiento de un nuevo movimiento marxista-leninista-maoísta, es correcto y necesario examinar el aspecto negativo, secundario, de las polémicas y de la lucha que libró el Partido Comunista de China en el movimiento comunista internacional.

Con respecto a los países imperialistas, la Proposición planteó la opinión de que: "En los países capitalistas que controla, o intenta controlar el imperialismo EU, la clase obrera y el pueblo deben dirigir sus ataques principalmente contra el imperialismo EU, pero también contra sus propios capitalistas monopolistas y otras fuerzas reaccionarias que están traicionando los intereses nacionales". Esta concepción, que afectó gravemente el desarrollo del movimiento marxista-leninista-maoísta en estos tipos de países, oscurece el hecho de que en los países imperialistas los "intereses nacionales" son intereses imperialistas y que no son traicionados sino al contrario son defendidos por la clase dominante monopolista, a pesar de cualquier otra alianza que pueda establecer con otras potencias imperialistas y a pesar del carácter inevitablemente desigual de tal alianza. Así que al proletariado de estos países se le anima a esforzarse por sobrepujar a la burguesía imperialista como los mejores defensores de los intereses de ésta. Esta concepción tiene una larga historia en el movimiento comunista internacional y hay que romper con ella.

Mientras que el PCCh prestó gran atención al desarrollo de partidos marxista-leninista-maoístas en oposición a los revisionistas, no encontró las formas ni los modos necesarios para desarrollar la unidad internacional de los comunistas. A pesar de las contribuciones a la unidad ideológica y política, esto no se reflejó en esfuerzos por construir la unidad organizativa a escala mundial. El PCCh tenía una concepción exagerada de los aspectos negativos de la Comintern, principalmente de los que fueron causados por la demasiada centralización, lo que llevó a aplastar la iniciativa y la independencia de los partidos comunistas constituyentes. Aunque el PCCh criticó correctamente el concepto de partido padre, señalando la influencia nociva que había tenido en el seno del movimiento comunista internacional y enfatizando los principios de relaciones fraternales entre partidos, la falta de un foro organizado para debatir opiniones y llegar a una concepción común no ayudó a resolver este problema sino que de hecho lo exacerbó.

Si la lucha teórica contra el revisionismo moderno desempeñó un papel vital en la reconstrucción del movimiento marxista-leninista-maoísta, fue especialmente la Gran Revolución Cultural Proletaria, una nueva forma de lucha sin precedentes, en gran parte fruto de este combate contra el revisionismo moderno, lo que dio origen a una generación completamente nueva de marxista-leninista-maoístas. Las decenas de millones de obreros, campesinos y jóvenes revolucionarios que se lanzaron a la batalla por derrocar a los seguidores del camino capitalista atrincherados en el partido y el aparato de Estado, y para revolucionar más ampliamente la sociedad, le infundieron ánimo e inspiración a los millones que se levantaban en rebelión por todo el mundo como parte del repunte revolucionario que barrió el mundo en la década de los 60 y comienzos de los 70.

La Revolución Cultural representa la experiencia más avanzada de la dictadura del proletariado y de la revolucionarización de la sociedad. Por primera vez, los obreros y otros elementos revolucionarios estaban armados con una clara comprensión del carácter de la lucha de clases bajo el socialismo, de la necesidad de levantarse y derrocar a los seguidores del camino capitalista que inevitablemente surgen de dentro de la sociedad socialista, y que están concentrados especialmente en los más altos niveles del partido, de luchar para hacer avanzar más la transformación socialista y minar el terreno que da origen a estos elementos capitalistas. Durante la Revolución Cultural se ganaron grandiosas batallas que impidieron la restauración del capitalismo por los revisionistas en China durante una década y que resultaron en extraordinarias transformaciones socialistas en la educación, la literatura y el arte, la investigación científica y otros elementos de la superestructura. Millones de obreros y otros revolucionarios profundizaron enormemente su conciencia de clase y su dominio del marxismo-leninismo-maoísmo en el curso de una implacable lucha ideológica y política, y su capacidad para manejar el Poder político se incrementó ampliamente. La Revolución Cultural se libró como parte de la lucha internacional del proletariado y sirvió de terreno de entrenamiento del internacionalismo proletario, manifestado no solamente por el apoyo dado a las luchas revolucionarias por todo el mundo, sino también por los inmensos sacrificios del pueblo chino para prestar ese apoyo. De allí brotaron lideres revolucionarios como Chiang Ching y Chang Chun-chiao, que tomaron posición junto con las masas y las dirigieron en la batalla contra los revisionistas, continuando en la defensa del marxismo-leninismo-maoísmo, luchando contra su más amarga derrota.

Lenin dijo: "Sólo es marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado". A la luz de las inestimables lecciones y avances logrados mediante la Gran Revolución Cultural Proletaria dirigida por Mao Tsetung, este criterio planteado por Lenin ha sido más ampliamente desarrollado. Ahora se puede declarar que sólo es marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado y al reconocimiento de la existencia objetiva de las clases, de las contradicciones antagónicas de clase y de la continuación de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado, durante todo el período del socialismo hasta el comunismo. Y como Mao lo declaró tan poderosamente: "La falta de claridad al respecto conducirá al revisionismo".

La Revolución Cultural fue la prueba viviente de la vitalidad del marxismo-leninismo-maoísmo. Demostró que la revolución proletaria era diferente de todas las anteriores revoluciones cuyo único posible desenlace es el reemplazo de un sistema de explotación por otro; y fue una fuente inusitada de inspiración para los revolucionarios de todos los países. Por todas estas razones, la Revolución Cultural y Mao Tsetung se hicieron acreedores a los constantes y sucios ultrajes de todos los reaccionarios y revisionistas, y por las mismas razones la Revolución Cultural sigue siendo una parte indispensable del patrimonio revolucionario del movimiento comunista internacional.

No obstante las formidables victorias de la Revolución Cultural los revisionistas al interior del partido y el Estado chinos retuvieron posiciones importantes y fomentaron líneas y políticas que causaron un daño considerable a los esfuerzos, todavía frágiles, para reconstruir un auténtico movimiento comunista internacional. Los revisionistas en China, que controlaban en gran medida la diplomacia y las relaciones del Partido Comunista de China con otros partidos marxista-leninista-maoístas, le volvieron la espalda a las luchas revolucionarias del proletariado y los pueblos oprimidos o trataron de subordinarlas a los intereses estatales de China. Calificaron falsamente de "anti-imperialistas" a déspotas reaccionarios y cada vez más, bajo la bandera de una lucha mundial contra el "hegemonismo", pintaron a ciertas potencias imperialistas del bloque occidental como fuerzas intermedias o hasta positivas en el mundo. Incluso durante este período, muchos de los partidos marxista-leninista-maoístas pro-chinos, apoyados por los revisionistas en el PCCh, comenzaron a andar vergonzosamente a la cola de la burguesía y hasta a apoyar o a acceder a aventuras y preparativos bélicos imperialistas dirigidos contra la Unión Soviética, considerada cada vez más como el "enemigo principal" en el mundo entero. Todas estas tendencias florecieron completamente con el golpe de Estado en China y la posterior elaboración por los revisionistas de la "Teoría de los Tres Mundos", que intentaron hacerle tragar al movimiento comunista internacional. Los marxista-leninista-maoístas han refutado correctamente las calumnias revisionistas de que fue Mao Tsetung quien planteó la "Teoría de los Tres Mundos". Sin embargo, esto no es suficiente. Hay que profundizar la crítica a la "Teoría de los Tres Mundos", criticando los conceptos que en ella subyacen, y hay que investigar sus orígenes. Aquí es importante señalar que los usurpadores revisionistas tuvieron que condenar públicamente a los más cercanos compañeros de armas de Mao que se opusieron a esta teoría contrarrevolucionaria.

Una de las contradicciones o rasgos esenciales de la época del imperialismo y la revolución proletaria es la contradicción entre Estados socialistas y Estados imperialistas. Si bien en el momento actual esta contradicción ha sido temporalmente eliminada como resultado de la transformación revisionista de varios Estados otrora socialistas, no es menos cierto que hacer un balance del tratamiento de esta contradicción en la experiencia del movimiento comunista sigue siendo una importante tarea teórica, porque el proletariado inevitablemente se encontrará una vez más en una posición en que uno o varios Estados socialistas confrontarán la existencia de rapaces enemigos imperialistas.

En 1976, poco después de la muerte de Mao Tsetung, los seguidores del camino capitalista en China lanzaron un feroz golpe de Estado que revocó los veredictos de la Revolución Cultural, derrocó a los revolucionarios en posiciones de liderazgo del PCCh, instituyó un programa revisionista total y capituló ante el imperialismo.

Este golpe de Estado se encontró con la resistencia de los revolucionarios en el Partido Comunista de China, quienes han seguido luchando por la restauración de la dominación proletaria en ese país. Internacionalmente, los comunistas revolucionarios de muchos países captaron la esencia de la línea revisionista de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping y criticaron y desenmascararon a los seguidores del camino capitalista en China. Esta resistencia al golpe de Estado, tanto en China como internacionalmente es un testimonio del presciente liderazgo revolucionario de Mao Tsetung, quien trabajó incansablemente para armar al proletariado y a los marxista-leninista-maoístas con una apreciación científica de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado, y de la posibilidad de una restauración capitalista. El trabajo teórico desempeñado por el cuartel general proletario guiado por Mao Tsetung, también desempeñó un papel importante en dotar a los marxista-leninista-maoístas con una comprensión correcta del carácter de las contradicciones en la sociedad socialista y sigue siendo una elaboración importante del maoísmo. Esto dejó al movimiento marxista-leninista-maoísta mejor preparado ideológicamente para los trágicos acontecimientos de 1976, que lo que estaba cuando ocurrió el golpe revisionista en la Unión Soviética 20 años atrás, a pesar de tener que enfrentar ahora dicha situación ante la inexistencia de un país socialista.

Con todo, era inevitable que la restauración del capitalismo en un país que abarca una cuarta parte de la población mundial y la captura revisionista del partido marxista-leninista-maoísta que fuera la vanguardia del movimiento internacional, ejerciera un profundo efecto en la lucha revolucionaria mundial y el movimiento marxista-leninista-maoísta. Muchos partidos que hacían parte del movimiento comunista internacional aceptaron a los revisionistas de China, abrazaron su "Teoría de los Tres Mundos" y abandonaron la lucha revolucionaria por completo. Como resultado de esto, estos partidos difundieron cierta desmoralización y, de otra parte, perdieron la confianza de los elementos revolucionarios y han experimentado una gran crisis o se han desintegrado totalmente.

Incluso entre otras fuerzas marxista-leninista-maoístas que rehusaron seguir el liderazgo de los revisionistas chinos, cundió la desmoralización con la pérdida de China y pusieron en tela de juicio el marxismo-leninismo-maoísmo. Esta tendencia se exacerbó más ampliamente cuando Enver Hoxha y el PTA lanzaron un virulento ataque contra el maoísmo.

Aunque era de esperarse cierta crisis en el movimiento comunista internacional después del golpe de Estado en China, la profundidad de esta crisis y la dificultad de acabar con ella indicaron que el revisionismo, de diferentes formas, ya era fuerte en el seno del movimiento marxista-leninista-maoísta en 1976. Los marxista-leninista-maoístas deben seguir investigando y estudiando las raíces del revisionismo tanto en el período más reciente como en anteriores períodos del movimiento internacional, continuar luchando contra la persistente influencia revisionista y defendiendo y desarrollando los principios fundamentales que el proletariado internacional y el movimiento comunista han forjado en los avances revolucionarios a través de su historia.

Las Tareas de los Comunistas Revolucionarios

La tarea de los comunistas revolucionarios en todos los países es apresurar el desarrollo de la revolución mundial - el derrocamiento del imperialismo y la reacción por el proletariado y las masas revolucionarias, el establecimiento de la dictadura del proletariado de acuerdo con las etapas y alianzas necesarias en diferentes países, y la lucha por eliminar todos los vestigios materiales e ideológicos de la sociedad explotadora y así llegar a la sociedad sin clases, el comunismo, en el mundo entero. Primero y ante todo los comunistas deben recordar cuál es su razón de ser, y actuar en consecuencia, de lo contrario no le son útiles a la revolución y, lo que es peor, degeneran en obstáculos en su camino.

La experiencia ha demostrado que la revolución proletaria sólo puede alcanzar la victoria y seguir adelante bajo el liderazgo de un partido proletario auténtico basado en la ciencia del marxismo-leninismo-maoísmo, construido de acuerdo a los principios leninistas, capaz de atraer y preparar a los mejores elementos revolucionarios del proletariado y otros sectores populares. Hoy en día no existe un partido así en la mayoría de los países del mundo, e incluso allí donde sí existen, generalmente no son lo suficiente fuertes ni ideológica ni organizativamente para responder a las demandas y oportunidades del período que tenemos por delante. Por estas razones, el establecimiento y fortalecimiento de partidos marxista-leninista-maoístas auténticos es una tarea vital para la totalidad del movimiento comunista internacional.

En los países donde no existe un partido marxista-leninista-maoísta, la tarea que enfrentan los comunistas revolucionarios en lo inmediato es la de construir dicho partido con la ayuda del movimiento comunista internacional. El elemento clave para establecer el partido es el desarrollo de una línea y un programa político correctos, tanto en lo que respecta a las particularidades de un país dado como de la situación mundial en su conjunto. Hay que construir el partido marxista-leninista-maoísta en estrecha relación con trabajo revolucionario entre las masas, implementando la línea de masas revolucionaria y, en particular, dirigiéndose a las cuestiones políticas urgentes y resolviéndolas para el avance del movimiento revolucionario. Si esto no se hace, la tarea de la construcción del partido puede volverse estéril, divorciada de la práctica revolucionaria, y llevar a un camino sin salida. De otra parte, es igualmente incorrecto hacer que la formación del partido dependa de reunir a cierto número de miembros o de insistir en que hay que lograr cierto grado de influencia cuantitativa entre las masas antes de formar el partido. En la mayoría de los casos cuando se acaba de formar el partido, éste se compondrá de un número de miembros bastante reducido; de todos modos, la tarea de reunir a los elementos revolucionarios bajo la bandera del partido y de profundizar la influencia del partido entre las masas y el proletariado es una tarea constante.

El partido marxista-leninista-maoísta se debe construir y fortalecer en el curso de una activa lucha ideológica contra la influencia burguesa y pequeño-burguesa en sus filas. En la construcción del partido de vanguardia, los marxista-leninista-maoístas deben aprender de la Revolución Cultural a través de la cual Mao luchó para asegurar el carácter proletario del Partido y su papel de vanguardia. La concepción de Mao sobre la lucha entre dos líneas en el partido, sus críticas a las ideas erróneas de un "partido monolítico" y su énfasis sobre la necesidad de la reeducación ideológica de los miembros del partido, enriquecieron el concepto fundamental del partido de vanguardia, desarrollado por Lenin. Es importante crear una situación política en la que haya tanto centralismo como democracia, tanto disciplina como libertad, tanto unidad de voluntad como tranquilidad mental y vivacidad.

La práctica es ciega si no está guiada por la teoría revolucionaria. Los partidos marxista-leninista-maoístas y el movimiento comunista internacional en su conjunto deben profundizar su comprensión de la teoría revolucionaria, a la vez que hacer un análisis concreto de las condiciones concretas en la sociedad y el mundo. Los marxista-leninista-maoístas no deben abandonar el campo de análisis de nuevos fenómenos a otros y deben librar activamente la lucha teórica respecto a todos los problemas y cuestiones vitales del debate en el movimiento revolucionario y en la sociedad en general.

El partido marxista-leninista-maoísta se debe construir y organizar teniendo firmemente presente el objetivo fundamental de tomar el Poder y debe acometer la tarea de prepararse a sí mismo, al proletariado y a las masas revolucionarias, organizativa, política e ideológicamente. Como lo expresó el Comunicado Conjunto de Otoño de 1980: "En una frase, los comunistas son partidarios de la guerra revolucionaria". Esta guerra revolucionaria y otras formas de lucha revolucionaria deben llevarse a cabo como un terreno clave para el entrenamiento de las masas revolucionarias en la capacidad de manejar el Poder político y de transformar la sociedad. Aun cuando todavía no existan condiciones para la lucha armada de las masas, los comunistas deben llevar a cabo el trabajo necesario de preparación para cuando tales condiciones se presenten. Este principio tiene toda una serie de implicaciones para los partidos marxista-leninista-maoístas, irrespectivamente de las diferencias en tareas y etapas por las que atravesará la revolución en los diferentes países, incluyendo que el partido, cuya columna vertebral tiene que estar organizada sobre una base ilegal, debe prepararse para contrarrestar la represión de los reaccionarios que jamás tolerarán pacíficamente, por mucho tiempo, un partido revolucionario auténtico.

Mientras libra la lucha armada por el Poder, o se prepara para ella, el partido marxista-leninista-maoísta debe utilizar diversas formas de trabajo legal o abierto. La historia ha demostrado que tal trabajo, aunque es importante y a veces crítico en un período dado, tiene que ir acompañado con denuncias de la naturaleza de clase de la democracia burguesa y, bajo ninguna circunstancia, los comunistas deben bajar la guardia y dejar de adoptar las medidas necesarias para asegurar la continua capacidad del partido para realizar el trabajo revolucionario cuando las diferentes posibilidades legales desaparezcan. Las pasadas experiencias del tratamiento de la contradicción con las posibilidades de trabajo legal y abierto - sin caer en el legalismo y el cretinismo parlamentario - deben sintetizarse, sacando de allí las lecciones apropiadas.

Para realizar sus tareas revolucionarias, preparar a las masas para la toma del Poder, el partido marxista-leninista-maoísta debe armarse con una prensa comunista de aparición regular, aunque la prensa tuviese un papel diferente en relación a las tareas planteadas por la vía de la revolución en los dos tipos de países. La prensa comunista no debe ser ni trivial y estrecha, ni árida y dogmática. Debe esforzarse por armar al proletariado consciente de clase y a otros con una concepción omnímoda de la sociedad y el mundo, principalmente por medio del análisis y la denuncia política que siguen de cerca todos los acontecimientos.

En todo país, el partido marxista-leninista-maoísta se debe construir como un contingente del movimiento comunista internacional y debe desarrollar su lucha como parte de la lucha mundial por el comunismo y subordinada a ella. El partido debe imbuir en sus propios militantes, en los obreros conscientes de clase y en las masas revolucionarias, el espíritu del internacionalismo proletario, reconociendo que el internacionalismo no es simplemente el apoyo que el proletariado de un país le da al de otro sino, lo que es más importante, un reflejo del hecho de que el proletariado es una clase única a escala mundial, con un solo interés de clase y que enfrenta al sistema mundial del imperialismo y tiene la tarea de liberar a toda la humanidad.
Tal educación y propaganda internacionalista es una parte indispensable de la preparación del partido y el proletariado para seguir haciendo avanzar la revolución después de conquistar el Poder político en un país dado. Conquistar el Poder político e inclusive establecer un sistema socialista no basado en la explotación no se debe considerar como un fin en sí mismo, sino como parte de un largo período de transición lleno de vueltas y revueltas e inevitables reveses, además de avances, hasta alcanzar la meta del comunismo mundial.

Las Tareas en los Países Coloniales, Semi (o Neo) Coloniales

Los países coloniales (o neo-coloniales) subyugados por el imperialismo han constituido el principal terreno de la lucha revolucionaria del proletariado a nivel mundial, desde la II Guerra Mundial hasta la fecha. En este intervalo se ha obtenido un gran cúmulo de experiencias en la lucha revolucionaria, incluyendo guerra revolucionaria. El imperialismo ha sufrido derrotas sumamente graves y el proletariado ha ganado imponentes victorias, entre ellas el establecimiento de países socialistas. Al mismo tiempo, el movimiento comunista ha obtenido amargas experiencias cuando las masas revolucionarias de estos países han librado luchas heroicas, incluyendo guerras de liberación nacional, que no han llevado al establecimiento del Poder político del proletariado y sus aliados, sino a la usurpación de los frutos de las victorias del pueblo por nuevos explotadores, generalmente en alianza con una u otra potencia imperialista, o con varias de ellas. Todo esto demuestra que el movimiento comunista internacional tiene una muy importante tarea: hacer un balance crítico de las varias décadas de la experiencia de librar la revolución en estos tipos de países.

La teoría desarrollada por Mao Tsetung en los largos años de la guerra revolucionaria en China sigue siendo el punto de referencia para elaborar la estrategia y tácticas revolucionarias en los países coloniales, semi (o neo) coloniales.

En países de este tipo, el blanco de la revolución es el imperialismo extranjero y la burguesía burocrático-compradora y los feudales, que son clases íntimamente ligadas al imperialismo y dependientes de él. En estos países, la revolución debe pasar por dos etapas: primero la revolución de nueva democracia que conduce directamente a la segunda etapa, la revolución socialista. El carácter, el blanco y las tareas de la primera etapa de la revolución le permiten y exigen al proletariado formar un amplio frente unido de todas las clases y capas que puedan ser ganadas para apoyar el programa de nueva democracia. Sin embargo, esto tiene que hacerse sobre la base de desarrollar y fortalecer las fuerzas independientes del proletariado, incluso de sus propias fuerzas armadas bajo las condiciones apropiadas, y estableciendo la hegemonía del proletariado entre otros sectores de las masas revolucionarias, especialmente los campesinos pobres. La piedra angular de esta alianza es la alianza obrero-campesina, y la realización de la revolución agraria (es decir, la lucha contra la explotación semi-feudal en el campo y/o el cumplimiento de la consigna "la tierra para el que la trabaja") ocupa una parte central del programa de nueva democracia.

En estos países, la explotación del proletariado y las masas es severa, los atropellos de la dominación imperialista son constantes, y las clases dominantes, por lo general, ejercen su dictadura descarada y brutalmente, y aun cuando utilizan la forma democrático-burguesa o parlamentaria, su dictadura está apenas bajo la superficie. Esta situación conduce a luchas revolucionarias frecuentes de parte del proletariado, los campesinos y otros sectores de las masas, que a menudo adoptan la forma de lucha armada. Por todas estas razones, incluyendo el desarrollo desequilibrado y deformado de estos países (que suele dificultarle a las clases reaccionarias mantener un gobierno estable y consolidar su Poder en todo el país), con frecuencia, la revolución adopta la forma de guerra revolucionaria prolongada, en la que las fuerzas revolucionarias pueden establecer bases de apoyo de un tipo u otro en el campo y llevar a cabo la estrategia fundamental de rodear la ciudad desde el campo.

La clave para realizar una revolución de nueva democracia está en el papel independiente del proletariado y su capacidad, mediante el partido marxista-leninista-maoísta, de establecer su hegemonía en la lucha revolucionaria. La experiencia ha demostrado una y otra vez que, aun en los casos en que un sector de la burguesía nacional se una al movimiento revolucionario, ésta no debe y no puede dirigir una revolución de nueva democracia, por no decir nada de llevar la revolución a su culminación. Similarmente, la historia demuestra la bancarrota de un "frente anti-imperialista" (o similarmente un "frente revolucionario") que no sea dirigido por un partido marxista-leninista-maoísta, por más que tal frente o las fuerzas dentro de él adopten una coloración "marxista" (en realidad seudo-marxista). Si bien tales formaciones revolucionarias han dirigido luchas heroicas y hasta han asestado golpes poderosos contra los imperialistas, han demostrado su incapacidad ideológica y organizativa de resistir las influencias imperialistas y burguesas. Incluso donde tales fuerzas han tomado el Poder, han sido incapaces de realizar una transformación revolucionaria completa de la sociedad y, tarde o temprano acaban derrocadas por los imperialistas o transformadas ellas mismas en una nueva fuerza dominante reaccionaria aliada con los imperialistas.

En condiciones donde la clase dominante ejerce su dictadura brutal o fascista, el partido comunista puede utilizar las contradicciones a que esto da lugar en favor de la revolución de nueva democracia, comprometiéndose en acuerdos o alianzas temporales con otras fuerzas de clase. Sin embargo esto sólo puede realizarse exitosamente si el partido mantiene su liderato, aprovechando tales alianzas dentro de la tarea global y principal de llevar la revolución hasta su culminación, sin que la lucha contra la dictadura se convierta en una etapa estratégica, ya que el contenido de la lucha anti-fascista no es otro que el contenido de la revolución de nueva democracia.

El partido marxista-leninista-maoísta debe armar al proletariado y a las masas revolucionarias no sólo con una comprensión de la tarea inmediata de llevar a cabo la revolución de nueva democracia y del papel y los intereses incompatibles de diferentes fuerzas de clase, amigos y enemigos por parejo, sino también de la necesidad de preparar la transición a la revolución socialista y a la meta final, el comunismo mundial.

Para los marxista-leninista-maoístas, es un principio que el partido debe dirigir la guerra revolucionaria de tal manera que sea una auténtica guerra de masas. Los marxista-leninista-maoístas deben esforzarse, aun bajo las difíciles circunstancias de librar tal guerra, por realizar una amplia educación política y elevar el nivel teórico e ideológico de las masas. Para esto, es necesario mantener y desarrollar una prensa comunista regular, además de llevar a cabo la revolución en la esfera cultural.

En los últimos tiempos, la desviación principal en los países coloniales, semi (o neo) coloniales ha sido, y sigue siendo, la tendencia a negar o anular esa orientación fundamental para el movimiento revolucionario en estos tipos de países: la negación del papel dirigente del proletariado y del partido marxista-leninista-maoísta; el rechazo o distorsión oportunista de la guerra popular; el abandono de la construcción de un frente unido, basado en la alianza obrero-campesina y bajo el liderazgo del proletariado.

Esta desviación revisionista ha adoptado en el pasado tanto formas de "izquierda" como abiertamente de derecha. Los revisionistas modernos predicaban, especialmente en el pasado, la "transición pacífica al socialismo" y promovían el liderazgo de la burguesía en la lucha de liberación nacional. Sin embargo, este revisionismo derechista, abiertamente capitulacionista, siempre coexistió y se ha entrelazado progresivamente con un tipo de revisionismo armado de "izquierda", fomentado a veces por el liderazgo cubano y otros que separan la lucha armada de las masas y predican una línea de combinar las etapas revolucionarias en una revolución "socialista" única, lo que de hecho significa atraer a los obreros en base a sus intereses más estrechos, y negar la necesidad de que la clase obrera dirija al campesinado y a otros sectores en la completa eliminación del imperialismo y de las retardatarias y deformadas relaciones económicas y sociales, gracias a las cuales prospera el capital extranjero y que a su vez éste refuerza. Hoy esta forma de revisionismo es una de las más importantes plataformas del esfuerzo socialimperialista de penetrar y controlar las luchas de liberación nacional.

Para que el movimiento revolucionario se desarrolle en una dirección correcta en los países coloniales, semi (o neo) coloniales, es necesario que los marxista-leninista-maoístas continúen y redoblen la lucha contra los revisionistas de todo tipo y defiendan la obra de Mao Tsetung como una base teórica indispensable para seguir analizando las condiciones concretas en diferentes países de este tipo, y para desarrollar la línea política apropiada.

Al mismo tiempo, es necesario tener en cuenta otras desviaciones secundarias que afectan fuerzas revolucionarias auténticas que se han esforzado por desarrollar una línea revolucionaria en los países coloniales y dependientes. Primero que todo, es necesario observar que los países que comprenden las naciones oprimidas de Africa, Asia y América Latina no son un bloque monolítico y tienen considerables diferencias en cuanto a su composición de clase, la forma de dominación imperialista, y su posición vis-à-vis la situación mundial de conjunto. Las tendencias a no llevar a cabo un estudio concienzudo y científico de estos problemas, a copiar mecánicamente la experiencia previa del proletariado internacional o a no tener en cuenta los cambios en la situación internacional y en países particulares, sólo pueden perjudicar la causa de la revolución y debilitar a las fuerzas marxista-leninista-maoístas.

En la década de los 60 y a comienzos de los 70, las fuerzas marxista-leninista-maoístas de muchos países, bajo la influencia de la Revolución Cultural en China, y como parte del repunte revolucionario mundial, se unieron con sectores de las masas para librar la guerra armada revolucionaria. En varios países, las fuerzas marxista-leninista-maoístas llegaron a reunir sectores considerables de la población en torno a la bandera de la revolución, y conservaron el partido marxista-leninista-maoísta y las fuerzas armadas de las masas a pesar de la salvaje represión contrarrevolucionaria. Era inevitable que estas primeras tentativas de construir nuevos partidos marxista-leninista-maoístas y de embarcarse en la lucha armada se caracterizaran por cierto primitivismo y que se manifestaran debilidades ideológicas y políticas y, por supuesto, no sorprendió el que los imperialistas y revisionistas se aprovecharan de esos errores y debilidades para condenar a los revolucionarios de "ultraizquierdistas" o peor. Con todo, en general estas experiencias deben ser defendidas como una parte importante del legado del movimiento marxista-leninista-maoísta que ayudó a sentar las bases para ulteriores avances.

En los países oprimidos de Asia, Africa y América Latina, existe generalmente una continua situación revolucionaria. Pero es importante entender esto correctamente: la situación revolucionaria no se desarrolla de manera rectilínea; tiene sus flujos y reflujos. Los partidos comunistas deben tener en cuenta esta dinámica. No deben caer en la unilateralidad en la forma de aseverar que el inicio y la victoria final de la guerra popular dependen totalmente del factor subjetivo (los comunistas), un concepto asociado a menudo con el "linpiaoísmo". Aunque en todo momento alguna forma de lucha armada es generalmente tanto deseable como necesaria para desempeñar las tareas de la lucha de clases en estos países, puede ser que en ciertos períodos la lucha armada sea la forma principal de lucha y que en otros no lo sea.

Cuando la situación revolucionaria está en reflujo, los partidos comunistas deben determinar tácticas apropiadas y no caer en avances precipitados e impacientes. En tales situaciones, los preparativos políticos y organizativos necesarios para llevar a cabo la guerra popular prolongada no deben olvidarse por ningún motivo y se debe determinar las formas de lucha y de organización adecuadas a las condiciones concretas para acelerar el desarrollo de la revolución mientras se esperan condiciones favorables para posteriores avances. Es necesario combatir cualquier concepción errónea que pretenda postergar el inicio de la lucha armada o la utilización de toda forma de lucha armada hasta que las condiciones para la guerra revolucionaria se hagan favorables en todo el país. Esta concepción niega el desarrollo desigual de la revolución y de las situaciones revolucionarias en estos países, en oposición a la declaración de Mao de que "una sola chispa puede incendiar la pradera". También es importante anotar que la situación internacional de conjunto ejerce una influencia sobre la revolución en un país en particular; el no tener esto en cuenta, deja a los marxista-leninista-maoístas desprevenidos para aprovechar la oportunidad cuando los eventos a escala mundial aceleran el proceso revolucionario.

Hoy día, en la medida en que se desarrolla rápidamente el peligro de una nueva guerra imperialista, los partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas en los países neo-coloniales están también enfrentando la urgente tarea de prestar atención a la lucha contra la guerra imperialista. Los comunistas también deben tener en cuenta la posibilidad de que muchos de estos países puedan ser arrastrados a la guerra imperialista de acuerdo con la posición que tengan en relación con los diferentes bloques imperialistas. Los partidos comunistas deben considerar las distintas situaciones concretas que pueden surgir en medio de tal guerra imperialista y desarrollar su concepción en relación con estas situaciones. Dadas las condiciones objetivas en estos países, las masas están generalmente menos enteradas del peligro y las consecuencias de una guerra imperialista, y los marxista-leninista-maoístas deben educarlas. En caso de una guerra imperialista, la tarea más importante de los marxista-leninista-maoístas es aprovechar las oportunidades favorables surgidas de dicha guerra para intensificar la lucha revolucionaria y convertir la guerra imperialista en una guerra revolucionaria contra el imperialismo y la reacción.

Como lo indicara el Comunicado Conjunto de Otoño de 1980:

Existe una tendencia innegable a que el imperialismo introduzca elementos importantes de relaciones capitalistas en los países que domina. En algunos países dependientes este desarrollo capitalista ha alcanzado tal importancia que ya no sería correcto caracterizarlos como países semi-feudales; sería mejor calificarlos como países predominantemente capitalistas, aunque se puedan encontrar todavía elementos o vestigios importantes de relaciones de producción semi-feudales y que éstos se reflejen todavía a nivel de la superestructura.
En tales países, es necesario hacer un análisis concreto de esas condiciones y sacar las conclusiones apropiadas en lo que respecta al camino a seguir, a las tareas, al carácter y el alineamiento de las fuerzas de clase. En todos los casos, el imperialismo extranjero sigue siendo un blanco de la revolución.

El análisis de las implicaciones de la creciente introducción de relaciones capitalistas en los países dominados por el imperialismo, así como el caso específico de aquellos países oprimidos que se pueden calificar correctamente de "predominantemente capitalistas", sigue siendo una tarea importante para el movimiento internacional. Sin embargo, ya hoy se pueden sacar algunas conclusiones importantes.


Es incorrecto y peligroso pensar que la combinación de independencia política formal e introducción de extensivas relaciones capitalistas ha eliminado la necesidad de la revolución de nueva democracia en la mayoría de las antiguas colonias directas o en muchas de ellas. Esta concepción que auspician varios trotskistas, social-demócratas y críticos pequeño-burgueses del marxismo revolucionario, sostiene que no existe distinción cualitativa entre el imperialismo y las naciones oprimidas por él, eliminando así de un solo golpe uno de los rasgos más importantes de la época del imperialismo.

De hecho, el imperialismo sigue siendo una traba para las fuerzas productivas de los países que explota. El "desarrollo" capitalista, que en mayor o menor grado innegablemente introduce, no lleva a un mercado nacional articulado, ni a un sistema económico capitalista "clásico", sino a un desarrollo supremamente desequilibrado, dependiente del capital extranjero y que responde a sus intereses.

Aun en los países oprimidos predominantemente capitalistas, el imperialismo extranjero junto con sus puntales en esos países, siguen siendo el blanco principal de la revolución en la primera etapa. Mientras que la vía de la revolución en estos países a menudo será considerablemente diferente que en aquellos en donde prevalecen las relaciones semifeudales, sigue siendo necesario en general que la revolución pase a través de una etapa democrática anti-imperialista antes de poder iniciar la revolución socialista.

El peso relativo de las ciudades en relación al campo, tanto política como militarmente, es una cuestión sumamente importante que plantea el creciente desarrollo capitalista de algunos países oprimidos. En algunos de estos países es correcto iniciar la lucha armada con insurrecciones en la ciudad, y no siguiendo el modelo de cercar las ciudades desde el campo. Además, incluso en los países donde la vía de la revolución es la de rodear las ciudades desde el campo, pueden ocurrir situaciones en las que un levantamiento de masas conduce a sublevaciones e insurrecciones en las ciudades y el partido debe estar preparado para aprovechar tales situaciones como parte de su estrategia de conjunto. Sin embargo en ambas situaciones, para que la revolución tenga éxito es crítico que el partido sea capaz de movilizar a los campesinos a participar en la revolución bajo el liderazgo proletario.

Debido al establecimiento de una estructura estatal central anterior al proceso de desarrollo capitalista, los países semi (o neo) coloniales, principalmente, tienen en su interior formaciones sociales de múltiples nacionalidades; en un gran número de casos estos Estados han sido creados por los mismos imperialistas. Además, las fronteras de estos Estados han sido determinadas como consecuencia de las ocupaciones y maquinaciones imperialistas. Así es como se presenta generalmente el caso que dentro de las fronteras estatales de los países oprimidos por el imperialismo - las naciones oprimidas - existe la desigualdad nacional y la implacable opresión nacional. En nuestra época, la cuestión nacional ha dejado de ser una cuestión interna de países particulares y se ha convertido en subordinada de la cuestión general de la revolución proletaria mundial, en la que su resolución completa ha pasado a depender directamente de la lucha contra el imperialismo. En este contexto, los marxista-leninista-maoístas deben defender el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas en los Estados semi-coloniales donde existen múltiples nacionalidades.

De modo que se puede decir que los marxista-leninista-maoístas en los países coloniales y neo-coloniales confrontan una doble tarea en el frente ideológico y político. De una parte, deben continuar en la defensa y apoyo de las enseñanzas fundamentales de Mao sobre el carácter y la vía de la revolución en esos tipos de países, así como defender y construir sobre la base de las experiencias revolucionarias que (para parafrasear a Lenin) acompañaron los "años de locura" de la década de los 60. Al mismo tiempo, los comunistas revolucionarios deben aplicar el espíritu crítico marxista al análisis de la experiencia pasada, así como de la situación y acontecimientos actuales que afectan el curso de la revolución en estos países.

Los Países Imperialistas

Como señalara el Comunicado Conjunto, en los países imperialistas "la Revolución de Octubre sigue siendo la principal referencia para la estrategia y táctica de los marxista-leninistas". Es necesario reafirmar y profundizar este punto porque los principios leninistas fundamentales sobre la preparación y la práctica de la revolución proletaria en los países imperialistas llevan mucho tiempo enterrados bajo un alud de distorsiones revisionistas.

Lenin enfatizó correctamente la necesidad de que los comunistas desarrollen un movimiento político omnímodo de los obreros capaz, cuando las condiciones maduren, de conducir a las fuerzas revolucionarias de la sociedad en una insurrección dirigida contra el reaccionario poder del Estado. Señaló correctamente que tal movimiento revolucionario no podía brotar espontáneamente a partir de la lucha económica cotidiana de los obreros, y que, además, tales luchas no eran el terreno más importante de trabajo revolucionario. Sostuvo que los revolucionarios deben "desviar" el movimiento espontáneo de las masas lejos de la estrecha lucha por las condiciones y venta de la fuerza de trabajo. Para hacerlo, hay que dotar de conciencia política a los obreros desde "fuera" de su experiencia inmediata, sobre todo mediante denuncias políticas y análisis de todos los eventos más importantes de la sociedad en todas las esferas: política, cultural, científica, etc. Esta es la única manera de poder formar un sector del proletariado consciente de clase - consciente de sus tareas revolucionarias y del carácter y el papel de todas las demás fuerzas de clase en la sociedad.

Lenin enfatizó también que a pesar de lo crucial que son la agitación y la propaganda, no son suficientes. Sólo a través de la lucha de clases, en especial la lucha política y revolucionaria, las masas pueden desarrollar completamente su conciencia revolucionaria y su capacidad de lucha. De este modo, y junto con el trabajo omnímodo de los comunistas, las masas aprenden a través de su propia experiencia y se educan al calor de la lucha de clases.

Lejos de predicar la "unidad monolítica de la clase obrera", Lenin demostró que el imperialismo llevó inevitablemente a un "cambio en las relaciones de clases", a una escisión en la clase obrera de los países imperialistas, entre el proletariado explotado y oprimido y un estrato superior de los obreros que se benefician de la burguesía imperialista y se alían con ella.

Lenin también se opuso vigorosamente a todos los que, de una manera u otra, pretendían identificar los intereses del proletariado con los de -su propia- burguesía imperialista. Luchó enérgicamente por una línea de derrotismo revolucionario en relación a la guerra imperialista, y defendió sin cejar la bandera del internacionalismo proletario en oposición a la andrajosa "bandera nacional" de la burguesía.

De su análisis, Lenin concluyó que la posibilidad de hacer la revolución en los países capitalistas estaba ligada al desarrollo de situaciones revolucionarias que aparecen en estos países rara vez, pero que concentran las contradicciones fundamentales del capitalismo. Examinó el error de la II Internacional de hacer depender todo de la acumulación gradual y pacífica de la influencia socialista entre las masas; y afirmó en cambio que en tiempos de "paz" relativa, la tarea de los comunistas era hacer preparativos para los momentos excepcionales de la historia en los que es posible efectuar transformaciones revolucionarias en estos tipos de países y en los que las actividades de los revolucionarios ponen su sello en la sociedad y el mundo "por décadas enteras".

A pesar de la claridad de Lenin sobre estos puntos, y de lo claves que son en el cuerpo de la teoría del socialismo científico, en la mayoría de los casos los leninistas han optado por ignorarlos.

Desde comienzos de la III Internacional, en ciertos partidos comunistas, aparecieron concepciones erróneas de "partidos de masas" en situaciones no revolucionarias, así como desviaciones economicistas. Estas tendencias cobraron fuerza y pasaron a ser artículos de fe en el movimiento comunista, junto con otras tendencias erróneas y extremadamente peligrosas, a abogar por los intereses nacionales burgueses en los países imperialistas.

Desafortunadamente la ruptura con el revisionismo moderno durante los 60 fue notablemente incompleta, especialmente con respecto a la estrategia y tácticas de los comunistas en los países imperialistas. Aunque se rechazó y criticó la "vía pacífica" y se propagó la necesidad de un eventual levantamiento armado, se prestó poca atención a sacar un balance de las raíces históricas del revisionismo en el movimiento comunista en los países capitalistas y, en general, las fuerzas marxista-leninista-maoístas adoptaron un método de trabajo basado más bien en las experiencias negativas de los partidos de la Comintern durante la década de los 30 que en "el Camino de Octubre" forjado bajo el liderazgo de Lenin.

En la mayoría de los países imperialistas durante este período, un sector significativo de las recién nacidas fuerzas revolucionarias se desvió hacia políticas de aventurerismo o sectarismo de izquierda. Pero especialmente al transcurrir el tiempo, los nuevos partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas generalmente adoptaron una línea de hacer que el centro de su trabajo se concentrara en las luchas cotidianas de los obreros, disputándole a los revisionistas y a los representantes de los sindicatos burgueses el liderazgo de estas luchas. Este culto al "obrero medio" y la obsesión con la lucha económica produjeron pocos resultados en términos de atraer realmente a los obreros a una posición revolucionaria y hacia los partidos marxista-leninista-maoístas, pero desafortunadamente esto tuvo un efecto corrosivo en los partidos marxista-leninista-maoístas y en sus militantes. La línea economicista que dominaba el movimiento marxista-leninista-maoísta en estos países contrastaba agudamente con los principios revolucionarios en los que éste se basaba. Los militantes jóvenes, que constituían la mayoría de estos partidos, se integraron a ellos porque querían contribuir al proceso revolucionario mundial, porque querían luchar por el comunismo. El deseo de difundir el movimiento revolucionario de los 60 al proletariado y de fusionarse con los obreros, inspirado no en poco grado por la experiencia de la juventud revolucionaria en la Revolución Cultural, fue un sentimiento poderoso y correcto que, sin embargo, la influencia del economicismo acabó por sofocar y distorsionar. A medida que decaía el repunte revolucionario mundial, los partidos y las organizaciones marxista-leninista-maoístas tendieron a virar más y más hacia la derecha en su afán de obtener masas de seguidores en base a criterios no revolucionarios. Los militantes de estas organizaciones vieron cada vez menos conexión entre la preparación para la revolución y las tareas que realmente hacían, lo que resultó en desorientación, desmoralización y en el fortalecimiento del oportunismo.

La confusión de los marxista-leninista-maoístas con respecto a las "tareas nacionales" (o más precisamente, la carencia de éstas) en los países imperialistas, agravó más todo esto. Como ya se mencionó, las polémicas del Partido Comunista de China contenían graves errores al respecto, errores que absorbió el movimiento marxista-leninista-maoísta. El deseo correcto e internacionalista de luchar contra el imperialismo EU (singularizado correctamente en ese tiempo como el principal bastión de la reacción mundial), se enlazó progresivamente con el fomento de los intereses nacionales de los Estados imperialistas cuando éstos entraban en conflictos con EU y (especialmente a partir de comienzos de los años 70) con la Unión Soviética. Muchos partidos marxista-leninista-maoístas adoptaron posiciones cada vez más erróneas sobre los asuntos mundiales, contrarias al internacionalismo y que alinearon objetivamente a tales partidos, en relación a esos asuntos, con los preparativos bélicos imperialistas y con la represión contrarrevolucionaria. Como ya lo señalamos, algunos partidos marxista-leninista-maoístas de los países imperialistas ya habían adoptado una línea profundamente social-chovinista, aun antes del golpe de Estado en China en 1976.

Estos dos serios errores interrelacionados, el economicismo y el social-chovinismo (incluyendo la embrionaria revisionista "Teoría de los Tres Mundos"), fueron los principales factores subjetivos que contribuyeron al virtual colapso del movimiento marxista-leninista-maoísta en Europa tras el golpe de Estado en China. Para construir y fortalecer los partidos marxista-leninista-maoístas auténticos, los comunistas de los países capitalistas avanzados deben darle gran énfasis a la lucha contra la influencia de estas desviaciones.

Mientras que el movimiento marxista-leninista-maoísta daba tumbos en la mayoría de los países capitalistas avanzados, algunos sectores de la juventud revolucionaria intentaron buscar una "nueva ideología" y un camino diferente. La atracción del anarquismo y otras formas de radicalismo pequeño-burgués para importantes sectores de la juventud revolucionaria, reflejaba un deseo de efectuar un cambio revolucionario. No obstante, estas fuerzas son incapaces de desempeñar un papel plenamente revolucionario por cuanto carecen de la única ideología íntegramente revolucionaria: el marxismo. En algunos países, un pequeño número de personas han optado por el terrorismo, una línea ideológica y política que no se apoya en las masas y sin ninguna perspectiva correcta del derrocamiento revolucionario del imperialismo. Aunque a estos movimientos terroristas les gusta parecer muy "revolucionarios", también han incorporado, en la mayoría de los casos, toda una serie de desviaciones revisionistas y reformistas tales como la "lucha de liberación nacional" en los países imperialistas, la defensa de la imperialista Unión Soviética, y cosas por el estilo. Estos movimientos comparten con el economicismo el error fundamental de no captar lo esencial que es el elevar la conciencia política de las masas y dirigirlas en la lucha política, como preparación para la revolución.

Si bien la "excavación" de los principios fundamentales del leninismo es el punto de partida para la elaboración de una línea revolucionaria en los países imperialistas, con todo, es sólo un primer paso. Los países imperialistas de hoy en día difieren en importantes aspectos de la Rusia de fines del siglo pasado y de otros países imperialistas de ese entonces, y desde la Revolución de Octubre se ha acumulado mucha experiencia (positiva y negativa) sobre la construcción de un movimiento revolucionario en estos países.

El proceso de desarrollo imperialista ha llevado a varios cambios importantes en estos países - entre ellos la virtual eliminación del campesinado en algunos de ellos, el rápido crecimiento de nuevos sectores de la pequeña burguesía, etc. De todos ellos, el cambio más importante ha sido la intensificación del parasitismo de los Estados imperialistas basado en el saqueo de las naciones oprimidas y la mayor polarización de la clase obrera que esto conlleva.

En los países imperialistas existe una aristocracia obrera grande, bien atrincherada e influyente, que se beneficia del imperialismo y sirve de buena gana a sus intereses. El imperialismo agudiza la contradicción entre estos obreros e importantes sectores de la clase obrera (entre ellos, su ejército obrero de reserva - los desempleados) empobrecidos, que desean y se inclinan a luchar por un cambio radical. En los principales Estados imperialistas occidentales, esta capa inferior de la clase obrera se compone en gran parte de obreros inmigrantes procedentes de los países dominados así como, en algunos casos, de minorías nacionales y naciones oprimidas dentro de esos mismos Estados imperialistas. Esta capa inferior de la clase obrera debe constituir el sector más importante de la base social del partido del proletariado en los países imperialistas.
Entre estos dos sectores de obreros existe un gran número, incluso a veces una mayoría de obreros que, aunque no se benefician del imperialismo como la aristocracia obrera, han sido muy influenciados por un largo período de relativa prosperidad, y en tiempos ordinarios su disposición no es revolucionaria. La lucha por la lealtad de las amplias masas de estos obreros que pondrá en marcha la profundización de la crisis, y especialmente a medida que se desarrolle una situación revolucionaria, será un elemento importante en la lucha entre los proletarios revolucionarios conscientes de clase encabezados por el partido marxista-leninista-maoísta, y la reaccionaria aristocracia obrera y sus expresiones políticas. Si bien el partido marxista-leninista-maoísta no debe abandonar el trabajo entre los sectores aburguesados de la clase obrera en los países imperialistas, debe basar principalmente su trabajo entre los sectores más potencialmente revolucionarios de los obreros.

No es posible construir el movimiento revolucionario y conducirlo a la victoria si no se presta atención a las batallas en torno a la supervivencia de la clase obrera y de otras capas de las masas. Aunque el partido no debe dirigir su atención ni la de las masas principalmente hacia tales luchas ni promover la disipación de sus propias fuerzas y energías, ni las de las masas, en ellas, tampoco puede el partido dejar de trabajar en relación a estas luchas. Dirigir luchas económicas no es lo mismo que economicismo. El partido proletario debe tener seriamente en cuenta estas luchas, sobre todo aquellas que tienen el potencial de ir más allá de los límites convencionales. Esto significa llevar a cabo trabajo relacionado con estas luchas de tal manera que facilite el desplazamiento de las masas hacia posiciones revolucionarias, especialmente a medida que van madurando las condiciones para la revolución.

El partido marxista-leninista-maoísta debe esforzarse por hacer realidad el llamado de Lenin de convertir las fábricas en fortalezas del comunismo. Esto no es sólo una cuestión política importante para la preparación de la revolución, sino que también tiene importantes implicaciones para la insurrección armada del proletariado.

A no ser que los partidos marxista-leninista-maoístas en los países imperialistas se arraiguen profundamente entre las masas revolucionarias por medio del desarrollo e implementación de una línea de masas revolucionaria, se debilitarán gravemente los esfuerzos de aprovechar las situaciones revolucionarias. En todo esto, las tácticas y el estilo de trabajo desarrollado por el Partido Bolchevique y sintetizado por Lenin, siguen siendo la guía fundamental. Sin embargo, con el objeto de desarrollar una línea de masas y un estilo de trabajo revolucionarios, los marxista-leninista-maoístas en los países imperialistas deben dejar a un lado el culto a las formas "correctas" de lucha y organización y todo ese tipo de dogmas; analizar las características específicas del imperialismo contemporáneo y la naturaleza de las luchas que libran las masas; buscar nuevos terrenos favorables para la práctica revolucionaria; y desarrollar nuevas formas de lucha y nuevas organizaciones de masas.

Como lo expresó tan vivamente Lenin, el ideal comunista "no debe ser un secretario del tradeunión, sino un tribuno popular".

El partido marxista-leninista-maoísta mientras se basa principalmente en los sectores más potencialmente revolucionarios del proletariado, debe esforzarse por realizar trabajo revolucionario entre otros sectores de la población, incluyendo elementos de la pequeña burguesía.

Otro factor potencialmente muy favorable para la revolución proletaria en no pocos países imperialistas es la existencia de naciones oprimidas y minorías nacionales en las entrañas de estos monstruos. A menudo, como ya se señaló, gran número de proletarios de estas nacionalidades forman una parte importante de un proletariado multinacional allí. Pero, además de esto, también abarca una cuestión nacional más amplia, que encierra a otras clases y capas de estas nacionalidades oprimidas. De tales situaciones emanan a menudo agudas luchas nacionales en el seno de los Estados imperialistas, y si estas luchas son tratadas correctamente por los partidos proletarios allí, que deben apoyar tales luchas y defender el derecho de autodeterminación en donde sea aplicable, esas luchas pueden desempeñar un papel significativo en la lucha por derrocar a los Estados imperialistas.

En los países de Europa Oriental, los marxista-leninista-maoístas enfrentan la tarea de formular estrategia y tácticas correctas para la revolución socialista, teniendo en cuenta la dominación del socialimperialismo soviético y las tareas concretas que esto plantea, sin minimizar o descuidar la tarea central del derrocamiento del poder de Estado de su propia burguesía burocrática.
La marcha de los acontecimientos actuales hacia una guerra mundial y los peligros y oportunidades revolucionarias que presenta, requieren que los partidos marxista-leninista-maoístas en los países imperialistas le den gran importancia a la cuestión de la guerra mundial y la revolución. El partido marxista-leninista-maoísta debe denunciar los preparativos bélicos imperialistas y especialmente, los intereses y las maniobras de su "propia" clase dominante imperialista. Debe demostrarle a las masas que tal guerra surge de la naturaleza misma de la explotación capitalista y que es una continuación de la economía y política imperialistas, y que sólo el avance de la revolución mundial puede parar la guerra que se prepara y atacar su fuente. Los comunistas deben librar una lucha constante contra todo intento de identificar los intereses del proletariado con los de la burguesía imperialista, y deben preparar al proletariado consciente de clase y a otros a reconocer la naturaleza imperialista y sanguinaria de la bandera nacional.
Los comunistas deben organizar entre las masas el apoyo a las luchas antiimperialistas de los pueblos y naciones oprimidos, aun cuando los marxista-leninista-maoístas no dirijan tales luchas. El partido debe infundir consecuente y concretamente el internacionalismo al proletariado.
Las masas en los países imperialistas están sintiendo ahora agudamente el creciente peligro de guerra y los comunistas deben prestarle gran atención a los movimientos de masas contra los preparativos bélicos y abordar las cuestiones planteadas por estos movimientos. El partido marxista-leninista-maoísta debe apoyar a los elementos revolucionarios de esos movimientos y esforzarse por incorporarlos a sus filas. El partido debe unirse a los sentimientos antibélicos de las masas, pero al mismo tiempo debe combatir las ilusiones de que "un movimiento por la paz" pueda impedir la guerra imperialista, y especialmente las concepciones de chovinismo nacional que buscan evitar la devastación de la guerra para una nación imperialista u otra a expensas del resto del mundo.

Al unirse con las masas en lucha contra los preparativos bélicos imperialistas, el partido marxista-leninista-maoísta no debe plantear o apoyar demandas por "zonas libres de armas nucleares", nociones ilusorias de abolir bloques imperialistas y cosas por el estilo, en los países imperialistas. Hasta en los Estados menores no nucleares, los comunistas deben recalcarle constantemente a las masas que el imperialismo engendra la guerra mundial, que todas las clases dominantes imperialistas están comprometidas en la preparación de este crimen contra la humanidad, y que la única solución real reside en la revolución y no en ilusorias, y en última instancia reaccionarias, estratagemas de "neutralidad".

El partido marxista-leninista-maoísta debe prepararse a sí mismo y al proletariado revolucionario de modo que si la revolución no llega a impedir la guerra mundial, éste se encuentre en las mejores condiciones para aprovecharse de la debilidad de los imperialistas, debe cultivar el inevitable y extendido odio a la guerra, dirigirlo contra los imperialistas y esforzarse por transformar la guerra imperialista en una guerra civil. Los marxista-leninista-maoístas de todos los países imperialistas deben adoptar la posición del derrotismo revolucionario.

En los países imperialistas, la prensa comunista juega un papel particularmente importante en la preparación de la revolución proletaria. La prensa debe constituirse en el propagandista, agitador y organizador colectivo del partido.

Los marxista-leninista-maoístas en los países capitalistas avanzados enfrentan la tarea de seguir combatiendo la perniciosa influencia del revisionismo y el reformismo en sus filas. La clave para hacerlo sigue siendo la lucha por los principios desarrollados por Lenin en el transcurso de la preparación y dirección de la Revolución de Octubre. Al mismo tiempo, los marxista-leninista-maoístas deben hacer un balance de la experiencia previa, luchar contra el dogmatismo, ser firmes en principios y flexibles en tácticas, y emprender un estudio científico de los acontecimientos en los países imperialistas en las últimas décadas y de los cambios en estrategia revolucionaria que de ellos se desprende.

Para la Unidad Ideológica, Política y Organizativa de los marxista-leninista-maoístas

El movimiento comunista es y sólo puede ser un movimiento internacional, pues al mismo inicio del socialismo científico el Manifiesto Comunista declaró "¡Obreros de todos los países, uníos!". Con el éxito de la Revolución de Octubre, la conformación de la Internacional Comunista y la subsiguiente difusión del marxismo-leninismo a todo rincón del globo, la unidad internacional de la clase obrera adquirió una significación aún más profunda.

Hoy día, en medio de una crisis profunda en el seno de los marxista-leninista-maoístas, se siente de una manera muy aguda la necesidad de la unidad internacional y de una nueva organización internacional.

En la construcción de su propia organización a nivel internacional el proletariado ha adquirido experiencia positiva y negativa. Hay que evaluar el concepto de partido mundial y la subsiguiente sobre-centralización durante la época de la Comintern para sacar el balance de ese período tanto como de los éxitos positivos de la Primera, Segunda y Tercera Internacionales. También hay que aprender de la reacción exagerada del Partido Comunista de China frente a los aspectos negativos de la Comintern, que lo llevó a rehusar jugar el papel dirigente necesario en la construcción de la unidad organizativa de las fuerzas marxista-leninista-maoístas a nivel internacional.

Frente a la coyuntura actual de la historia mundial, le toca al proletariado internacional recoger el desafío de la conformación de su propia organización, una internacional de un nuevo tipo basada en el marxismo-leninismo-maoísmo, asimilando la experiencia importante del pasado. Hay que proclamar esta meta frente al proletariado internacional y los pueblos oprimidos del mundo con la misma audacia revolucionaria que nuestros antepasados, desde los Comuneros de París hasta los rebeldes proletarios de Shanghai, quienes se atrevieron a asaltar los cielos y resolvieron cumplir "lo imposible" - la construcción de un mundo comunista. Es muy probable que el proceso de la construcción de tal organización sea prolongado.

La tarea clave que los marxista-leninista-maoístas enfrentan a este respecto es el desarrollo de una línea general y de una forma organizativa correcta y viable conforme a la realidad compleja del mundo actual y sus desafíos.

Esa nueva Internacional tendrá como meta continuar y profundizar el balance de las experiencias, desarrollar la línea general en que se funde y desempeñar el papel de un centro político dirigente en general. Estas tareas, de hecho, necesitan una forma de centralismo democrático basado en la unidad ideológica y política de los marxista-leninista-maoístas. Pero no puede ser un funcionamiento del tipo de un partido a nivel de un solo Estado, pues a la organización internacional la conforman partidos distintos, cada uno con igualdad de derechos y la responsabilidad de dirigir la revolución en cada país, en el sentido de la contribución de cada partido a la preparación y aceleración de la revolución mundial.

En vista del nivel de unidad ideológica y política alcanzado por los partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas en la Segunda Conferencia, hay que dar los siguientes pasos preliminares hacia el cumplimiento de las elevadas tareas arriba mencionadas:

1) Se tiene que desarrollar una revista internacional como un arma vital en la reconstrucción del movimiento comunista internacional. Debe ser un órgano de análisis y comentario político, como también un foro para debatir los interrogantes del movimiento internacional. Se debe traducir a cuantos idiomas sea posible, distribuir vigorosamente al interior de los partidos marxista-leninista-maoístas y a otras fuerzas revolucionarias. Los partidos marxista-leninista-maoístas deben mantener una nutrida correspondencia con la revista y contribuir con artículos y críticas.

2) Ayudar en la formación de nuevos partidos marxista-leninista-maoístas y el fortalecimiento de los existentes es la tarea común del movimiento comunista internacional. Hay que encontrar los modos para que el movimiento internacional pueda ayudar a los marxista-leninista-maoístas de diferentes países a ejecutar esta tarea crucial.

3) Los partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas deben llevar a cabo campañas conjuntas y coordinadas. Las actividades del 1° de Mayo se deben realizar bajo consignas unificadas.

4) Los diferentes partidos y organizaciones marxista-leninista-maoístas deben poner en práctica la línea política y las decisiones adoptadas por las Conferencias Internacionales y acordadas por estos partidos, aun cuando continúen realizando lucha de principios sobre las discrepancias.

5) Todo partido y organización marxista-leninista-maoísta debe, en la medida de sus capacidades, contribuir financiera y prácticamente a las tareas necesarias para impulsar la unidad de los comunistas.

6) Se debe establecer un comité provisional, o sea un centro político embrionario, para dirigir el proceso general de impulsar la unidad ideológica, política y organizativa de los comunistas, incluyendo la preparación de un proyecto de texto para la línea general del movimiento comunista.


La constitución del Movimiento Revolucionario Internacionalista, en base al nivel más elevado de unidad ideológica y política de los marxista-leninista-maoístas alcanzado mediante lucha de principios, representa un paso supremamente importante para el movimiento comunista internacional. Pero sigue siendo evidente que hay que correr para ponerse a la altura de los hechos objetivos mundiales. La lucha revolucionaria de las masas populares de todos los países clama por un liderazgo auténticamente revolucionario. La responsabilidad de proveer tal liderazgo recae sobre las fuerzas marxista-leninista-maoístas auténticas en cada país y a escala mundial, aun cuando sigan luchando para consolidar y elevar el nivel de su unidad. De esta manera, la línea ideológica y política correcta formará nuevos soldados y se transformará en una fuerza material cada vez más poderosa en el mundo. Las palabras del Manifiesto Comunista resuenan tanto más claramente hoy: "Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar".
marzo de 1984

[1] La edición original de la Declaración utilizó la expresión "marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung". El cambio aquí (en esta segunda edición) refleja el avance en la comprensión y la unidad del MRI. Véase "Nota a la edición de 1998" y ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!.

[2] Este pasaje y algunos otros no corresponden completamente a la actual situación mundial. Véase la resolución "Sobre la Situación Mundial", incluida como apéndice a esta edición.